Varietés y república
martes, 12 de mayo de 2026
La censura teatral en Radio Nacional de España
viernes, 8 de mayo de 2026
Francisco Colás, médico y periodista fusilado
Un investigador
universitario debe contar, para la correcta realización de sus actividades, con
una red de colaboradores que le ayuden o le informen de cualquier novedad en
los temas objeto de sus trabajos. Gracias a los muchos años de mi trayectoria
académica, esa red está muy tupida y a menudo recibo la ayuda de colegas
repartidos por diferentes universidades.
En fechas recientes, la
profesora María Asunción Castro Díez, de la UCLM, se puso en contacto conmigo
para solucionar un trámite. Gracias a los correos intercambiados, supe que
estaba dirigiendo el Trabajo Fin de Máster de la alumna Marina Muñoz Romero
sobre la trayectoria de Francisco Colas (1898-1939), médico, político y
periodista que fue fusilado el 5 de mayo de 1939 en Ciudad Real, la capital
donde había trabajado en la Beneficencia Municipal mientras dirigía Avance, el
periódico resultante de la incautación de otra cabecera de la capital manchega.
La detención tuvo lugar
el 5 de abril de 1939 y tan solo cinco días después ya estaba dictada la
sentencia, que contó con «el enterado» del general Franco el 26 del mismo mes.
Todo el proceso fue tan precario -bastaron con dos declaraciones acusatorias y
la recopilación de ejemplares del periódico que dirigió el acusado- como acelerado
hasta llegar al 5 de mayo cuando el teniente médico Francisco Vivanco Bergamín
certificó la identidad del fallecido, que tenía «una herida por arma de fuego
en región craneana».
Gracias a la
investigación de Marina Muñoz Romero, he tenido acceso al sumario n.º 23 del
AGHD, que fue instruido por el capitán Eduardo Aizpún Andueza con una rapidez
que estremece a la vista del desenlace. En fechas próximas, cuando el TFM de
Marina esté presentado, la joven investigadora redactará una entrada para este
blog donde sintetizará la trayectoria de Francisco Colas, que en parte ya
podemos conocer gracias al trabajo de Isidro Sánchez Sánchez en el Diccionario
biográfico de Castilla La Mancha.
Francisco Colas fue un
médico socialista procedente de una familia adinerada que compaginó el trabajo
en la Beneficencia Municipal con las tareas de propagandista y responsable de El
Pueblo Manchego y Avance. El sumario cuenta con varios ejemplares de
la primera cabecera y en los mismos aparecen las poesías firmadas por Roger de
Flor, un maestro y poeta que ya conocemos por anteriores entradas.
Jesús Merchén también fue
fusilado en Ciudad Real, su historia aparecerá en el tercer tomo dedicado a los
consejos de guerra, La colmena, que tendremos en las librerías antes de
finalizar el curso. Su compañero de fatigas periodísticas y políticas,
Francisco Colas, contará con un capítulo en el cuarto tomo, gracias a la
colaboración de una joven investigadora que nos ha permitido completar el hasta
ahora incompleto listado de los directores de periódicos republicanos que
fueron fusilados (consejosdeguerra.es).
martes, 5 de mayo de 2026
Hasta siempre, Sol
La periodista Soledad
Gallego-Díaz (1951-2026), la primera directora de El País, ha fallecido
tras culminar una dilatada y brillante trayectoria en el periodismo español. La
prensa de hoy aborda con amplitud la triste noticia y poco podría añadir a las
necrológicas o los perfiles humanos de una profesional que gozó del respeto y
el cariño de los colegas.
Hace apenas tres meses, y
gracias a la ayuda del novelista Sergio del Molino, pude entrar en contacto con
Sol. El motivo era conocer mejor la historia de su padre, José Gallego-Díaz Moreno, un
matemático con inquietudes literarias que fue procesado en un consejo de guerra
por los franquistas. Le pregunté sobre el correspondiente sumario, pero la
familia lo desconocía, así como otros pormenores de su trayectoria. Le dije que
lo digitalizaría para ponerlo a disposición de ella y sus hermanos. Así lo hice
y Sol me mandó un correo agradeciéndome la gestión.
El sumario de José
Gallego-Díaz Moreno ya lo tengo digitalizado gracias a la colaboración del AGHD, así como otros documentos de su padre, pero
por desgracia cuando se lo envié la enfermedad cortó la comunicación.
El documento aporta importantes novedades acerca de un matemático verdaderamente singular por múltiples motivos. Nunca las pude
comentar con una periodista que habría tenido la experiencia de una imprevista exclusiva
familiar.
La investigación iniciada
con la publicación de una entrada en este mismo blog el 13 de abril de 2026 ya está
prácticamente terminada y aparecerá en el cuarto tomo de los dedicados a los
consejos de guerra de periodistas y escritores. La enfermedad se ha interpuesto
y no podré compartir la tarea con Sol a la búsqueda de sus testimonios, pero la
culminaré en recuerdo de su padre y de ella misma, al tiempo que intentaré
localizar a sus hermanos para que la memoria familiar se vea completada con la
labor del historiador.
viernes, 1 de mayo de 2026
Manuel Chaves Nogales a la luz de los archivos
Hace unos meses, mientras
analizaba el sumario del consejo de guerra de José Robledano, encontré un
documento donde el secretario judicial transcribe un fragmento del libro de
actas de la Agrupación Profesional de Periodistas. La fecha de lo transcrito es
el 18 de octubre de 1936. El texto da cuenta de la participación de Manuel
Chaves Nogales en la defensa de la II República, llegando hasta el punto de
ofrecerse para desempeñar las funciones de comisario político.
El hallazgo me sorprendió
a la luz de lo escrito meses después en el célebre prólogo de A sangre y
fuego (1937), donde el periodista se considera posible víctima de ambos
bandos, viéndose obligado a salir de Madrid el mismo día en que el gobierno
partió hacia Valencia. La pregunta es obvia: ¿Cómo podía ser una víctima del
bando republicano quien se postula como comisario del mismo?
Desde entonces, intuyo
que la mayoría de los comentarios sobre el citado prólogo prescinde de la
documentación relacionada con el pasado inmediato del autor. Puestos a
disfrutar y hasta teorizar a partir de un texto tan brillante como los relatos
a los que precede, es más cómodo escribir sin pasar meses o años en los
archivos.
La comodidad también
supone libertad en este caso. Si la exégesis se limita al texto, prescindiendo
de una farragosa documentación, las posibilidades de ajustar la interpretación
a los propios intereses, o deseos, aumentan porque no pasan por la
justificación documental. Ni siquiera deben ser coherentes a la luz del
comportamiento del autor durante las semanas anteriores.
Semejante libertad resulta
cuestionable desde el punto de vista filológico e histórico. Como lectores,
podemos hacer uso de la misma para sacar conclusiones sin necesidad de enmarcar
el prólogo en su contexto histórico. El problema es que los filólogos y los
historiadores nunca debemos prescindir de la condición de lectores, pero
también somos investigadores capaces de indagar acerca de las claves del texto
analizado.
Al cabo de quince años
leyendo documentos relacionados con la Guerra Civil, desconfío de la
literalidad de los mismos. Sus autores estaban sujetos a tremendas presiones
(violencia, miedo, venganzas…) y, a menudo, esos textos son un instrumento para
seguir vivos o libres. También para justificarse y defenderse cuando el propio
comportamiento dista de ser heroico o ejemplar.
Manuel Chaves Nogales es
un excelente escritor y periodista. La lectura de sus obras fascina y sus artículos
destacan sobre tantos otros coyunturales y prescindibles. Sin embargo, el
andaluz también se vio sacudido por una guerra que puso a prueba la coherencia
de quienes la padecieron.
En la línea de lo expuesto
por Francisco Espinosa o José Luis García Martín, Manuel Chaves Nogales en el
prólogo de A sangre y fuego, convertido en un manifiesto de la tercera
España, procura justificar su decisión de abandonar el Madrid sitiado. El texto
merece una reflexión frente a tantos otros de carácter maniqueo, pero resulta
incoherente con aspectos destacados de su trayectoria durante los meses
anteriores, desde que en agosto de 1936 regresara a la capital procedente del
extranjero.
La investigación en los
archivos ya había dado frutos en este sentido. Ahora, gracias a Juan Carlos
Mateos, conocemos mejor lo sucedido en aquel Madrid, donde Manuel Chaves
Nogales nunca fue perseguido y aparecía como un defensor de la legalidad
republicana. Su condición de víctima es una suposición para igualar a ambos
bandos y justificar su marcha al exilio, donde fundamentalmente siguió siendo
un republicano, como prueban los relatos agrupados en Guerra total.
El historiador debe
comprender más que juzgar. Nunca condenaría al periodista por procurar salvarse
cuando el riesgo era máximo. Tampoco por permanecer lejos de Madrid y hasta de
España. Su decisión es comprensible y respetable, aunque no sea materia de
héroes, como algunos de los colegas que decidieron permanecer en la ciudad
sitiada
Ahora bien, deducir de
esa necesidad de justificación una teoría acerca de la tercera España me parece
un exceso, solo comprensible a la luz de la escasa frecuentación de los
archivos. No es el caso de Juan Carlos Mateos desde antes de 1996, cuando leyó
su monumental tesis doctoral ahora ampliada con nueva documentación.
Las relativas incoherencias
de la trayectoria de Manuel Chaves Nogales durante unos meses tan complejos,
donde otras incoherencias fueron frecuentes, no restan valor literario y
periodístico a su producción. La humanizan y aportan matices de complejidad,
que merece la pena indagar para huir de glorificaciones o mitos, que en un
contexto tan poco noble como el de la guerra suelen carecer de una base sólida.
A diferencia de Juan
Carlos Mateos, no observo una «ceremonia santificadora» (p. 27) ni el
neochavismo como una nueva «religión» (p. 57). Tal vez la clave de la
construcción de un mito en torno al periodista sea más sencilla, al margen de
sus indudables méritos como autor.
Los mitos se construyen a
base de simplificadas conclusiones tan reforzadas por la insistencia como
alejadas de su confrontación con una realidad como la archivística, siempre
compleja y repleta de dudas o circunstancias incompatibles con la mitificación.
La construcción de esos
mitos no solo es un trabajo menos gravoso. También resulta atractivo y agradecido
por los lectores, las editoriales y las instancias académicas. Manuel Chaves
Nogales estuvo por encima de la mayoría de sus colegas, pero hacerlo sobresalir
como un hito aislado facilita que los responsables de esa mitificación
sobresalgan a la par. Y mantengan una imagen patrimonial de lo construido.
La mesura no ha estado a
la altura de la exhaustividad documental en la investigación de Juan Carlos
Mateos. El capítulo comprendido entre las páginas 75-149 es prescindible porque
hay otras formas de defender las propias conclusiones. No obstante, me preocupa
la observación de algunos errores en la bibliografía universitaria sobre Manuel
Chaves Nogales. Lo mejor es corregirlos y, sobre todo, resituar al periodista
en un marco menos excepcional, pero más creíble. No perderá así su acrisolada brillantez
y dejará de ser motivo de especulaciones a veces interesadas.
Mientras tanto, la opción
más satisfactoria es leer con creciente interés relatos como los agrupados en Guerra
total (Renacimiento, 2026), la segunda parte de A sangre y fuego,
una obra imprescindible que comprenderemos mejor a la luz de la documentada
trayectoria de su autor. Manuel Chaves Nogales ni fue santo ni digno de una
mitificación, pero consiguió algo más valioso: dejarnos unos relatos que
invitan al disfrute y la reflexión, ahora más centrada gracias a un aporte
documental que merece ser tenido en cuenta.
Pdta.: Sobre esta
publicación, véase también la entrada dedicada el pasado 21 de abril por José
Luis García Martín en su blog Crisis de papel. Así como los comentarios
de quienes protagonizan un «duelo al sol» del que disfrutaré en fechas
próximas. Nada más apasionante que asistir a las polémicas donde se habla o
escribe con el acarreo de muchas lecturas.
jueves, 30 de abril de 2026
Los entremeses cervantinos (H.ª del Teatro del Siglo de Oro, 16)
El entremés
Tal y como hemos
comentado en clase, las representaciones durante el siglo XVII en los corrales
de comedias suponían una fiesta de carácter teatral donde se incluían, por este
orden o aproximadamente, las siguientes piezas: 1) loa o introducción; 2)
primera jornada de la comedia; 3) entremés; 4) segunda jornada de la comedia;
5) entremés: 6) tercera jornada de la comedia y 7) baile o fin de fiesta (ff.
119-123 de los apuntes de la asignatura).
Los espectadores del
siglo XVII disponían de tiempo y querían verlo absolutamente todo, aunque el
conjunto resultara necesariamente heterogéneo. De ahí que las representaciones
intercalaran, entre las jornadas de la obra central, entremeses para que se
pudiera asistir, a la vez, al mundo idealizado de la comedia, en el que
triunfaban los valores ejemplares del amor, el honor y la fe, y al mundo
revesado, cómico y bufo del entremés.
Este género breve con una
tradición que se remonta a los pasos de Lope de Rueda se reía de algunas
convenciones de la sociedad, renunciaba al amor ennoblecido, se burlaba del
honor e invertía las situaciones de la comedia, pues -como señalan Rey y
Sevillano en su introducción a los sainetes cervantinos- «lo que allí generaba
venganzas sangrientas de honra que acarreaban la muerte de la esposa adúltera y
del amante, acababa aquí en broma, con el triunfo de la mujer infiel y del
burlador, y con el marido cornudo, cuando no apaleado, celebrando todos la
burla mediante una fiesta».
El entremés, vocablo que
venía a significar todo manjar de poca consistencia servido en el intermedio de
los platos de un copioso banquete, finalmente es empleado como término para
designar las piezas cortas de carácter jocoso y burlesco, escritas en prosa o
verso, que se representaban entre las jornadas de una comedia para fundamentalmente
divertir al público.
El origen dramático más
directo del género son los pasos de Lope de Rueda, que eran breves y sencillas
obras escritas mayoritariamente en prosa, de esquemática y repetitiva intriga,
en las que se desarrolla una burla o engaño vulgar, pergeñado por un listo
(personaje activo) contra un bobo (personaje pasivo). Una moraleja o algún que
otro palo, rematado con un baile cantado, daba por finalizada la pieza.
El entremés supone un
paso adelante con respecto a los pasos, ya agotados por su carácter tan simple
como repetitivo, y aparece con el beneplácito del público en las
representaciones de los corrales de comedias condicionado por dos
circunstancias fundamentales: su contraste con la comedia y la brevedad.
La primera le llevará a
una carnavalesca y temporal ruptura con la idealización del género mayor. La
segunda resultará determinante para las tramas argumentales, necesariamente
simplificadas para ajustarse a la brevedad, y la elección de tipos (bobo,
rufián, marido cornudo o celoso, sacristán, estudiante…) con el objetivo de
suplir la imposible caracterización de los personajes a lo largo del desarrollo
dramático de la acción. El público identificaba a los tipos desde la primera
aparición, incluso por su convencional apariencia, y el posterior
comportamiento ratificaba lo previamente conocido por anteriores
representaciones.
La brevedad, apenas unos
quince minutos como descansadero entre las dos jornadas, de la pieza entremesil
estaba reñida con una compleja fábula dramática. A veces, la misma se limitaba
a la presentación de una situación que permitía un desfile de tipos y en otras
ocasiones había una sencilla trama argumental para facilitar el encuentro de
dos o más tipos.
Dado el determinante
factor tiempo, todo lo puesto en escena debía desarrollarse y resolverse con
rapidez, razón de más para que el público acogiera con mayor facilidad sus
«figuras» consabidas o tipos, que por su reiteración en diferentes entremeses y
su origen inserto en una tradición folklórica apenas requerían de una
caracterización específica a lo largo de la representación.
El objetivo fundamental
del entremés es la comicidad para divertir al público porque todavía estamos
lejos del costumbrismo que también caracteriza a su sucesor, el sainete, desde
los tiempos dieciochescos de Ramón de la Cruz. De hecho, los entremeses del
siglo XVII carecen de coordenadas espaciales y temporales que permitan una
identificación más allá de lo visto en el escenario, mientras que los sainetes
suelen estar vinculados a unas coordenadas próximas y coetáneas para subrayar
su carácter costumbrista, siempre compatible con la comicidad.
Situado en un itinerario de
cuatro siglos que va desde los pasos de Lope de Rueda que viera representar
Cervantes en su juventud hasta los sainetes de Carlos Arniches a principios del
siglo XX, según lo estudiara Eugenio Asensio en su libro de 1970, el entremés es
un género sin afán de trascendencia que no admitía «altas ambiciones estéticas,
ni psicología compleja, ni interpretación didáctica de la sociedad».
La norma genérica cuenta
con sus excepciones, más viables cuando hablamos de algunas obras que fueron
editadas sin pasar previamente por los escenarios. La circunstancia de
Cervantes en la edición de 1615, donde recopila ocho entremeses «nunca
representados», se repetirá tres siglos después con Carlos Arniches, que solo
pudo completar las posibilidades críticas de los sainetes cuando publicó algunos
sin pasar por unos escenarios casi siempre refractarios a las innovaciones. La
paradoja radica en que han perdurado los títulos más alejados de esos
escenarios.
Lo arriba indicado como
inadmisible (trascendencia, ambición estética, complejidad) caracteriza al
género, salvo cuando cae en las manos de autores de la talla de Cervantes. Sus
entremeses «nunca representados» en vida del autor y escritos durante su última
etapa incorporaron la complejidad significativa de las obras de largo aliento
que por entonces estaba creando. Los ocho entremeses publicados en 1615 y
escritos probablemente entre 1610 y esta fecha de la edición fueron capaces de
dotar al género breve de una profundidad equiparable a la de obras enjundiosas
sin renunciar a la comicidad.
La trayectoria teatral de
Cervantes careció de continuidad tras la puesta en escena de sus primeras
comedias -no fracasadas, según su testimonio- y no consiguió ver representados
sus ocho entremeses. Aunque su datación exacta resulta imposible, fueron
escritos probablemente después de la publicación de la primera parte del Quijote,
cuando gracias al éxito editorial el autor disponía de mejores condiciones para
reivindicar una faceta teatral que nunca le resultó ajena o indiferente, a
pesar de la omnipresencia de Lope.
Sin las obligaciones
impuestas por las representaciones, el público o las compañías, poco dispuestas
en general a cualquier innovación, con la prologada edición en 1615 Cervantes
no solo eleva el tono del género, enriquece sus temas y dignifica su lenguaje,
sino que también hace del entremés portador de una hondura temática y estética
inusitadas en la tradición entremesil. El reconocimiento crítico y popular en
este sentido ha sido unánime y, paradójicamente, estas obritas ahora se
encuentran entre las más representadas y editadas de la historia del teatro
español.
Eugenio Asensio en su
introducción a los entremeses cervantinos establece tres grupos, según sean:
1) Entremeses estáticos, como El juez de
los divorcios y La elección de los alcaldes de Daganzo, sin acción
ni movimiento, sin protagonista ni desenlace argumental, concebidos como un
mero desfile de personajes en situación singular ante un juez o árbitro. Son
los llamados entremeses de «figuras», pues el centro de la atención recae en el
desfile de las mismas buscando a menudo la comicidad por el contraste entre sus
diferentes tipificaciones caracterológicas.
2) Entremeses de acción, construidos como una
cadena de sucesos casualmente eslabonados, que desembocan en un final festivo
que tiene mucho de caprichoso, explosivo y sorprendente. En esta categoría
quedarían incluidos El vizcaíno fingido, La cueva de Salamanca y El
viejo celoso.
3)
Entremeses de acción y ambiente, que unen
el retrato estático a una tenue acción que evoluciona hacia un desenlace, como
sucede en El rufián viudo, La guarda cuidadosa y El retablo de las
maravillas, una pieza dramática que culmina todas las posibilidades del
entremés en su versión cervantina.
El espectáculo dirigido
por José Luis Gómez
Una vez superado el marco
teatral de las representaciones en los corrales de comedias, los entremeses se suelen
poner en escena agrupando e hilvanando mediante una dramaturgia dos o más
títulos en unos espectáculos ajenos a otros géneros dramáticos. También cabe la
representación exenta de alguno de ellos, como hiciera Federico García Lorca
con La Barraca durante la II República.
Así, agrupados, los vamos
a ver en la práctica de la asignatura, dedicada al espectáculo dirigido por
José Luis Gómez en el Teatro de la Abadía en 2015 -ver en la teatroteca del CDT
y en You Tube-, que tenía un antecedente en otro con el mismo director y
espacio teatral estrenado en 1996 y, a su vez, una continuidad en un
espectáculo dirigido por Ernesto Arias en 2017. De este último vimos algunas
escenas en la conferencia de Javier Huerta enlazada en la entrada anterior
dedicada a los entremeses cervantinos (9 de mayo de 2025).
El espectáculo dirigido
por José Luis Gómez incluye los tres entremeses cervantinos que mejor responden
a la condición de clásicos por su permanencia en los escenarios y vigencia ante
un público contemporáneo: La cueva de Salamanca, El viejo celoso y El
retablo de las maravillas. Es decir, dos entremeses de acción y un tercero
de acción y ambiente, según la clasificación de Eugenio Asensio.
La selección de José Luis
Gómez no solo está justificada por el valor teatral de los entremeses. También fue
preciso buscar un elemento común que contribuyera a cohesionar el espectáculo.
En este caso se trata del engaño, tan habitual en los distintos momentos
históricos del teatro breve desde que apareciera de manera recurrente en los
pasos de Lope de Rueda.
Las malcasadas que
protagonizan La cueva de Salamanca y El viejo celoso engañan a
sus respectivos maridos, un bobo ajeno a la realidad y un viejo enfermizamente
celoso, como consecuencia de unos matrimonios sin amor, desiguales por razones
de edad y resultantes de la falta de una libre elección por parte de la mujer.
Los dos artistas
itinerantes que protagonizan El retablo de las maravillas se burlan de
la zafiedad villana y engañan a quienes, con sus prejuicios acerca de la
limpieza de sangre y el nacimiento en el seno familiar, acuden a «ver» un
retablo que solo está en una prejuiciada imaginación condicionada por el
engaño.
En los tres entremeses
seleccionados el engaño funciona a modo de una estrategia crítica que denuncia
circunstancias injustas, como las matrimoniales, o mentalidades absurdas por su
vinculación con los prejuicios de casta o sociales. Se respeta así, incluso se
potencia, el docere siempre presente en la obra dramática y literaria de
Cervantes.
No obstante, el
espectáculo de José Luis Gómez nunca renuncia a la comicidad como motor de la
acción dramática. Los espectadores reímos gracias a las peripecias relacionadas
con los engaños y, a continuación, tenemos la oportunidad de reflexionar sobre
las causas de los mismos.
El engaño en estos
entremeses de Cervantes no es tanto un castigo para el bobo como una
consecuencia de su necedad, que resulta más grave en quienes ocupan puestos
prominentes en la estructura social o familiar (las autoridades locales que
acuden al retablo o los maridos dispuestos a recurrir a su poder económico para
contraer un matrimonio desigual).
Al margen del engaño como
tema derivado de la acción dramática, el espectáculo opta por mantener una
atmósfera rural, perfectamente simbolizada por el árbol situado en el centro de
un escenario vacío y acorde con el concepto del «teatro pobre» (Jerzy
Grotowsky).
El mismo, sin su correspondiente
teorización, ya está presente en los espectáculos de Lope de Rueda evocados por
Cervantes. José Luis Gómez, partidario de privilegiar la palabra en el
escenario, lo vacía, salvo en ese centro simbólico al que tanta rentabilidad
dramática saca a lo largo del espectáculo.
Gracias a una tarea de
investigación musicológica, la atmósfera rural ya está presente en los cánticos
populares de los labradores que, a primera hora de la mañana, comienzan una
jornada coincidente con el desarrollo del espectáculo, cuyo final se da en un
atardecer. Así también se hilvanan los tres entremeses, además de transmitirnos
a través de los cánticos una atmósfera imprescindible para enmarcar el
espectáculo.
Los intérpretes nunca
abandonan el escenario durante la representación. Aunque no intervengan en una
escena concreta, a la vista del público cuentan con unos espacios laterales
destinados al cambio de vestuario y donde prepararse para la siguiente. Así,
con la plena conciencia de estar asistiendo a una representación ajena a la
ilusión de realidad, el director refuerza el distanciamiento de los
espectadores como circunstancia que facilita la función crítica, de acuerdo con
las enseñanzas de Bertolt Brecht.
El tiempo unificado según
lo arriba indicado y la estructura cíclica del montaje de José Luis Gómez giran
en torno a la presencia natural del árbol, pronto convertido en una imagen
potente a pesar de su simplicidad, y refuerzan la esencia ceremonial y festiva
de la totalidad de la pieza.
La vitalidad, la calidad
y la versatilidad de los intérpretes también contribuyen a esa esencia
ceremonial y festiva del espectáculo, que resulta coherente con una visión de
los entremeses donde el respeto a la autoría es compatible con un teatro
siempre representado en presente, a la búsqueda de un público contemporáneo que
puede salir exultante después de ver el espectáculo dirigido por José Luis
Gómez.
Pd.: La presente entrada
completa la publicada en este blog el 9 de mayo de 2025.
lunes, 27 de abril de 2026
Un documental sobre Lorca y Miguel Hernández
La hispanista Monique Canto-Schneider me entrevistó para interesarse por mi caso judicial desde 2019. Hablar sobre el tema me resulta agotador, pero procuro dar mi testimonio a quienes preguntan por lo sucedido a lo largo de estos siete años. La larga entrevista será recopilada en su próxima tesis doctoral, que tiene previsto presentar en la universidad de Aix-en-Provence, una ciudad que recuerdo con cariño porque allí pasé el mes de septiembre de 1973 junto con una familia francesa.
miércoles, 22 de abril de 2026
Franco en los pupitres, de María Jesús Martín-Díaz
El pasado mes de
septiembre y en la Universidad de Alcalá, tuve la ocasión de dar una
conferencia ante un nutrido grupo de investigadores del período franquista. El
acto fue emotivo por la solidaridad que me mostraron los colegas al explicarles
mi situación desde 2019. Al salir, se acercó Ana García D’Altri para expresarme
esa misma solidaridad y ofrecerme la posibilidad de publicar con El Mono Libre,
una editorial especialmente activa en relación con la memoria histórica.
La redacción de cualquier
libro supone una labor de muchísimas horas y, a pesar de mi prolífica producción, no dispongo de tiempo para colaborar con todas las
editoriales y publicaciones universitarias que me piden originales. Al margen
de trabajos esporádicos, mi compromiso es con la UA y la editorial
Renacimiento, donde aparecerán los dos próximos volúmenes para completar los
dedicados a los consejos de guerra de los periodistas y escritores (véase consejosdeguerra.es).
No obstante, he tenido la
oportunidad de leer varios libros publicados por El Mono Libre, que me mandó la
propia Ana, y pronto convenimos en la posibilidad de presentar en la
Universidad de Alicante el escrito por la profesora María Jesús Martín-Díaz: Franco
en los pupitres.
La génesis de este
precioso y reeditado volumen, con un esmerado trabajo editorial para recuperar los
cuadernos escolares de la familia de María Jesús, es digna de una novela. Así
lo explica la propia autora en los vídeos aquí enlazados. A veces, la realidad
supera a la ficción y el regalo durante décadas ocultado en una caja de madera
ha permitido contar con un maravilloso testimonio de lo vivido en las aulas de un pueblo abulense durante el paso de la II República al régimen del general Franco.
María Jesús, desde su
experiencia como docente, ha completado ese estupendo regalo familiar con un
estudio donde gracias al testimonio de unas niñas descubrimos el abismo que
separó la pedagogía del período republicano de la impuesta por el franquismo. Lo
fundamental de esa contraposición ya lo conocíamos, pero cobra nueva y más
intensa vida gracias a esos cuadernos escolares primorosamente guardados
durante años y ahora a disposición de los lectores.
Franco en los pupitres es
una joya editorial cuya consulta emociona, especialmente a los docentes
preocupados por recuperar o mantener viva la memoria histórica. Y esa emoción
solo es el preámbulo de un conocimiento histórico que posibilita el estudio
realizado por María Jesús, a la que todos suponemos conmovida al trabajar con
el legado dejado por la madre, también maestra, y una de sus tías.
A la espera de disponer
de la grabación del acto que esta misma tarde tendrá lugar en la Universidad de
Alicante, os dejo con una recopilación de vídeos que dan cuenta de otras
presentaciones de Franco en los pupitres y entrevistas como la concedida
a la Cadena SER:
https://web.ua.es/es/sedealicante/retransmisiones-de-actos/2025-2026/presentacion-del-libro-franco-en-los-pupitres.html





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