sábado, 30 de mayo de 2026

El procesamiento del escenógrafo José María Torres García


 Cartel de Nuestro culpable (1937), de Fernando Mignoni

A partir del análisis de decenas de sumarios instruidos por el Juzgado Militar de Prensa, una conclusión corroborada por los instruidos en otros órganos de la jurisdicción militar es que la colaboración en la prensa republicana durante la guerra supone un acto de resistencia al Glorioso Movimiento Nacional y, por lo tanto, es merecedor de un procesamiento en consejo de guerra para una condena tipificada como delito de rebelión militar.

La web consejosdeguerra.es recopila noventa y siete casos y en fechas próximas se sumarán otros todavía pendientes de análisis. La muestra parece representativa si tenemos en cuenta que el colectivo de periodistas y escritores procesados en consejos de guerra apenas supera los ciento cincuenta, aproximadamente.

Ahora bien, las conclusiones acerca de un colectivo de víctimas deben ser contrastadas con el análisis de casos de otras víctimas que, formando parte de diferentes colectivos, también realizaron tareas de propaganda o creación relacionables con la citada resistencia.

Este objetivo nos puede llevar a distintos ámbitos como el cine, el teatro, la música, los espectáculos de variedades… La muestra resulta potencialmente amplia y variada, pero al menos cabe recurrir a algunos ejemplos para calibrar la fiabilidad obtenida con las conclusiones del colectivo de escritores y periodistas.

La tarea ya la he iniciado con vistas al cuarto volumen, Al final de la trayectoria, de la tetralogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores, cuya publicación está prevista para el curso 20272028. Uno de los primeros ejemplos es el procesamiento en dos sumarísimos de urgencia (AGHD, 19132 y 24022) del escenógrafo granadino José María Torres García (1887-1973).

Desde mediados de los años veinte, el escenógrafo participó en distintas películas de Fernando Delgado y José Buchs. En 1931, fue contratado por los estudios CEA como diseñador y constructor de escenarios. José María Torres García era por entonces un socialista que trabajaba también como secretario de Fernando de los Ríos y funcionario del Registro de la Propiedad Industrial del Ministerio de Industria y Comercio. El pluriempleo, mal pagado, no le impidió realizar su tarea artística y en 1935 entró a trabajar en Filmófono, que bajo la dirección de Luis Buñuel siguió unas directrices acordes con el espíritu republicano.

Una vez iniciada la guerra, el escenógrafo se afilia al PCE y colabora en dos cortometrajes propagandísticos del también comunista Antonio del Amo: Industria de guerra y Mando único. Más adelante, José María Torres García se afilia al Sindicato de Espectáculos de la CNT y participa en el rodaje del film Nuestro culpable, de Fernando Mignoni y con una producción del citado sindicato.




Dada su afiliación política, admitida por el procesado en las declaraciones de los sumarios, y su participación en actividades propagandísticas cabría esperar que un consejo de guerra dictara contra él una sentencia acusándolo del delito de rebelión. La realidad es bien distinta. José María Torres García fue apartado de su puesto en el ministerio y nunca volvió a participar en un rodaje, pero su caso fue sobreseído en ambos sumarísimos de urgencia, resultó absuelto por el Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas y ni siquiera le procesó el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, a pesar de su militancia y de haber sido acusado por testigos como antiguo masón.

La sorprendente circunstancia, a la luz de lo sucedido en el Juzgado Militar de Prensa, se completa con la nula voluntad de investigar las actividades creativas o propagandísticas del escenógrafo. Ni siquiera le preguntan al respecto en el Juzgado Militar de Funcionarios o en el Juzgado Permanente de la Causa General, donde fueron instruidos los citados sumarios.

El caso de José María Torres García merece un detenido análisis que también aborde lo sucedido con el cineasta Antonio del Amo. El futuro director de las películas protagonizadas por Joselito cuenta con una amplia bibliografía, pero sin que me conste en la misma un análisis de su procesamiento en consejos de guerra (AGHD, 24557 y 29399) antes de ser indultado por el TNRP (CDMH, 75/00970) y una comprobación de la relación mantenida con Rafael Gil. Las historias aleccionadoras también merecen una comprobación documental.

Pdta.: Durante el mes de mayo de 2026, el blog ha alcanzado su récord de visualizaciones con 19311. Os agradezco vuestra atención y refuerzo mi compromiso de seguir publicando nuevas entradas relacionadas con mis actividades docentes e investigadoras.

miércoles, 27 de mayo de 2026

La fecha del nacimiento de Antonio de Hoyos y Vinent


 Antonio Hoyos y Vinent

La bibliografía sobre Antonio de Hoyos y Vinent siempre ha dado como fecha de nacimiento del escritor y periodista el 2 de mayo de 1884. Mi colega y buen amigo Eduardo Pérez Rasilla me informa de que el dato es incorrecto a la luz de la documentación consultada en el Archivo Histórico Nacional para la preparación de su edición crítica de La vejez de Heliogábalo en la editorial Amarillo. La verdadera fecha del nacimiento es el 3 de mayo de 1882. La corrección ya está hecha en las anteriores entradas de este blog dedicadas al aristócrata de fatal destino en las cárceles de la Victoria.



Eduardo Pérez Rasilla

La corrección, por desgracia, no ha llegado a tiempo para ser incluida en el capítulo «El destino trágico de un dandi: Antonio de Hoyos y Vinent», incluido en La colmena (pp. 237-252), el tercer volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores. El mismo ya se encuentra en la imprenta con una portada dedicada a la memoria del dibujante José Robledano y, si todo va según lo previsto, los ejemplares estarán en las librerías a lo largo del próximo mes de junio.



Agradezco a Eduardo Pérez Rasilla la información facilitada y, a la espera de poder reseñar en este blog su próxima edición de la citada novela de Antonio de Hoyos y Vinent, reitero mi disposición a utilizar este recurso para aportar datos sobre los consejos de guerra de periodistas y escritores que, si nada lo impide, a finales de 2027 o principios de 2028 tendrán el cuarto volumen de la tetralogía iniciada con Las armas contra las letras (más información en la web consejosdeguerra.es).


sábado, 23 de mayo de 2026

La depuración del coronel auditor Ángel Manzaneque Feltrer


 Sede del ICAM. Fuente: Wikipedia

La inclusión de numerosos personajes históricos en Nos vemos en Chicote (2015) me obligó a sintetizar la trayectoria de la mayoría. En el caso del coronel auditor Ángel Manzaneque Feltrer (Madrid, 1893-1949), presente en los sumarios analizados en mis posteriores libros dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores, me limité a dar cuenta de unos meros apuntes entre las páginas 156-158.

El coronel auditor en la reserva desde el 22 de enero de 1942, después de desempeñar una intensa tarea en el Cuerpo Jurídico Militar durante la posguerra, merece un estudio más detenido de cara a una posible cuarta edición del citado libro. Con tal motivo, he encontrado una documentación capaz de probar el grado de represión de aquellos años, que afectó hasta los propios responsables de la misma.

El coronel auditor fue depurado como abogado colegiado en Madrid y procesado por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC), según la documentación depositada en el Archivo Histórico del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (AHICAM) y el Centro de Documentación de la Memoria Histórica.

A la espera de las solicitadas copias del CDMH, gracias a la digitalización y acceso libre de los fondos documentales del AHICAM sabemos que Ángel Manzaneque Feltrer ingresó en el mismo el 22 de agosto de 1924, cuando contaba con treinta y un años y estaba domiciliado en la capital (caja 348, exp. 10820). Dada su vinculación con el Cuerpo Jurídico Militar, parece improbable que ejerciera como abogado a partir de esa fecha, pero llegada la posguerra debió superar la depuración profesional al igual que todos sus colegas.



Fuente: AHICAMNos vemos

De acuerdo con el documento aquí reproducido, el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid certifica que Ángel Manzaneque Feltrer fue depurado con todos los pronunciamientos favorables el 6 de febrero de 1942, es decir, pocos días después de pasar a la reserva y cuando pretendería, supongo, ejercer la abogacía en el ámbito civil (AHICAM, exp. 2634).

La fecha del documento es tardía para una depuración profesional, pero la misma suponía un requisito para el ejercicio de la abogacía del que ni siquiera estaba excluido quien desempeñó las más altas funciones en la represión de los vencidos durante la inmediata posguerra.

Ángel Manzaneque Feltrer se encaminaba a los cincuenta años, había prestado sus servicios al Glorioso Movimiento Nacional, desde que el 7 de noviembre de 1936 formara parte del grupo adscrito al Cuerpo Jurídico Militar destinado a participar en la por entonces prevista toma de Madrid (BOE, 7-XI-1936), y había llegado el momento de rentabilizarlos en una ocupación más tranquila sin descartar la posibilidad de convertirse en abogado defensor de los consejos de guerra. No habría sido el único, según contara Albert Boadella en Memorias de un bufón (2001) con motivo de su procesamiento por la jurisdicción militar.

La circunstancia de este paso a lo civil es tan legal como habitual entre los protagonistas de la actividad represiva durante la posguerra. Lo sorprendente es que, incluso quien había decidido el destino de tantos represaliados en Madrid hasta el 27 de agosto de 1939 (BOE, n.º 239), debiera someterse por imperativo legal a un proceso de depuración tras haber pasado por el TERMC (CDMH, fichero 77, documento 2716930).

La consulta de este documento alumbrará nuevas circunstancias que completaremos con otros ya solicitados. Por lo pronto, sabemos que, si hubo censores censurados como el novelista Wenceslao Fernández Flórez, también contamos con la depuración de los depuradores en un clima obsesivo en materia de represión.

El alumno del madrileño instituto Cardenal Cisneros, donde coincidió con algunos de los represaliados de la posguerra, probablemente nunca contó esta historia antes de fallecer en 1949. Habría sido una excepción en el silencio mantenido por quienes participaron en la represión, pero en la medida de lo posible la reconstruiremos para incorporarla a la nueva edición de Nos vemos en Chicote cuando se agoten los ejemplares actualmente disponibles.



miércoles, 20 de mayo de 2026

Un poeta en la historia, de Mario Amorós (y II)


Mario Amorós en la presentación que tuvo lugar en Orihuela

Con el objetivo de completar la entrada del pasado día 18 y colaborar en la difusión de la magnífica biografía de Miguel Hernández escrita por Mario Amorós, os paso los enlaces de nuevas entrevistas concedidas a los medios de comunicación y, muy especialmente, la grabación de la presentación del libro que tuvo lugar el día 19 en la Sede de la Universidad de Alicante con la presencia de mis compañeros José Carlos Rovira y Carmen Alemany. El acto académico desbordó los límites habituales de una presentación y constituyó una verdadera lección de los participantes en la mesa acerca de la trayectoria biográfica y creativa del poeta oriolano.





domingo, 17 de mayo de 2026

Un poeta en la Historia, de Mario Amorós (I)


 Mario Amorós

La Historia está en permanente construcción. Sin necesidad de citar a los clásicos de la historiografía moderna, quienes nos dedicamos profesionalmente a esta tarea sabemos que nuestras aportaciones son un eslabón en una cadena donde otros colegas pueden ampliar, refutar o confirmar lo establecido gracias a nuevos documentos, testimonios o cualquier fuente hasta entonces desconocida.

Los consejos de guerra de Miguel Hernández no constituyen una excepción en el propósito colectivo de acercarnos lo más posible al conocimiento de lo sucedido. En 2022, con motivo de la edición facsímil de los sumarios del poeta en colaboración con el Ministerio de Defensa, tuve la oportunidad de estudiarlos en profundidad. La investigación deparó novedades, que pronto fueron incorporadas a la biografía de Miguel Hernández reeditada y ampliada por José Luis Vicente Ferris.

La tarea no estaba concluida. Ahora, gracias a Un poeta en la Historia. Vida de Miguel Hernández (Madrid, Akal, 2026), del periodista e historiador Mario Amorós, conocemos mejor lo sucedido en aquella farsa jurídica. Su exhaustiva investigación le ha permitido localizar documentación inédita o relevante en el Fondo García Vergara, del Archivo Nacional de Chile, y en el Archivo General Militar, de Ávila.




La biografía publicada por Mario Amorós es ejemplar en varios aspectos y se suma a otras también brillantes dedicadas a una apasionante e intensa trayectoria vital. Abajo indico varios enlaces que ponen de manifiesto la calidad del trabajo realizado y, en fechas posteriores, incorporaré los que vayan colaborando en la divulgación de un libro imprescindible para cualquier interesado en la obra de Miguel Hernández.

Al margen de agradecer el interés del autor por la situación personal que sufro desde 2019, a raíz de desvelar la identidad de quienes intervinieron en la instrucción del sumario 21001, hay en el libro de Mario Amorós una novedad que ratifica todavía más la radical nulidad de aquellos procesos judiciales, según lo establecido por la vigente Ley de Memoria Democrática de 2022.

Una vez condenado Miguel Hernández a la pena de muerte y habiendo decidido las autoridades franquistas no ejecutarla para evitar una repercusión internacional como la del asesinato de García Lorca, el objetivo de quienes de una u otra manera pretendían aliviar la situación del poeta era la conmutación de la citada pena por otra de treinta años.

Lo fundamental de estas gestiones nunca explicitadas en los sumarios lo conocíamos, pero Mario Amorós revela más detalles y protagonistas gracias a la consulta del fondo depositado en el Archivo Nacional de Chile y, por primera vez, analiza el proceso del poeta a la luz de un documento del 4 de junio de 1940 firmado por el Departamento de Asesoría y Justicia del Ministerio del Ejército. El mismo admite literalmente que Miguel Hernández había sido condenado a muerte el 18 de enero de ese año por «hechos» de «escasa trascendencia» y recomienda la citada conmutación.



Documento depositado en el Archivo General Militar, de Ávila

Las autoridades militares, cinco meses después de la sentencia que condenó a muerte al poeta y sin mediar ningún tipo de actuación judicial que completara lo instruido en el Juzgado Militar de Prensa, reconocen la «escasa trascendencia» de lo probado en el sumario 21001 para la posterior sentencia dictada en el consejo de guerra presidido por el comandante Pablo Alfaro.

El nuevo ejemplo del omnipresente derecho de autor en la jurisdicción militar de la época, para el cual lo importante no son los actos probados sino la identidad del acusado, se suma al comportamiento represivo de quienes condenaron al poeta a sabiendas de que lo instruido era de «escasa trascendencia», al margen de cualquier discrepancia jurídica en la valoración por parte del tribunal presidido por el comandante Pablo Alfaro.

El caso de Miguel Hernández es uno más entre decenas de miles con similares características. Lo conocemos ahora con lujo de detalle gracias a la nombradía del procesado, pero lo sucedido en Madrid y Orihuela no supone una novedad a la luz de tantos otros consejos de guerra como los de periodistas y escritores (consejosdeguerra.es). Solo duele, y mucho, por el trágico final de un padre y esposo joven que deseaba vivir. Así lo prueba la magnífica biografía de un Mario Amorós que, como en anteriores ocasiones, demuestra su capacidad para llevar este género por los cauces del rigor y la amenidad.

Enlaces:

https://elpais.com/cultura/2026-05-11/cuando-el-franquismo-reconocio-haber-condenado-a-muerte-a-miguel-hernandez-por-hechos-de-escasa-trascendencia.html

https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2026/05/12/6a01df93e85eceb9278b459c.html

informacion.es/cultura/2026/05/14/mario-amoros-biografia-miguel-hernandez-figura-poeta-del-pueblo-compromiso-politico-partido-comunista-de-espana-republica-130197716.html

https://www.levante-emv.com/postdata/2026/05/15/nuevas-luces-poeta-esencial-130277377.html

https://www.publico.es/culturas/libros/documento-franquismo-admite-miguel-hernandez-condenado-muerte-hechos-escasa-trascendencia.html

jueves, 14 de mayo de 2026

El centenario de Rafael Azcona


En la primavera de 2005, cuando estaba preparando la edición crítica de El pisito para la editorial Cátedra, recuerdo que me llamó Rafael Azcona (1926-2008), a quien había mandado el borrador de la introducción. Solo corrigió el dato sobre sus estudios, pues me explicó que nunca pudo terminar el bachiller. Rafael fue una de las personas más cultas que he conocido, pero su cultura rivalizaba con su honestidad y no quería atribuirse títulos que quedaron fuera de sus posibilidades en Logroño.

La otra preocupación cuando me llamó era que el texto de la novela adaptada al cine por Marco Ferreri no fuera el de la edición original, sino el revisado muchos años después, cuando Rafael Azcona emprendió la tarea de reescribir toda su obra literaria. Le aseguré que así sería y solo entonces descansó, pues pensaba que el lector de una colección como Letras Hispánicas, de Cátedra, debía disponer de un texto ajeno a las deficiencias de lo escrito deprisa pocos años después de su llegada a Madrid en 1951.

Aquella edición formó parte de la dedicación prestada al amigo que más he admirado desde que en 1999 tuve la oportunidad de conocerle para que su trayectoria apareciera en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de la que yo era director adjunto por entonces. A partir de esa fecha intercambiamos correos electrónicos, siempre firmados por R., llamadas telefónicas y hasta encuentros inolvidables en Madrid y Murcia. Siempre en torno a una mesa, bien servidos y disfrutando de una conversación en la que procuraba callar para aprender más.

A partir de entonces, le dediqué varios artículos en revistas académicas. Poco después de su fallecimiento los recopilé en un volumen, La obra literaria de Rafael Azcona (Universidad de Alicante, 2008), del que me siento orgulloso porque fue el tributo a la memoria de un amigo. Algo similar sucedió cinco años después con Espíritu de mambo (2013), dedicado a la memoria del actor Pepe Rubianes (1947-2009).

Ambos amigos me dieron la oportunidad de disfrutar de lo que más agradezco: el humor. También me aportaron otras muestras de su amistad, pero sus obras estaban repletas de un humor, con notables diferencias en ambos casos, que trasladaban al plano personal. Hablar con ellos era como estar en la pantalla de una película con guion de Rafael Azcona o en el escenario donde Pepe Rubianes interpretó sus inolvidables monólogos.

Ahora, con motivo del centenario de Rafael Azcona y por invitación de Luis Alberto Cabezón, he vuelto a trabajar sobre la obra literaria del guionista para publicar un artículo en un monográfico de la revista Berceo.

La novela seleccionada es Los ilusos, que apareció en 1958 con unas excelentes ilustraciones de Antonio Mingote y Rafael Azcona reescribió durante su enfermedad terminal. La nueva versión se la mandó al editor justo una semana antes de fallecer. Esta circunstancia, la voluntad de trabajar para legar una obra cuando el autor sabía que su final estaba cerca por culpa del cáncer, me llamó la atención y hasta me parece digna de un novelista tan profesional como ejemplo de ética en su escritura.

Los ilusos fue escrita en apenas dos meses para una colección de humor que dirigía Fernando Baeza, uno de los mejores amigos de Rafael Azcona. Así, deprisa por imperativos económicos, debió trabajar quien pronto se decantó por el cine. Aquellas novelas de sus inicios quedaron olvidadas, pero gracias a distintas iniciativas editoriales el riojano tuvo la oportunidad de reescribirlas para que su legado literario gozara de una dignidad denegada por las circunstancias de una España que en algunos ámbitos todavía parecía la retratada por Cela en La colmena.

La voluntad de trabajo de Rafael Azcona, por respeto a sus lectores y amigos, merece un recuerdo y un análisis, que será mi modesta contribución al centenario del mejor guionista de la historia del cine español y, sobre todo, un hombre honesto, humilde y siempre dispuesto a participar en una tertulia donde sus palabras resultaban sabias.

Pdta. En la entrada del pasado 30 de julio anunciaba que el blog había llegado a las 200.000 visualizaciones. Ayer, 17 de mayo, llegó a las 300.000 con un notable incremento a lo largo de estos últimos meses.

 

martes, 12 de mayo de 2026

La censura teatral en Radio Nacional de España


El número 14 de la revista Don Galán, un monográfico publicado el pasado mes de enero y dedicado a la censura teatral franquista, gracias al periodista Raúl Losáñez ha contado con una presentación en la emisión del 9 de mayo del programa La Lira de Apolo, donde coincidí con Berta Muñoz, la otra coordinadora del número, y María Bollaín, la directora del Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música.
A continuación os paso el correspondiente enlace por si os interesa el tema de la censura teatral franquista, analizada en un tono distendido para los radioescuchas de este programa de RNE dedicado al teatro:


Pdta.: Una vez publicado en You Tube, os paso el vídeo de mi presentación del monográfico en el marco de las IV Jornadas de Estudios Teatrales celebradas en la Universidad de Alicante el pasado 11 de mayo:





viernes, 8 de mayo de 2026

Francisco Colás, médico y periodista fusilado


 Francisco Colas Ruiz de la Serna

Un investigador universitario debe contar, para la correcta realización de sus actividades, con una red de colaboradores que le ayuden o le informen de cualquier novedad en los temas objeto de sus trabajos. Gracias a los muchos años de mi trayectoria académica, esa red está muy tupida y a menudo recibo la ayuda de colegas repartidos por diferentes universidades.

En fechas recientes, la profesora María Asunción Castro Díez, de la UCLM, se puso en contacto conmigo para solucionar un trámite. Gracias a los correos intercambiados, supe que estaba dirigiendo el Trabajo Fin de Máster de la alumna Marina Muñoz Romero sobre la trayectoria de Francisco Colas (1898-1939), médico, político y periodista que fue fusilado el 5 de mayo de 1939 en Ciudad Real, la capital donde había trabajado en la Beneficencia Municipal mientras dirigía Avance, el periódico resultante de la incautación de otra cabecera de la capital manchega.

La detención tuvo lugar el 5 de abril de 1939 y tan solo cinco días después ya estaba dictada la sentencia, que contó con «el enterado» del general Franco el 26 del mismo mes. Todo el proceso fue tan precario -bastaron con dos declaraciones acusatorias y la recopilación de ejemplares del periódico que dirigió el acusado- como acelerado hasta llegar al 5 de mayo cuando el teniente médico Francisco Vivanco Bergamín certificó la identidad del fallecido, que tenía «una herida por arma de fuego en región craneana».

Gracias a la investigación de Marina Muñoz Romero, he tenido acceso al sumario n.º 23 del AGHD, que fue instruido por el capitán Eduardo Aizpún Andueza con una rapidez que estremece a la vista del desenlace. En fechas próximas, cuando el TFM de Marina esté presentado, la joven investigadora redactará una entrada para este blog donde sintetizará la trayectoria de Francisco Colas, que en parte ya podemos conocer gracias al trabajo de Isidro Sánchez Sánchez en el Diccionario biográfico de Castilla La Mancha.

Francisco Colas fue un médico socialista procedente de una familia adinerada que compaginó el trabajo en la Beneficencia Municipal con las tareas de propagandista y responsable de El Pueblo Manchego y Avance. El sumario cuenta con varios ejemplares de la primera cabecera y en los mismos aparecen las poesías firmadas por Roger de Flor, un maestro y poeta que ya conocemos por anteriores entradas.




Jesús Merchén también fue fusilado en Ciudad Real, su historia aparecerá en el tercer tomo dedicado a los consejos de guerra, La colmena, que tendremos en las librerías antes de finalizar el curso. Su compañero de fatigas periodísticas y políticas, Francisco Colas, contará con un capítulo en el cuarto tomo, gracias a la colaboración de una joven investigadora que nos ha permitido completar el hasta ahora incompleto listado de los directores de periódicos republicanos que fueron fusilados (consejosdeguerra.es).  

Pdta. Más entradas en el blog Memoria y ficción, accesible a través de la web rioscarratala.com

martes, 5 de mayo de 2026

Hasta siempre, Sol


 Soledad Gallego-Díaz

La periodista Soledad Gallego-Díaz (1951-2026), la primera directora de El País, ha fallecido tras culminar una dilatada y brillante trayectoria en el periodismo español. La prensa de hoy aborda con amplitud la triste noticia y poco podría añadir a las necrológicas o los perfiles humanos de una profesional que gozó del respeto y el cariño de los colegas.

Hace apenas tres meses, y gracias a la ayuda del novelista Sergio del Molino, pude entrar en contacto con Sol. El motivo era conocer mejor la historia de su padre, José Gallego-Díaz Moreno, un matemático con inquietudes literarias que fue procesado en un consejo de guerra por los franquistas. Le pregunté sobre el correspondiente sumario, pero la familia lo desconocía, así como otros pormenores de su trayectoria. Le dije que lo digitalizaría para ponerlo a disposición de ella y sus hermanos. Así lo hice y Sol me mandó un correo agradeciéndome la gestión.

El sumario de José Gallego-Díaz Moreno ya lo tengo digitalizado gracias a la colaboración del AGHD, así como otros documentos de su padre, pero por desgracia cuando se lo envié la enfermedad cortó la comunicación. El documento aporta importantes novedades acerca de un matemático verdaderamente singular por múltiples motivos. Nunca las pude comentar con una periodista que habría tenido la experiencia de una imprevista exclusiva familiar.

La investigación iniciada con la publicación de una entrada en este mismo blog el 13 de abril de 2026 ya está prácticamente terminada y aparecerá en el cuarto tomo de los dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores. La enfermedad se ha interpuesto y no podré compartir la tarea con Sol a la búsqueda de sus testimonios, pero la culminaré en recuerdo de su padre y de ella misma, al tiempo que intentaré localizar a sus hermanos para que la memoria familiar se vea completada con la labor del historiador.

 

 


viernes, 1 de mayo de 2026

Manuel Chaves Nogales a la luz de los archivos


 Manuel Chaves Nogales

Hace unos meses, mientras analizaba el sumario del consejo de guerra de José Robledano, encontré un documento donde el secretario judicial transcribe un fragmento del libro de actas de la Agrupación Profesional de Periodistas. La fecha de lo transcrito es el 18 de octubre de 1936. El texto da cuenta de la participación de Manuel Chaves Nogales en la defensa de la II República, llegando hasta el punto de ofrecerse para desempeñar las funciones de comisario político.

El hallazgo me sorprendió a la luz de lo escrito meses después en el célebre prólogo de A sangre y fuego (1937), donde el periodista se considera posible víctima de ambos bandos, viéndose obligado a salir de Madrid el mismo día en que el gobierno partió hacia Valencia. La pregunta es obvia: ¿Cómo podía ser una víctima del bando republicano quien se postula como comisario del mismo?

Desde entonces, intuyo que la mayoría de los comentarios sobre el citado prólogo prescinde de la documentación relacionada con el pasado inmediato del autor. Puestos a disfrutar y hasta teorizar a partir de un texto tan brillante como los relatos a los que precede, es más cómodo escribir sin pasar meses o años en los archivos.

La comodidad también supone libertad en este caso. Si la exégesis se limita al texto, prescindiendo de una farragosa documentación, las posibilidades de ajustar la interpretación a los propios intereses, o deseos, aumentan porque no pasan por la justificación documental. Ni siquiera deben ser coherentes a la luz del comportamiento del autor durante las semanas anteriores.

Semejante libertad resulta cuestionable desde el punto de vista filológico e histórico. Como lectores, podemos hacer uso de la misma para sacar conclusiones sin necesidad de enmarcar el prólogo en su contexto histórico. El problema es que los filólogos y los historiadores nunca debemos prescindir de la condición de lectores, pero también somos investigadores capaces de indagar acerca de las claves del texto analizado.

Al cabo de quince años leyendo documentos relacionados con la Guerra Civil, desconfío de la literalidad de los mismos. Sus autores estaban sujetos a tremendas presiones (violencia, miedo, venganzas…) y, a menudo, esos textos son un instrumento para seguir vivos o libres. También para justificarse y defenderse cuando el propio comportamiento dista de ser heroico o ejemplar.

Manuel Chaves Nogales es un excelente escritor y periodista. La lectura de sus obras fascina y sus artículos destacan sobre tantos otros coyunturales y prescindibles. Sin embargo, el andaluz también se vio sacudido por una guerra que puso a prueba la coherencia de quienes la padecieron.

En la línea de lo expuesto por Francisco Espinosa o José Luis García Martín, Manuel Chaves Nogales en el prólogo de A sangre y fuego, convertido en un manifiesto de la tercera España, procura justificar su decisión de abandonar el Madrid sitiado. El texto merece una reflexión frente a tantos otros de carácter maniqueo, pero resulta incoherente con aspectos destacados de su trayectoria durante los meses anteriores, desde que en agosto de 1936 regresara a la capital procedente del extranjero.




La investigación en los archivos ya había dado frutos en este sentido. Ahora, gracias a Juan Carlos Mateos, conocemos mejor lo sucedido en aquel Madrid, donde Manuel Chaves Nogales nunca fue perseguido y aparecía como un defensor de la legalidad republicana. Su condición de víctima es una suposición para igualar a ambos bandos y justificar su marcha al exilio, donde fundamentalmente siguió siendo un republicano, como prueban los relatos agrupados en Guerra total.

El historiador debe comprender más que juzgar. Nunca condenaría al periodista por procurar salvarse cuando el riesgo era máximo. Tampoco por permanecer lejos de Madrid y hasta de España. Su decisión es comprensible y respetable, aunque no sea materia de héroes, como algunos de los colegas que decidieron permanecer en la ciudad sitiada

Ahora bien, deducir de esa necesidad de justificación una teoría acerca de la tercera España me parece un exceso, solo comprensible a la luz de la escasa frecuentación de los archivos. No es el caso de Juan Carlos Mateos desde antes de 1996, cuando leyó su monumental tesis doctoral ahora ampliada con nueva documentación.

Las relativas incoherencias de la trayectoria de Manuel Chaves Nogales durante unos meses tan complejos, donde otras incoherencias fueron frecuentes, no restan valor literario y periodístico a su producción. La humanizan y aportan matices de complejidad, que merece la pena indagar para huir de glorificaciones o mitos, que en un contexto tan poco noble como el de la guerra suelen carecer de una base sólida.

A diferencia de Juan Carlos Mateos, no observo una «ceremonia santificadora» (p. 27) ni el neochavismo como una nueva «religión» (p. 57). Tal vez la clave de la construcción de un mito en torno al periodista sea más sencilla, al margen de sus indudables méritos como autor.

Los mitos se construyen a base de simplificadas conclusiones tan reforzadas por la insistencia como alejadas de su confrontación con una realidad como la archivística, siempre compleja y repleta de dudas o circunstancias incompatibles con la mitificación.

La construcción de esos mitos no solo es un trabajo menos gravoso. También resulta atractivo y agradecido por los lectores, las editoriales y las instancias académicas. Manuel Chaves Nogales estuvo por encima de la mayoría de sus colegas, pero hacerlo sobresalir como un hito aislado facilita que los responsables de esa mitificación sobresalgan a la par. Y mantengan una imagen patrimonial de lo construido.

La mesura no ha estado a la altura de la exhaustividad documental en la investigación de Juan Carlos Mateos. El capítulo comprendido entre las páginas 75-149 es prescindible porque hay otras formas de defender las propias conclusiones. No obstante, me preocupa la observación de algunos errores en la bibliografía universitaria sobre Manuel Chaves Nogales. Lo mejor es corregirlos y, sobre todo, resituar al periodista en un marco menos excepcional, pero más creíble. No perderá así su acrisolada brillantez y dejará de ser motivo de especulaciones a veces interesadas.




Mientras tanto, la opción más satisfactoria es leer con creciente interés relatos como los agrupados en Guerra total (Renacimiento, 2026), la segunda parte de A sangre y fuego, una obra imprescindible que comprenderemos mejor a la luz de la documentada trayectoria de su autor. Manuel Chaves Nogales ni fue santo ni digno de una mitificación, pero consiguió algo más valioso: dejarnos unos relatos que invitan al disfrute y la reflexión, ahora más centrada gracias a un aporte documental que merece ser tenido en cuenta.

Pdta.: Sobre esta publicación, véase también la entrada dedicada el pasado 21 de abril por José Luis García Martín en su blog Crisis de papel. Así como los comentarios de quienes protagonizan un «duelo al sol» del que disfrutaré en fechas próximas. Nada más apasionante que asistir a las polémicas donde se habla o escribe con el acarreo de muchas lecturas.