lunes, 22 de junio de 2026

Guerra total en torno a Guerra total


 Manuel Chaves Nogales

Hace unos días recibí un correo de mi amigo y editor Abelardo Linares donde adjuntaba una serie de enlaces a diferentes artículos relacionados con la reciente publicación de Guerra total, una colección de narraciones atribuidas a Manuel Chaves Nogales por quien también incluye en la edición de Renacimiento un extenso epílogo para justificar esta atribución que, al parecer, está resultando controvertida.

Estas polémicas son saludables en la medida que ayudan a esclarecer el motivo de las mismas, pero a menudo derivan en unos alicortos enfrentamientos personales que solo interesan a quienes participan con un intercambio de textos donde abundan las alusiones personales y las «puyas» propias de unos duelos con unos protagonistas progresivamente solos y abocados a darse alguna «calabazada».

La atribución de los referidos textos a Manuel Chaves Nogales carece de «la pistola humeante», pero me parece justificada y plausible a la espera de que otros colegas puedan aportar más datos. Si se expresan en los términos utilizados por mi maestro Andrés Amorós, las dudas con respecto a esa atribución suponen un acicate para ahondar y matizar, dos tareas imprescindibles en cualquier estudio filológico. Otros artículos, con descalificaciones, remiten a enfrentamientos que desconozco y que tampoco deseo conocer.

Tal y como apunté en una entrada anterior, podría participar en esta polémica aportando algún dato y hasta hipótesis basadas en mis años enfrascado en el estudio de los consejos de guerra seguidos contra escritores y periodistas. De hecho, algunas de las reticencias mostradas por quienes dudan o se oponen a la atribución de los textos a Manuel Chaves Nogales pueden quedar despejadas al observar circunstancias análogas que afectaron a varios de sus colegas cuando afrontaron los sumarísimos de urgencia.

Me niego a participar, por ahora, en esta polémica. La razón básica es fácil de entender: lo primero es disfrutar con los textos rescatados del olvido por Abelardo Linares y puestos a disposición de los lectores en una edición que cuenta con el prólogo de otro amigo, Ignacio Martínez de Pisón.




Tanto Ignacio como yo somos partidarios del disfrute literario y poco amigos de los enfrentamientos con tintes personales. Ambos hemos tenido la oportunidad de leer unos textos magníficos, sean o no de Manuel Chaves Nogales, y siempre cabe agradecerlo invitando a otros lectores para compartir un momento que nos remite a la mejor narrativa de esa época tan dramática.

Tiempo habrá de polemizar o, mejor, intercambiar pareceres. Lo primero es disfrutar y agradecer que, si los textos son del periodista sevillano, contamos con nuevos motivos para situarle entre los mejores y, si prevalece una opción distinta, también cabe felicitarse porque Manuel Chaves Nogales dista mucho de ser un fenómeno aislado.

Dejemos que la polémica transcurra por cauces más sosegados. Mientras tanto, disfrutemos con una lectura que destaca entre tanto texto propagandístico o sujeto a las urgencias del momento. En mi opinión, Guerra total es un ejemplo de buena narrativa con independencia de cualquier autoría. Merece nuestra atención y antes o después llegará el momento, cuando se haga una edición crítica, de ponderar razones a favor de las distintas opciones. La tarea requerirá mesura, conocimiento y desapasionamiento.


miércoles, 17 de junio de 2026

El adiós de un maestro, Carlo Ginzburg


 

Los días perfectos son una quimera o solo pertenecen al ámbito de la ficción. Ayer se sucedieron las buenas noticias. Anales de Literatura Española mantuvo por tercer año consecutivo la máxima calificación, Q1, en el JCR de la Web of Science, me llegaron documentos para probar mi postura en una larga polémica y, sobre todo, terminé el borrador de casi trescientos folios de El final del trayecto, el volumen con el que culminaré la tetralogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores cuyo tercer volumen, La colmena, estará el 6 de julio en las librerías.

Justo cuando me disponía a apagar el ordenador después de una fructífera jornada de trabajo, me llegó a través de mi compañero Justo Serna la triste noticia del fallecimiento de Carlo Ginzburg (1939-2026), el maestro de tantos historiadores y el referente teórico para la citada tetralogía.

La muerte a los 87 años forma parte de lo previsible. Poco a poco nos vamos preparando para ese tránsito a la memoria, pero resulta difícil admitir el final de una trayectoria vital repleta de sabiduría compartida gracias a tantos libros y una incansable labor docente y divulgadora.

La prensa de ayer recogió la triste noticia en el rincón reservado a la gente sabia, cuyo protagonismo siempre es menor en comparación con tantos personajes zafios que pueblan la actualidad. En esas páginas algunos de mis compañeros y amigos, como Justo Serna, Gutmaro Gómez Bravo o Nicolás Sesma, fueron desgranando los motivos de tantos historiadores para sentirnos deudores del maestro fallecido.

Poco puedo añadir a las palabras más autorizadas que la mía para hablar de la aportación que supuso la obra de Carlo Ginzburg. Me remito a las mismas, pero quisiera testimoniar un agradecimiento concreto por la ayuda que uno de sus libros, Il giudice e lo storico. Considerazione in margine al processo Sofri (1991), ha supuesto para redactar el cuarto volumen de la referida tetralogía.

El final del trayecto termina con dos capítulos dedicados al error que siempre supone la judicialización de la Historia y a una abierta defensa de la libertad de cátedra en el marco de la libertad de expresión. Al redactarlos a partir de un caso concreto, siempre he tenido delante el citado libro de Carlo Ginzburg, que ha sido una orientación decisiva para encontrar la metodología capaz de afrontar la defensa de la Historia frente a cualquier intento de judicializar sus aportaciones.

Ahora, cuando llevo años cultivando la microhistoria que nos enseñó el sabio italiano, solo tengo palabras de agradecimiento por su magisterio. Y, por supuesto, asumo como tantos colegas el compromiso de seguir por la senda que trazó con sus libros desde los años setenta, cuando nos contó las andanzas ante la Inquisición de un molinero hasta entonces anónimo y ahora célebre.

Gracias, Carlo, por tu ejemplo, que hoy alumbra la tarea de tantos compañeros dispuestos a rescatar del anonimato a personajes como ese molinero porque, claro está, la historia va más allá de los grandes nombres.

domingo, 14 de junio de 2026

Nuestro compañero Antonio Plaza


 

A cierta edad, cuando la vejez ya forma parte del presente, la consulta de las redes sociales o el correo depara con frecuencia malas noticias. El bosque de nuestra juventud queda despoblado poco a poco y comprendes que tu suerte depende de un hilo, que cualquier día se rompe para pasar a ser memoria.

Nuestro compañero Antonio Plaza falleció el pasado 10 de junio. Lo supe al ver una foto suya, sonriente y joven, en su muro de Facebook, pero con el acompañamiento de un texto escrito por Mónica Plaza, que anuncia la triste noticia y la voluntad de homenajear al padre mediante la publicación de un libro dedicado a Luisa Carnés, la exiliada que casi descubrió Antonio Plaza gracias a décadas de investigaciones hasta convertirla en un referente de la narrativa del 27.

Nunca tuve la suerte de coincidir personalmente con Antonio Plaza, pero a lo largo de estos últimos años fueron frecuentes las consultas y el intercambio de información. Me sucede igual con otros compañeros distantes en lo físico, pero siempre próximos en el momento de colaborar en lo que, conviene saberlo, es una tarea colectiva para la recuperación de la memoria histórica.

Apenas cabe recordar ahora el rigor de los trabajos siempre bien documentados y atinados de Antonio Plaza. Ocasión habrá para hacerlo con la ayuda de voces más autorizadas. Sin embargo, quisiera testimoniar su generosidad a la hora de colaborar en cualquier tarea de investigación. Lo hacía con la sencillez y la claridad habituales en sus trabajos, que responden también a una voluntad docente que agradezco cuando tantos otros buscan la oscuridad de la pedantería.

Antonio Plaza era catedrático de la enseñanza secundaria. Uno de esos compañeros que, a pesar de la falta de reconocimiento social del colectivo y las precarias condiciones de su trabajo por el abandono que sufre la enseñanza pública, siempre encontró un tiempo para la investigación y la divulgación.

Mi admiración es total cuando observo una trayectoria como la de Antonio Plaza. La investigación en la universidad constituye un requisito viable, pero en la enseñanza secundaria supone una heroicidad sin apenas reconocimiento oficial. Sus protagonistas la emprenden con un justificado orgullo profesional, superando múltiples adversidades y dignificando, en definitiva, un cuerpo docente a menudo minusvalorado por las autoridades políticas.

Durante años también he compartido con Antonio Plaza la presencia en el catálogo de Renacimiento. Su hija Mónica anuncia un nuevo libro, probablemente en esa editorial, y sabe que cuenta con mi ayuda para publicarlo en fechas próximas. Por desgracia, sería mi último favor entre compañeros, pero también quedan sus monografías y las ediciones de Luisa Carnés, que releeré este verano para fortalecer la memoria de tantos olvidados y el vínculo con quienes, como Antonio, trataron de vitalizarla con su apasionada y brillante tarea investigadora.

viernes, 12 de junio de 2026

Miguel Hernández visto por Nieves Concostrina


 Nieves Concostrina

La tarea divulgativa de la historia que desde hace años viene realizando la periodista Nieves Concostrina goza de una magnífica acogida entre el público. Sus frecuentes intervenciones en la cadena SER, sus podcasts, las conferencias que imparte… siempre cuentan con una respuesta popular que sería la envidia de cualquier historiador.

Nieves Concostrina es una divulgadora que trabaja en los medios de comunicación, pero procura ampararse en la lectura de las investigaciones realizadas acerca de los temas abordados. Hace unas escasas fechas, la periodista dio de nuevo una muestra de su interés por Miguel Hernández y en esta ocasión editó el capítulo Acoso, agonía y muerte de Miguel Hernández en su podcast Cualquier tiempo pasado fue anterior, que cuenta con decenas de miles seguidores.

La periodista invitó a mi compañera Carmen Alemany, que volvió a demostrar la sabiduría y la pasión con la que siempre aborda la trayectoria biográfica y creativa del poeta. La podemos escuchar a través del siguiente enlace, al tiempo que así también agradezco el apoyo que Nieves Concostrina da a mis libros, en especial a Nos vemos en Chicote. Cada vez que cita sus títulos en la radio o en el citado podcast hay un aumento de las ventas y, aunque por fortuna mi economía no dependa de las mismas, siempre es un motivo de reconocimiento y estímulo para seguir con la tarea investigadora.

https://www.podiumpodcast.com/podcasts/todo-concostrina-playser-em/episodio/4972183/



martes, 9 de junio de 2026

Anales de Literatura Española alcanza el Q1 en el CiteScore de Scopus y en el Journal Citation Reports

Fiel a su cita semestral, Anales de Literatura Española acaba de publicar su número 45, que como corresponde a los editados en junio es de carácter misceláneo. Mientras el próximo monográfico ya está muy avanzado, hemos recibido la excelente noticia de que en los datos de 2025 de la métrica CiteScore de Scopus la revista ha alcanzado el Q1, culminando así una progresión iniciada en 2022 cuando por primera vez estuvimos en esta clasificación con un Q4.
A la espera de la confirmación que supondrán los datos del Journal Citation Reports (Web of Science) [por tercer año consecutivo ha mantenido el Q1], la revista cuyas riendas tomé en 2020 ha alcanzado todos los objetivos propuestos por el Consejo de Redacción. Desde entonces hemos publicado catorce números con casi doscientos artículos, pero sobre todo hemos adecuado a los tiempos la metodología del trabajo para convertir la revista en una plataforma útil al servicio de la difusión accesible y gratuita de la investigación universitaria.
Mi compromiso terminaba con el número 44, pero la feliz circunstancia de una baja maternal me ha obligado a prolongarlo hasta el 45. Si todo va según lo previsto, en septiembre u octubre, cuando vuelva mi compañera, daré el relevo en un paso más hacia mi jubilación.
Los años no pasan en balde. Los objetivos del curso están cumplidos. En julio llegarán los ejemplares del tercer volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores, mientras el cuarto está prácticamente redactado. Hace unas semanas el monográfico publicado en Don Galán recibió un importante premio del Ministerio de Cultura como parte de una trayectoria en la que he trabajado desde el principio. He mandado colaboraciones a tres homenajes a otros tantos compañeros que se jubilan, he entregado dos artículos que me solicitaron para unos monográficos y estoy pendiente de la publicación de diferentes trabajos ya finalizados. 
Me resulta difícil decir no a los compañeros, pero también es cierto que ahora, cuando voy a dedicar mis supuestas vacaciones de julio a presidir un tribunal de oposiciones y participar en otro de la UNED, el agotamiento llega como un recordatorio de que estoy cerca de la jubilación, que he pospuesto hasta junio de 2028 por circunstancias donde mi voluntad ha quedado relegada a un segundo plano.
 

sábado, 6 de junio de 2026

Miguel Hernández, periodista


 Joaquín Riera Ginestar

A raíz de la publicación de Los consejos de guerra de Miguel Hernández (2022), participé en varias presentaciones y me entrevistaron en distintos medios de comunicación. La conclusión recurrente, y llamativa para muchos, es que el poeta oriolano fue condenado fundamentalmente por su actividad periodística durante la Guerra Civil.

Los miembros del Cuerpo Jurídico Militar apenas precisaban de argumentos jurídicos para dictar las condenas, pero la ficción literaria encajaba mal con el omnipresente delito de la rebelión militar. He analizado casos donde las obras literarias fueron pruebas de cargo. Incluso la versión de un clásico como Fuenteovejuna en el sumario de Diego San José. Sin embargo, las acusaciones buscaban preferentemente las colaboraciones en la prensa republicana durante la guerra.

Al margen del carácter y la frecuencia de esas colaboraciones, la doctrina nunca explicitada en términos jurídicos era considerar toda la prensa republicana como propaganda destinada a la resistencia frente al Glorioso Movimiento Nacional. Así, con esa lógica del vencedor, la colaboración en la misma se convertía en un acto de guerra o en una «rebelión», de acuerdo con los criterios de una justicia al revés como reconociera Ramón Serrano Suñer al cabo de los años.

El ejemplo de Miguel Hernández es paradigmático en este sentido. Tanto los instructores del Juzgado Militar de Prensa como el tribunal que le condenó sabían de su relevancia como poeta. Sin embargo, su poesía nunca se convierte en una prueba de cargo. Ni siquiera aparece recopilada en los dos sumarios.

La situación cambia cuando nos referimos a sus colaboraciones en las publicaciones destinadas a levantar la moral de los milicianos. A pesar de que los militares las desconocen en su inmensa mayoría, el argumento pasa por convertirlas en un acto de resistencia de quien participó en las tareas propagandísticas desarrolladas cerca de varios frentes de batalla.




Joaquín Riera Ginestar ha preparado una edición de los treinta cinco textos publicados entre 1937 y 1938 que configuran la aportación de Miguel Hernández a las tareas periodísticas en los frentes de batalla. El trabajo se suma a la reciente biografía publicada por Mario Amorós y prueba de nuevo el grado de compromiso del poeta con la causa republicana.

Las circunstancias de salud de Miguel Hernández le llevaron a interrumpir esta tarea antes de finalizar la guerra, pero mientras estuvo sano el poeta optó por permanecer cerca de la noticia, participar de las inquietudes de los milicianos y proporcionarles unos contrastados testimonios.

No cabe hablar estrictamente de un Miguel Hernández periodista. Ni siquiera buscó entrar en alguna redacción cuando necesitaba un trabajo remunerado en el Madrid anterior a la guerra. Sin embargo, todo cambió a partir del 18 de julio de 1936 y, como en otras ocasiones, el poeta estuvo a la altura de las circunstancias, que le llevaron a una prosa destinada a la «agitación y propaganda», pero respetuosa con la calidad habitual en sus creaciones literarias.

Joaquín Riera Ginestar, además de la edición de los textos (Madrid, Alianza, 2026), aporta un extenso prólogo sobre la trayectoria de Miguel Hernández, especialmente durante la guerra y su posterior paso por las cárceles franquistas. Al igual que sucediera con la biografía publicada por Mario Amorós -véanse las entradas del 18 y 21 del pasado mes de mayo-, la citada edición de los sumarios del poeta ha sido una referencia para la redacción del prólogo. Me alegra haber ayudado en una tarea culminada por Joaquín Riera Ginestar con la pasión de quienes se acercan a la trayectoria y la obra del poeta.

Miguel Hernández nunca deja indiferentes a sus lectores. Tampoco a quienes abordan una trayectoria biográfica tan intensa como breve. Así se justifica una bibliografía que no para de aumentar con aportaciones que, como la de Joaquín Riera Ginestar, facilitan el acceso a unos textos dispersos y desconocidos por quienes instruyeron los sumarios y le condenaron.

Los textos recopilados en esta edición habrían sido la más contundente prueba de cargo para condenarlo a muerte, pero bastaron hechos de «escasa trascendencia», como reconocieran los propios militares, para llegar a esa misma condena. Al fin y al cabo, sabían quién era Miguel Hernández y eso les bastaba para inventar un delito de rebelión militar. Ramón Serrano Suñer lo reconoció. Otros menos lúcidos, casi todos, callaron.


miércoles, 3 de junio de 2026

La necrológica del auditor-jefe Ángel Manzaneque Feltrer


 ABC, 3 de abril de 1949, pág. 23

La prensa del franquismo es una fuente inagotable de información acerca de un régimen que mantuvo muchos silencios gracias a la censura imperante desde los tiempos de la guerra, pero también mostró con orgullo a sus protagonistas, aunque fueran los responsables de una represión totalmente ocultada más allá de los primeros meses, cuando menudeaban las noticias de detenciones, procesamientos y ejecuciones, siempre en letra pequeña y en notas marginales.

Los archivos públicos aportan la información fundamental y casi siempre más fiable, pero la prensa la completa con notas que permiten mejorar en la medida de lo posible el sintetizado perfil biográfico de personajes históricos verdaderamente importantes, aunque caídos en el olvido más allá de la memoria de los círculos familiares.

Así actué en casos como los del juez Manuel Martínez Gargallo, el titular del Juzgado Militar de Prensa, o el comandante Pablo Alfaro, el presidente del tribunal que condenó a Miguel Hernández y otros escritores o periodistas represaliados. Ahora, de cara al cuarto volumen de la tetralogía dedicada a estos consejos de guerra, estoy reconstruyendo la trayectoria pública de Ángel Manzaneque Feltrer, coronel del Cuerpo Jurídico Militar y auditor-jefe del Ejército de Ocupación durante la inmediata posguerra, el período de mayor represión.

Al margen de la documentación solicitada al Centro Documental de la Memoria Histórica, de Salamanca, acabo de localizar en la hemeroteca de ABC la necrológica del auditor, concretamente en la página 23 del número correspondiente al 3 de abril de 1944. El texto es el siguiente:

«Ayer falleció en Madrid, el coronel retirado del Cuerpo Jurídico Militar don Ángel Manzaneque Feltrer. Destinado en Zaragoza en julio de 1936, se sumó desde el primer instante al Alzamiento Nacional, redactó el bando de declaración del estado de guerra y puso su gran inteligencia, su extraordinaria actividad y su caballerosidad sin tacha al servicio de España. Como auditor-jefe del Ejército de Ocupación, desempeñó su cometido con una ponderación y un acierto realmente notables».

Aparte de la cuestionable «ponderación» en el momento más álgido de la represión y desde un destino clave para la misma, la necrológica permite saber que el coronel Ángel Manzaneque Feltrer fue el redactor del bando de guerra, una noticia que hasta el presente no me constaba y que tampoco he visto reflejada en los numerosos libros donde dicho bando aparece.

La necrológica se completó con una nota publicada en el mismo periódico el 8 de abril de 1949, en la página 18. Allí se indica que el funeral por el alma del auditor-jefe tuvo lugar ese día en la madrileña iglesia de Santa Bárbara. Nada se dice de las almas que pasaron por su firma de oficial del Cuerpo Jurídico Militar diez años antes, nunca tuvieron un funeral y acabaron en fosas comunes. En 1949, la Historia solo la escribían los vencedores, también en la prensa.