sábado, 23 de mayo de 2026

La depuración del coronel auditor Ángel Manzaneque Feltrer


 Sede del ICAM. Fuente: Wikipedia

La inclusión de numerosos personajes históricos en Nos vemos en Chicote (2015) me obligó a sintetizar la trayectoria de la mayoría. En el caso del coronel auditor Ángel Manzaneque Feltrer (Madrid, 1893-1949), presente en los sumarios analizados en mis posteriores libros dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores, me limité a dar cuenta de unos meros apuntes entre las páginas 156-158.

El coronel auditor en la reserva desde el 22 de enero de 1942, después de desempeñar una intensa tarea en el Cuerpo Jurídico Militar durante la posguerra, merece un estudio más detenido de cara a una posible cuarta edición del citado libro. Con tal motivo, he encontrado una documentación capaz de probar el grado de represión de aquellos años, que afectó hasta los propios responsables de la misma.

El coronel auditor fue depurado como abogado colegiado en Madrid y procesado por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC), según la documentación depositada en el Archivo Histórico del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (AHICAM) y el Centro de Documentación de la Memoria Histórica.

A la espera de las solicitadas copias del CDMH, gracias a la digitalización y acceso libre de los fondos documentales del AHICAM sabemos que Ángel Manzaneque Feltrer ingresó en el mismo el 22 de agosto de 1924, cuando contaba con treinta y un años y estaba domiciliado en la capital (caja 348, exp. 10820). Dada su vinculación con el Cuerpo Jurídico Militar, parece improbable que ejerciera como abogado a partir de esa fecha, pero llegada la posguerra debió superar la depuración profesional al igual que todos sus colegas.



Fuente: AHICAMNos vemos

De acuerdo con el documento aquí reproducido, el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid certifica que Ángel Manzaneque Feltrer fue depurado con todos los pronunciamientos favorables el 6 de febrero de 1942, es decir, pocos días después de pasar a la reserva y cuando pretendería, supongo, ejercer la abogacía en el ámbito civil (AHICAM, exp. 2634).

La fecha del documento es tardía para una depuración profesional, pero la misma suponía un requisito para el ejercicio de la abogacía del que ni siquiera estaba excluido quien desempeñó las más altas funciones en la represión de los vencidos durante la inmediata posguerra.

Ángel Manzaneque Feltrer se encaminaba a los cincuenta años, había prestado sus servicios al Glorioso Movimiento Nacional, desde que el 7 de noviembre de 1936 formara parte del grupo adscrito al Cuerpo Jurídico Militar destinado a participar en la por entonces prevista toma de Madrid (BOE, 7-XI-1936), y había llegado el momento de rentabilizarlos en una ocupación más tranquila sin descartar la posibilidad de convertirse en abogado defensor de los consejos de guerra. No habría sido el único, según contara Albert Boadella en Memorias de un bufón (2001) con motivo de su procesamiento por la jurisdicción militar.

La circunstancia de este paso a lo civil es tan legal como habitual entre los protagonistas de la actividad represiva durante la posguerra. Lo sorprendente es que, incluso quien había decidido el destino de tantos represaliados en Madrid hasta el 27 de agosto de 1939 (BOE, n.º 239), debiera someterse por imperativo legal a un proceso de depuración tras haber pasado por el TERMC (CDMH, fichero 77, documento 2716930).

La consulta de este documento alumbrará nuevas circunstancias que completaremos con otros ya solicitados. Por lo pronto, sabemos que, si hubo censores censurados como el novelista Wenceslao Fernández Flórez, también contamos con la depuración de los depuradores en un clima obsesivo en materia de represión.

El alumno del madrileño instituto Cardenal Cisneros, donde coincidió con algunos de los represaliados de la posguerra, probablemente nunca contó esta historia antes de fallecer en 1949. Habría sido una excepción en el silencio mantenido por quienes participaron en la represión, pero en la medida de lo posible la reconstruiremos para incorporarla a la nueva edición de Nos vemos en Chicote cuando se agoten los ejemplares actualmente disponibles.



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