El músico y folclorista
Agapito Marazuela (1891-1983) figura desde hace años en mi bibliografía.
Concretamente, en Suelas gastadas. Periodistas y escritores en tiempos de
cambio (2017), donde dediqué un capítulo a otro segoviano, Ignacio Carral, que
se abre con el recuerdo de una experiencia personal de 1978 cuyo protagonista
fue el citado dulzainero. Todavía la recuerdo con emoción y, de vez en cuando,
escucho su música como homenaje a la dignidad y la coherencia de quien tanto
hizo por la preservación de la tradición folclórica de su tierra.
La reciente lectura de un
libro de Pedro Corral, Cómicos en guerra (2026), me ha permitido conocer
nuevos datos acerca de su procesamiento al terminar la Guerra Civil. Para
completarlos, pedí al AGHD una copia del sumario 15639, en el que Agapito
Marazuela figura como procesado junto a otros tres segovianos afincados en
Madrid y miembros del Centro Segoviano de la capital.
Algunas anécdotas
relacionadas con su detención, repetidas en la bibliografía sin la debida
comprobación, quedan desmentidas tras la consulta del sumario, pero lo
fundamental es que el folclorista ingresó en prisión el 23 de mayo de 1939. La
acusación era haber tomado posesión del citado centro en agosto de 1936 y,
desde él, haber organizado unas milicias compuestas por segovianos al mando del
escultor Emiliano Barral.
El 6 de junio de 1939,
tuvo lugar la primera y única declaración de Agapito Marazuela, quien reconoce
su afiliación al PCE, la intervención el 15 de agosto de 1936 para tomar el
mando del centro donde se reunían los segovianos afincados en Madrid y la formación
de un batallón que participó en la defensa de la capital.
Diez días después, y sin
mediar otras diligencias, el instructor dictó el auto resumen por el que le
procesó como miembro de la «Brigada Directiva del Centro Segoviano», «la cual
planeó y llevó a cabo registros y asesinatos en las personas de derechas de
Segovia». A lo largo del sumario, no encontramos una sola prueba de esas
actividades represivas ni los nombres de los posibles afectados. La acusación
era una de las falsedades habituales en aquella jurisdicción militar.
Tres días después, y ante
lo incompleto de la instrucción, el fiscal devolvió el sumario al instructor
para que practicara nuevas diligencias. Estas apenas aportaron una mayor
información acerca de lo sucedido en el centro donde se reunían los segovianos.
El 14 de diciembre de 1939, el instructor dicta el nuevo auto resumen, que no
aporta novedades en relación con Agapito Marazuela.
El 29 de diciembre de
1939, el fiscal Ramón del Orbe solicita una pena de treinta años para el
folclorista, pero el consejo de guerra celebrado el 11 de enero de 1940, bajo
la presidencia del teniente coronel Luis Fuertes, le condena a doce años de
prisión. Dos de sus compañeros resultaron absueltos por el mismo tribunal y el
tercero fue condenado a solo tres años, por lo que pudo salir pronto de la
cárcel. Agapito Marazuela, en un gesto poco habitual, había reconocido la
responsabilidad de todo lo sucedido y así exculpó a los otros tres procesados.
Agapito Marazuela
protagonizó un nuevo «periplo carcelario»: Madrid, Burgos, Ocaña y Vitoria. Lo
hizo con una dignidad subrayada por quienes compartieron su suerte y nos
dejaron memorias de aquellos aciagos días. En 1941, el músico pudo salir en
libertad condicional, con un destierro, y el 27 de agosto de 1943 le conmutaron
la pena por otra de seis años, que quedó extinguida el 23 de mayo de 1945. Un
año después, de nuevo le detuvieron por haber participado en los intentos de
reconstrucción del PCE, el partido al que el segoviano estuvo afiliado hasta el
final de sus días.
La consulta del sumario
me ha permitido comprobar que, afortunadamente, los militares desconocían la
práctica totalidad de la trayectoria del folclorista como defensor de la II
República. Solo actuaron a raíz de una denuncia relacionada con el citado
centro, pero nada sabían de su participación en actividades propagandísticas que
le llevaron a París en 1937, su presencia como fundador de los Amigos de la
Unión Soviética, su intervención en las Misiones Pedagógicas y su activismo en
el Socorro Rojo Internacional, así como su integración en la 42.ª Brigada Mixta
del Ejército Popular, a pesar de la casi total ceguera que padecía desde los
siete años.
Los militares desconocían
todas estas circunstancias. Aun así, el ostracismo que padeció, a título
personal y como músico, fue extremadamente duro hasta la década de los sesenta.
A partir de entonces, empezó a reconocerse la labor musical de Agapito
Marazuela y él pudo trabajar en la recuperación del folclore, secuestrado en
buena medida por un régimen que instrumentalizó sus manifestaciones más
convencionales. No obstante, hasta 1977, en plena Transición, siguió padeciendo
una censura que compartió con los cantantes reunidos para intentar rendirle un
homenaje.
Ahora, al ver estos
documentos, todavía recuerdo con más fuerza la imagen de un menudo y frágil anciano
que, acompañado de un muchacho al tamboril, empezó a interpretar canciones
populares con su dulzaina y enmudeció a miles de personas en el auditorio de la
Casa de Campo de Madrid. No lo sabíamos, porque ignorábamos casi todo acerca
del período republicano, pero estábamos ante un verdadero protagonista, que a
sus ochenta y seis años y con una dulzaina nos dio una auténtica lección
machadiana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario