miércoles, 30 de septiembre de 2026

El sumario de Agapito Marazuela


 Agapito Marazuela

El músico y folclorista Agapito Marazuela (1891-1983) figura desde hace años en mi bibliografía. Concretamente, en Suelas gastadas. Periodistas y escritores en tiempos de cambio (2017), donde dediqué un capítulo a otro segoviano, Ignacio Carral, que se abre con el recuerdo de una experiencia personal de 1978 cuyo protagonista fue el citado dulzainero. Todavía la recuerdo con emoción y, de vez en cuando, escucho su música como homenaje a la dignidad y la coherencia de quien tanto hizo por la preservación de la tradición folclórica de su tierra.

La reciente lectura de un libro de Pedro Corral, Cómicos en guerra (2026), me ha permitido conocer nuevos datos acerca de su procesamiento al terminar la Guerra Civil. Para completarlos, pedí al AGHD una copia del sumario 15639, en el que Agapito Marazuela figura como procesado junto a otros tres segovianos afincados en Madrid y miembros del Centro Segoviano de la capital.

Algunas anécdotas relacionadas con su detención, repetidas en la bibliografía sin la debida comprobación, quedan desmentidas tras la consulta del sumario, pero lo fundamental es que el folclorista ingresó en prisión el 23 de mayo de 1939. La acusación era haber tomado posesión del citado centro en agosto de 1936 y, desde él, haber organizado unas milicias compuestas por segovianos al mando del escultor Emiliano Barral.

El 6 de junio de 1939, tuvo lugar la primera y única declaración de Agapito Marazuela, quien reconoce su afiliación al PCE, la intervención el 15 de agosto de 1936 para tomar el mando del centro donde se reunían los segovianos afincados en Madrid y la formación de un batallón que participó en la defensa de la capital.

Diez días después, y sin mediar otras diligencias, el instructor dictó el auto resumen por el que le procesó como miembro de la «Brigada Directiva del Centro Segoviano», «la cual planeó y llevó a cabo registros y asesinatos en las personas de derechas de Segovia». A lo largo del sumario, no encontramos una sola prueba de esas actividades represivas ni los nombres de los posibles afectados. La acusación era una de las falsedades habituales en aquella jurisdicción militar.

Tres días después, y ante lo incompleto de la instrucción, el fiscal devolvió el sumario al instructor para que practicara nuevas diligencias. Estas apenas aportaron una mayor información acerca de lo sucedido en el centro donde se reunían los segovianos. El 14 de diciembre de 1939, el instructor dicta el nuevo auto resumen, que no aporta novedades en relación con Agapito Marazuela.

El 29 de diciembre de 1939, el fiscal Ramón del Orbe solicita una pena de treinta años para el folclorista, pero el consejo de guerra celebrado el 11 de enero de 1940, bajo la presidencia del teniente coronel Luis Fuertes, le condena a doce años de prisión. Dos de sus compañeros resultaron absueltos por el mismo tribunal y el tercero fue condenado a solo tres años, por lo que pudo salir pronto de la cárcel. Agapito Marazuela, en un gesto poco habitual, había reconocido la responsabilidad de todo lo sucedido y así exculpó a los otros tres procesados.

Agapito Marazuela protagonizó un nuevo «periplo carcelario»: Madrid, Burgos, Ocaña y Vitoria. Lo hizo con una dignidad subrayada por quienes compartieron su suerte y nos dejaron memorias de aquellos aciagos días. En 1941, el músico pudo salir en libertad condicional, con un destierro, y el 27 de agosto de 1943 le conmutaron la pena por otra de seis años, que quedó extinguida el 23 de mayo de 1945. Un año después, de nuevo le detuvieron por haber participado en los intentos de reconstrucción del PCE, el partido al que el segoviano estuvo afiliado hasta el final de sus días.

La consulta del sumario me ha permitido comprobar que, afortunadamente, los militares desconocían la práctica totalidad de la trayectoria del folclorista como defensor de la II República. Solo actuaron a raíz de una denuncia relacionada con el citado centro, pero nada sabían de su participación en actividades propagandísticas que le llevaron a París en 1937, su presencia como fundador de los Amigos de la Unión Soviética, su intervención en las Misiones Pedagógicas y su activismo en el Socorro Rojo Internacional, así como su integración en la 42.ª Brigada Mixta del Ejército Popular, a pesar de la casi total ceguera que padecía desde los siete años.

Los militares desconocían todas estas circunstancias. Aun así, el ostracismo que padeció, a título personal y como músico, fue extremadamente duro hasta la década de los sesenta. A partir de entonces, empezó a reconocerse la labor musical de Agapito Marazuela y él pudo trabajar en la recuperación del folclore, secuestrado en buena medida por un régimen que instrumentalizó sus manifestaciones más convencionales. No obstante, hasta 1977, en plena Transición, siguió padeciendo una censura que compartió con los cantantes reunidos para intentar rendirle un homenaje.

Ahora, al ver estos documentos, todavía recuerdo con más fuerza la imagen de un menudo y frágil anciano que, acompañado de un muchacho al tamboril, empezó a interpretar canciones populares con su dulzaina y enmudeció a miles de personas en el auditorio de la Casa de Campo de Madrid. No lo sabíamos, porque ignorábamos casi todo acerca del período republicano, pero estábamos ante un verdadero protagonista, que a sus ochenta y seis años y con una dulzaina nos dio una auténtica lección machadiana.


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