A partir del análisis de
decenas de sumarios instruidos por el Juzgado Militar de Prensa, una conclusión
corroborada por los instruidos en otros órganos de la jurisdicción militar es
que la colaboración en la prensa republicana durante la guerra supone un acto
de resistencia al Glorioso Movimiento Nacional y, por lo tanto, es merecedor de
un procesamiento en consejo de guerra para una condena tipificada como delito
de rebelión militar.
La web
consejosdeguerra.es recopila noventa y siete casos y en fechas próximas se
sumarán otros todavía pendientes de análisis. La muestra parece representativa
si tenemos en cuenta que el colectivo de periodistas y escritores procesados en
consejos de guerra apenas supera los ciento cincuenta, aproximadamente.
Ahora bien, las
conclusiones acerca de un colectivo de víctimas deben ser contrastadas con el
análisis de casos de otras víctimas que, formando parte de diferentes
colectivos, también realizaron tareas de propaganda o creación relacionables
con la citada resistencia.
Este objetivo nos puede
llevar a distintos ámbitos como el cine, el teatro, la música, los espectáculos
de variedades… La muestra resulta potencialmente amplia y variada, pero al
menos cabe recurrir a algunos ejemplos para calibrar la fiabilidad obtenida con
las conclusiones del colectivo de escritores y periodistas.
La tarea ya la he
iniciado con vistas al cuarto volumen, Al final de la trayectoria, de la
tetralogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores, cuya
publicación está prevista para el curso 20272028. Uno de los primeros ejemplos
es el procesamiento en dos sumarísimos de urgencia (AGHD, 19132 y 24022) del
escenógrafo granadino José María Torres García (1887-1973).
Desde mediados de los
años veinte, el escenógrafo participó en distintas películas de Fernando
Delgado y José Buchs. En 1931, fue contratado por los estudios CEA como
diseñador y constructor de escenarios. José María Torres García era por
entonces un socialista que trabajaba también como secretario de Fernando de los
Ríos y funcionario del Registro de la Propiedad Industrial del Ministerio de
Industria y Comercio. El pluriempleo, mal pagado, no le impidió realizar su
tarea artística y en 1935 entró a trabajar en Filmófono, que bajo la dirección
de Luis Buñuel siguió unas directrices acordes con el espíritu republicano.
Una vez iniciada la
guerra, el escenógrafo se afilia al PCE y colabora en dos cortometrajes
propagandísticos del también comunista Antonio del Amo: Industria de guerra y
Mando único. Más adelante, José María Torres García se afilia al
Sindicato de Espectáculos de la CNT y participa en el rodaje del film Nuestro
culpable, de Fernando Mignoni y con una producción del citado sindicato.
Dada su afiliación
política, admitida por el procesado en las declaraciones de los sumarios, y su
participación en actividades propagandísticas cabría esperar que un consejo de
guerra dictara contra él una sentencia acusándolo del delito de rebelión. La
realidad es bien distinta. José María Torres García fue apartado de su puesto
en el ministerio y nunca volvió a participar en un rodaje, pero su caso fue
sobreseído en ambos sumarísimos de urgencia, resultó absuelto por el Tribunal
Nacional de Responsabilidades Políticas y ni siquiera le procesó el Tribunal
Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, a pesar de su
militancia y de haber sido acusado por testigos como antiguo masón.
La sorprendente
circunstancia, a la luz de lo sucedido en el Juzgado Militar de Prensa, se
completa con la nula voluntad de investigar las actividades creativas o
propagandísticas del escenógrafo. Ni siquiera le preguntan al respecto en el
Juzgado Militar de Funcionarios o en el Juzgado Permanente de la Causa General,
donde fueron instruidos los citados sumarios.
El caso de José María
Torres García merece un detenido análisis que también aborde lo sucedido con el
cineasta Antonio del Amo. El futuro director de las películas protagonizadas
por Joselito cuenta con una amplia bibliografía, pero sin que me conste en la
misma un análisis de su procesamiento en consejos de guerra (AGHD, 24557 y
29399) antes de ser indultado por el TNRP (CDMH, 75/00970) y una comprobación
de la relación mantenida con Rafael Gil. Las historias aleccionadoras también
merecen una comprobación documental.

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