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sábado, 17 de mayo de 2025

«El caso Carratalá» em You Tube


 

La divulgación de los trabajos académicos a través de los medios de comunicación ha variado notablemente en apenas unos diez o quince años. Las sorpresas se suceden en este sentido. Tanto es así que a los veteranos nos cuesta adaptarnos a las nuevas pautas de la divulgación y todavía confiamos, tal vez excesivamente, en las vías utilizadas décadas atrás.

Los artículos o las reseñas en prensa, sobre todo en las cabeceras de ámbito nacional, colmaban nuestras expectativas, aunque no cuenten en los índices de citas que obsesionan hasta la infantilización a tantos colegas universitarios. Esos suplementos dedicados a los libros todavía gozan del prestigio, que en nuestro ámbito nunca es una cuestión secundaria, pero actualmente hay medios mucho más eficaces para divulgar nuestras aportaciones.

Un ejemplo lo encontramos en You Tube, donde una sola persona y con unos medios al alcance de cualquiera puede montar un canal que llegue a miles de destinatarios. A menudo, los criterios de calidad y rigor distan de ser los recomendables, pero también hay bastantes iniciativas que merecen ser consultadas no tanto por su carácter especializado, algo casi imposible, como por su capacidad divulgativa.

Ayer, buscando el vídeo de una conferencia impartida hace unas semanas, me topé con este vídeo de David Cot que desconocía, a pesar de llevar un mes colgado y hablar del «caso Carratalá». Según You Tube, ha sido visto por más de dieciséis mil personas a lo largo de estas semanas. Yo, a través de este blog, nunca habría llegado a tanta gente con una entrada. Ni siquiera a la décima parte.

Apenas puedo añadir algo significativo a las solidarias, certeras y oportunas palabras de David Cot, que espero no sean la causa de una futura demanda en un juzgado gaditano. No me sorprendería a la vista de lo sucedido hasta el presente. A la espera de que la titular del Juzgado n.º 5 de Cádiz responda a nuestra petición de aclaración de sentencia para elevar el correspondiente recurso, que se añadirá al ya presentado por la Fiscalía Provincial, solo cabe agradecer al joven divulgador su solidaridad y ponerme a su disposición para futuras grabaciones sobre temas históricos relacionados con la etapa republicana y franquista facilitándole toda la información que pudiera precisar.




lunes, 10 de marzo de 2025

Un mal día para la libertad de expresión


Hace unos meses, el señor José Francisco Baena González publicó en Facebook este comentario dejando entrever mi relación, en compañía de «uno de sus [mis] hijos», con el rodaje de una película pornográfica en la Universidad de Alicante. Al margen de la falsedad, el tono del mismo es coherente con otros muchos comentarios en las redes sociales y con los insultos que me dirigió en su web. Ahora creo que los ha borrado, pero en su día fueron presentados en sede judicial y constan en mi respuesta a su demanda.
Todos estos insultos, difamaciones y descalificaciones vertidos a lo largo de seis años han quedado impunes por estar, supongo, amparados en la libertad de expresión del señor Baena González. Tampoco han condicionado la estimación de la demanda, a pesar de la jurisprudencia en este sentido.
Sin embargo, la titular del juzgado que tenía conocimiento de estos textos me acaba de condenar por intromisión en el honor del padre del demandante, el alférez Baena Tocón, al considerar que mis valoraciones de la labor realizada por este oficial, publicadas en diversos trabajos universitarios, no están amparadas por la misma libertad de expresión que permite al demandante insultarme de forma reiterada y grave.
Sencillamente, no lo entiendo y, puesto al habla con mi abogado, voy a recurrir la sentencia. 
Mi valoración puede ser errónea y estoy a la espera de opiniones más autorizadas, pero tengo la impresión de que esta sentencia es propia de épocas felizmente superadas por quienes creemos en la libertad de expresión, de investigación y de cátedra. 

Pd.: Después de un día con muchos nervios, debo indicar que las supuestas declaraciones recogidas en Alicante Plaza en realidad solo eran fruto de una conversación con mi amigo y periodista Daniel Terol. Las sentencias pueden resultar insólitas, pero nunca ser demenciales. El tono coloquial de una conversación entre amigos nunca puede ser tomado como una declaración a un medio de comunicación.
La sentencia, leída con tranquilidad y en mi opinión, incluye errores históricos, atribuciones erróneas de conclusiones que nunca he puesto por escrito, frases incorrectas o de difícil comprensión por su  redacción...  Y, sobre todo, me condena a rectificar lo ya rectificado desde 2021 y hasta ampliado en posteriores trabajos con nueva documentación. Resulta difícil de entender.
No obstante, lo más doloroso es que, después de seis años recibiendo todo tipo de insultos y descalificaciones, he sido condenado por recordar a un personaje histórico como tenebroso, que es sinónimo de oscuro y forma parte de mis recuerdos compartidos con las víctimas y sus familiares. Lo verdaderamente tenebroso, y algo mucho más grave para los derechos humanos, fue todo el sistema represivo de aquella posguerra que terminó con cincuenta mil fusilados. La vigente Ley de Memoria Democrática, obviada en la sentencia por razones que ignoro, así lo establece.


sábado, 24 de agosto de 2024

Rowan Atkinson y la libertad de expresión


 

«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos» (I, LVIII). Razón no le falta a Don Quijote, siempre cuerdo en todo lo ajeno a las novelas de caballerías. Su creador, sin embargo, por aquel entonces no podía ir más lejos a la hora de establecer el origen de esa libertad. Tal vez «los cielos» contribuyeron lo suyo para disfrutarla como un don, pero los historiadores sabemos que, en sus múltiples concreciones, esa clave de bóveda de todos los derechos se edificó en el ámbito terrenal y no precisamente gracias a una concesión.

Por razones de edad, apenas tuve experiencias directas de la censura franquista y sus ataques a la libertad de expresión. Todavía recuerdo haber montado una obra teatral con los compañeros del instituto en 1974 y, para representarla en el salón de actos, acudir a la delegación de Información y Turismo con el objeto de que fuera autorizada. También los medios de comunicación estaban censurados, así como cualquier manifestación creativa. La circunstancia formaba parte de una cultura en la que nos habíamos educado y, a la fuerza, la costumbre convierte lo insólito en habitual, sobre todo si no lo sufres en primera persona.

Al escribir Ofendidos y censores (2022), procuré recordar la cruenta lucha por la libertad de expresión desde 1975 hasta 1984, cuando la voluntad de hacer realidad lo establecido por la Constitución de 1978 acarreó tantos problemas. Aquel logro colectivo no fue un don concedido por «los cielos» y la monografía es una crónica, al tiempo que un homenaje, de un empeño con numerosos y a menudo anónimos protagonistas.

Los ensayos universitarios pueden responder a una motivación personal. La libertad de expresión siempre me preocupa, pero pasó a un primer plano cuando en 2019 fui objeto de una censura por parte de dos responsables de mi universidad. El insólito caso ya está resuelto con cuatro sentencias, pero permanezco a la espera de que los compañeros me pidan disculpas. Apenas importa. Lo fundamental es que el despropósito supuso un acicate para recordar a quienes, con consecuencias más duras, hicieron realidad la libertad de expresión enfrentándose a los herederos del franquismo, que eran hegemónicos en amplias capas sociales durante la Transición.

El debate sobre la libertad de expresión y sus límites es una constante, aunque varíe en sus términos de acuerdo con la evolución histórica. Ahora mismo, cuando algunas redes sociales parecen un estercolero para difundir el odio a los colectivos vulnerables, escuchamos opiniones sobre la conveniencia de añadir límites a los vigentes. Yo confiaría en una voluntad política y jurídica de hacer cumplir la ley evitando la sensación de impunidad perceptible en algunos sectores. En cualquier caso, voces más autorizadas deben tener la palabra y, sobre todo, espero que el discurso del odio no se propague amparándose en la libertad de expresión. Quienes la hicieron realidad buscaban objetivos más nobles.

También es cierto que, junto a los intolerantes de siempre, ahora observamos una cultura de la cancelación y lo políticamente correcto que añade nuevos intolerantes a la nutrida nómina de los mismos. El tema me preocupa y, lejos de obviarlo como algunos colegas, lo comento en clase porque afecta a todo tipo de creaciones, incluidas las teatrales y cinematográficas que explico en mis cursos.

La recomendación siempre es la misma: ahondar en la libertad de expresión y defenderla, incluso cuando recibamos descalificaciones capaces de desembocar en el odio. Solo en los casos más extremos y peligrosos, por afectar a colectivos vulnerables o implicar el uso de la violencia, cabe recurrir a la autoridad jurídica. Y, desde luego, nunca debemos convertirnos en censores, aunque sea en nombre de las más nobles causas.

La explicación la procuro argumentar con ejemplos sacados de la historia del teatro, la literatura y el cine. Incluso aporto algunos materiales bibliográficos para el consiguiente debate. Suele ser fructífero, a pesar de que nadie confiese haber tenido la voluntad de convertirse en un censor. Hay comportamientos tan frecuentes como jamás asumidos.

Ahora, y de forma casual, he conocido el vídeo de una interesante intervención de Rowan Atkinson, el creador del célebre Mr. Bean, en defensa de la libertad de expresión. Merece la pena verlo y escuchar las acertadas palabras de quien tanto nos hizo reír sin soltar una sola:



Rowan Atkinson aboga por la tolerancia, aunque sus resultados molesten en un momento determinado. La alternativa es una sociedad donde, en nombre de los más variados principios o derechos a unas identidades concebidas en permanente estado de alarma, podemos acabar reduciendo ese don tan precioso que, según Don Quijote, nos dieron «los cielos». Merece la pena reflexionar en búsqueda de un equilibrio donde no caben las soluciones fáciles, aunque sean atractivas por su rotundidad.

Eso sí, cuando la libertad de expresión se concreta en el humor, en mis clases explico la triple perspectiva de la mirada establecida por Valle-Inclán para argumentar la novedad de sus esperpentos. Hacia abajo, ese humor se traduce en lo que me molesta cuando leo a Quevedo, hacia los iguales me remite a la sabiduría de un Pérez Galdós siempre comprensivo y hacia arriba, la más compleja y arriesgada, la mirada permite el alivio de sabernos libres hasta el punto de reírnos con quienes ocupan posiciones de privilegio. Un recordado sketch de Mr. Bean ejemplifica esa mirada. La necesitamos por su poder liberador, que no es despreciable cuando tantas veces sufrimos el apuro de recibir a la reina o similares:

 


 

lunes, 19 de agosto de 2024

Los lances entre caballeros, del marqués de Cabriñana


 

Don Julio de Urbina y Ceballos de Escalera, marqués de Cabriñana, fue un caballero de aires decimonónicos, pero con la modernidad de un sport-men que practicaba la hípica y la esgrima mientras procuraba mantenerse en forma. El requisito era fundamental para afrontar los duelos o los lances entre caballeros, que le preocuparon hasta el punto de publicar en 1900 la considerada como «la biblia de los duelistas españoles».

El empeño, ahora reeditado por Renacimiento, pretende ordenar y codificar una práctica ya por entonces situada fuera de la ley por el legislador. Hasta cierto punto, el marqués de Cabriñana procuró el mal menor de lo supuestamente inevitable: participar como caballero en un duelo si el honor era cuestionado mediante una ofensa grave.



La extensa, meticulosa y argumentada obra de don Julio conserva el atractivo de remitirnos a una cultura de caballeros dispuestos a todo con tal de preservar la integridad del honor, cuya definición, todavía hoy, es una nebulosa de la que ni los textos del mismísimo Calderón de la Barca nos sacan.

El tema lo explico cada curso en mis clases sobre el teatro aurisecular. Las obras con lances de honor «movían» a los espectadores, según dejó escrito Lope de Vega a modo de consejo para triunfar. Lo comprobamos cada año, pero procuro que el alumnado entienda que nos encontramos en el ámbito de la ficción teatral y que la misma, más en aquella época, guardaba una relación con la realidad histórica que no era precisamente la de documentar lo sucedido.

El honor, y lo derivado de su código, funciona en la ficción con el añadido de lo espectacular, como los propios duelos, bien sea a espada o con pistola. En la vida real, la historia es bien diferente. Hasta el mismísimo marqués de Cabriñana, así como quienes editan la obra con tres estudios previos, debieran haber reflexionado con más amplitud de miras. Estos últimos sin dejarse llevar por el atractivo del autor, indudable a la vista de su trayectoria biográfica, y la espectacularidad caballeresca de lo que intenta codificar con su biblia.

A principios del siglo XX, el único mal menor era erradicar los «lances entre caballeros» y dirimir las cuestiones relacionadas con el honor en el exclusivo ámbito de lo judicial. Así lo intentó el legislador por entonces, pero el empeño de algunos miembros de las clases dirigentes contó con la vista gorda de quienes debían impedirlo. Los duelos continuaron.  Siempre entre caballeros porque, como es sabido, los ciudadanos de a pie no suelen contar con ese privilegio del honor.

El clasismo de estos lances es obviado en la edición. La circunstancia parece lógica en un autor aristócrata, pero la cuestión no debiera correr la misma suerte en los escritos de los editores, cuyo interés resulta notable y provechoso por otras cuestiones. Tampoco se insiste lo suficiente en una obviedad: los lances entre caballeros eran, a menudo, una amenaza para la libertad de expresión, ya bastante restringida por la legislación de la época y su aplicación en el ámbito judicial.

Los políticos y los periodistas eran los colectivos más amenazados por quienes hacían del honor un motivo incapaz de procurar el diálogo en nombre de la tolerancia. El ejercicio de la libertad de expresión se convertía así en un peligro cuando afectaba a esos sujetos de la élite social, que solían trasladar al supuesto honor lo propio de sus intereses, a menudo prosaicos y poco honorables.

Rafael Cansinos-Assens escribió que «la profesión de periodista está expuesta a los lances de honor y hay que saber manejar la espada y el sable por si llega el caso de batirse». El comentario es llamativo y hasta rentable para el anecdotario histórico. En realidad, lo señalado indica la estrechez de la libertad de expresión en una época donde cuestionar cualquier privilegio o impunidad podía ser tomado como una ofensa a resolver mediante el duelo.

El marqués de Cabriñana es un personaje atractivo que bien merecería una novela, pero históricamente su postura forma parte de la reacción frente a los avances de la libertad de expresión, que son también los de la democracia. La legislación tardó décadas, muchas, en reconocerlo así, y todavía más una jurisprudencia acorde con una sociedad democrática. Ahora contamos con la misma, los cauces de diálogo son frecuentados y somos en general más tolerantes, incluso ante los comentarios ofensivos.

No obstante, siempre habrá personas empeñadas en revitalizar un concepto de imposible definición positiva. El empeño es legítimo, pero conviene recordar la existencia de una libertad de expresión acorde con una sociedad democrática y, sobre todo, que los lances entre caballeros, como el honor calderoniano, forman parte de un mundo del espectáculo cuyo atractivo radica en la ficción. La realidad ofrece otras alternativas más civilizadas y racionales, empezando por el diálogo a partir de la tolerancia. El requisito es ser una persona civilizada, racional y tolerante para cultivarlo.

 

Pd.: Gracias a la edición de Renacimiento, he sabido que Carlos Arniches, como hombre de posibles por sus continuos éxitos en los escenarios, mandó a sus hijos al gimnasio de Ángel Lancho para que aprendieran el arte de la esgrima (p. 28). Al explicar cada año La señorita de Trevélez (1916), del citado autor, me llama la atención el papel de don Gonzalo como sport-men dispuesto a dar estocadas con la ayuda de dos padrinos inflexibles. El recurso funciona teatralmente, pero ahora conozco que Carlos Arniches tenía un interés por la esgrima hasta en su ámbito familiar. Afortunadamente, el dramaturgo alicantino fue un hombre tan tolerante como civilizado y nunca participó en un lance entre caballeros. Incluso bromeó con quienes decían defender su sentido del honor sin temor a caer en el ridículo. Su antídoto para estas cuestiones pasaba por la sonrisa.


lunes, 22 de julio de 2024

Una reseña de Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984)


La joven investigadora Celia García Davó -véase la foto- acaba de publicar una excelente reseña de Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984) en el número 15 de la revista Castilla,  editada por la Universidad de Valladolid:


El citado ensayo, publicado por la Universidad de Alicante y Renacimiento en 2022, fue concebido en unos momentos en que la libertad de expresión volvía a estar amenazada en España por la intolerancia, cuando no el fanatismo, de quienes se sienten ofendidos ante cualquier manifestación crítica e inmediatamente recurren a la censura, que ahora nunca aparece como tal, aunque lo siga siendo bajo diferentes denominaciones. 
Siempre hay un presupuesto insuficiente, una programación no cerrada mediante contratos en firme, una supuesta queja del público, el criterio de un programador nombrado a dedo... para censurar una obra teatral, retirar unos libros de una biblioteca pública o dejar de celebrar un certamen que resulta incómodo. 
Los casos de censura no son patrimonio exclusivo de una opción política, pero se han multiplicado desde la llegada de la extrema derecha a los organismos públicos. Eso sí, sus representantes políticos nunca se consideran censores y, menos todavía, se reivindican como continuadores de quienes ejercieron la censura durante el franquismo. 
Apenas importa, pues la impronta intolerante ante el ejercicio de la libertad de expresión es una constante que les vincula con un pasado totalitario que gente como Celia investiga desde la fortuna, dada su juventud, de haberse librado de vivir aquella época. 
El libro recopila testimonios y es un homenaje a quienes lucharon entre 1975 y 1984 por hacer realidad la libertad de expresión, que ni siquiera estaba garantizada en la práctica después de aparecer en la Constitución de 1978. Desde entonces, su respaldo jurídico se ha hecho más sólido, la tolerancia se ha abierto camino y los límites de esa tan necesaria libertad de expresión han quedado ampliados. 
No obstante, la intolerancia de los eternos ofendidos está ahí y su voluntad de convertirse en censores, con las más variadas coartadas, permanece como una amenaza. Yo mismo la sufro por mi actividad académica, pero estoy seguro de que la generación de Celia ahora observa estas cuestiones de la censura como una reliquia de un pasado que debemos conocer para superarlo definitivamente.


domingo, 17 de diciembre de 2023

Ofendidos y censores, un estudio sobre la libertad de expresión, en la prensa


En el verano de 2019 sufrí la desagradable experiencia de un intento de censura en mi trabajo como investigador académico. Afortunadamente, lo pude evitar y hasta fue motivo de una sentencia favorable a mis planteamientos dictada por un juzgado de Alicante el 2 de septiembre de 2021. Este blog se hizo eco de aquella polémica y de las posteriores consecuencias jurídicas.
La experiencia me recordó la labor de quienes, con la coartada de sentirse ofendidos, se convierten en censores. Su presencia es una constante histórica, pero resultó especialmente notoria en un período como el de la Transición, cuando la libertad de expresión fue consolidándose poco a poco, a veces en un clima hostil y con protagonistas anónimos, que afrontaron duras consecuencias cuyo recuerdo ahora asombra a cualquier persona respetuosa de los derechos fundamentales.
Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión durante la Transición (2022) fue el fruto de aquella experiencia, que me llevó a investigar lo sucedido a lo largo de una etapa cercana en el tiempo, pero bastante olvidada por quienes abordan la actualidad de la libertad de expresión.
El libro donde analizo varios episodios de esa lucha ha sido reseñado por el periodista Lucas Marco para la edición valenciana de El Diario. Os paso el correspondiente enlace cuando acabo de recibir los ejemplares del primer volumen de una trilogía, Las armas contra las letras. Los consejos de guerra de periodistas y escritores (1939-1945), editado por Renacimiento y Publicaciones de la Universidad de Alicante.


Desde 2019 no solo he sufrido un intento de censura, sino también numerosos insultos y difamaciones de una persona. Me ofenden, pero no me convierten en un censor. Mi respuesta, al margen de la judicial por el hecho de estar demandado junto con varias decenas de profesores y periodistas, es la que corresponde a un catedrático universitario: la investigación y el deseo de poner los resultados de la misma al servicio de la ciudadanía. 
Primero edité Los consejos de guerra de Miguel Hernández (Madrid, Ministerio de Defensa-Universidad de Alicante, 2022) para fijar mi análisis de esos procesos judiciales y facilitar el acceso a los documentos de los mismos. Luego publiqué Ofendidos y censores como reflexión histórica sobre la necesidad de afianzar la libertad de expresión, incluso cuando nos ofenden. Y ahora inicio una trilogía de volúmenes sobre los consejos de guerra seguidos contra escritores y periodistas porque en sede judicial se ha cuestionado mi competencia profesional al respecto como catedrático. Mientras hay quien insulta o difama, otros investigamos y, asumiendo los posibles errores y las necesarias críticas, ponemos nuestro trabajo a disposición de quienes quieren conocer la historia de aquellos terribles años felizmente superados en nombre de la convivencia. 
 

viernes, 10 de marzo de 2023

Ofendidos y censores en Babelia de El País


El periodista y escritor Sergio C. Fanjul se puso en contacto conmigo para preparar un artículo sobre la evolución del concepto de la transgresión durante las últimas décadas. El motivo de esa llamada era la reciente publicación de Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984). El artículo «Transgredir ya no es lo que era» ha sido publicado en Babelia de El País (11-III-2023) y se puede consultar mediante el siguiente enlace:


lunes, 19 de diciembre de 2022

Ofendidos y censores en la prensa (II)


 
Gracias a la Agencia EFE, la noticia de la aparición de Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984) ha aparecido en diferentes periódicos. Os paso el enlace a uno de ellos:

sábado, 10 de diciembre de 2022

El proceso a Teledeum, de Els Joglars

Teledeum fue una de las obras más polémicas de Els Joglars. Sin llegar a las consecuencias penales de La torna, las demandas que recibió el grupo catalán dieron lugar a un largo y bastante rocambolesco proceso que analizo en Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984), coeditado por la Universidad de Alicante y la editorial Renacimiento:


 https://publicaciones.ua.es/libro/ofendidos-y-censores_143813/

El Papus y la libertad de expresión


Uno de los episodios más graves de la lucha por la libertad de expresión fue la explosión de una bomba en la barcelonesa redacción del semanario El Papus. La intolerancia de los sectores procedentes del franquismo se manifestó en esta ocasión con una desatada violencia. El episodio lo analizo en mi libro Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984), que ha sido editado por la Universidad de Alicante y la editorial Renacimiento.

Caperucita y el lobo van a la cama


Juan Marsé y Manuel Vázquez Montalbán escribieron un breve relato donde el tradicional cuento protagonizado por el lobo y Caperucita dio paso a una versión transgresora y humorística. La publicación en una revista de humor supuso uno de los más insólitos procesos judiciales de la época. El episodio lo analizo en mi libro Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984), que ha sido coeditado por la Universidad de Alicante y la editorial Renacimiento:

El Libro rojo del cole


El Libro rojo del cole protagonizó una nueva polémica en torno a la libertad de expresión durante la Transición. Los ataques furibundos que sufrieron quienes lo editaron tenían un claro trasfondo político, pero fundamentalmente buscaban limitar al máximo esa misma libertad de expresión. El episodio lo analizo en mi libro Ofendidos y censores, coeditado por la Universidad de Alicante y la editorial Renacimiento:

Las Vulpes y la libertad de expresión


Las Vulpes, un grupo musical de origen vasco compuesto por tres adolescentes, protagonizó una polémica intervención en un programa musical de RTVE. La reacción de la prensa conservadora encabezada por ABC provocó la intervención de la Fiscalía General del Estado en una época, los años ochenta, donde estas circunstancias parecían superadas. La realidad distaba de corresponderse con semejante apreciación. El episodio lo analizo en mi libro Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984), que ha sido coeditado por la editorial Renacimiento y Publicaciones de la Universidad de Alicante:

viernes, 9 de diciembre de 2022

Pilar Miró, los militares y la libertad de expresión


El procesamiento de Pilar Miró a raíz del estreno de El crimen de Cuenca en una España donde se sucedían las maniobras golpistas fue uno de los episodios más destacados de la lucha por la libertad de expresión. Lo sucedido ya había sido estudiado por mi colega Emeterio Díez Puertas como un «pulso a la democracia». En mi libro Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984), editado por la Universidad de Alicante y la editorial Renacimiento, doy cuenta de la bibliografía sobre esta polémica película y contextualizo el episodio en un contexto donde el consejo de guerra distaba mucho de ser una excepción porque todavía era evidente el lastre de la intolerancia franquista, de la que no estaban exentas algunas de sus víctimas.



El consejo de guerra de Els Joglars


El estreno de La torna, una creación de Els Joglars, en la España de la Transición fue el inicio de una movilización en defensa de la libertad de expresión a raíz del consejo de guerra que llevó a la cárcel a varios de los miembros del grupo catalán. Lo sucedido es conocido, pero he conseguido añadir nuevas consideraciones al examinar esa polémica a partir de la bibliografía consultada. El resultado de esta investigación se puede consultar en mi libro Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984), coeditado por Publicaciones de la Universidad de Alicante y la editorial Renacimiento.

La maja desnuda, de Goya, no pudo ser vista en Cáceres


La maja desnuda, de Goya, en concreto la litografía que vemos en la imagen, fue retirada del escaparate de una librería cacereña por orden de un municipal celoso de su deber ante la ola de erotismo que por entonces empezaba a sacudir la tradicional paz de la reserva espiritual de Occidente. El incidente dio lugar a numerosos comentarios y artículos en los medios de comunicación. Al margen de lo anecdótico y carpetovetónico de lo sucedido en Cáceres, el relato completo de este episodio revela que el cabo Piris no estaba solo en su cruzada contra la pornografía. Algunos de los más altos representantes del poder judicial le acompañaban en la labor, que también recibió apoyos políticos. Ni siquiera Goya estaba al margen de la intolerancia franquista cuando en el horizonte empezaba a vislumbrarse un futuro democrático.
El episodio completo lo incluyo en mi libro Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984), coeditado por Publicaciones de la Universidad de Alicante y la editorial Renacimiento.

martes, 6 de diciembre de 2022

Ofendidos y censores ya está en la prensa


 

Hoy celebramos el aniversario de la Constitución de 1978 que consagró el derecho a la libertad de expresión cuando la práctica totalidad de la legislación lo contemplaba con importantes restricciones. La lucha, palmo a palmo, para hacer realidad ese derecho fue larga, polémica y a veces cruenta porque el país sufría el lastre de la intolerancia franquista. Mi libro recuerda algunos de esos episodios para valorar más y mejor un derecho fundamental para la continuidad de las libertades democráticas. Hoy, día de la Constitución, han aparecido las primeras reseñas:

https://www.informacion.es/cultura/2022/12/05/condenas-susana-estrada-bombas-papus-79600988.html

https://alicanteplaza.es/rios-carratala-libertad-de-expresion-libro-ofendidos-y-censores

lunes, 21 de noviembre de 2022

Ofendidos y censores ya está en la calle


 Hoy han llegado los primeros ejemplares de mi nuevo libro, que ha sido publicado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante y la editorial Renacimiento en una nueva coedición. A modo de primicia reproduzco el texto de la contraportada. Más información y peticiones de compra en las webs de la editorial y del citado servicio de la UA.

Ofendidos y censores

La lucha por la libertad de expresión (1975-1984)

La libertad de expresión propia de una democracia se sustanció a lo largo de la Transición, y hasta bien entrados los años ochenta, gracias al empeño de quienes rechazaron o desafiaron la intolerancia de la cultura franquista. Algunos representantes del mundo teatral, cinematográfico y editorial jalonaron esa lucha con las consecuencias de amenazas, atentados y condenas. Otros, menos recordados por pertenecer a una cultura popular con escasa atención crítica, sufrieron la misma persecución sin salir del anonimato. OFENDIDOS Y CENSORES recopila un conjunto de historias cuyos protagonistas son variopintos, desde editores izquierdistas o grupos procedentes del Teatro Independiente hasta promotores de la pornografía pasando por jóvenes descorbatados con ganas de fiesta. A partir del rigor de la investigación y la mirada comprensiva del humor, cuando cabe utilizarlo, sus casos aparecen recreados para la memoria de aquella época. Conviene recuperarla para entender las dificultades de una libertad de expresión basada en la tolerancia del otro, aunque sus manifestaciones resulten molestas y desaten las iras de los ofendidos con voluntad de censores.

jueves, 13 de octubre de 2022

Ofendidos y censores, mi nuevo libro, ya tiene cubierta


 Ofendidos y censores, un ensayo sobre la lucha por la libertad de expresión desde 1975 hasta 1984 coeditado por la editorial Renacimiento y el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante, ya cuenta con la imagen provisional de la portada, que alude a uno de los episodios analizados: el consejo de guerra seguido contra Els Joglars por las representaciones de La torna. Otros muchos, de parecida índole aunque situados en ámbitos culturales muy distintos, forman parte del índice, que iré detallando conforme se acerque la fecha de la publicación. Con un poco de suerte, lo tendremos en las librerías antes de finalizar el año.
El Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante me ha comunicado que el libro ha entrado en la imprenta el 28 de octubre. Ya lo tenemos cerca.

domingo, 12 de junio de 2022

Ofendidos y censores ya va camino de las librerías


     La revisión de las pruebas de imprenta es una tarea tan necesaria como oscura y poco reconocida. Afortunadamente, siempre cuento con la ayuda de dos excelentes profesionales, Xavi y Vicente, del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante, pero cuando el texto llega a sus manos ya lo he revisado en innumerables ocasiones, procurando una mayor precisión y corrección. Los errores pueden persistir, y más en un ensayo donde hay centenares de referencias a las fuentes periodísticas, pero queda la tranquilidad de haber cuidado la edición para que sean los menos posibles.
    Ofendidos y censores. La lucha por la libertad de expresión (1975-1984) estará en las librerías a lo largo del próximo otoño, gracias a la coedición de la editorial Renacimiento y Publicaciones de la Universidad de Alicante. Todavía queda trabajo por delante para dar a conocer algunos episodios ahora casi olvidados, que fueron el sustento de una lucha donde muchos protagonistas sufrieron el acoso de los ofendidos con voluntad de censores.