martes, 30 de junio de 2026

César Mariano Calderón Pérez, un periodista declarado en rebeldía mientras estaba encarcelado


 Archivo General e Histórico de Defensa

Ayer el AGHD me remitió la copia digital del sumario 48041 cuyo único procesado es el periodista César Calderón Pérez. Al examinarlo, comprobé que el mismo era un funcionario del Canal de Lozoya que también trabajó durante la guerra como corresponsal en los frentes para los diarios La Libertad y El Liberal.

El 7 de septiembre de 1939, el auditor mandó instruir el sumario 48041 al Juzgado Permanente n.º 4 de Funcionarios. También podría haberlo remitido al Juzgado Militar de Prensa, pero prevaleció el criterio de ser un funcionario y, sobre todo, se tuvo en cuenta que todas las denuncias procedían de compañeros de trabajo en el Canal de Lozoya.

Los denunciantes presentan a César Calderón Pérez como capitán de las milicias, agente del SIM y «enemigo de toda persona de orden y de derechas». Nadie presenta las correspondientes pruebas. Tal y como era preceptivo en estos casos, las fichas de las denuncias debían ser ratificadas mediante declaración en el juzgado. Así se hizo en septiembre de 1939, empeorando todavía más la caracterización del encausado.

El 12 de septiembre de 1939, el Canal de Lozoya remite al juzgado un informe indicando que César Calderón Pérez se encontraba en un campo de concentración de Argelia y que el 23 de agosto había sido separado definitivamente del servicio con pérdida de todos sus derechos y subsiguiente baja en el escalafón del cuerpo al que pertenecía.

El 15 de diciembre de 1939, la jefatura provincial de FET y de las JONS le acusa de escribir «artículos canallescos» en la prensa republicana. Le considera, por lo tanto, «un indeseable y elemento peligroso» para el Glorioso Movimiento Nacional.

El 2 de enero de 1940, la Dirección General de Seguridad informa al juez que César Calderón Pérez «se marchó a Francia unos tres o cuatro meses antes de la liberación de esta capital». La circunstancia parece contradictoria con lo afirmado por el Canal de Lozoya, pero el juez instructor, tras publicar las correspondientes requisitorias en la prensa, el 6 de febrero de 1940 considera al encausado en rebeldía procesal. El 19 del mismo mes el caso resulta sobreseído tras el acuerdo adoptado tres días por el auditor. Finalmente, el 7 de junio de 1944 el sumario queda archivado.

La documentación de los consejos de guerra de periodistas y escritores está plagada de errores. Si vamos a las páginas de La Libertad y El Liberal, comprobamos que César Calderón Pérez era en realidad César Mariano Calderón Pérez, corresponsal de guerra especialmente activo durante los primeros meses de la misma. Su nombre, César M. o César Mariano, también figura como redactor de La Libertad (19-VI-1937 y 24-X-1937).

La sorpresa viene cuando, en vez de creernos lo dicho por los responsables del Canal de Lozoya o la Dirección General de Seguridad, vamos al listado de sumarios del AGHD. Allí comprobamos que supuestamente hay dos procesados que responden a los apellidos Calderón Pérez, uno es César y otro César Mariano.

En realidad, son la misma persona y, lo más sorprendente, cuando en el sumario consultado le declaran en rebeldía por creerle exiliado, el encausado ya había sido condenado en el sumario 38811, que sería el prólogo de un largo caminar por el TERMC y el TNRP hasta que el periodista fuera indultado tras recibir una descomunal multa nunca pagada por ausencia de bienes.

A la espera de recibir la copia digital del sumario 38811, probablemente instruido en el Juzgado Militar de Prensa, solo cabe señalar el caos de la jurisdicción militar de la época. La declaración como rebelde, por permanecer en el exilio, de quien estaba condenado y encarcelado en la misma ciudad de Madrid merece una reflexión.

Los documentos son imprescindibles para la labor de los historiadores, pero mienten a menudo, tergiversan la realidad o simplemente evidencian las graves carencias de quienes emprendieron una labor represiva sin un mínimo de organización o cualificación, al menos a la vista del error aquí señalado. Otros muchos ya han sido explicados a lo largo de la tetralogía cuyo tercer volumen, La colmena, se pondrá a la venta el próximo 6 de julio.

 


viernes, 26 de junio de 2026

Objetivo cumplido: la tetralogía sobre los consejos de guerra


El azar propicia que en algunas ocasiones las buenas noticias se acumulen en una misma jornada. Ayer, a primera hora de la mañana, terminé de preparar el original de un libro colectivo, Cinefilia y memoria, escrito en colaboración con varios colegas y amigos que han dado testimonio de su amor al cine como ejercicio de la memoria. Si todo discurre con normalidad, el libro aparecerá publicado a mediados o finales del próximo curso.
Poco antes del mediodía, me llamaron del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante para comunicarme la llegada de los primeros ejemplares de La colmena, el tercer volumen de los dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores. El libro se pondrá a la venta el próximo 6 de julio y para esa fecha toda la información bibliográfica del mismo constará en la web consejosdeguerra.es. La promoción la posponemos hasta septiembre porque julio es un mal mes para esta labor, al menos en lo que respecta a las presentaciones.
También ayer, por el azar al que antes me refería, imprimí el cuarto volumen de la tetralogía: Final de trayecto, del cual os paso el índice que todavía podría sufrir alguna variación:


En 2022, después de publicar Los consejos de guerra de Miguel Hernández (Ministerio de Defensa-UA), me propuse la tarea de testimoniar todos los procesos seguidos por entonces contra los periodistas y escritores vinculados con la causa republicana. La tarea, en opinión de los colegas, era una locura, sobre todo para alguien cercano a la jubilación. Tenían razón, pero la salud y el ánimo me han acompañado durante estos cuatro años, tres volúmenes ya están publicados y el cuarto, con el que cerraré mi producción como investigador, aparecerá a lo largo del curso 2027-2028, el de mi jubilación.
Hace mucho tiempo vi por primera vez She Wore Yellow Ribbon (1949), del maestro John Ford. Por entonces admiré este western como tantos otros que me han apasionado a lo largo de mi experiencia de espectador. La película aquí titulada La legión invencible por culpa de algún iluminado la volví a ver cuando ya había cumplido los sesenta. Ese día comprendí que el capitán Nathan Cutting Brittles interpretado por John Wayne es un ejemplo a seguir en materia de jubilación. Así lo he hecho, sin necesidad de enfrentarme a los indios y con el debido reposo, pero con la obligación de trabajar duro hasta el último día de una trayectoria de más de cuarenta años al servicio de la universidad, que es un destino más llevadero que el de la caballería en el Oeste.
Bromas aparte y con el guiño de sentirme como el protagonista de la citada película, el objetivo está alcanzado porque mis indios particulares han vuelto a la reserva en son de paz y sin ser humillados. Tres volúmenes editados y el cuarto redactado permitirán recuperar el testimonio de tantos periodistas y escritores que sufrieron una durísima persecución por el supuesto delito de ejercer la libertad de expresión. Ellos han sido el verdadero motor para escribir unas mil quinientas páginas en cuatro años. De algo me habrá valido mantener, llegada la senectud, la condición de admirador de John Ford.

lunes, 22 de junio de 2026

Guerra total en torno a Guerra total


 Manuel Chaves Nogales

Hace unos días recibí un correo de mi amigo y editor Abelardo Linares donde adjuntaba una serie de enlaces a diferentes artículos relacionados con la reciente publicación de Guerra total, una colección de narraciones atribuidas a Manuel Chaves Nogales por quien también incluye en la edición de Renacimiento un extenso epílogo para justificar esta atribución que, al parecer, está resultando controvertida.

Estas polémicas son saludables en la medida que ayudan a esclarecer el motivo de las mismas, pero a menudo derivan en unos alicortos enfrentamientos personales que solo interesan a quienes participan con un intercambio de textos donde abundan las alusiones personales y las «puyas» propias de unos duelos con unos protagonistas progresivamente solos y abocados a darse alguna «calabazada».

La atribución de los referidos textos a Manuel Chaves Nogales carece de «la pistola humeante», pero me parece justificada y plausible a la espera de que otros colegas puedan aportar más datos. Si se expresan en los términos utilizados por mi maestro Andrés Amorós, las dudas con respecto a esa atribución suponen un acicate para ahondar y matizar, dos tareas imprescindibles en cualquier estudio filológico. Otros artículos, con descalificaciones, remiten a enfrentamientos que desconozco y que tampoco deseo conocer.

Tal y como apunté en una entrada anterior, podría participar en esta polémica aportando algún dato y hasta hipótesis basadas en mis años enfrascado en el estudio de los consejos de guerra seguidos contra escritores y periodistas. De hecho, algunas de las reticencias mostradas por quienes dudan o se oponen a la atribución de los textos a Manuel Chaves Nogales pueden quedar despejadas al observar circunstancias análogas que afectaron a varios de sus colegas cuando afrontaron los sumarísimos de urgencia.

Me niego a participar, por ahora, en esta polémica. La razón básica es fácil de entender: lo primero es disfrutar con los textos rescatados del olvido por Abelardo Linares y puestos a disposición de los lectores en una edición que cuenta con el prólogo de otro amigo, Ignacio Martínez de Pisón.




Tanto Ignacio como yo somos partidarios del disfrute literario y poco amigos de los enfrentamientos con tintes personales. Ambos hemos tenido la oportunidad de leer unos textos magníficos, sean o no de Manuel Chaves Nogales, y siempre cabe agradecerlo invitando a otros lectores para compartir un momento que nos remite a la mejor narrativa de esa época tan dramática.

Tiempo habrá de polemizar o, mejor, intercambiar pareceres. Lo primero es disfrutar y agradecer que, si los textos son del periodista sevillano, contamos con nuevos motivos para situarle entre los mejores y, si prevalece una opción distinta, también cabe felicitarse porque Manuel Chaves Nogales dista mucho de ser un fenómeno aislado.

Dejemos que la polémica transcurra por cauces más sosegados. Mientras tanto, disfrutemos con una lectura que destaca entre tanto texto propagandístico o sujeto a las urgencias del momento. En mi opinión, Guerra total es un ejemplo de buena narrativa con independencia de cualquier autoría. Merece nuestra atención y antes o después llegará el momento, cuando se haga una edición crítica, de ponderar razones a favor de las distintas opciones. La tarea requerirá mesura, conocimiento y desapasionamiento.


miércoles, 17 de junio de 2026

El adiós de un maestro, Carlo Ginzburg


 

Los días perfectos son una quimera o solo pertenecen al ámbito de la ficción. Ayer se sucedieron las buenas noticias. Anales de Literatura Española mantuvo por tercer año consecutivo la máxima calificación, Q1, en el JCR de la Web of Science, me llegaron documentos para probar mi postura en una larga polémica y, sobre todo, terminé el borrador de casi trescientos folios de El final del trayecto, el volumen con el que culminaré la tetralogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores cuyo tercer volumen, La colmena, estará el 6 de julio en las librerías.

Justo cuando me disponía a apagar el ordenador después de una fructífera jornada de trabajo, me llegó a través de mi compañero Justo Serna la triste noticia del fallecimiento de Carlo Ginzburg (1939-2026), el maestro de tantos historiadores y el referente teórico para la citada tetralogía.

La muerte a los 87 años forma parte de lo previsible. Poco a poco nos vamos preparando para ese tránsito a la memoria, pero resulta difícil admitir el final de una trayectoria vital repleta de sabiduría compartida gracias a tantos libros y una incansable labor docente y divulgadora.

La prensa de ayer recogió la triste noticia en el rincón reservado a la gente sabia, cuyo protagonismo siempre es menor en comparación con tantos personajes zafios que pueblan la actualidad. En esas páginas algunos de mis compañeros y amigos, como Justo Serna, Gutmaro Gómez Bravo o Nicolás Sesma, fueron desgranando los motivos de tantos historiadores para sentirnos deudores del maestro fallecido.

Poco puedo añadir a las palabras más autorizadas que la mía para hablar de la aportación que supuso la obra de Carlo Ginzburg. Me remito a las mismas, pero quisiera testimoniar un agradecimiento concreto por la ayuda que uno de sus libros, Il giudice e lo storico. Considerazione in margine al processo Sofri (1991), ha supuesto para redactar el cuarto volumen de la referida tetralogía.

El final del trayecto termina con dos capítulos dedicados al error que siempre supone la judicialización de la Historia y a una abierta defensa de la libertad de cátedra en el marco de la libertad de expresión. Al redactarlos a partir de un caso concreto, siempre he tenido delante el citado libro de Carlo Ginzburg, que ha sido una orientación decisiva para encontrar la metodología capaz de afrontar la defensa de la Historia frente a cualquier intento de judicializar sus aportaciones.

Ahora, cuando llevo años cultivando la microhistoria que nos enseñó el sabio italiano, solo tengo palabras de agradecimiento por su magisterio. Y, por supuesto, asumo como tantos colegas el compromiso de seguir por la senda que trazó con sus libros desde los años setenta, cuando nos contó las andanzas ante la Inquisición de un molinero hasta entonces anónimo y ahora célebre.

Gracias, Carlo, por tu ejemplo, que hoy alumbra la tarea de tantos compañeros dispuestos a rescatar del anonimato a personajes como ese molinero porque, claro está, la historia va más allá de los grandes nombres.

domingo, 14 de junio de 2026

Nuestro compañero Antonio Plaza


 

A cierta edad, cuando la vejez ya forma parte del presente, la consulta de las redes sociales o el correo depara con frecuencia malas noticias. El bosque de nuestra juventud queda despoblado poco a poco y comprendes que tu suerte depende de un hilo, que cualquier día se rompe para pasar a ser memoria.

Nuestro compañero Antonio Plaza falleció el pasado 10 de junio. Lo supe al ver una foto suya, sonriente y joven, en su muro de Facebook, pero con el acompañamiento de un texto escrito por Mónica Plaza, que anuncia la triste noticia y la voluntad de homenajear al padre mediante la publicación de un libro dedicado a Luisa Carnés, la exiliada que casi descubrió Antonio Plaza gracias a décadas de investigaciones hasta convertirla en un referente de la narrativa del 27.

Nunca tuve la suerte de coincidir personalmente con Antonio Plaza, pero a lo largo de estos últimos años fueron frecuentes las consultas y el intercambio de información. Me sucede igual con otros compañeros distantes en lo físico, pero siempre próximos en el momento de colaborar en lo que, conviene saberlo, es una tarea colectiva para la recuperación de la memoria histórica.

Apenas cabe recordar ahora el rigor de los trabajos siempre bien documentados y atinados de Antonio Plaza. Ocasión habrá para hacerlo con la ayuda de voces más autorizadas. Sin embargo, quisiera testimoniar su generosidad a la hora de colaborar en cualquier tarea de investigación. Lo hacía con la sencillez y la claridad habituales en sus trabajos, que responden también a una voluntad docente que agradezco cuando tantos otros buscan la oscuridad de la pedantería.

Antonio Plaza era catedrático de la enseñanza secundaria. Uno de esos compañeros que, a pesar de la falta de reconocimiento social del colectivo y las precarias condiciones de su trabajo por el abandono que sufre la enseñanza pública, siempre encontró un tiempo para la investigación y la divulgación.

Mi admiración es total cuando observo una trayectoria como la de Antonio Plaza. La investigación en la universidad constituye un requisito viable, pero en la enseñanza secundaria supone una heroicidad sin apenas reconocimiento oficial. Sus protagonistas la emprenden con un justificado orgullo profesional, superando múltiples adversidades y dignificando, en definitiva, un cuerpo docente a menudo minusvalorado por las autoridades políticas.

Durante años también he compartido con Antonio Plaza la presencia en el catálogo de Renacimiento. Su hija Mónica anuncia un nuevo libro, probablemente en esa editorial, y sabe que cuenta con mi ayuda para publicarlo en fechas próximas. Por desgracia, sería mi último favor entre compañeros, pero también quedan sus monografías y las ediciones de Luisa Carnés, que releeré este verano para fortalecer la memoria de tantos olvidados y el vínculo con quienes, como Antonio, trataron de vitalizarla con su apasionada y brillante tarea investigadora.

viernes, 12 de junio de 2026

Miguel Hernández visto por Nieves Concostrina


 Nieves Concostrina

La tarea divulgativa de la historia que desde hace años viene realizando la periodista Nieves Concostrina goza de una magnífica acogida entre el público. Sus frecuentes intervenciones en la cadena SER, sus podcasts, las conferencias que imparte… siempre cuentan con una respuesta popular que sería la envidia de cualquier historiador.

Nieves Concostrina es una divulgadora que trabaja en los medios de comunicación, pero procura ampararse en la lectura de las investigaciones realizadas acerca de los temas abordados. Hace unas escasas fechas, la periodista dio de nuevo una muestra de su interés por Miguel Hernández y en esta ocasión editó el capítulo Acoso, agonía y muerte de Miguel Hernández en su podcast Cualquier tiempo pasado fue anterior, que cuenta con decenas de miles seguidores.

La periodista invitó a mi compañera Carmen Alemany, que volvió a demostrar la sabiduría y la pasión con la que siempre aborda la trayectoria biográfica y creativa del poeta. La podemos escuchar a través del siguiente enlace, al tiempo que así también agradezco el apoyo que Nieves Concostrina da a mis libros, en especial a Nos vemos en Chicote. Cada vez que cita sus títulos en la radio o en el citado podcast hay un aumento de las ventas y, aunque por fortuna mi economía no dependa de las mismas, siempre es un motivo de reconocimiento y estímulo para seguir con la tarea investigadora.

https://www.podiumpodcast.com/podcasts/todo-concostrina-playser-em/episodio/4972183/



martes, 9 de junio de 2026

Anales de Literatura Española alcanza el Q1 en el CiteScore de Scopus y en el Journal Citation Reports

Fiel a su cita semestral, Anales de Literatura Española acaba de publicar su número 45, que como corresponde a los editados en junio es de carácter misceláneo. Mientras el próximo monográfico ya está muy avanzado, hemos recibido la excelente noticia de que en los datos de 2025 de la métrica CiteScore de Scopus la revista ha alcanzado el Q1, culminando así una progresión iniciada en 2022 cuando por primera vez estuvimos en esta clasificación con un Q4.
A la espera de la confirmación que supondrán los datos del Journal Citation Reports (Web of Science) [por tercer año consecutivo ha mantenido el Q1], la revista cuyas riendas tomé en 2020 ha alcanzado todos los objetivos propuestos por el Consejo de Redacción. Desde entonces hemos publicado catorce números con casi doscientos artículos, pero sobre todo hemos adecuado a los tiempos la metodología del trabajo para convertir la revista en una plataforma útil al servicio de la difusión accesible y gratuita de la investigación universitaria.
Mi compromiso terminaba con el número 44, pero la feliz circunstancia de una baja maternal me ha obligado a prolongarlo hasta el 45. Si todo va según lo previsto, en septiembre u octubre, cuando vuelva mi compañera, daré el relevo en un paso más hacia mi jubilación.
Los años no pasan en balde. Los objetivos del curso están cumplidos. En julio llegarán los ejemplares del tercer volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores, mientras el cuarto está prácticamente redactado. Hace unas semanas el monográfico publicado en Don Galán recibió un importante premio del Ministerio de Cultura como parte de una trayectoria en la que he trabajado desde el principio. He mandado colaboraciones a tres homenajes a otros tantos compañeros que se jubilan, he entregado dos artículos que me solicitaron para unos monográficos y estoy pendiente de la publicación de diferentes trabajos ya finalizados. 
Me resulta difícil decir no a los compañeros, pero también es cierto que ahora, cuando voy a dedicar mis supuestas vacaciones de julio a presidir un tribunal de oposiciones y participar en otro de la UNED, el agotamiento llega como un recordatorio de que estoy cerca de la jubilación, que he pospuesto hasta junio de 2028 por circunstancias donde mi voluntad ha quedado relegada a un segundo plano.