viernes, 8 de mayo de 2026

Francisco Colás, médico y periodista fusilado


 Francisco Colas Ruiz de la Serna

Un investigador universitario debe contar, para la correcta realización de sus actividades, con una red de colaboradores que le ayuden o le informen de cualquier novedad en los temas objeto de sus trabajos. Gracias a los muchos años de mi trayectoria académica, esa red está muy tupida y a menudo recibo la ayuda de colegas repartidos por diferentes universidades.

En fechas recientes, la profesora María Asunción Castro Díez, de la UCLM, se puso en contacto conmigo para solucionar un trámite. Gracias a los correos intercambiados, supe que estaba dirigiendo el Trabajo Fin de Máster de la alumna Marina Muñoz Romero sobre la trayectoria de Francisco Colas (1898-1939), médico, político y periodista que fue fusilado el 5 de mayo de 1939 en Ciudad Real, la capital donde había trabajado en la Beneficencia Municipal mientras dirigía Avance, el periódico resultante de la incautación de otra cabecera de la capital manchega.

La detención tuvo lugar el 5 de abril de 1939 y tan solo cinco días después ya estaba dictada la sentencia, que contó con «el enterado» del general Franco el 26 del mismo mes. Todo el proceso fue tan precario -bastaron con dos declaraciones acusatorias y la recopilación de ejemplares del periódico que dirigió el acusado- como acelerado hasta llegar al 5 de mayo cuando el teniente médico Francisco Vivanco Bergamín certificó la identidad del fallecido, que tenía «una herida por arma de fuego en región craneana».

Gracias a la investigación de Marina Muñoz Romero, he tenido acceso al sumario n.º 23 del AGHD, que fue instruido por el capitán Eduardo Aizpún Andueza con una rapidez que estremece a la vista del desenlace. En fechas próximas, cuando el TFM de Marina esté presentado, la joven investigadora redactará una entrada para este blog donde sintetizará la trayectoria de Francisco Colas, que en parte ya podemos conocer gracias al trabajo de Isidro Sánchez Sánchez en el Diccionario biográfico de Castilla La Mancha.

Francisco Colas fue un médico socialista procedente de una familia adinerada que compaginó el trabajo en la Beneficencia Municipal con las tareas de propagandista y responsable de El Pueblo Manchego y Avance. El sumario cuenta con varios ejemplares de la primera cabecera y en los mismos aparecen las poesías firmadas por Roger de Flor, un maestro y poeta que ya conocemos por anteriores entradas.




Jesús Merchén también fue fusilado en Ciudad Real, su historia aparecerá en el tercer tomo dedicado a los consejos de guerra, La colmena, que tendremos en las librerías antes de finalizar el curso. Su compañero de fatigas periodísticas y políticas, Francisco Colas, contará con un capítulo en el cuarto tomo, gracias a la colaboración de una joven investigadora que nos ha permitido completar el hasta ahora incompleto listado de los directores de periódicos republicanos que fueron fusilados (consejosdeguerra.es).  


martes, 5 de mayo de 2026

Hasta siempre, Sol


 Soledad Gallego-Díaz

La periodista Soledad Gallego-Díaz (1951-2026), la primera directora de El País, ha fallecido tras culminar una dilatada y brillante trayectoria en el periodismo español. La prensa de hoy aborda con amplitud la triste noticia y poco podría añadir a las necrológicas o los perfiles humanos de una profesional que gozó del respeto y el cariño de los colegas.

Hace apenas tres meses, y gracias a la ayuda del novelista Sergio del Molino, pude entrar en contacto con Sol. El motivo era conocer mejor la historia de su padre, José Gallego-Díaz Moreno, un matemático con inquietudes literarias que fue procesado en un consejo de guerra por los franquistas. Le pregunté sobre el correspondiente sumario, pero la familia lo desconocía, así como otros pormenores de su trayectoria. Le dije que lo digitalizaría para ponerlo a disposición de ella y sus hermanos. Así lo hice y Sol me mandó un correo agradeciéndome la gestión.

El sumario de José Gallego-Díaz Moreno ya lo tengo digitalizado gracias a la colaboración del AGHD, así como otros documentos de su padre, pero por desgracia cuando se lo envié la enfermedad cortó la comunicación. El documento aporta importantes novedades acerca de un matemático verdaderamente singular por múltiples motivos. Nunca las pude comentar con una periodista que habría tenido la experiencia de una imprevista exclusiva familiar.

La investigación iniciada con la publicación de una entrada en este mismo blog el 13 de abril de 2026 ya está prácticamente terminada y aparecerá en el cuarto tomo de los dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores. La enfermedad se ha interpuesto y no podré compartir la tarea con Sol a la búsqueda de sus testimonios, pero la culminaré en recuerdo de su padre y de ella misma, al tiempo que intentaré localizar a sus hermanos para que la memoria familiar se vea completada con la labor del historiador.

 

 


viernes, 1 de mayo de 2026

Manuel Chaves Nogales a la luz de los archivos


 Manuel Chaves Nogales

Hace unos meses, mientras analizaba el sumario del consejo de guerra de José Robledano, encontré un documento donde el secretario judicial transcribe un fragmento del libro de actas de la Agrupación Profesional de Periodistas. La fecha de lo transcrito es el 18 de octubre de 1936. El texto da cuenta de la participación de Manuel Chaves Nogales en la defensa de la II República, llegando hasta el punto de ofrecerse para desempeñar las funciones de comisario político.

El hallazgo me sorprendió a la luz de lo escrito meses después en el célebre prólogo de A sangre y fuego (1937), donde el periodista se considera posible víctima de ambos bandos, viéndose obligado a salir de Madrid el mismo día en que el gobierno partió hacia Valencia. La pregunta es obvia: ¿Cómo podía ser una víctima del bando republicano quien se postula como comisario del mismo?

Desde entonces, intuyo que la mayoría de los comentarios sobre el citado prólogo prescinde de la documentación relacionada con el pasado inmediato del autor. Puestos a disfrutar y hasta teorizar a partir de un texto tan brillante como los relatos a los que precede, es más cómodo escribir sin pasar meses o años en los archivos.

La comodidad también supone libertad en este caso. Si la exégesis se limita al texto, prescindiendo de una farragosa documentación, las posibilidades de ajustar la interpretación a los propios intereses, o deseos, aumentan porque no pasan por la justificación documental. Ni siquiera deben ser coherentes a la luz del comportamiento del autor durante las semanas anteriores.

Semejante libertad resulta cuestionable desde el punto de vista filológico e histórico. Como lectores, podemos hacer uso de la misma para sacar conclusiones sin necesidad de enmarcar el prólogo en su contexto histórico. El problema es que los filólogos y los historiadores nunca debemos prescindir de la condición de lectores, pero también somos investigadores capaces de indagar acerca de las claves del texto analizado.

Al cabo de quince años leyendo documentos relacionados con la Guerra Civil, desconfío de la literalidad de los mismos. Sus autores estaban sujetos a tremendas presiones (violencia, miedo, venganzas…) y, a menudo, esos textos son un instrumento para seguir vivos o libres. También para justificarse y defenderse cuando el propio comportamiento dista de ser heroico o ejemplar.

Manuel Chaves Nogales es un excelente escritor y periodista. La lectura de sus obras fascina y sus artículos destacan sobre tantos otros coyunturales y prescindibles. Sin embargo, el andaluz también se vio sacudido por una guerra que puso a prueba la coherencia de quienes la padecieron.

En la línea de lo expuesto por Francisco Espinosa o José Luis García Martín, Manuel Chaves Nogales en el prólogo de A sangre y fuego, convertido en un manifiesto de la tercera España, procura justificar su decisión de abandonar el Madrid sitiado. El texto merece una reflexión frente a tantos otros de carácter maniqueo, pero resulta incoherente con aspectos destacados de su trayectoria durante los meses anteriores, desde que en agosto de 1936 regresara a la capital procedente del extranjero.




La investigación en los archivos ya había dado frutos en este sentido. Ahora, gracias a Juan Carlos Mateos, conocemos mejor lo sucedido en aquel Madrid, donde Manuel Chaves Nogales nunca fue perseguido y aparecía como un defensor de la legalidad republicana. Su condición de víctima es una suposición para igualar a ambos bandos y justificar su marcha al exilio, donde fundamentalmente siguió siendo un republicano, como prueban los relatos agrupados en Guerra total.

El historiador debe comprender más que juzgar. Nunca condenaría al periodista por procurar salvarse cuando el riesgo era máximo. Tampoco por permanecer lejos de Madrid y hasta de España. Su decisión es comprensible y respetable, aunque no sea materia de héroes, como algunos de los colegas que decidieron permanecer en la ciudad sitiada

Ahora bien, deducir de esa necesidad de justificación una teoría acerca de la tercera España me parece un exceso, solo comprensible a la luz de la escasa frecuentación de los archivos. No es el caso de Juan Carlos Mateos desde antes de 1996, cuando leyó su monumental tesis doctoral ahora ampliada con nueva documentación.

Las relativas incoherencias de la trayectoria de Manuel Chaves Nogales durante unos meses tan complejos, donde otras incoherencias fueron frecuentes, no restan valor literario y periodístico a su producción. La humanizan y aportan matices de complejidad, que merece la pena indagar para huir de glorificaciones o mitos, que en un contexto tan poco noble como el de la guerra suelen carecer de una base sólida.

A diferencia de Juan Carlos Mateos, no observo una «ceremonia santificadora» (p. 27) ni el neochavismo como una nueva «religión» (p. 57). Tal vez la clave de la construcción de un mito en torno al periodista sea más sencilla, al margen de sus indudables méritos como autor.

Los mitos se construyen a base de simplificadas conclusiones tan reforzadas por la insistencia como alejadas de su confrontación con una realidad como la archivística, siempre compleja y repleta de dudas o circunstancias incompatibles con la mitificación.

La construcción de esos mitos no solo es un trabajo menos gravoso. También resulta atractivo y agradecido por los lectores, las editoriales y las instancias académicas. Manuel Chaves Nogales estuvo por encima de la mayoría de sus colegas, pero hacerlo sobresalir como un hito aislado facilita que los responsables de esa mitificación sobresalgan a la par. Y mantengan una imagen patrimonial de lo construido.

La mesura no ha estado a la altura de la exhaustividad documental en la investigación de Juan Carlos Mateos. El capítulo comprendido entre las páginas 75-149 es prescindible porque hay otras formas de defender las propias conclusiones. No obstante, me preocupa la observación de algunos errores en la bibliografía universitaria sobre Manuel Chaves Nogales. Lo mejor es corregirlos y, sobre todo, resituar al periodista en un marco menos excepcional, pero más creíble. No perderá así su acrisolada brillantez y dejará de ser motivo de especulaciones a veces interesadas.




Mientras tanto, la opción más satisfactoria es leer con creciente interés relatos como los agrupados en Guerra total (Renacimiento, 2026), la segunda parte de A sangre y fuego, una obra imprescindible que comprenderemos mejor a la luz de la documentada trayectoria de su autor. Manuel Chaves Nogales ni fue santo ni digno de una mitificación, pero consiguió algo más valioso: dejarnos unos relatos que invitan al disfrute y la reflexión, ahora más centrada gracias a un aporte documental que merece ser tenido en cuenta.

Pdta.: Sobre esta publicación, véase también la entrada dedicada el pasado 21 de abril por José Luis García Martín en su blog Crisis de papel. Así como los comentarios de quienes protagonizan un «duelo al sol» del que disfrutaré en fechas próximas. Nada más apasionante que asistir a las polémicas donde se habla o escribe con el acarreo de muchas lecturas.


jueves, 30 de abril de 2026

Los entremeses cervantinos (H.ª del Teatro del Siglo de Oro, 16)


 

El entremés

Tal y como hemos comentado en clase, las representaciones durante el siglo XVII en los corrales de comedias suponían una fiesta de carácter teatral donde se incluían, por este orden o aproximadamente, las siguientes piezas: 1) loa o introducción; 2) primera jornada de la comedia; 3) entremés; 4) segunda jornada de la comedia; 5) entremés: 6) tercera jornada de la comedia y 7) baile o fin de fiesta (ff. 119-123 de los apuntes de la asignatura).

Los espectadores del siglo XVII disponían de tiempo y querían verlo absolutamente todo, aunque el conjunto resultara necesariamente heterogéneo. De ahí que las representaciones intercalaran, entre las jornadas de la obra central, entremeses para que se pudiera asistir, a la vez, al mundo idealizado de la comedia, en el que triunfaban los valores ejemplares del amor, el honor y la fe, y al mundo revesado, cómico y bufo del entremés.

Este género breve con una tradición que se remonta a los pasos de Lope de Rueda se reía de algunas convenciones de la sociedad, renunciaba al amor ennoblecido, se burlaba del honor e invertía las situaciones de la comedia, pues -como señalan Rey y Sevillano en su introducción a los sainetes cervantinos- «lo que allí generaba venganzas sangrientas de honra que acarreaban la muerte de la esposa adúltera y del amante, acababa aquí en broma, con el triunfo de la mujer infiel y del burlador, y con el marido cornudo, cuando no apaleado, celebrando todos la burla mediante una fiesta».

El entremés, vocablo que venía a significar todo manjar de poca consistencia servido en el intermedio de los platos de un copioso banquete, finalmente es empleado como término para designar las piezas cortas de carácter jocoso y burlesco, escritas en prosa o verso, que se representaban entre las jornadas de una comedia para fundamentalmente divertir al público.

El origen dramático más directo del género son los pasos de Lope de Rueda, que eran breves y sencillas obras escritas mayoritariamente en prosa, de esquemática y repetitiva intriga, en las que se desarrolla una burla o engaño vulgar, pergeñado por un listo (personaje activo) contra un bobo (personaje pasivo). Una moraleja o algún que otro palo, rematado con un baile cantado, daba por finalizada la pieza.

El entremés supone un paso adelante con respecto a los pasos, ya agotados por su carácter tan simple como repetitivo, y aparece con el beneplácito del público en las representaciones de los corrales de comedias condicionado por dos circunstancias fundamentales: su contraste con la comedia y la brevedad.

La primera le llevará a una carnavalesca y temporal ruptura con la idealización del género mayor. La segunda resultará determinante para las tramas argumentales, necesariamente simplificadas para ajustarse a la brevedad, y la elección de tipos (bobo, rufián, marido cornudo o celoso, sacristán, estudiante…) con el objetivo de suplir la imposible caracterización de los personajes a lo largo del desarrollo dramático de la acción. El público identificaba a los tipos desde la primera aparición, incluso por su convencional apariencia, y el posterior comportamiento ratificaba lo previamente conocido por anteriores representaciones.

La brevedad, apenas unos quince minutos como descansadero entre las dos jornadas, de la pieza entremesil estaba reñida con una compleja fábula dramática. A veces, la misma se limitaba a la presentación de una situación que permitía un desfile de tipos y en otras ocasiones había una sencilla trama argumental para facilitar el encuentro de dos o más tipos.

Dado el determinante factor tiempo, todo lo puesto en escena debía desarrollarse y resolverse con rapidez, razón de más para que el público acogiera con mayor facilidad sus «figuras» consabidas o tipos, que por su reiteración en diferentes entremeses y su origen inserto en una tradición folklórica apenas requerían de una caracterización específica a lo largo de la representación.

El objetivo fundamental del entremés es la comicidad para divertir al público porque todavía estamos lejos del costumbrismo que también caracteriza a su sucesor, el sainete, desde los tiempos dieciochescos de Ramón de la Cruz. De hecho, los entremeses del siglo XVII carecen de coordenadas espaciales y temporales que permitan una identificación más allá de lo visto en el escenario, mientras que los sainetes suelen estar vinculados a unas coordenadas próximas y coetáneas para subrayar su carácter costumbrista, siempre compatible con la comicidad.

Situado en un itinerario de cuatro siglos que va desde los pasos de Lope de Rueda que viera representar Cervantes en su juventud hasta los sainetes de Carlos Arniches a principios del siglo XX, según lo estudiara Eugenio Asensio en su libro de 1970, el entremés es un género sin afán de trascendencia que no admitía «altas ambiciones estéticas, ni psicología compleja, ni interpretación didáctica de la sociedad».

La norma genérica cuenta con sus excepciones, más viables cuando hablamos de algunas obras que fueron editadas sin pasar previamente por los escenarios. La circunstancia de Cervantes en la edición de 1615, donde recopila ocho entremeses «nunca representados», se repetirá tres siglos después con Carlos Arniches, que solo pudo completar las posibilidades críticas de los sainetes cuando publicó algunos sin pasar por unos escenarios casi siempre refractarios a las innovaciones. La paradoja radica en que han perdurado los títulos más alejados de esos escenarios.

Lo arriba indicado como inadmisible (trascendencia, ambición estética, complejidad) caracteriza al género, salvo cuando cae en las manos de autores de la talla de Cervantes. Sus entremeses «nunca representados» en vida del autor y escritos durante su última etapa incorporaron la complejidad significativa de las obras de largo aliento que por entonces estaba creando. Los ocho entremeses publicados en 1615 y escritos probablemente entre 1610 y esta fecha de la edición fueron capaces de dotar al género breve de una profundidad equiparable a la de obras enjundiosas sin renunciar a la comicidad.

La trayectoria teatral de Cervantes careció de continuidad tras la puesta en escena de sus primeras comedias -no fracasadas, según su testimonio- y no consiguió ver representados sus ocho entremeses. Aunque su datación exacta resulta imposible, fueron escritos probablemente después de la publicación de la primera parte del Quijote, cuando gracias al éxito editorial el autor disponía de mejores condiciones para reivindicar una faceta teatral que nunca le resultó ajena o indiferente, a pesar de la omnipresencia de Lope.

Sin las obligaciones impuestas por las representaciones, el público o las compañías, poco dispuestas en general a cualquier innovación, con la prologada edición en 1615 Cervantes no solo eleva el tono del género, enriquece sus temas y dignifica su lenguaje, sino que también hace del entremés portador de una hondura temática y estética inusitadas en la tradición entremesil. El reconocimiento crítico y popular en este sentido ha sido unánime y, paradójicamente, estas obritas ahora se encuentran entre las más representadas y editadas de la historia del teatro español.

Eugenio Asensio en su introducción a los entremeses cervantinos establece tres grupos, según sean:

1)       Entremeses estáticos, como El juez de los divorcios y La elección de los alcaldes de Daganzo, sin acción ni movimiento, sin protagonista ni desenlace argumental, concebidos como un mero desfile de personajes en situación singular ante un juez o árbitro. Son los llamados entremeses de «figuras», pues el centro de la atención recae en el desfile de las mismas buscando a menudo la comicidad por el contraste entre sus diferentes tipificaciones caracterológicas.

2)   Entremeses de acción, construidos como una cadena de sucesos casualmente eslabonados, que desembocan en un final festivo que tiene mucho de caprichoso, explosivo y sorprendente. En esta categoría quedarían incluidos El vizcaíno fingido, La cueva de Salamanca y El viejo celoso.

3)      Entremeses de acción y ambiente, que unen el retrato estático a una tenue acción que evoluciona hacia un desenlace, como sucede en El rufián viudo, La guarda cuidadosa y El retablo de las maravillas, una pieza dramática que culmina todas las posibilidades del entremés en su versión cervantina.



El espectáculo dirigido por José Luis Gómez

Una vez superado el marco teatral de las representaciones en los corrales de comedias, los entremeses se suelen poner en escena agrupando e hilvanando mediante una dramaturgia dos o más títulos en unos espectáculos ajenos a otros géneros dramáticos. También cabe la representación exenta de alguno de ellos, como hiciera Federico García Lorca con La Barraca durante la II República.

Así, agrupados, los vamos a ver en la práctica de la asignatura, dedicada al espectáculo dirigido por José Luis Gómez en el Teatro de la Abadía en 2015 -ver en la teatroteca del CDT y en You Tube-, que tenía un antecedente en otro con el mismo director y espacio teatral estrenado en 1996 y, a su vez, una continuidad en un espectáculo dirigido por Ernesto Arias en 2017. De este último vimos algunas escenas en la conferencia de Javier Huerta enlazada en la entrada anterior dedicada a los entremeses cervantinos (9 de mayo de 2025).

El espectáculo dirigido por José Luis Gómez incluye los tres entremeses cervantinos que mejor responden a la condición de clásicos por su permanencia en los escenarios y vigencia ante un público contemporáneo: La cueva de Salamanca, El viejo celoso y El retablo de las maravillas. Es decir, dos entremeses de acción y un tercero de acción y ambiente, según la clasificación de Eugenio Asensio.

La selección de José Luis Gómez no solo está justificada por el valor teatral de los entremeses. También fue preciso buscar un elemento común que contribuyera a cohesionar el espectáculo. En este caso se trata del engaño, tan habitual en los distintos momentos históricos del teatro breve desde que apareciera de manera recurrente en los pasos de Lope de Rueda.

Las malcasadas que protagonizan La cueva de Salamanca y El viejo celoso engañan a sus respectivos maridos, un bobo ajeno a la realidad y un viejo enfermizamente celoso, como consecuencia de unos matrimonios sin amor, desiguales por razones de edad y resultantes de la falta de una libre elección por parte de la mujer.

Los dos artistas itinerantes que protagonizan El retablo de las maravillas se burlan de la zafiedad villana y engañan a quienes, con sus prejuicios acerca de la limpieza de sangre y el nacimiento en el seno familiar, acuden a «ver» un retablo que solo está en una prejuiciada imaginación condicionada por el engaño.

En los tres entremeses seleccionados el engaño funciona a modo de una estrategia crítica que denuncia circunstancias injustas, como las matrimoniales, o mentalidades absurdas por su vinculación con los prejuicios de casta o sociales. Se respeta así, incluso se potencia, el docere siempre presente en la obra dramática y literaria de Cervantes.

No obstante, el espectáculo de José Luis Gómez nunca renuncia a la comicidad como motor de la acción dramática. Los espectadores reímos gracias a las peripecias relacionadas con los engaños y, a continuación, tenemos la oportunidad de reflexionar sobre las causas de los mismos.

El engaño en estos entremeses de Cervantes no es tanto un castigo para el bobo como una consecuencia de su necedad, que resulta más grave en quienes ocupan puestos prominentes en la estructura social o familiar (las autoridades locales que acuden al retablo o los maridos dispuestos a recurrir a su poder económico para contraer un matrimonio desigual).

Al margen del engaño como tema derivado de la acción dramática, el espectáculo opta por mantener una atmósfera rural, perfectamente simbolizada por el árbol situado en el centro de un escenario vacío y acorde con el concepto del «teatro pobre» (Jerzy Grotowsky).




El mismo, sin su correspondiente teorización, ya está presente en los espectáculos de Lope de Rueda evocados por Cervantes. José Luis Gómez, partidario de privilegiar la palabra en el escenario, lo vacía, salvo en ese centro simbólico al que tanta rentabilidad dramática saca a lo largo del espectáculo.

Gracias a una tarea de investigación musicológica, la atmósfera rural ya está presente en los cánticos populares de los labradores que, a primera hora de la mañana, comienzan una jornada coincidente con el desarrollo del espectáculo, cuyo final se da en un atardecer. Así también se hilvanan los tres entremeses, además de transmitirnos a través de los cánticos una atmósfera imprescindible para enmarcar el espectáculo.

Los intérpretes nunca abandonan el escenario durante la representación. Aunque no intervengan en una escena concreta, a la vista del público cuentan con unos espacios laterales destinados al cambio de vestuario y donde prepararse para la siguiente. Así, con la plena conciencia de estar asistiendo a una representación ajena a la ilusión de realidad, el director refuerza el distanciamiento de los espectadores como circunstancia que facilita la función crítica, de acuerdo con las enseñanzas de Bertolt Brecht.

El tiempo unificado según lo arriba indicado y la estructura cíclica del montaje de José Luis Gómez giran en torno a la presencia natural del árbol, pronto convertido en una imagen potente a pesar de su simplicidad, y refuerzan la esencia ceremonial y festiva de la totalidad de la pieza.

La vitalidad, la calidad y la versatilidad de los intérpretes también contribuyen a esa esencia ceremonial y festiva del espectáculo, que resulta coherente con una visión de los entremeses donde el respeto a la autoría es compatible con un teatro siempre representado en presente, a la búsqueda de un público contemporáneo que puede salir exultante después de ver el espectáculo dirigido por José Luis Gómez.

Pd.: La presente entrada completa la publicada en este blog el 9 de mayo de 2025.

 

 

lunes, 27 de abril de 2026

Un documental sobre Lorca y Miguel Hernández


La semana pasada fue intensa. Aparte de mi trabajo docente e investigador, presenté el libro de María Jesús Martín comentado en la entrada anterior, participé en el rodaje de un documental, intervine en un seminario sobre teatro local y fui entrevistado por una hispanista francesa desplazada a Alicante para estudiar la actividad del movimiento en pro de la memoria histórica en nuestra ciudad.
El documental A través del espejo, de la productora Sateco Documentalia, está dedicado a las relación personal entre Federico García Lorca y Miguel Hernández. La dirección corresponde a Francisco Rodríguez y, gracias a mi colega Jesucristo Riquelme, me llamaron para que hablara acerca de los encuentros y desencuentros entre ambos poetas, además de comentar la influencia del cine en sus respectivas obras. La grabación tuvo lugar en las dependencias del Instituto Juan Gil-Albert y posibilitó nuevas ideas para futuras colaboraciones, puesto que después de participar en más de una docena de documentales siempre procuro ayudar a quienes emprenden estas complejas tareas que tanto colaboran para una eficaz divulgación cultural.


La hispanista Monique Canto-Schneider me entrevistó para interesarse por mi caso judicial desde 2019. Hablar sobre el tema me resulta agotador, pero procuro dar mi testimonio a quienes preguntan por lo sucedido a lo largo de estos siete años. La larga entrevista será recopilada en su próxima tesis doctoral, que tiene previsto presentar en la universidad de Aix-en-Provence, una ciudad que recuerdo con cariño porque allí pasé el mes de septiembre de 1973 junto con una familia francesa.
Y no cuento entrevistas esa misma semana con doctorandos, alumnos de TFG o TFM y hasta compañeros jubilados a los que también intento ayudar en sus tareas investigadoras, especialmente dignas porque las hacen como ejemplo de una vocación mantenida más allá de su permanencia en la universidad.
El único problema: poco tiempo para leer y escribir, pero para solucionarlo ya está el fin de semana, donde he terminado de preparar las pruebas de imprenta del nuevo número de Anales de Literatura Española, el 45, y de La colmena, el tercer tomo dedicado a los consejos de guerra de los periodistas y escritores durante el período 1939-1945.

miércoles, 22 de abril de 2026

Franco en los pupitres, de María Jesús Martín-Díaz


 

El pasado mes de septiembre y en la Universidad de Alcalá, tuve la ocasión de dar una conferencia ante un nutrido grupo de investigadores del período franquista. El acto fue emotivo por la solidaridad que me mostraron los colegas al explicarles mi situación desde 2019. Al salir, se acercó Ana García D’Altri para expresarme esa misma solidaridad y ofrecerme la posibilidad de publicar con El Mono Libre, una editorial especialmente activa en relación con la memoria histórica.

La redacción de cualquier libro supone una labor de muchísimas horas y, a pesar de mi prolífica producción, no dispongo de tiempo para colaborar con todas las editoriales y publicaciones universitarias que me piden originales. Al margen de trabajos esporádicos, mi compromiso es con la UA y la editorial Renacimiento, donde aparecerán los dos próximos volúmenes para completar los dedicados a los consejos de guerra de los periodistas y escritores (véase consejosdeguerra.es).

No obstante, he tenido la oportunidad de leer varios libros publicados por El Mono Libre, que me mandó la propia Ana, y pronto convenimos en la posibilidad de presentar en la Universidad de Alicante el escrito por la profesora María Jesús Martín-Díaz: Franco en los pupitres.

La génesis de este precioso y reeditado volumen, con un esmerado trabajo editorial para recuperar los cuadernos escolares de la familia de María Jesús, es digna de una novela. Así lo explica la propia autora en los vídeos aquí enlazados. A veces, la realidad supera a la ficción y el regalo durante décadas ocultado en una caja de madera ha permitido contar con un maravilloso testimonio de lo vivido en las aulas de un pueblo abulense durante el paso de la II República al régimen del general Franco.

María Jesús, desde su experiencia como docente, ha completado ese estupendo regalo familiar con un estudio donde gracias al testimonio de unas niñas descubrimos el abismo que separó la pedagogía del período republicano de la impuesta por el franquismo. Lo fundamental de esa contraposición ya lo conocíamos, pero cobra nueva y más intensa vida gracias a esos cuadernos escolares primorosamente guardados durante años y ahora a disposición de los lectores.

Franco en los pupitres es una joya editorial cuya consulta emociona, especialmente a los docentes preocupados por recuperar o mantener viva la memoria histórica. Y esa emoción solo es el preámbulo de un conocimiento histórico que posibilita el estudio realizado por María Jesús, a la que todos suponemos conmovida al trabajar con el legado dejado por la madre, también maestra, y una de sus tías.

A la espera de disponer de la grabación del acto que esta misma tarde tendrá lugar en la Universidad de Alicante, os dejo con una recopilación de vídeos que dan cuenta de otras presentaciones de Franco en los pupitres y entrevistas como la concedida a la Cadena SER:









https://web.ua.es/es/sedealicante/retransmisiones-de-actos/2025-2026/presentacion-del-libro-franco-en-los-pupitres.html

martes, 21 de abril de 2026

14 de abril de 1931


 

Mi padre apenas tenía diez años cuando se proclamó la II República. Mucho después, ya jubilado, todavía recordaba la efeméride y me contaba que acudió a una manifestación de júbilo en compañía de mi abuelo. Ese día, su padre, señalando una foto de Fermín y Galán, le dijo: «Esos son los que la han traído».

La frase permaneció en su memoria y, con la voluntad de que ahí siga, cada 14 de abril mi mujer y yo celebramos nuestro aniversario de emparejados, pero también cuento en casa cómo vivió esa fecha el abuelo Pepe, que terminó su juventud en el frente de Teruel porque unos militares se empeñaron en acabar con la II República y, de paso, con las libertades democráticas.

Ahora he llegado a la edad en que mi padre evocaba aquellos recuerdos y, por mi trabajo, he podido añadir a los mismos diferentes estudios sobre el período republicano. Gracias a esa bibliografía, a veces recibo llamadas de la prensa para participar en algún reportaje. Así lo hizo Javier Alonso para el diario vasco Deia, que el pasado 14 de abril recordó la proclamación de la II República con la colaboración también de mis colegas Julián Casanova y Javier Tajadura.

Os paso los correspondientes enlaces de un excelente trabajo periodístico y el archivo de la publicación en papel:



https://www.deia.eus/politica/2026/04/13/segunda-republica-95-anos-proyecto-fallido-10931542.html

https://www.deia.eus/politica/2026/04/13/implantar-tercera-republica-10931547.html