En la primavera de 2005,
cuando estaba preparando la edición crítica de El pisito para la
editorial Cátedra, recuerdo que me llamó Rafael Azcona (1926-2008), a quien
había mandado el borrador de la introducción. Solo corrigió el dato sobre sus
estudios, pues me explicó que nunca pudo terminar el bachiller. Rafael fue una
de las personas más cultas que he conocido, pero su cultura rivalizaba con su
honestidad y no quería atribuirse títulos que quedaron fuera de sus
posibilidades en Logroño.
La otra preocupación
cuando me llamó era que el texto de la novela adaptada al cine por Marco
Ferreri no fuera el de la edición original, sino el revisado muchos años
después, cuando Rafael Azcona emprendió la tarea de reescribir toda su obra
literaria. Le aseguré que así sería y solo entonces descansó, pues pensaba que
el lector de una colección como Letras Hispánicas, de Cátedra, debía disponer
de un texto ajeno a las deficiencias de lo escrito deprisa pocos años después
de su llegada a Madrid en 1951.
Aquella edición formó
parte de la dedicación prestada al amigo que más he admirado desde que en 1999
tuve la oportunidad de conocerle para que su trayectoria apareciera en la
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de la que yo era director adjunto por
entonces. A partir de esa fecha intercambiamos correos electrónicos, siempre
firmados por R., llamadas telefónicas y hasta encuentros inolvidables en Madrid
y Murcia. Siempre en torno a una mesa, bien servidos y disfrutando de una
conversación en la que procuraba callar para aprender más.
A partir de entonces, le
dediqué varios artículos en revistas académicas. Poco después de su
fallecimiento los recopilé en un volumen, La obra literaria de Rafael Azcona
(Universidad de Alicante, 2008), del que me siento orgulloso porque fue el
tributo a la memoria de un amigo. Algo similar sucedió cinco años después con Espíritu
de mambo (2013), dedicado a la memoria del actor Pepe Rubianes (1947-2009).
Ambos amigos me dieron la
oportunidad de disfrutar de lo que más agradezco: el humor. También me
aportaron otras muestras de su amistad, pero sus obras estaban repletas de un
humor, con notables diferencias en ambos casos, que trasladaban al plano personal.
Hablar con ellos era como estar en la pantalla de una película con guion de
Rafael Azcona o en el escenario donde Pepe Rubianes interpretó sus inolvidables
monólogos.
Ahora, con motivo del
centenario de Rafael Azcona y por invitación de Luis Alberto Cabezón, he vuelto
a trabajar sobre la obra literaria del guionista para publicar un artículo en
un monográfico de la revista Berceo.
La novela seleccionada es
Los ilusos, que apareció en 1958 con unas excelentes ilustraciones de
Antonio Mingote y Rafael Azcona reescribió durante su enfermedad terminal. La
nueva versión se la mandó al editor justo una semana antes de fallecer. Esta
circunstancia, la voluntad de trabajar para legar una obra cuando el autor sabía
que su final estaba cerca por culpa del cáncer, me llamó la atención y hasta me
parece digna de un novelista tan profesional como ejemplo de ética en su
escritura.
Los ilusos fue
escrita en apenas dos meses para una colección de humor que dirigía Fernando
Baeza, uno de los mejores amigos de Rafael Azcona. Así, deprisa por imperativos
económicos, debió trabajar quien pronto se decantó por el cine. Aquellas
novelas de sus inicios quedaron olvidadas, pero gracias a distintas iniciativas
editoriales el riojano tuvo la oportunidad de reescribirlas para que su legado
literario gozara de una dignidad denegada por las circunstancias de una España
que en algunos ámbitos todavía parecía la retratada por Cela en La colmena.
La voluntad de trabajo de
Rafael Azcona, por respeto a sus lectores y amigos, merece un recuerdo y un
análisis, que será mi modesta contribución al centenario del mejor guionista de
la historia del cine español y, sobre todo, un hombre honesto, humilde y
siempre dispuesto a participar en una tertulia donde sus palabras resultaban
sabias.
Pdta. En la entrada del pasado 30 de julio anunciaba que el blog había llegado a las 200.000 visualizaciones. Ayer, 17 de mayo, llegó a las 300.000 con un notable incremento a lo largo de estos últimos meses.
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