La noche del cine español
(1984-1986)
fue uno de los programas que justifican la existencia de una cadena pública de
televisión. Bajo la dirección de Fernando Méndez Leite, durante dos temporadas
un equipo de colaboradores puso a disposición de los telespectadores el
resultado de una encomiable e inmensa tarea de investigación para conocer mejor
un cine convenientemente contextualizado en la historia del período franquista.
El programa lo seguí en
su momento, cuando recién doctorado me dedicaba a la literatura dieciochesca y ni siquiera
sospechaba la posibilidad de escribir varios libros acerca del cine español y,
más en concreto, sobre las peripecias a veces dramáticas de algunos de sus
protagonistas (El tiempo de la desmesura, Barcelona, Barril y Barral, 2010). Ahora, al cabo de
cuarenta años y gracias a RTVE Play, he vuelto a ver los primeros capítulos a la búsqueda de
testimonios relacionados con mi investigación de los consejos de guerra de
periodistas y escritores.
El resultado ha sido
positivo. Aparte de los testimonios de Eduardo de Guzmán (Las armas contra las letras, 2024: 95-108), cuya bibliografía ha
sido fundamental para conocer lo sucedido durante la represión franquista,
encontramos las entrevistas concedidas por directores como Rafael Gil y Carlos Serrano
de Osma, que protagonizarán un capítulo de Final de trayecto por su
intervención en el sumario de su colega y amigo Antonio del Amo. El primero se
reafirma en su conocido franquismo. El segundo reconoce que deseó la victoria
de los sublevados, pero al ver el resultado de la misma volvió a sus
planteamientos defendidos durante el período republicano. Las citas la tendremos
en cuenta para el capítulo dedicado a los sumarios de Antonio del Amo.
A mediados de los años
ochenta, los archivos militares estaban cerrados a cal y canto para los
investigadores. Nada o muy poco se sabía acerca de la represión franquista más
allá de lo transmitido por los testimonios orales o escritos, que solo
empezaron a circular con el final de la dictadura. En ese contexto, resulta
comprensible la intervención del historiador Xavier Tussell (1945-2005), que
por entonces realizó una intensa actividad divulgadora, cuando habla de las
cifras relacionadas con la represión. Las ignora o comete errores de bulto que
ahora serían inaceptables para cualquier historiador. No es su culpa, sino de
una ignorancia generalizada por la carencia de estudios al respecto, que
todavía tardarían una década en iniciar una línea de trabajo más allá de lo
esporádico. La actual democracia, por diversas causas que no merece la pena
citar ahora, ha sido lenta y tardía a la hora de investigar lo sucedido con
aquella represión. Todavía afronta problemas de los que hemos dado cuenta en
este blog.
Sin embargo, en el
capítulo segundo de La noche del cine español (16-I-1984) he encontrado un magnífico
testimonio del periodista Eduardo Haro Tecglen (1924-2005), hijo del también
periodista Eduardo Haro Delage, a cuyo consejo de guerra dediqué un capítulo en
Las armas contra las letras (2024: 235-240). En el mismo pude utilizar el
testimonio escrito por quien asistió al procesamiento de su padre. El relato de
la experiencia resulta estremecedor a la par que coherente con otros como los del
citado Eduardo de Guzmán, presente en el procesamiento de Miguel Hernández, y
Fernando Fernán-Gómez, que desistió de su juvenil pretensión de ser abogado al
ver en directo el consejo de guerra de quien le había dirigido en sus
primeros pasos como actor.
El testimonio de Eduardo
Haro Tecglen, visto en la pequeña pantalla, no aporta novedades con respecto a
lo escrito por el periodista en El niño republicano (1996), pero estremece todavía más por la inmediatez y,
sobre todo, de una manera muy clarificadora recalca la especial inquina de los
militares contra los periodistas procesados, a quienes equiparaban con los
peores asesinos. Lo hemos explicado a menudo a lo largo de los tres volúmenes
ya publicados, pero merece la pena escucharlo en la voz de quien, como hijo de
un condenado, asistió al consejo de guerra de un padre cuyo único delito era
haber sido fiel a la II República:

