sábado, 6 de junio de 2026

Miguel Hernández, periodista


 Joaquín Riera Ginestar

A raíz de la publicación de Los consejos de guerra de Miguel Hernández (2022), participé en varias presentaciones y me entrevistaron en distintos medios de comunicación. La conclusión recurrente, y llamativa para muchos, es que el poeta oriolano fue condenado fundamentalmente por su actividad periodística durante la Guerra Civil.

Los miembros del Cuerpo Jurídico Militar apenas precisaban de argumentos jurídicos para dictar las condenas, pero la ficción literaria encajaba mal con el omnipresente delito de la rebelión militar. He analizado casos donde las obras literarias fueron pruebas de cargo. Incluso la versión de un clásico como Fuenteovejuna en el sumario de Diego San José. Sin embargo, las acusaciones buscaban preferentemente las colaboraciones en la prensa republicana durante la guerra.

Al margen del carácter y la frecuencia de esas colaboraciones, la doctrina nunca explicitada en términos jurídicos era considerar toda la prensa republicana como propaganda destinada a la resistencia frente al Glorioso Movimiento Nacional. Así, con esa lógica del vencedor, la colaboración en la misma se convertía en un acto de guerra o en una «rebelión», de acuerdo con los criterios de una justicia al revés como reconociera Ramón Serrano Suñer al cabo de los años.

El ejemplo de Miguel Hernández es paradigmático en este sentido. Tanto los instructores del Juzgado Militar de Prensa como el tribunal que le condenó sabían de su relevancia como poeta. Sin embargo, su poesía nunca se convierte en una prueba de cargo. Ni siquiera aparece recopilada en los dos sumarios.

La situación cambia cuando nos referimos a sus colaboraciones en las publicaciones destinadas a levantar la moral de los milicianos. A pesar de que los militares las desconocen en su inmensa mayoría, el argumento pasa por convertirlas en un acto de resistencia de quien participó en las tareas propagandísticas desarrolladas cerca de varios frentes de batalla.




Joaquín Riera Ginestar ha preparado una edición de los treinta cinco textos publicados entre 1937 y 1938 que configuran la aportación de Miguel Hernández a las tareas periodísticas en los frentes de batalla. El trabajo se suma a la reciente biografía publicada por Mario Amorós y prueba de nuevo el grado de compromiso del poeta con la causa republicana.

Las circunstancias de salud de Miguel Hernández le llevaron a interrumpir esta tarea antes de finalizar la guerra, pero mientras estuvo sano el poeta optó por permanecer cerca de la noticia, participar de las inquietudes de los milicianos y proporcionarles unos contrastados testimonios.

No cabe hablar estrictamente de un Miguel Hernández periodista. Ni siquiera buscó entrar en alguna redacción cuando necesitaba un trabajo remunerado en el Madrid anterior a la guerra. Sin embargo, todo cambió a partir del 18 de julio de 1936 y, como en otras ocasiones, el poeta estuvo a la altura de las circunstancias, que le llevaron a una prosa destinada a la «agitación y propaganda», pero respetuosa con la calidad habitual en sus creaciones literarias.

Joaquín Riera Ginestar, además de la edición de los textos (Madrid, Alianza, 2026), aporta un extenso prólogo sobre la trayectoria de Miguel Hernández, especialmente durante la guerra y su posterior paso por las cárceles franquistas. Al igual que sucediera con la biografía publicada por Mario Amorós -véanse las entradas del 18 y 21 del pasado mes de mayo-, la citada edición de los sumarios del poeta ha sido una referencia para la redacción del prólogo. Me alegra haber ayudado en una tarea culminada por Joaquín Riera Ginestar con la pasión de quienes se acercan a la trayectoria y la obra del poeta.

Miguel Hernández nunca deja indiferentes a sus lectores. Tampoco a quienes abordan una trayectoria biográfica tan intensa como breve. Así se justifica una bibliografía que no para de aumentar con aportaciones que, como la de Joaquín Riera Ginestar, facilitan el acceso a unos textos dispersos y desconocidos por quienes instruyeron los sumarios y le condenaron.

Los textos recopilados en esta edición habrían sido la más contundente prueba de cargo para condenarlo a muerte, pero bastaron hechos de «escasa trascendencia», como reconocieran los propios militares, para llegar a esa misma condena. Al fin y al cabo, sabían quién era Miguel Hernández y eso les bastaba para inventar un delito de rebelión militar. Ramón Serrano Suñer lo reconoció. Otros menos lúcidos, casi todos, callaron.


miércoles, 3 de junio de 2026

La necrológica del auditor-jefe Ángel Manzaneque Feltrer


 ABC, 3 de abril de 1949, pág. 23

La prensa del franquismo es una fuente inagotable de información acerca de un régimen que mantuvo muchos silencios gracias a la censura imperante desde los tiempos de la guerra, pero también mostró con orgullo a sus protagonistas, aunque fueran los responsables de una represión totalmente ocultada más allá de los primeros meses, cuando menudeaban las noticias de detenciones, procesamientos y ejecuciones, siempre en letra pequeña y en notas marginales.

Los archivos públicos aportan la información fundamental y casi siempre más fiable, pero la prensa la completa con notas que permiten mejorar en la medida de lo posible el sintetizado perfil biográfico de personajes históricos verdaderamente importantes, aunque caídos en el olvido más allá de la memoria de los círculos familiares.

Así actué en casos como los del juez Manuel Martínez Gargallo, el titular del Juzgado Militar de Prensa, o el comandante Pablo Alfaro, el presidente del tribunal que condenó a Miguel Hernández y otros escritores o periodistas represaliados. Ahora, de cara al cuarto volumen de la tetralogía dedicada a estos consejos de guerra, estoy reconstruyendo la trayectoria pública de Ángel Manzaneque Feltrer, coronel del Cuerpo Jurídico Militar y auditor-jefe del Ejército de Ocupación durante la inmediata posguerra, el período de mayor represión.

Al margen de la documentación solicitada al Centro Documental de la Memoria Histórica, de Salamanca, acabo de localizar en la hemeroteca de ABC la necrológica del auditor, concretamente en la página 23 del número correspondiente al 3 de abril de 1944. El texto es el siguiente:

«Ayer falleció en Madrid, el coronel retirado del Cuerpo Jurídico Militar don Ángel Manzaneque Feltrer. Destinado en Zaragoza en julio de 1936, se sumó desde el primer instante al Alzamiento Nacional, redactó el bando de declaración del estado de guerra y puso su gran inteligencia, su extraordinaria actividad y su caballerosidad sin tacha al servicio de España. Como auditor-jefe del Ejército de Ocupación, desempeñó su cometido con una ponderación y un acierto realmente notables».

Aparte de la cuestionable «ponderación» en el momento más álgido de la represión y desde un destino clave para la misma, la necrológica permite saber que el coronel Ángel Manzaneque Feltrer fue el redactor del bando de guerra, una noticia que hasta el presente no me constaba y que tampoco he visto reflejada en los numerosos libros donde dicho bando aparece.

La necrológica se completó con una nota publicada en el mismo periódico el 8 de abril de 1949, en la página 18. Allí se indica que el funeral por el alma del auditor-jefe tuvo lugar ese día en la madrileña iglesia de Santa Bárbara. Nada se dice de las almas que pasaron por su firma de oficial del Cuerpo Jurídico Militar diez años antes, nunca tuvieron un funeral y acabaron en fosas comunes. En 1949, la Historia solo la escribían los vencedores, también en la prensa.


sábado, 30 de mayo de 2026

El procesamiento del escenógrafo José María Torres García


 Cartel de Nuestro culpable (1937), de Fernando Mignoni

A partir del análisis de decenas de sumarios instruidos por el Juzgado Militar de Prensa, una conclusión corroborada por los instruidos en otros órganos de la jurisdicción militar es que la colaboración en la prensa republicana durante la guerra supone un acto de resistencia al Glorioso Movimiento Nacional y, por lo tanto, es merecedor de un procesamiento en consejo de guerra para una condena tipificada como delito de rebelión militar.

La web consejosdeguerra.es recopila noventa y siete casos y en fechas próximas se sumarán otros todavía pendientes de análisis. La muestra parece representativa si tenemos en cuenta que el colectivo de periodistas y escritores procesados en consejos de guerra apenas supera los ciento cincuenta, aproximadamente.

Ahora bien, las conclusiones acerca de un colectivo de víctimas deben ser contrastadas con el análisis de casos de otras víctimas que, formando parte de diferentes colectivos, también realizaron tareas de propaganda o creación relacionables con la citada resistencia.

Este objetivo nos puede llevar a distintos ámbitos como el cine, el teatro, la música, los espectáculos de variedades… La muestra resulta potencialmente amplia y variada, pero al menos cabe recurrir a algunos ejemplos para calibrar la fiabilidad obtenida con las conclusiones del colectivo de escritores y periodistas.

La tarea ya la he iniciado con vistas al cuarto volumen, Al final de la trayectoria, de la tetralogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores, cuya publicación está prevista para el curso 20272028. Uno de los primeros ejemplos es el procesamiento en dos sumarísimos de urgencia (AGHD, 19132 y 24022) del escenógrafo granadino José María Torres García (1887-1973).

Desde mediados de los años veinte, el escenógrafo participó en distintas películas de Fernando Delgado y José Buchs. En 1931, fue contratado por los estudios CEA como diseñador y constructor de escenarios. José María Torres García era por entonces un socialista que trabajaba también como secretario de Fernando de los Ríos y funcionario del Registro de la Propiedad Industrial del Ministerio de Industria y Comercio. El pluriempleo, mal pagado, no le impidió realizar su tarea artística y en 1935 entró a trabajar en Filmófono, que bajo la dirección de Luis Buñuel siguió unas directrices acordes con el espíritu republicano.

Una vez iniciada la guerra, el escenógrafo se afilia al PCE y colabora en dos cortometrajes propagandísticos del también comunista Antonio del Amo: Industria de guerra y Mando único. Más adelante, José María Torres García se afilia al Sindicato de Espectáculos de la CNT y participa en el rodaje del film Nuestro culpable, de Fernando Mignoni y con una producción del citado sindicato.




Dada su afiliación política, admitida por el procesado en las declaraciones de los sumarios, y su participación en actividades propagandísticas cabría esperar que un consejo de guerra dictara contra él una sentencia acusándolo del delito de rebelión. La realidad es bien distinta. José María Torres García fue apartado de su puesto en el ministerio y nunca volvió a participar en un rodaje, pero su caso fue sobreseído en ambos sumarísimos de urgencia, resultó absuelto por el Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas y ni siquiera le procesó el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, a pesar de su militancia y de haber sido acusado por testigos como antiguo masón.

La sorprendente circunstancia, a la luz de lo sucedido en el Juzgado Militar de Prensa, se completa con la nula voluntad de investigar las actividades creativas o propagandísticas del escenógrafo. Ni siquiera le preguntan al respecto en el Juzgado Militar de Funcionarios o en el Juzgado Permanente de la Causa General, donde fueron instruidos los citados sumarios.

El caso de José María Torres García merece un detenido análisis que también aborde lo sucedido con el cineasta Antonio del Amo. El futuro director de las películas protagonizadas por Joselito cuenta con una amplia bibliografía, pero sin que me conste en la misma un análisis de su procesamiento en consejos de guerra (AGHD, 24557 y 29399) antes de ser indultado por el TNRP (CDMH, 75/00970) y una comprobación de la relación mantenida con Rafael Gil. Las historias aleccionadoras también merecen una comprobación documental.

Pdta.: Durante el mes de mayo de 2026, el blog ha alcanzado su récord de visualizaciones con 19311. Os agradezco vuestra atención y refuerzo mi compromiso de seguir publicando nuevas entradas relacionadas con mis actividades docentes e investigadoras.

miércoles, 27 de mayo de 2026

La fecha del nacimiento de Antonio de Hoyos y Vinent


 Antonio Hoyos y Vinent

La bibliografía sobre Antonio de Hoyos y Vinent siempre ha dado como fecha de nacimiento del escritor y periodista el 2 de mayo de 1884. Mi colega y buen amigo Eduardo Pérez Rasilla me informa de que el dato es incorrecto a la luz de la documentación consultada en el Archivo Histórico Nacional para la preparación de su edición crítica de La vejez de Heliogábalo en la editorial Amarillo. La verdadera fecha del nacimiento es el 3 de mayo de 1882. La corrección ya está hecha en las anteriores entradas de este blog dedicadas al aristócrata de fatal destino en las cárceles de la Victoria.



Eduardo Pérez Rasilla

La corrección, por desgracia, no ha llegado a tiempo para ser incluida en el capítulo «El destino trágico de un dandi: Antonio de Hoyos y Vinent», incluido en La colmena (pp. 237-252), el tercer volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores. El mismo ya se encuentra en la imprenta con una portada dedicada a la memoria del dibujante José Robledano y, si todo va según lo previsto, los ejemplares estarán en las librerías a lo largo del próximo mes de junio.



Agradezco a Eduardo Pérez Rasilla la información facilitada y, a la espera de poder reseñar en este blog su próxima edición de la citada novela de Antonio de Hoyos y Vinent, reitero mi disposición a utilizar este recurso para aportar datos sobre los consejos de guerra de periodistas y escritores que, si nada lo impide, a finales de 2027 o principios de 2028 tendrán el cuarto volumen de la tetralogía iniciada con Las armas contra las letras (más información en la web consejosdeguerra.es).


sábado, 23 de mayo de 2026

La depuración del coronel auditor Ángel Manzaneque Feltrer


 Sede del ICAM. Fuente: Wikipedia

La inclusión de numerosos personajes históricos en Nos vemos en Chicote (2015) me obligó a sintetizar la trayectoria de la mayoría. En el caso del coronel auditor Ángel Manzaneque Feltrer (Madrid, 1893-1949), presente en los sumarios analizados en mis posteriores libros dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores, me limité a dar cuenta de unos meros apuntes entre las páginas 156-158.

El coronel auditor en la reserva desde el 22 de enero de 1942, después de desempeñar una intensa tarea en el Cuerpo Jurídico Militar durante la posguerra, merece un estudio más detenido de cara a una posible cuarta edición del citado libro. Con tal motivo, he encontrado una documentación capaz de probar el grado de represión de aquellos años, que afectó hasta los propios responsables de la misma.

El coronel auditor fue depurado como abogado colegiado en Madrid y procesado por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC), según la documentación depositada en el Archivo Histórico del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (AHICAM) y el Centro de Documentación de la Memoria Histórica.

A la espera de las solicitadas copias del CDMH, gracias a la digitalización y acceso libre de los fondos documentales del AHICAM sabemos que Ángel Manzaneque Feltrer ingresó en el mismo el 22 de agosto de 1924, cuando contaba con treinta y un años y estaba domiciliado en la capital (caja 348, exp. 10820). Dada su vinculación con el Cuerpo Jurídico Militar, parece improbable que ejerciera como abogado a partir de esa fecha, pero llegada la posguerra debió superar la depuración profesional al igual que todos sus colegas.



Fuente: AHICAMNos vemos

De acuerdo con el documento aquí reproducido, el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid certifica que Ángel Manzaneque Feltrer fue depurado con todos los pronunciamientos favorables el 6 de febrero de 1942, es decir, pocos días después de pasar a la reserva y cuando pretendería, supongo, ejercer la abogacía en el ámbito civil (AHICAM, exp. 2634).

La fecha del documento es tardía para una depuración profesional, pero la misma suponía un requisito para el ejercicio de la abogacía del que ni siquiera estaba excluido quien desempeñó las más altas funciones en la represión de los vencidos durante la inmediata posguerra.

Ángel Manzaneque Feltrer se encaminaba a los cincuenta años, había prestado sus servicios al Glorioso Movimiento Nacional, desde que el 7 de noviembre de 1936 formara parte del grupo adscrito al Cuerpo Jurídico Militar destinado a participar en la por entonces prevista toma de Madrid (BOE, 7-XI-1936), y había llegado el momento de rentabilizarlos en una ocupación más tranquila sin descartar la posibilidad de convertirse en abogado defensor de los consejos de guerra. No habría sido el único, según contara Albert Boadella en Memorias de un bufón (2001) con motivo de su procesamiento por la jurisdicción militar.

La circunstancia de este paso a lo civil es tan legal como habitual entre los protagonistas de la actividad represiva durante la posguerra. Lo sorprendente es que, incluso quien había decidido el destino de tantos represaliados en Madrid hasta el 27 de agosto de 1939 (BOE, n.º 239), debiera someterse por imperativo legal a un proceso de depuración tras haber pasado por el TERMC (CDMH, fichero 77, documento 2716930).

La consulta de este documento alumbrará nuevas circunstancias que completaremos con otros ya solicitados. Por lo pronto, sabemos que, si hubo censores censurados como el novelista Wenceslao Fernández Flórez, también contamos con la depuración de los depuradores en un clima obsesivo en materia de represión.

El alumno del madrileño instituto Cardenal Cisneros, donde coincidió con algunos de los represaliados de la posguerra, probablemente nunca contó esta historia antes de fallecer en 1949. Habría sido una excepción en el silencio mantenido por quienes participaron en la represión, pero en la medida de lo posible la reconstruiremos para incorporarla a la nueva edición de Nos vemos en Chicote cuando se agoten los ejemplares actualmente disponibles.



miércoles, 20 de mayo de 2026

Un poeta en la historia, de Mario Amorós (y II)


Mario Amorós en la presentación que tuvo lugar en Orihuela

Con el objetivo de completar la entrada del pasado día 18 y colaborar en la difusión de la magnífica biografía de Miguel Hernández escrita por Mario Amorós, os paso los enlaces de nuevas entrevistas concedidas a los medios de comunicación y, muy especialmente, la grabación de la presentación del libro que tuvo lugar el día 19 en la Sede de la Universidad de Alicante con la presencia de mis compañeros José Carlos Rovira y Carmen Alemany. El acto académico desbordó los límites habituales de una presentación y constituyó una verdadera lección de los participantes en la mesa acerca de la trayectoria biográfica y creativa del poeta oriolano.





domingo, 17 de mayo de 2026

Un poeta en la Historia, de Mario Amorós (I)


 Mario Amorós

La Historia está en permanente construcción. Sin necesidad de citar a los clásicos de la historiografía moderna, quienes nos dedicamos profesionalmente a esta tarea sabemos que nuestras aportaciones son un eslabón en una cadena donde otros colegas pueden ampliar, refutar o confirmar lo establecido gracias a nuevos documentos, testimonios o cualquier fuente hasta entonces desconocida.

Los consejos de guerra de Miguel Hernández no constituyen una excepción en el propósito colectivo de acercarnos lo más posible al conocimiento de lo sucedido. En 2022, con motivo de la edición facsímil de los sumarios del poeta en colaboración con el Ministerio de Defensa, tuve la oportunidad de estudiarlos en profundidad. La investigación deparó novedades, que pronto fueron incorporadas a la biografía de Miguel Hernández reeditada y ampliada por José Luis Vicente Ferris.

La tarea no estaba concluida. Ahora, gracias a Un poeta en la Historia. Vida de Miguel Hernández (Madrid, Akal, 2026), del periodista e historiador Mario Amorós, conocemos mejor lo sucedido en aquella farsa jurídica. Su exhaustiva investigación le ha permitido localizar documentación inédita o relevante en el Fondo García Vergara, del Archivo Nacional de Chile, y en el Archivo General Militar, de Ávila.




La biografía publicada por Mario Amorós es ejemplar en varios aspectos y se suma a otras también brillantes dedicadas a una apasionante e intensa trayectoria vital. Abajo indico varios enlaces que ponen de manifiesto la calidad del trabajo realizado y, en fechas posteriores, incorporaré los que vayan colaborando en la divulgación de un libro imprescindible para cualquier interesado en la obra de Miguel Hernández.

Al margen de agradecer el interés del autor por la situación personal que sufro desde 2019, a raíz de desvelar la identidad de quienes intervinieron en la instrucción del sumario 21001, hay en el libro de Mario Amorós una novedad que ratifica todavía más la radical nulidad de aquellos procesos judiciales, según lo establecido por la vigente Ley de Memoria Democrática de 2022.

Una vez condenado Miguel Hernández a la pena de muerte y habiendo decidido las autoridades franquistas no ejecutarla para evitar una repercusión internacional como la del asesinato de García Lorca, el objetivo de quienes de una u otra manera pretendían aliviar la situación del poeta era la conmutación de la citada pena por otra de treinta años.

Lo fundamental de estas gestiones nunca explicitadas en los sumarios lo conocíamos, pero Mario Amorós revela más detalles y protagonistas gracias a la consulta del fondo depositado en el Archivo Nacional de Chile y, por primera vez, analiza el proceso del poeta a la luz de un documento del 4 de junio de 1940 firmado por el Departamento de Asesoría y Justicia del Ministerio del Ejército. El mismo admite literalmente que Miguel Hernández había sido condenado a muerte el 18 de enero de ese año por «hechos» de «escasa trascendencia» y recomienda la citada conmutación.



Documento depositado en el Archivo General Militar, de Ávila

Las autoridades militares, cinco meses después de la sentencia que condenó a muerte al poeta y sin mediar ningún tipo de actuación judicial que completara lo instruido en el Juzgado Militar de Prensa, reconocen la «escasa trascendencia» de lo probado en el sumario 21001 para la posterior sentencia dictada en el consejo de guerra presidido por el comandante Pablo Alfaro.

El nuevo ejemplo del omnipresente derecho de autor en la jurisdicción militar de la época, para el cual lo importante no son los actos probados sino la identidad del acusado, se suma al comportamiento represivo de quienes condenaron al poeta a sabiendas de que lo instruido era de «escasa trascendencia», al margen de cualquier discrepancia jurídica en la valoración por parte del tribunal presidido por el comandante Pablo Alfaro.

El caso de Miguel Hernández es uno más entre decenas de miles con similares características. Lo conocemos ahora con lujo de detalle gracias a la nombradía del procesado, pero lo sucedido en Madrid y Orihuela no supone una novedad a la luz de tantos otros consejos de guerra como los de periodistas y escritores (consejosdeguerra.es). Solo duele, y mucho, por el trágico final de un padre y esposo joven que deseaba vivir. Así lo prueba la magnífica biografía de un Mario Amorós que, como en anteriores ocasiones, demuestra su capacidad para llevar este género por los cauces del rigor y la amenidad.

Enlaces:

https://elpais.com/cultura/2026-05-11/cuando-el-franquismo-reconocio-haber-condenado-a-muerte-a-miguel-hernandez-por-hechos-de-escasa-trascendencia.html

https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2026/05/12/6a01df93e85eceb9278b459c.html

informacion.es/cultura/2026/05/14/mario-amoros-biografia-miguel-hernandez-figura-poeta-del-pueblo-compromiso-politico-partido-comunista-de-espana-republica-130197716.html

https://www.levante-emv.com/postdata/2026/05/15/nuevas-luces-poeta-esencial-130277377.html

https://www.publico.es/culturas/libros/documento-franquismo-admite-miguel-hernandez-condenado-muerte-hechos-escasa-trascendencia.html