La inclusión de numerosos
personajes históricos en Nos vemos en Chicote (2015) me obligó a
sintetizar la trayectoria de la mayoría. En el caso del coronel auditor Ángel
Manzaneque Feltrer (Madrid, 1893-1949), presente en los sumarios analizados en
mis posteriores libros dedicados a los consejos de guerra de periodistas y
escritores, me limité a dar cuenta de unos meros apuntes entre las páginas
156-158.
El coronel auditor en la
reserva desde el 22 de enero de 1942, después de desempeñar una intensa tarea
en el Cuerpo Jurídico Militar durante la posguerra, merece un estudio más
detenido de cara a una posible cuarta edición del citado libro. Con tal motivo,
he encontrado una documentación capaz de probar el grado de represión de
aquellos años, que afectó hasta los propios responsables de la misma.
El coronel auditor fue
depurado como abogado colegiado en Madrid y procesado por el Tribunal Especial
para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC), según la
documentación depositada en el Archivo Histórico del Ilustre Colegio de Abogados de
Madrid (AHICAM) y el Centro de Documentación de la Memoria Histórica.
A la espera de las
solicitadas copias del CDMH, gracias a la digitalización y
acceso libre de los fondos documentales del AHICAM sabemos que Ángel
Manzaneque Feltrer ingresó en el mismo el 22 de agosto de 1924, cuando contaba
con treinta y un años y estaba domiciliado en la capital (caja 348,
exp. 10820). Dada su vinculación con el Cuerpo Jurídico Militar, parece
improbable que ejerciera como abogado a partir de esa fecha, pero llegada la
posguerra debió superar la depuración profesional al igual que todos sus
colegas.
De acuerdo con el
documento aquí reproducido, el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid
certifica que Ángel Manzaneque Feltrer fue depurado con todos los
pronunciamientos favorables el 6 de febrero de 1942, es decir, pocos días
después de pasar a la reserva y cuando pretendería, supongo, ejercer la
abogacía en el ámbito civil (AHICAM, exp. 2634).
La fecha del documento es
tardía para una depuración profesional, pero la misma suponía un requisito para
el ejercicio de la abogacía del que ni siquiera estaba excluido quien desempeñó
las más altas funciones en la represión de los vencidos durante la inmediata
posguerra.
Ángel Manzaneque Feltrer
se encaminaba a los cincuenta años, había prestado sus servicios al Glorioso
Movimiento Nacional, desde que el 7 de noviembre de 1936 formara parte del grupo
adscrito al Cuerpo Jurídico Militar destinado a participar en la por entonces
prevista toma de Madrid (BOE, 7-XI-1936), y había llegado el momento de
rentabilizarlos en una ocupación más tranquila sin descartar la posibilidad de convertirse en abogado defensor de los consejos de guerra. No habría
sido el único, según contara Albert Boadella en Memorias de un bufón (2001)
con motivo de su procesamiento por la jurisdicción militar.
La circunstancia de este
paso a lo civil es tan legal como habitual entre los protagonistas de la
actividad represiva durante la posguerra. Lo sorprendente es que, incluso quien
había decidido el destino de tantos represaliados en Madrid hasta el 27 de
agosto de 1939 (BOE, n.º 239), debiera someterse por imperativo legal a un
proceso de depuración tras haber pasado por el TERMC (CDMH, fichero 77,
documento 2716930).
La consulta de este
documento alumbrará nuevas circunstancias que completaremos con otros ya
solicitados. Por lo pronto, sabemos que, si hubo censores censurados como el
novelista Wenceslao Fernández Flórez, también contamos con la depuración de los
depuradores en un clima obsesivo en materia de represión.
El alumno del madrileño instituto
Cardenal Cisneros, donde coincidió con algunos de los represaliados de la
posguerra, probablemente nunca contó esta historia antes de fallecer en 1949.
Habría sido una excepción en el silencio mantenido por quienes participaron en
la represión, pero en la medida de lo posible la reconstruiremos para
incorporarla a la nueva edición de Nos vemos en Chicote cuando se agoten
los ejemplares actualmente disponibles.
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