sábado, 29 de octubre de 2011

Una reseña en Babelia

No todos los días se acuerdan de uno en Babelia. Os enlazo la reseña de la reedición, en formtato digital, de La memoria del humor:


http://www.elpais.com/articulo/portada/Inventario/gozo/elpepuculbab/20111029elpbabpor_26/Tes

Dos nuevas hermosas de la revista

Siguiendo con la serie de imágenes femeninas de la revista dirigida por León Vidaller, hoy incluyo la de Ana María Escuer, con su castiza capa, y la mucho más sugerente Ana María, sin apellidos porque no acostumbraban a tenerlos en sus nombres artísticos.


martes, 25 de octubre de 2011

Victoria del Mar en ¡Tarari!

"La bellísima y sugestiva bailarina-canzonetista Victoria del Mar" se confesó a los lectores de ¡Tarari! en 1932. Cuatro años después, la joven fue asesinada en Madrid, tal y como expliqué en mi último libro. Os adjunto la foto que apareció en la citada revista, poco después de que ganara el concurso de misses del Excelsior, uno de los más importantes cabarets de Barcelona.

domingo, 23 de octubre de 2011

Dos sugestivas vedettes en las páginas de ¡Tararí!

A la espera del prometido libro, os incluyo las fotos de dos vedettes: Maruja Tomás y La Bella Dorita. Esta última deja entrever uno de los primeros traseros fotografiados en las páginas de la revista, gracias a la progresiva flexibilidad de la censura republicana en estas materias:


sábado, 15 de octubre de 2011

Dos vedettes en Tararí

El próximo mes de noviembre aparecerá Hojas volanderas, donde podréis encontrar un amplio trabajo sobre la revista Tarari, dedicada al mundo de la frivolidad y las varietés. Os adelanto las imágenes de dos vedettes que aparecen en sus páginas. La "pochez" de Antoñita España, con abanico cubriendo las pudendas partes, y Margarita Carvajal, con pistola, en un reportaje que recuerda la actualidad política de la época. Llegarán nuevas imágenes en próximas entregas.

sábado, 1 de octubre de 2011

Un tocador de ukelele: Eduardo Ugarte


EDUARDO UGARTE: “UN TOCADOR DE UKELELE”

            Las preguntas de los adolescentes pueden resultar comprometedoras. El pasado mes de julio estaba preparando la bolsa de viaje para ir a San Lorenzo de El Escorial cuando mi hijo, algo sorprendido, me preguntó qué iba a hacer allí. Mi respuesta fue concreta: dar una conferencia sobre Eduardo Ugarte, un amigo de Lorca y Buñuel. Confié en que el nombre del poeta le clarificara mi propósito, pero acto seguido acudió a una fuente que él considera infalible tras haberla utilizado en el instituto: Wikipedia.
            Al cabo de unos instantes, mi hijo andaba regocijado contándole a su madre que yo conferenciaría sobre “un tocador de ukelele”. El consiguiente cachondeo me llevó a consultar la entrada de Eduardo Ugarte en la citada enciclopedia. En efecto, allí constaba como dramaturgo, cineasta y tocador de ukelele. El resto de la información era correcta.
            En 1995, harto de ver fotografías donde aparecía como “sujeto anónimo” junto a Lorca y Buñuel, publiqué un libro dedicado a Eduardo Ugarte. Algo se ha mejorado desde entonces, pues ahora se le cita por su nombre a pie de foto y uno, acostumbrado a hacerse ilusiones, gusta de imaginar que ha contribuido a ese modesto reconocimiento.
            La condición de tocador de ukelele se basa en una foto tomada en Hollywood, donde Eduardo Ugarte aparece ataviado con una faldita y el citado instrumento. También se fotografió de vaquero en un saloon junto a Edgar Neville y José López Rubio. El redactor de Wikipedia la vería y, con ignorancia o humor, añadió tan singular menester a la condición de dramaturgo y cineasta. Sólo espero que no haya redactado también la entrada dedicada a Lorca, pues aparecería como poeta, dramaturgo y aviador, a tenor de una foto verbenera tantas veces reproducida.
            La anécdota me sirvió para iniciar la conferencia con una sonrisa. El temor no radicaba en que mi hijo me tomara como un profesor divertido que escribe acerca de tipos singulares. Esta condición me haría subir enteros en el ámbito familiar. El problema es que, para tantos alumnos dispuestos a preparar trabajos de cortar y pegar, Eduardo Ugarte pasará a la posterioridad como tocador de ukelele. Y como él, otros sujetos que no pueden defenderse de la estulticia que circula por una red donde la erudición, al parecer, ni está ni se la espera.