Varietés y república
miércoles, 27 de mayo de 2026
La fecha del nacimiento de Antonio de Hoyos y Vinent
sábado, 23 de mayo de 2026
La depuración del coronel auditor Ángel Manzaneque Feltrer
La inclusión de numerosos
personajes históricos en Nos vemos en Chicote (2015) me obligó a
sintetizar la trayectoria de la mayoría. En el caso del coronel auditor Ángel
Manzaneque Feltrer (Madrid, 1893-1949), presente en los sumarios analizados en
mis posteriores libros dedicados a los consejos de guerra de periodistas y
escritores, me limité a dar cuenta de unos meros apuntes entre las páginas
156-158.
El coronel auditor en la
reserva desde el 22 de enero de 1942, después de desempeñar una intensa tarea
en el Cuerpo Jurídico Militar durante la posguerra, merece un estudio más
detenido de cara a una posible cuarta edición del citado libro. Con tal motivo,
he encontrado una documentación capaz de probar el grado de represión de
aquellos años, que afectó hasta los propios responsables de la misma.
El coronel auditor fue
depurado como abogado colegiado en Madrid y procesado por el Tribunal Especial
para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC), según la
documentación depositada en el Archivo Histórico del Ilustre Colegio de Abogados de
Madrid (AHICAM) y el Centro de Documentación de la Memoria Histórica.
A la espera de las
solicitadas copias del CDMH, gracias a la digitalización y
acceso libre de los fondos documentales del AHICAM sabemos que Ángel
Manzaneque Feltrer ingresó en el mismo el 22 de agosto de 1924, cuando contaba
con treinta y un años y estaba domiciliado en la capital (caja 348,
exp. 10820). Dada su vinculación con el Cuerpo Jurídico Militar, parece
improbable que ejerciera como abogado a partir de esa fecha, pero llegada la
posguerra debió superar la depuración profesional al igual que todos sus
colegas.
De acuerdo con el
documento aquí reproducido, el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid
certifica que Ángel Manzaneque Feltrer fue depurado con todos los
pronunciamientos favorables el 6 de febrero de 1942, es decir, pocos días
después de pasar a la reserva y cuando pretendería, supongo, ejercer la
abogacía en el ámbito civil (AHICAM, exp. 2634).
La fecha del documento es
tardía para una depuración profesional, pero la misma suponía un requisito para
el ejercicio de la abogacía del que ni siquiera estaba excluido quien desempeñó
las más altas funciones en la represión de los vencidos durante la inmediata
posguerra.
Ángel Manzaneque Feltrer
se encaminaba a los cincuenta años, había prestado sus servicios al Glorioso
Movimiento Nacional, desde que el 7 de noviembre de 1936 formara parte del grupo
adscrito al Cuerpo Jurídico Militar destinado a participar en la por entonces
prevista toma de Madrid (BOE, 7-XI-1936), y había llegado el momento de
rentabilizarlos en una ocupación más tranquila sin descartar la posibilidad de convertirse en abogado defensor de los consejos de guerra. No habría
sido el único, según contara Albert Boadella en Memorias de un bufón (2001)
con motivo de su procesamiento por la jurisdicción militar.
La circunstancia de este
paso a lo civil es tan legal como habitual entre los protagonistas de la
actividad represiva durante la posguerra. Lo sorprendente es que, incluso quien
había decidido el destino de tantos represaliados en Madrid hasta el 27 de
agosto de 1939 (BOE, n.º 239), debiera someterse por imperativo legal a un
proceso de depuración tras haber pasado por el TERMC (CDMH, fichero 77,
documento 2716930).
La consulta de este
documento alumbrará nuevas circunstancias que completaremos con otros ya
solicitados. Por lo pronto, sabemos que, si hubo censores censurados como el
novelista Wenceslao Fernández Flórez, también contamos con la depuración de los
depuradores en un clima obsesivo en materia de represión.
El alumno del madrileño instituto
Cardenal Cisneros, donde coincidió con algunos de los represaliados de la
posguerra, probablemente nunca contó esta historia antes de fallecer en 1949.
Habría sido una excepción en el silencio mantenido por quienes participaron en
la represión, pero en la medida de lo posible la reconstruiremos para
incorporarla a la nueva edición de Nos vemos en Chicote cuando se agoten
los ejemplares actualmente disponibles.
miércoles, 20 de mayo de 2026
Un poeta en la historia, de Mario Amorós (y II)
domingo, 17 de mayo de 2026
Un poeta en la Historia, de Mario Amorós (I)
La Historia está en
permanente construcción. Sin necesidad de citar a los clásicos de la
historiografía moderna, quienes nos dedicamos profesionalmente a esta tarea
sabemos que nuestras aportaciones son un eslabón en una cadena donde otros
colegas pueden ampliar, refutar o confirmar lo establecido gracias a nuevos
documentos, testimonios o cualquier fuente hasta entonces desconocida.
Los consejos de guerra de
Miguel Hernández no constituyen una excepción en el propósito colectivo de
acercarnos lo más posible al conocimiento de lo sucedido. En 2022, con motivo
de la edición facsímil de los sumarios del poeta en colaboración con el
Ministerio de Defensa, tuve la oportunidad de estudiarlos en profundidad. La
investigación deparó novedades, que pronto fueron incorporadas a la biografía
de Miguel Hernández reeditada y ampliada por José Luis Vicente Ferris.
La tarea no estaba
concluida. Ahora, gracias a Un poeta en la Historia. Vida de Miguel
Hernández (Madrid, Akal, 2026), del periodista e historiador Mario Amorós,
conocemos mejor lo sucedido en aquella farsa jurídica. Su exhaustiva
investigación le ha permitido localizar documentación inédita o relevante en el
Fondo García Vergara, del Archivo Nacional de Chile, y en el Archivo General
Militar, de Ávila.
La biografía publicada
por Mario Amorós es ejemplar en varios aspectos y se suma a otras también
brillantes dedicadas a una apasionante e intensa trayectoria vital. Abajo
indico varios enlaces que ponen de manifiesto la calidad del trabajo realizado y,
en fechas posteriores, incorporaré los que vayan colaborando en la divulgación
de un libro imprescindible para cualquier interesado en la obra de Miguel
Hernández.
Al margen de agradecer el
interés del autor por la situación personal que sufro desde 2019, a raíz de
desvelar la identidad de quienes intervinieron en la instrucción del sumario
21001, hay en el libro de Mario Amorós una novedad que ratifica todavía más la
radical nulidad de aquellos procesos judiciales, según lo establecido por la vigente
Ley de Memoria Democrática de 2022.
Una vez condenado Miguel
Hernández a la pena de muerte y habiendo decidido las autoridades franquistas
no ejecutarla para evitar una repercusión internacional como la del asesinato
de García Lorca, el objetivo de quienes de una u otra manera pretendían aliviar
la situación del poeta era la conmutación de la citada pena por otra de treinta
años.
Lo fundamental de estas
gestiones nunca explicitadas en los sumarios lo conocíamos, pero Mario Amorós
revela más detalles y protagonistas gracias a la consulta del fondo depositado
en el Archivo Nacional de Chile y, por primera vez, analiza el proceso del
poeta a la luz de un documento del 4 de junio de 1940 firmado por el
Departamento de Asesoría y Justicia del Ministerio del Ejército. El mismo
admite literalmente que Miguel Hernández había sido condenado a muerte el 18 de
enero de ese año por «hechos» de «escasa trascendencia» y recomienda la citada
conmutación.
Las autoridades
militares, cinco meses después de la sentencia que condenó a muerte al poeta y
sin mediar ningún tipo de actuación judicial que completara lo instruido en el
Juzgado Militar de Prensa, reconocen la «escasa trascendencia» de lo probado en
el sumario 21001 para la posterior sentencia dictada en el consejo de guerra
presidido por el comandante Pablo Alfaro.
El nuevo ejemplo del omnipresente
derecho de autor en la jurisdicción militar de la época, para el cual lo
importante no son los actos probados sino la identidad del acusado, se suma al comportamiento
represivo de quienes condenaron al poeta a sabiendas de que lo instruido era de
«escasa trascendencia», al margen de cualquier discrepancia jurídica en la
valoración por parte del tribunal presidido por el comandante Pablo Alfaro.
El caso de Miguel
Hernández es uno más entre decenas de miles con similares características. Lo
conocemos ahora con lujo de detalle gracias a la nombradía del procesado, pero
lo sucedido en Madrid y Orihuela no supone una novedad a la luz de tantos otros
consejos de guerra como los de periodistas y escritores (consejosdeguerra.es).
Solo duele, y mucho, por el trágico final de un padre y esposo joven que
deseaba vivir. Así lo prueba la magnífica biografía de un Mario Amorós que,
como en anteriores ocasiones, demuestra su capacidad para llevar este género
por los cauces del rigor y la amenidad.
Enlaces:
https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2026/05/12/6a01df93e85eceb9278b459c.html
https://www.levante-emv.com/postdata/2026/05/15/nuevas-luces-poeta-esencial-130277377.html
https://www.publico.es/culturas/libros/documento-franquismo-admite-miguel-hernandez-condenado-muerte-hechos-escasa-trascendencia.htmljueves, 14 de mayo de 2026
El centenario de Rafael Azcona
En la primavera de 2005,
cuando estaba preparando la edición crítica de El pisito para la
editorial Cátedra, recuerdo que me llamó Rafael Azcona (1926-2008), a quien
había mandado el borrador de la introducción. Solo corrigió el dato sobre sus
estudios, pues me explicó que nunca pudo terminar el bachiller. Rafael fue una
de las personas más cultas que he conocido, pero su cultura rivalizaba con su
honestidad y no quería atribuirse títulos que quedaron fuera de sus
posibilidades en Logroño.
La otra preocupación
cuando me llamó era que el texto de la novela adaptada al cine por Marco
Ferreri no fuera el de la edición original, sino el revisado muchos años
después, cuando Rafael Azcona emprendió la tarea de reescribir toda su obra
literaria. Le aseguré que así sería y solo entonces descansó, pues pensaba que
el lector de una colección como Letras Hispánicas, de Cátedra, debía disponer
de un texto ajeno a las deficiencias de lo escrito deprisa pocos años después
de su llegada a Madrid en 1951.
Aquella edición formó
parte de la dedicación prestada al amigo que más he admirado desde que en 1999
tuve la oportunidad de conocerle para que su trayectoria apareciera en la
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de la que yo era director adjunto por
entonces. A partir de esa fecha intercambiamos correos electrónicos, siempre
firmados por R., llamadas telefónicas y hasta encuentros inolvidables en Madrid
y Murcia. Siempre en torno a una mesa, bien servidos y disfrutando de una
conversación en la que procuraba callar para aprender más.
A partir de entonces, le
dediqué varios artículos en revistas académicas. Poco después de su
fallecimiento los recopilé en un volumen, La obra literaria de Rafael Azcona
(Universidad de Alicante, 2008), del que me siento orgulloso porque fue el
tributo a la memoria de un amigo. Algo similar sucedió cinco años después con Espíritu
de mambo (2013), dedicado a la memoria del actor Pepe Rubianes (1947-2009).
Ambos amigos me dieron la
oportunidad de disfrutar de lo que más agradezco: el humor. También me
aportaron otras muestras de su amistad, pero sus obras estaban repletas de un
humor, con notables diferencias en ambos casos, que trasladaban al plano personal.
Hablar con ellos era como estar en la pantalla de una película con guion de
Rafael Azcona o en el escenario donde Pepe Rubianes interpretó sus inolvidables
monólogos.
Ahora, con motivo del
centenario de Rafael Azcona y por invitación de Luis Alberto Cabezón, he vuelto
a trabajar sobre la obra literaria del guionista para publicar un artículo en
un monográfico de la revista Berceo.
La novela seleccionada es
Los ilusos, que apareció en 1958 con unas excelentes ilustraciones de
Antonio Mingote y Rafael Azcona reescribió durante su enfermedad terminal. La
nueva versión se la mandó al editor justo una semana antes de fallecer. Esta
circunstancia, la voluntad de trabajar para legar una obra cuando el autor sabía
que su final estaba cerca por culpa del cáncer, me llamó la atención y hasta me
parece digna de un novelista tan profesional como ejemplo de ética en su
escritura.
Los ilusos fue
escrita en apenas dos meses para una colección de humor que dirigía Fernando
Baeza, uno de los mejores amigos de Rafael Azcona. Así, deprisa por imperativos
económicos, debió trabajar quien pronto se decantó por el cine. Aquellas
novelas de sus inicios quedaron olvidadas, pero gracias a distintas iniciativas
editoriales el riojano tuvo la oportunidad de reescribirlas para que su legado
literario gozara de una dignidad denegada por las circunstancias de una España
que en algunos ámbitos todavía parecía la retratada por Cela en La colmena.
La voluntad de trabajo de
Rafael Azcona, por respeto a sus lectores y amigos, merece un recuerdo y un
análisis, que será mi modesta contribución al centenario del mejor guionista de
la historia del cine español y, sobre todo, un hombre honesto, humilde y
siempre dispuesto a participar en una tertulia donde sus palabras resultaban
sabias.
Pdta. En la entrada del pasado 30 de julio anunciaba que el blog había llegado a las 200.000 visualizaciones. Ayer, 17 de mayo, llegó a las 300.000 con un notable incremento a lo largo de estos últimos meses.
martes, 12 de mayo de 2026
La censura teatral en Radio Nacional de España
viernes, 8 de mayo de 2026
Francisco Colás, médico y periodista fusilado
Un investigador
universitario debe contar, para la correcta realización de sus actividades, con
una red de colaboradores que le ayuden o le informen de cualquier novedad en
los temas objeto de sus trabajos. Gracias a los muchos años de mi trayectoria
académica, esa red está muy tupida y a menudo recibo la ayuda de colegas
repartidos por diferentes universidades.
En fechas recientes, la
profesora María Asunción Castro Díez, de la UCLM, se puso en contacto conmigo
para solucionar un trámite. Gracias a los correos intercambiados, supe que
estaba dirigiendo el Trabajo Fin de Máster de la alumna Marina Muñoz Romero
sobre la trayectoria de Francisco Colas (1898-1939), médico, político y
periodista que fue fusilado el 5 de mayo de 1939 en Ciudad Real, la capital
donde había trabajado en la Beneficencia Municipal mientras dirigía Avance, el
periódico resultante de la incautación de otra cabecera de la capital manchega.
La detención tuvo lugar
el 5 de abril de 1939 y tan solo cinco días después ya estaba dictada la
sentencia, que contó con «el enterado» del general Franco el 26 del mismo mes.
Todo el proceso fue tan precario -bastaron con dos declaraciones acusatorias y
la recopilación de ejemplares del periódico que dirigió el acusado- como acelerado
hasta llegar al 5 de mayo cuando el teniente médico Francisco Vivanco Bergamín
certificó la identidad del fallecido, que tenía «una herida por arma de fuego
en región craneana».
Gracias a la
investigación de Marina Muñoz Romero, he tenido acceso al sumario n.º 23 del
AGHD, que fue instruido por el capitán Eduardo Aizpún Andueza con una rapidez
que estremece a la vista del desenlace. En fechas próximas, cuando el TFM de
Marina esté presentado, la joven investigadora redactará una entrada para este
blog donde sintetizará la trayectoria de Francisco Colas, que en parte ya
podemos conocer gracias al trabajo de Isidro Sánchez Sánchez en el Diccionario
biográfico de Castilla La Mancha.
Francisco Colas fue un
médico socialista procedente de una familia adinerada que compaginó el trabajo
en la Beneficencia Municipal con las tareas de propagandista y responsable de El
Pueblo Manchego y Avance. El sumario cuenta con varios ejemplares de
la primera cabecera y en los mismos aparecen las poesías firmadas por Roger de
Flor, un maestro y poeta que ya conocemos por anteriores entradas.
Jesús Merchén también fue
fusilado en Ciudad Real, su historia aparecerá en el tercer tomo dedicado a los
consejos de guerra, La colmena, que tendremos en las librerías antes de
finalizar el curso. Su compañero de fatigas periodísticas y políticas,
Francisco Colas, contará con un capítulo en el cuarto tomo, gracias a la
colaboración de una joven investigadora que nos ha permitido completar el hasta
ahora incompleto listado de los directores de periódicos republicanos que
fueron fusilados (consejosdeguerra.es).

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