Los literatos escriben
sobre sus colegas y la propia literatura. La actividad es tan habitual como
interesante para quienes en la universidad nos dedicamos a los estudios
literarios. Siempre que contemos con el testimonio o la valoración crítica de
un escritor, debemos tener en cuenta lo escrito e incorporarlo a la
bibliografía consultada.
El problema, a veces, es
el cuestionable rigor de esos textos. Al igual que ocurre en el ámbito
universitario, encontramos algunos testimonios o comentarios donde parece no
haber límites entre lo imaginado y lo analizado con el apoyo de alguna prueba.
Las consecuencias suelen ser menores, pero en otras ocasiones esa imaginación
no sujeta a la metodología académica contribuye a desvirtuar la imagen de la
obra o el escritor objeto del comentario.
Luis Antonio de Villena
merece todos mis respetos y he leído con interés algunos de sus trabajos sobre
la literatura española del primer tercio del siglo XX. Sin embargo, al igual
que otros colegas, muestra una relativa predisposición a ser imaginativo a la hora de
perfilar los retratos de los escritores incorporados a sus libros como
protagonistas de aquel mundo literario.
Un ejemplo es Antonio de
Hoyos y Vinent, de cuya suerte procesal hasta su fallecimiento me ocupo en La
colmena (2026, pp. 237-252). Al leer el capítulo que Luis Antonio de
Villena le dedicó en Corsarios de guante amarillo. Sobre el dandismo (Madrid,
Valdemar, 2003, pp. 117-126) encuentro una referencia sorprendente.
Según el especialista en
el dandismo, «alguien» vio a Antonio de Hoyos y Vinent con «la insignia de la
FAI prendida a una tenue de perfecto y atildado sportmen» (pp.
124-5). Luis Antonio de Villena podría haber citado la procedencia del
testimonio para su verificación. No lo hace y el argumento de autoridad lo
remite a «alguien» dando a entender que Antonio de Hoyos y Vinent exhibía una
vinculación con la FAI.
La lectura de los
numerosos artículos publicados por el dandi durante la Guerra Civil contradice
esa supuesta vinculación con los más extremistas del movimiento anarquista. Lo
declarado durante el consejo de guerra aleja todavía más cualquier sospecha en
este sentido y hasta nos muestra una imagen distinta de la recreada por el
especialista en los dandis.
Los artículos recopilados
en el citado libro de Luis Antonio de Villena fueron escritos hace más de
veinte años. No podían, por lo tanto, incluir lo publicado mucho después. El
problema es que ese «alguien» probablemente solo estuvo pendiente de la ficción
para crear una imagen a conveniencia de un «incendiario» Antonio de Hoyos y Vinent, que de por
sí era un sujeto digno de una recreación literaria por sus singularidades biográficas.
Las tuvo, y en
abundancia, pero en las mismas no me consta que figurara una vinculación con la
FAI a tenor de la documentación procesal y, lo que es más decisivo en este
sentido, a la vista de lo publicado en la prensa durante la Guerra Civil. Conviene, por lo
tanto, ser prudentes en la caracterización de un sujeto histórico, aunque la
realidad documentada nos estropee un relato a conveniencia como los propios de
la ficción literaria.


