Las monografías
universitarias suelen tener una difusión testimonial con independencia de la
entidad de su aportación científica. Salvo puntuales excepciones, sus lectores
pertenecen al mismo ámbito académico que los autores y las editoriales saben
que basta con una tirada mínima para abarcar tan modesto mercado. El resultado
son libros por cuya edición deben pagar a menudo los propios autores -a veces sometidos
a un chantaje de las editoriales privadas que convendría hacer público para su
erradicación-, repartidos entre los colegas y depositados en las bibliotecas
universitarias con buena parte de la tirada durmiendo en los almacenes.
Por fortuna y al cabo de
un plazo razonable, estas monografías suelen contar con ediciones digitales y copias
en los repositorios universitarios. Esta circunstancia favorece su difusión y accesibilidad. De hecho, como autor he tenido
discretos resultados de ventas de algunos libros que posteriormente han contado
con otros más brillantes en su versión digital. Por ejemplo, de Los
consejos de guerra de Miguel Hernández, editado en 2022, todavía quedan a
la venta algunos ejemplares, pero sus dos ediciones digitales aseguran su
difusión hasta tal punto que la colgada en el repositorio de la UA cuenta con
una media diaria de tres descargas del correspondiente archivo. Si este dato sostenido
a lo largo del tiempo se trasladara a las ventas, estaríamos hablando de un best seller universitario.
A diferencia de la
mayoría de mis colegas, tengo la fortuna de no pagar por publicar. Tampoco
cobro, pero esta circunstancia carece de importancia porque en realidad las
publicaciones son fruto de un trabajo relacionado con mi condición de
funcionario público y, afortunadamente, los catedráticos estamos
bien situados en el escalafón de los funcionarios.
El valor de los libros
universitarios no depende de sus ventas, pero siempre es un motivo de
satisfacción que las mismas vayan bien dentro de lo previsible en este sector
del mercado editorial. Así, cuando se agota una tirada, cabe celebrarlo y
pensar que la obra ha interesado a un número considerable de
colegas. Incluso a lectores ajenos al mundo académico, que por distintos
motivos pueden sentirse interesados.
En mi bibliografía hay
varios libros agotados, pero solo he tenido la oportunidad de llegar a una
tercera edición con Nos vemos en Chicote, publicado en 2015, reeditado
en 2019 y ahora presente en las librerías con una tercera edición. Este dato
prueba que los lectores avalan el libro, que por otra parte ha sido citado en
bastantes ocasiones por los colegas y cuenta con la aprobación de la CNEAI
cuando lo presenté para obtener mi quinto sexenio de investigación.
Ahora, cuando ya cuento
con seis y un séptimo es imposible por la cercanía de la jubilación, el dato de
la tercera edición solo es un motivo de satisfacción sin consecuencias curriculares.
También reconforta por lo que supone tras la condena dictada por un juzgado de
Cádiz. A estas alturas ignoro si Nos vemos en Chicote ha sido incluido
en la sentencia, que recurriré cuando cuente con la aclaración de
la misma solicitada por mi abogado. En cualquier caso, los lectores ya han
aclarado su respuesta agotando las dos primeras ediciones. Solo cabe darles las
gracias y prometer que seguiremos trabajando para intentar que los próximos
libros tengan un resultado similar.