sábado, 4 de julio de 2026

Un TFM sobre el médico y periodista Francisco Colás


 Francisco Colás

Marina Muñoz Romero acaba de presentar en la UCLM su TFM titulado «Tras las huellas de Asmodeo: estudio de la vida y obra de Francisco Colás Ruiz de la Sierra (1898-1939», bajo la dirección de mi colega M.ª Asunción Castro. Gracias a la colaboración de ambas, el periodista y médico Francisco Colás contará con un capítulo en el cuarto volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores. Como complemento de la entrada publicada el pasado 9 de mayo, reproducimos a continuación un breve resumen del TFM que nos ha facilitado Marina Muñoz Romero y que próximamente aparecerá en el repositorio de la UCLM:


Francisco Colás Ruiz de la Sierra (Ciudad Real, 1898–1939) fue una de las primeras víctimas de la represión franquista en la provincia de Ciudad Real. Condenado a muerte por un consejo de guerra, se le acusó del delito de adhesión a la rebelión por haber sido director de prensa marxista y ejercer el cargo de secretario de propaganda de la Federación Provincial Socialista durante la Guerra Civil. Francisco Colás fue médico de profesión, aunque mostró interés por el periodismo desde temprana edad. Nació en Valverde, pedanía de Ciudad Real, en el seno de una familia burguesa y liberal, lo que le permitió formarse académicamente y conocer los privilegios de pertenecer a una clase social acomodada.

Francisco siguió los pasos de su padre y estudió la carrera de Medicina en la UCM, actual Complutense. A lo largo de su etapa universitaria, compaginó los estudios con el periodismo y la escritura, publicando artículos, poemas y relatos en revistas culturales de Ciudad Real y Madrid. El joven poeta se inició en el republicanismo y el regionalismo manchego. En sus crónicas criticaba el turnismo, la crisis política y la hipocresía de la Iglesia en una defensa de la clase trabajadora del campo, abandonada por las élites políticas. Influido por las lecturas de Karl Marx y la Revolución rusa de 1917, se identificó pronto con el pensamiento marxista, alineado con un profundo sentimiento humanista.

En 1921 terminó la carrera y volvió a Ciudad Real, donde empezó a trabajar en la Casa de Socorro. Allí continuó colaborando en revistas y periódicos locales, formando parte de los círculos culturales e intelectuales de la ciudad como uno de sus miembros más jóvenes. Los años de la dictadura de Primo de Rivera fueron un punto de inflexión para su trayectoria política. Ilusionado en un primer momento, como tantos otros, por el fin de la crisis de la Restauración y las promesas de acabar con el caciquismo, fue concejal en el ayuntamiento ciudadrealeño desde principios de 1924, aunque permaneció solo un año en el cargo. Sin embargo, con el tiempo terminó por ser una de las principales voces de oposición al directorio militar.

Entre 1927 y 1928 se afilió al PSOE. En aquellos años, surgió en la capital manchega un movimiento de línea intelectual que reunió a socialistas y republicanos de la provincia con el objetivo común de poner fin a la dictadura y a la monarquía. Una de sus tácticas propagandísticas fue la creación de la revista Libertad (1930-1931), un semanario político de debate y actualidad dirigido por Francisco Colás. En ella adoptó el seudónimo Asmodeo, con el que firmaría a partir de entonces y que se hizo conocido entre los círculos obreros.

Durante la II República, fue presidente de la recién constituida Federación Socialista Provincial hasta agosto de 1932 y dirigió el periódico de la Agrupación Socialista, Clamor (1932-1934). La huelga general de octubre de 1934 también tuvo repercusión en Ciudad Real y conllevó la detención de dirigentes políticos y sindicalistas, varios de los cuales formaban parte del equipo de redacción del periódico. La Casa del Pueblo fue clausurada y, aunque no fue detenido, Colás se alejó del foco de atención durante los siguientes dos años. Incluso, parece ser que estuvo una temporada trabajando fuera de la ciudad.

El triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 trajo de vuelta a los compañeros y la vida en la ciudad retornó a su estado anterior, aunque por poco tiempo. La sublevación del 18 de julio apenas tuvo repercusión directa en Ciudad Real, salvo por un altercado con los dirigentes de Falange, que se saldó con varios heridos y un muerto. La provincia manchega se mantuvo en el territorio republicano hasta el final de la contienda y se vivió un conato de revolución social impulsado por los partidos obreros y sindicatos de la región. Desde los primeros días de la guerra, Paco Colás estuvo al frente de la dirección de El Pueblo Manchego (1911-1937), único periódico en funcionamiento en aquellos momentos. De línea marcadamente conservadora y católica, fue fundado por la aristocracia y el obispado de Ciudad Real, y lo adquirió la CEDA de Gil Robles en 1932.

Bajo la nueva la dirección, el diario se convirtió en portavoz del gobierno de la República y de las autoridades del Frente Popular, publicando partes de guerra y ejerciendo una función propagandística. Tras el cese de la publicación en junio de 1937, siguió editándose Avance (1937-1939), que nació como diario de unificación marxista y terminó convirtiéndose en el medio del PSOE y la UGT. Colás se convirtió en su director en septiembre de 1938, después de que el director fuera llamado al frente, cargo que desempeñó hasta el final.

Durante los tres años de guerra tuvo distintas responsabilidades: dirigió el principal medio de información de la provincia; formó parte del comité de enlace entre los socialistas y comunistas, participó en comisiones de depuración y fue secretario de propaganda de su partido. También intervino en mítines, dio discursos por radio y escribió diariamente artículos dirigidos a la población de la retaguardia. De este modo, se convirtió en una voz de referencia contra el fascismo y los militares sublevados, hasta el punto de recibir amenazas de Gonzalo Queipo de Llano. Al mismo tiempo, siguió ejerciendo su profesión como médico en el hospital, donde también tuvo cargos de dirección.

El final de la guerra le encontró en Ciudad Real junto a su esposa y a su hijo pequeño. Fue detenido el 5 de abril, pocos días después de que las tropas franquistas hubieran entrado en la ciudad. Rápidamente fue juzgado por un consejo de guerra que le condenó a la más alta pena por los cargos políticos ejercidos, ser un destacado dirigente socialista y dirigir prensa “roja”. Aunque declaró haber ayudado a compañeros y personalidades de derechas durante la guerra, sus declaraciones públicas contra el Movimiento Nacional determinaron su final. Un mes después, Francisco Colás Ruiz de la Sierra fue ejecutado en Ciudad Real el 5 de mayo de 1939 con cuarenta años, siendo uno de los primeros de las casi mil personas que serían condenadas a muerte solo en la capital. Un ejemplo más de la represión ideológica ejercida por el régimen franquista en su proceso de instauración de la dictadura mediante el terror y la eliminación de quienes consideraba sus enemigos políticos.

 


jueves, 2 de julio de 2026

Antonio de Hoyos y Vinent y la FAI


 Antonio de Hoyos y Vinent. Procedencia de la foto: luisantoniodevillena.es

Los literatos escriben sobre sus colegas y la propia literatura. La actividad es tan habitual como interesante para quienes en la universidad nos dedicamos a los estudios literarios. Siempre que contemos con el testimonio o la valoración crítica de un escritor, debemos tener en cuenta lo escrito e incorporarlo a la bibliografía consultada.

El problema, a veces, es el cuestionable rigor de esos textos. Al igual que ocurre en el ámbito universitario, encontramos algunos testimonios o comentarios donde parece no haber límites entre lo imaginado y lo analizado con el apoyo de alguna prueba. Las consecuencias suelen ser menores, pero en otras ocasiones esa imaginación no sujeta a la metodología académica contribuye a desvirtuar la imagen de la obra o el escritor objeto del comentario.

Luis Antonio de Villena merece todos mis respetos y he leído con interés algunos de sus trabajos sobre la literatura española del primer tercio del siglo XX. Sin embargo, al igual que otros colegas, muestra una relativa predisposición a ser imaginativo a la hora de perfilar los retratos de los escritores incorporados a sus libros como protagonistas de aquel mundo literario.

Un ejemplo es Antonio de Hoyos y Vinent, de cuya suerte procesal hasta su fallecimiento me ocupo en La colmena (2026, pp. 237-252). Al leer el capítulo que Luis Antonio de Villena le dedicó en Corsarios de guante amarillo. Sobre el dandismo (Madrid, Valdemar, 2003, pp. 117-126) encuentro una referencia sorprendente.

Según el especialista en el dandismo, «alguien» vio a Antonio de Hoyos y Vinent con «la insignia de la FAI prendida a una tenue de perfecto y atildado sportmen» (pp. 124-5). Luis Antonio de Villena podría haber citado la procedencia del testimonio para su verificación. No lo hace y el argumento de autoridad lo remite a «alguien» dando a entender que Antonio de Hoyos y Vinent exhibía una vinculación con la FAI.

La lectura de los numerosos artículos publicados por el dandi durante la Guerra Civil contradice esa supuesta vinculación con los más extremistas del movimiento anarquista. Lo declarado durante el consejo de guerra aleja todavía más cualquier sospecha en este sentido y hasta nos muestra una imagen distinta de la recreada por el especialista en los dandis.

Los artículos recopilados en el citado libro de Luis Antonio de Villena fueron escritos hace más de veinte años. No podían, por lo tanto, incluir lo publicado mucho después. El problema es que ese «alguien» probablemente solo estuvo pendiente de la ficción para crear una imagen a conveniencia de un «incendiario» Antonio de Hoyos y Vinent, que de por sí era un sujeto digno de una recreación literaria por sus singularidades biográficas.

Las tuvo, y en abundancia, pero en las mismas no me consta que figurara una vinculación con la FAI a tenor de la documentación procesal y, lo que es más decisivo en este sentido, a la vista de lo publicado en la prensa durante la Guerra Civil. Conviene, por lo tanto, ser prudentes en la caracterización de un sujeto histórico, aunque la realidad documentada nos estropee un relato a conveniencia como los propios de la ficción literaria.


martes, 30 de junio de 2026

César Mariano Calderón Pérez, un periodista declarado en rebeldía mientras estaba encarcelado


 Archivo General e Histórico de Defensa

Ayer el AGHD me remitió la copia digital del sumario 48041 cuyo único procesado es el periodista César Calderón Pérez. Al examinarlo, comprobé que el mismo era un funcionario del Canal de Lozoya que también trabajó durante la guerra como corresponsal en los frentes para los diarios La Libertad y El Liberal.

El 7 de septiembre de 1939, el auditor mandó instruir el sumario 48041 al Juzgado Permanente n.º 4 de Funcionarios. También podría haberlo remitido al Juzgado Militar de Prensa, pero prevaleció el criterio de ser un funcionario y, sobre todo, se tuvo en cuenta que todas las denuncias procedían de compañeros de trabajo en el Canal de Lozoya.

Los denunciantes presentan a César Calderón Pérez como capitán de las milicias, agente del SIM y «enemigo de toda persona de orden y de derechas». Nadie presenta las correspondientes pruebas. Tal y como era preceptivo en estos casos, las fichas de las denuncias debían ser ratificadas mediante declaración en el juzgado. Así se hizo en septiembre de 1939, empeorando todavía más la caracterización del encausado.

El 12 de septiembre de 1939, el Canal de Lozoya remite al juzgado un informe indicando que César Calderón Pérez se encontraba en un campo de concentración de Argelia y que el 23 de agosto había sido separado definitivamente del servicio con pérdida de todos sus derechos y subsiguiente baja en el escalafón del cuerpo al que pertenecía.

El 15 de diciembre de 1939, la jefatura provincial de FET y de las JONS le acusa de escribir «artículos canallescos» en la prensa republicana. Le considera, por lo tanto, «un indeseable y elemento peligroso» para el Glorioso Movimiento Nacional.

El 2 de enero de 1940, la Dirección General de Seguridad informa al juez que César Calderón Pérez «se marchó a Francia unos tres o cuatro meses antes de la liberación de esta capital». La circunstancia parece contradictoria con lo afirmado por el Canal de Lozoya, pero el juez instructor, tras publicar las correspondientes requisitorias en la prensa, el 6 de febrero de 1940 considera al encausado en rebeldía procesal. El 19 del mismo mes el caso resulta sobreseído tras el acuerdo adoptado tres días por el auditor. Finalmente, el 7 de junio de 1944 el sumario queda archivado.

La documentación de los consejos de guerra de periodistas y escritores está plagada de errores. Si vamos a las páginas de La Libertad y El Liberal, comprobamos que César Calderón Pérez era en realidad César Mariano Calderón Pérez, corresponsal de guerra especialmente activo durante los primeros meses de la misma. Su nombre, César M. o César Mariano, también figura como redactor de La Libertad (19-VI-1937 y 24-X-1937).

La sorpresa viene cuando, en vez de creernos lo dicho por los responsables del Canal de Lozoya o la Dirección General de Seguridad, vamos al listado de sumarios del AGHD. Allí comprobamos que supuestamente hay dos procesados que responden a los apellidos Calderón Pérez, uno es César y otro César Mariano.

En realidad, son la misma persona y, lo más sorprendente, cuando en el sumario consultado le declaran en rebeldía por creerle exiliado, el encausado ya había sido condenado en el sumario 38811, que sería el prólogo de un largo caminar por el TERMC y el TNRP hasta que el periodista fuera indultado tras recibir una descomunal multa nunca pagada por ausencia de bienes.

A la espera de recibir la copia digital del sumario 38811, probablemente instruido en el Juzgado Militar de Prensa, solo cabe señalar el caos de la jurisdicción militar de la época. La declaración como rebelde, por permanecer en el exilio, de quien estaba condenado y encarcelado en la misma ciudad de Madrid merece una reflexión.

Los documentos son imprescindibles para la labor de los historiadores, pero mienten a menudo, tergiversan la realidad o simplemente evidencian las graves carencias de quienes emprendieron una labor represiva sin un mínimo de organización o cualificación, al menos a la vista del error aquí señalado. Otros muchos ya han sido explicados a lo largo de la tetralogía cuyo tercer volumen, La colmena, se pondrá a la venta el próximo 6 de julio.

 


viernes, 26 de junio de 2026

Objetivo cumplido: la tetralogía sobre los consejos de guerra


El azar propicia que en algunas ocasiones las buenas noticias se acumulen en una misma jornada. Ayer, a primera hora de la mañana, terminé de preparar el original de un libro colectivo, Cinefilia y memoria, escrito en colaboración con varios colegas y amigos que han dado testimonio de su amor al cine como ejercicio de la memoria. Si todo discurre con normalidad, el libro aparecerá publicado a mediados o finales del próximo curso.
Poco antes del mediodía, me llamaron del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante para comunicarme la llegada de los primeros ejemplares de La colmena, el tercer volumen de los dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores. El libro se pondrá a la venta el próximo 6 de julio y para esa fecha toda la información bibliográfica del mismo constará en la web consejosdeguerra.es. La promoción la posponemos hasta septiembre porque julio es un mal mes para esta labor, al menos en lo que respecta a las presentaciones.
También ayer, por el azar al que antes me refería, imprimí el cuarto volumen de la tetralogía: Final de trayecto, del cual os paso el índice que todavía podría sufrir alguna variación:


En 2022, después de publicar Los consejos de guerra de Miguel Hernández (Ministerio de Defensa-UA), me propuse la tarea de testimoniar todos los procesos seguidos por entonces contra los periodistas y escritores vinculados con la causa republicana. La tarea, en opinión de los colegas, era una locura, sobre todo para alguien cercano a la jubilación. Tenían razón, pero la salud y el ánimo me han acompañado durante estos cuatro años, tres volúmenes ya están publicados y el cuarto, con el que cerraré mi producción como investigador, aparecerá a lo largo del curso 2027-2028, el de mi jubilación.
Hace mucho tiempo vi por primera vez She Wore Yellow Ribbon (1949), del maestro John Ford. Por entonces admiré este western como tantos otros que me han apasionado a lo largo de mi experiencia de espectador. La película aquí titulada La legión invencible por culpa de algún iluminado la volví a ver cuando ya había cumplido los sesenta. Ese día comprendí que el capitán Nathan Cutting Brittles interpretado por John Wayne es un ejemplo a seguir en materia de jubilación. Así lo he hecho, sin necesidad de enfrentarme a los indios y con el debido reposo, pero con la obligación de trabajar duro hasta el último día de una trayectoria de más de cuarenta años al servicio de la universidad, que es un destino más llevadero que el de la caballería en el Oeste.
Bromas aparte y con el guiño de sentirme como el protagonista de la citada película, el objetivo está alcanzado porque mis indios particulares han vuelto a la reserva en son de paz y sin ser humillados. Tres volúmenes editados y el cuarto redactado permitirán recuperar el testimonio de tantos periodistas y escritores que sufrieron una durísima persecución por el supuesto delito de ejercer la libertad de expresión. Ellos han sido el verdadero motor para escribir unas mil quinientas páginas en cuatro años. De algo me habrá valido mantener, llegada la senectud, la condición de admirador de John Ford.

lunes, 22 de junio de 2026

Guerra total en torno a Guerra total


 Manuel Chaves Nogales

Hace unos días recibí un correo de mi amigo y editor Abelardo Linares donde adjuntaba una serie de enlaces a diferentes artículos relacionados con la reciente publicación de Guerra total, una colección de narraciones atribuidas a Manuel Chaves Nogales por quien también incluye en la edición de Renacimiento un extenso epílogo para justificar esta atribución que, al parecer, está resultando controvertida.

Estas polémicas son saludables en la medida que ayudan a esclarecer el motivo de las mismas, pero a menudo derivan en unos alicortos enfrentamientos personales que solo interesan a quienes participan con un intercambio de textos donde abundan las alusiones personales y las «puyas» propias de unos duelos con unos protagonistas progresivamente solos y abocados a darse alguna «calabazada».

La atribución de los referidos textos a Manuel Chaves Nogales carece de «la pistola humeante», pero me parece justificada y plausible a la espera de que otros colegas puedan aportar más datos. Si se expresan en los términos utilizados por mi maestro Andrés Amorós, las dudas con respecto a esa atribución suponen un acicate para ahondar y matizar, dos tareas imprescindibles en cualquier estudio filológico. Otros artículos, con descalificaciones, remiten a enfrentamientos que desconozco y que tampoco deseo conocer.

Tal y como apunté en una entrada anterior, podría participar en esta polémica aportando algún dato y hasta hipótesis basadas en mis años enfrascado en el estudio de los consejos de guerra seguidos contra escritores y periodistas. De hecho, algunas de las reticencias mostradas por quienes dudan o se oponen a la atribución de los textos a Manuel Chaves Nogales pueden quedar despejadas al observar circunstancias análogas que afectaron a varios de sus colegas cuando afrontaron los sumarísimos de urgencia.

Me niego a participar, por ahora, en esta polémica. La razón básica es fácil de entender: lo primero es disfrutar con los textos rescatados del olvido por Abelardo Linares y puestos a disposición de los lectores en una edición que cuenta con el prólogo de otro amigo, Ignacio Martínez de Pisón.




Tanto Ignacio como yo somos partidarios del disfrute literario y poco amigos de los enfrentamientos con tintes personales. Ambos hemos tenido la oportunidad de leer unos textos magníficos, sean o no de Manuel Chaves Nogales, y siempre cabe agradecerlo invitando a otros lectores para compartir un momento que nos remite a la mejor narrativa de esa época tan dramática.

Tiempo habrá de polemizar o, mejor, intercambiar pareceres. Lo primero es disfrutar y agradecer que, si los textos son del periodista sevillano, contamos con nuevos motivos para situarle entre los mejores y, si prevalece una opción distinta, también cabe felicitarse porque Manuel Chaves Nogales dista mucho de ser un fenómeno aislado.

Dejemos que la polémica transcurra por cauces más sosegados. Mientras tanto, disfrutemos con una lectura que destaca entre tanto texto propagandístico o sujeto a las urgencias del momento. En mi opinión, Guerra total es un ejemplo de buena narrativa con independencia de cualquier autoría. Merece nuestra atención y antes o después llegará el momento, cuando se haga una edición crítica, de ponderar razones a favor de las distintas opciones. La tarea requerirá mesura, conocimiento y desapasionamiento.


miércoles, 17 de junio de 2026

El adiós de un maestro, Carlo Ginzburg


 

Los días perfectos son una quimera o solo pertenecen al ámbito de la ficción. Ayer se sucedieron las buenas noticias. Anales de Literatura Española mantuvo por tercer año consecutivo la máxima calificación, Q1, en el JCR de la Web of Science, me llegaron documentos para probar mi postura en una larga polémica y, sobre todo, terminé el borrador de casi trescientos folios de El final del trayecto, el volumen con el que culminaré la tetralogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores cuyo tercer volumen, La colmena, estará el 6 de julio en las librerías.

Justo cuando me disponía a apagar el ordenador después de una fructífera jornada de trabajo, me llegó a través de mi compañero Justo Serna la triste noticia del fallecimiento de Carlo Ginzburg (1939-2026), el maestro de tantos historiadores y el referente teórico para la citada tetralogía.

La muerte a los 87 años forma parte de lo previsible. Poco a poco nos vamos preparando para ese tránsito a la memoria, pero resulta difícil admitir el final de una trayectoria vital repleta de sabiduría compartida gracias a tantos libros y una incansable labor docente y divulgadora.

La prensa de ayer recogió la triste noticia en el rincón reservado a la gente sabia, cuyo protagonismo siempre es menor en comparación con tantos personajes zafios que pueblan la actualidad. En esas páginas algunos de mis compañeros y amigos, como Justo Serna, Gutmaro Gómez Bravo o Nicolás Sesma, fueron desgranando los motivos de tantos historiadores para sentirnos deudores del maestro fallecido.

Poco puedo añadir a las palabras más autorizadas que la mía para hablar de la aportación que supuso la obra de Carlo Ginzburg. Me remito a las mismas, pero quisiera testimoniar un agradecimiento concreto por la ayuda que uno de sus libros, Il giudice e lo storico. Considerazione in margine al processo Sofri (1991), ha supuesto para redactar el cuarto volumen de la referida tetralogía.

El final del trayecto termina con dos capítulos dedicados al error que siempre supone la judicialización de la Historia y a una abierta defensa de la libertad de cátedra en el marco de la libertad de expresión. Al redactarlos a partir de un caso concreto, siempre he tenido delante el citado libro de Carlo Ginzburg, que ha sido una orientación decisiva para encontrar la metodología capaz de afrontar la defensa de la Historia frente a cualquier intento de judicializar sus aportaciones.

Ahora, cuando llevo años cultivando la microhistoria que nos enseñó el sabio italiano, solo tengo palabras de agradecimiento por su magisterio. Y, por supuesto, asumo como tantos colegas el compromiso de seguir por la senda que trazó con sus libros desde los años setenta, cuando nos contó las andanzas ante la Inquisición de un molinero hasta entonces anónimo y ahora célebre.

Gracias, Carlo, por tu ejemplo, que hoy alumbra la tarea de tantos compañeros dispuestos a rescatar del anonimato a personajes como ese molinero porque, claro está, la historia va más allá de los grandes nombres.

domingo, 14 de junio de 2026

Nuestro compañero Antonio Plaza


 

A cierta edad, cuando la vejez ya forma parte del presente, la consulta de las redes sociales o el correo depara con frecuencia malas noticias. El bosque de nuestra juventud queda despoblado poco a poco y comprendes que tu suerte depende de un hilo, que cualquier día se rompe para pasar a ser memoria.

Nuestro compañero Antonio Plaza falleció el pasado 10 de junio. Lo supe al ver una foto suya, sonriente y joven, en su muro de Facebook, pero con el acompañamiento de un texto escrito por Mónica Plaza, que anuncia la triste noticia y la voluntad de homenajear al padre mediante la publicación de un libro dedicado a Luisa Carnés, la exiliada que casi descubrió Antonio Plaza gracias a décadas de investigaciones hasta convertirla en un referente de la narrativa del 27.

Nunca tuve la suerte de coincidir personalmente con Antonio Plaza, pero a lo largo de estos últimos años fueron frecuentes las consultas y el intercambio de información. Me sucede igual con otros compañeros distantes en lo físico, pero siempre próximos en el momento de colaborar en lo que, conviene saberlo, es una tarea colectiva para la recuperación de la memoria histórica.

Apenas cabe recordar ahora el rigor de los trabajos siempre bien documentados y atinados de Antonio Plaza. Ocasión habrá para hacerlo con la ayuda de voces más autorizadas. Sin embargo, quisiera testimoniar su generosidad a la hora de colaborar en cualquier tarea de investigación. Lo hacía con la sencillez y la claridad habituales en sus trabajos, que responden también a una voluntad docente que agradezco cuando tantos otros buscan la oscuridad de la pedantería.

Antonio Plaza era catedrático de la enseñanza secundaria. Uno de esos compañeros que, a pesar de la falta de reconocimiento social del colectivo y las precarias condiciones de su trabajo por el abandono que sufre la enseñanza pública, siempre encontró un tiempo para la investigación y la divulgación.

Mi admiración es total cuando observo una trayectoria como la de Antonio Plaza. La investigación en la universidad constituye un requisito viable, pero en la enseñanza secundaria supone una heroicidad sin apenas reconocimiento oficial. Sus protagonistas la emprenden con un justificado orgullo profesional, superando múltiples adversidades y dignificando, en definitiva, un cuerpo docente a menudo minusvalorado por las autoridades políticas.

Durante años también he compartido con Antonio Plaza la presencia en el catálogo de Renacimiento. Su hija Mónica anuncia un nuevo libro, probablemente en esa editorial, y sabe que cuenta con mi ayuda para publicarlo en fechas próximas. Por desgracia, sería mi último favor entre compañeros, pero también quedan sus monografías y las ediciones de Luisa Carnés, que releeré este verano para fortalecer la memoria de tantos olvidados y el vínculo con quienes, como Antonio, trataron de vitalizarla con su apasionada y brillante tarea investigadora.

viernes, 12 de junio de 2026

Miguel Hernández visto por Nieves Concostrina


 Nieves Concostrina

La tarea divulgativa de la historia que desde hace años viene realizando la periodista Nieves Concostrina goza de una magnífica acogida entre el público. Sus frecuentes intervenciones en la cadena SER, sus podcasts, las conferencias que imparte… siempre cuentan con una respuesta popular que sería la envidia de cualquier historiador.

Nieves Concostrina es una divulgadora que trabaja en los medios de comunicación, pero procura ampararse en la lectura de las investigaciones realizadas acerca de los temas abordados. Hace unas escasas fechas, la periodista dio de nuevo una muestra de su interés por Miguel Hernández y en esta ocasión editó el capítulo Acoso, agonía y muerte de Miguel Hernández en su podcast Cualquier tiempo pasado fue anterior, que cuenta con decenas de miles seguidores.

La periodista invitó a mi compañera Carmen Alemany, que volvió a demostrar la sabiduría y la pasión con la que siempre aborda la trayectoria biográfica y creativa del poeta. La podemos escuchar a través del siguiente enlace, al tiempo que así también agradezco el apoyo que Nieves Concostrina da a mis libros, en especial a Nos vemos en Chicote. Cada vez que cita sus títulos en la radio o en el citado podcast hay un aumento de las ventas y, aunque por fortuna mi economía no dependa de las mismas, siempre es un motivo de reconocimiento y estímulo para seguir con la tarea investigadora.

https://www.podiumpodcast.com/podcasts/todo-concostrina-playser-em/episodio/4972183/



martes, 9 de junio de 2026

Anales de Literatura Española alcanza el Q1 en el CiteScore de Scopus y en el Journal Citation Reports

Fiel a su cita semestral, Anales de Literatura Española acaba de publicar su número 45, que como corresponde a los editados en junio es de carácter misceláneo. Mientras el próximo monográfico ya está muy avanzado, hemos recibido la excelente noticia de que en los datos de 2025 de la métrica CiteScore de Scopus la revista ha alcanzado el Q1, culminando así una progresión iniciada en 2022 cuando por primera vez estuvimos en esta clasificación con un Q4.
A la espera de la confirmación que supondrán los datos del Journal Citation Reports (Web of Science) [por tercer año consecutivo ha mantenido el Q1], la revista cuyas riendas tomé en 2020 ha alcanzado todos los objetivos propuestos por el Consejo de Redacción. Desde entonces hemos publicado catorce números con casi doscientos artículos, pero sobre todo hemos adecuado a los tiempos la metodología del trabajo para convertir la revista en una plataforma útil al servicio de la difusión accesible y gratuita de la investigación universitaria.
Mi compromiso terminaba con el número 44, pero la feliz circunstancia de una baja maternal me ha obligado a prolongarlo hasta el 45. Si todo va según lo previsto, en septiembre u octubre, cuando vuelva mi compañera, daré el relevo en un paso más hacia mi jubilación.
Los años no pasan en balde. Los objetivos del curso están cumplidos. En julio llegarán los ejemplares del tercer volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores, mientras el cuarto está prácticamente redactado. Hace unas semanas el monográfico publicado en Don Galán recibió un importante premio del Ministerio de Cultura como parte de una trayectoria en la que he trabajado desde el principio. He mandado colaboraciones a tres homenajes a otros tantos compañeros que se jubilan, he entregado dos artículos que me solicitaron para unos monográficos y estoy pendiente de la publicación de diferentes trabajos ya finalizados. 
Me resulta difícil decir no a los compañeros, pero también es cierto que ahora, cuando voy a dedicar mis supuestas vacaciones de julio a presidir un tribunal de oposiciones y participar en otro de la UNED, el agotamiento llega como un recordatorio de que estoy cerca de la jubilación, que he pospuesto hasta junio de 2028 por circunstancias donde mi voluntad ha quedado relegada a un segundo plano.
 

sábado, 6 de junio de 2026

Miguel Hernández, periodista


 Joaquín Riera Ginestar

A raíz de la publicación de Los consejos de guerra de Miguel Hernández (2022), participé en varias presentaciones y me entrevistaron en distintos medios de comunicación. La conclusión recurrente, y llamativa para muchos, es que el poeta oriolano fue condenado fundamentalmente por su actividad periodística durante la Guerra Civil.

Los miembros del Cuerpo Jurídico Militar apenas precisaban de argumentos jurídicos para dictar las condenas, pero la ficción literaria encajaba mal con el omnipresente delito de la rebelión militar. He analizado casos donde las obras literarias fueron pruebas de cargo. Incluso la versión de un clásico como Fuenteovejuna en el sumario de Diego San José. Sin embargo, las acusaciones buscaban preferentemente las colaboraciones en la prensa republicana durante la guerra.

Al margen del carácter y la frecuencia de esas colaboraciones, la doctrina nunca explicitada en términos jurídicos era considerar toda la prensa republicana como propaganda destinada a la resistencia frente al Glorioso Movimiento Nacional. Así, con esa lógica del vencedor, la colaboración en la misma se convertía en un acto de guerra o en una «rebelión», de acuerdo con los criterios de una justicia al revés como reconociera Ramón Serrano Suñer al cabo de los años.

El ejemplo de Miguel Hernández es paradigmático en este sentido. Tanto los instructores del Juzgado Militar de Prensa como el tribunal que le condenó sabían de su relevancia como poeta. Sin embargo, su poesía nunca se convierte en una prueba de cargo. Ni siquiera aparece recopilada en los dos sumarios.

La situación cambia cuando nos referimos a sus colaboraciones en las publicaciones destinadas a levantar la moral de los milicianos. A pesar de que los militares las desconocen en su inmensa mayoría, el argumento pasa por convertirlas en un acto de resistencia de quien participó en las tareas propagandísticas desarrolladas cerca de varios frentes de batalla.




Joaquín Riera Ginestar ha preparado una edición de los treinta cinco textos publicados entre 1937 y 1938 que configuran la aportación de Miguel Hernández a las tareas periodísticas en los frentes de batalla. El trabajo se suma a la reciente biografía publicada por Mario Amorós y prueba de nuevo el grado de compromiso del poeta con la causa republicana.

Las circunstancias de salud de Miguel Hernández le llevaron a interrumpir esta tarea antes de finalizar la guerra, pero mientras estuvo sano el poeta optó por permanecer cerca de la noticia, participar de las inquietudes de los milicianos y proporcionarles unos contrastados testimonios.

No cabe hablar estrictamente de un Miguel Hernández periodista. Ni siquiera buscó entrar en alguna redacción cuando necesitaba un trabajo remunerado en el Madrid anterior a la guerra. Sin embargo, todo cambió a partir del 18 de julio de 1936 y, como en otras ocasiones, el poeta estuvo a la altura de las circunstancias, que le llevaron a una prosa destinada a la «agitación y propaganda», pero respetuosa con la calidad habitual en sus creaciones literarias.

Joaquín Riera Ginestar, además de la edición de los textos (Madrid, Alianza, 2026), aporta un extenso prólogo sobre la trayectoria de Miguel Hernández, especialmente durante la guerra y su posterior paso por las cárceles franquistas. Al igual que sucediera con la biografía publicada por Mario Amorós -véanse las entradas del 18 y 21 del pasado mes de mayo-, la citada edición de los sumarios del poeta ha sido una referencia para la redacción del prólogo. Me alegra haber ayudado en una tarea culminada por Joaquín Riera Ginestar con la pasión de quienes se acercan a la trayectoria y la obra del poeta.

Miguel Hernández nunca deja indiferentes a sus lectores. Tampoco a quienes abordan una trayectoria biográfica tan intensa como breve. Así se justifica una bibliografía que no para de aumentar con aportaciones que, como la de Joaquín Riera Ginestar, facilitan el acceso a unos textos dispersos y desconocidos por quienes instruyeron los sumarios y le condenaron.

Los textos recopilados en esta edición habrían sido la más contundente prueba de cargo para condenarlo a muerte, pero bastaron hechos de «escasa trascendencia», como reconocieran los propios militares, para llegar a esa misma condena. Al fin y al cabo, sabían quién era Miguel Hernández y eso les bastaba para inventar un delito de rebelión militar. Ramón Serrano Suñer lo reconoció. Otros menos lúcidos, casi todos, callaron.


miércoles, 3 de junio de 2026

La necrológica del auditor-jefe Ángel Manzaneque Feltrer


 ABC, 3 de abril de 1949, pág. 23

La prensa del franquismo es una fuente inagotable de información acerca de un régimen que mantuvo muchos silencios gracias a la censura imperante desde los tiempos de la guerra, pero también mostró con orgullo a sus protagonistas, aunque fueran los responsables de una represión totalmente ocultada más allá de los primeros meses, cuando menudeaban las noticias de detenciones, procesamientos y ejecuciones, siempre en letra pequeña y en notas marginales.

Los archivos públicos aportan la información fundamental y casi siempre más fiable, pero la prensa la completa con notas que permiten mejorar en la medida de lo posible el sintetizado perfil biográfico de personajes históricos verdaderamente importantes, aunque caídos en el olvido más allá de la memoria de los círculos familiares.

Así actué en casos como los del juez Manuel Martínez Gargallo, el titular del Juzgado Militar de Prensa, o el comandante Pablo Alfaro, el presidente del tribunal que condenó a Miguel Hernández y otros escritores o periodistas represaliados. Ahora, de cara al cuarto volumen de la tetralogía dedicada a estos consejos de guerra, estoy reconstruyendo la trayectoria pública de Ángel Manzaneque Feltrer, coronel del Cuerpo Jurídico Militar y auditor-jefe del Ejército de Ocupación durante la inmediata posguerra, el período de mayor represión.

Al margen de la documentación solicitada al Centro Documental de la Memoria Histórica, de Salamanca, acabo de localizar en la hemeroteca de ABC la necrológica del auditor, concretamente en la página 23 del número correspondiente al 3 de abril de 1944. El texto es el siguiente:

«Ayer falleció en Madrid, el coronel retirado del Cuerpo Jurídico Militar don Ángel Manzaneque Feltrer. Destinado en Zaragoza en julio de 1936, se sumó desde el primer instante al Alzamiento Nacional, redactó el bando de declaración del estado de guerra y puso su gran inteligencia, su extraordinaria actividad y su caballerosidad sin tacha al servicio de España. Como auditor-jefe del Ejército de Ocupación, desempeñó su cometido con una ponderación y un acierto realmente notables».

Aparte de la cuestionable «ponderación» en el momento más álgido de la represión y desde un destino clave para la misma, la necrológica permite saber que el coronel Ángel Manzaneque Feltrer fue el redactor del bando de guerra, una noticia que hasta el presente no me constaba y que tampoco he visto reflejada en los numerosos libros donde dicho bando aparece.

La necrológica se completó con una nota publicada en el mismo periódico el 8 de abril de 1949, en la página 18. Allí se indica que el funeral por el alma del auditor-jefe tuvo lugar ese día en la madrileña iglesia de Santa Bárbara. Nada se dice de las almas que pasaron por su firma de oficial del Cuerpo Jurídico Militar diez años antes, nunca tuvieron un funeral y acabaron en fosas comunes. En 1949, la Historia solo la escribían los vencedores, también en la prensa.


sábado, 30 de mayo de 2026

El procesamiento del escenógrafo José María Torres García


 Cartel de Nuestro culpable (1937), de Fernando Mignoni

A partir del análisis de decenas de sumarios instruidos por el Juzgado Militar de Prensa, una conclusión corroborada por los instruidos en otros órganos de la jurisdicción militar es que la colaboración en la prensa republicana durante la guerra supone un acto de resistencia al Glorioso Movimiento Nacional y, por lo tanto, es merecedor de un procesamiento en consejo de guerra para una condena tipificada como delito de rebelión militar.

La web consejosdeguerra.es recopila noventa y siete casos y en fechas próximas se sumarán otros todavía pendientes de análisis. La muestra parece representativa si tenemos en cuenta que el colectivo de periodistas y escritores procesados en consejos de guerra apenas supera los ciento cincuenta, aproximadamente.

Ahora bien, las conclusiones acerca de un colectivo de víctimas deben ser contrastadas con el análisis de casos de otras víctimas que, formando parte de diferentes colectivos, también realizaron tareas de propaganda o creación relacionables con la citada resistencia.

Este objetivo nos puede llevar a distintos ámbitos como el cine, el teatro, la música, los espectáculos de variedades… La muestra resulta potencialmente amplia y variada, pero al menos cabe recurrir a algunos ejemplos para calibrar la fiabilidad obtenida con las conclusiones del colectivo de escritores y periodistas.

La tarea ya la he iniciado con vistas al cuarto volumen, Al final de la trayectoria, de la tetralogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores, cuya publicación está prevista para el curso 20272028. Uno de los primeros ejemplos es el procesamiento en dos sumarísimos de urgencia (AGHD, 19132 y 24022) del escenógrafo granadino José María Torres García (1887-1973).

Desde mediados de los años veinte, el escenógrafo participó en distintas películas de Fernando Delgado y José Buchs. En 1931, fue contratado por los estudios CEA como diseñador y constructor de escenarios. José María Torres García era por entonces un socialista que trabajaba también como secretario de Fernando de los Ríos y funcionario del Registro de la Propiedad Industrial del Ministerio de Industria y Comercio. El pluriempleo, mal pagado, no le impidió realizar su tarea artística y en 1935 entró a trabajar en Filmófono, que bajo la dirección de Luis Buñuel siguió unas directrices acordes con el espíritu republicano.

Una vez iniciada la guerra, el escenógrafo se afilia al PCE y colabora en dos cortometrajes propagandísticos del también comunista Antonio del Amo: Industria de guerra y Mando único. Más adelante, José María Torres García se afilia al Sindicato de Espectáculos de la CNT y participa en el rodaje del film Nuestro culpable, de Fernando Mignoni y con una producción del citado sindicato.




Dada su afiliación política, admitida por el procesado en las declaraciones de los sumarios, y su participación en actividades propagandísticas cabría esperar que un consejo de guerra dictara contra él una sentencia acusándolo del delito de rebelión. La realidad es bien distinta. José María Torres García fue apartado de su puesto en el ministerio y nunca volvió a participar en un rodaje, pero su caso fue sobreseído en ambos sumarísimos de urgencia, resultó absuelto por el Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas y ni siquiera le procesó el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, a pesar de su militancia y de haber sido acusado por testigos como antiguo masón.

La sorprendente circunstancia, a la luz de lo sucedido en el Juzgado Militar de Prensa, se completa con la nula voluntad de investigar las actividades creativas o propagandísticas del escenógrafo. Ni siquiera le preguntan al respecto en el Juzgado Militar de Funcionarios o en el Juzgado Permanente de la Causa General, donde fueron instruidos los citados sumarios.

El caso de José María Torres García merece un detenido análisis que también aborde lo sucedido con el cineasta Antonio del Amo. El futuro director de las películas protagonizadas por Joselito cuenta con una amplia bibliografía, pero sin que me conste en la misma un análisis de su procesamiento en consejos de guerra (AGHD, 24557 y 29399) antes de ser indultado por el TNRP (CDMH, 75/00970) y una comprobación de la relación mantenida con Rafael Gil. Las historias aleccionadoras también merecen una comprobación documental.

Pdta.: Durante el mes de mayo de 2026, el blog ha alcanzado su récord de visualizaciones con 19311. Os agradezco vuestra atención y refuerzo mi compromiso de seguir publicando nuevas entradas relacionadas con mis actividades docentes e investigadoras.

miércoles, 27 de mayo de 2026

La fecha del nacimiento de Antonio de Hoyos y Vinent


 Antonio Hoyos y Vinent

La bibliografía sobre Antonio de Hoyos y Vinent siempre ha dado como fecha de nacimiento del escritor y periodista el 2 de mayo de 1884. Mi colega y buen amigo Eduardo Pérez Rasilla me informa de que el dato es incorrecto a la luz de la documentación consultada en el Archivo Histórico Nacional para la preparación de su edición crítica de La vejez de Heliogábalo en la editorial Amarillo. La verdadera fecha del nacimiento es el 3 de mayo de 1882. La corrección ya está hecha en las anteriores entradas de este blog dedicadas al aristócrata de fatal destino en las cárceles de la Victoria.



Eduardo Pérez Rasilla

La corrección, por desgracia, no ha llegado a tiempo para ser incluida en el capítulo «El destino trágico de un dandi: Antonio de Hoyos y Vinent», incluido en La colmena (pp. 237-252), el tercer volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores. El mismo ya se encuentra en la imprenta con una portada dedicada a la memoria del dibujante José Robledano y, si todo va según lo previsto, los ejemplares estarán en las librerías a lo largo del próximo mes de junio.



Agradezco a Eduardo Pérez Rasilla la información facilitada y, a la espera de poder reseñar en este blog su próxima edición de la citada novela de Antonio de Hoyos y Vinent, reitero mi disposición a utilizar este recurso para aportar datos sobre los consejos de guerra de periodistas y escritores que, si nada lo impide, a finales de 2027 o principios de 2028 tendrán el cuarto volumen de la tetralogía iniciada con Las armas contra las letras (más información en la web consejosdeguerra.es).


sábado, 23 de mayo de 2026

La depuración del coronel auditor Ángel Manzaneque Feltrer


 Sede del ICAM. Fuente: Wikipedia

La inclusión de numerosos personajes históricos en Nos vemos en Chicote (2015) me obligó a sintetizar la trayectoria de la mayoría. En el caso del coronel auditor Ángel Manzaneque Feltrer (Madrid, 1893-1949), presente en los sumarios analizados en mis posteriores libros dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores, me limité a dar cuenta de unos meros apuntes entre las páginas 156-158.

El coronel auditor en la reserva desde el 22 de enero de 1942, después de desempeñar una intensa tarea en el Cuerpo Jurídico Militar durante la posguerra, merece un estudio más detenido de cara a una posible cuarta edición del citado libro. Con tal motivo, he encontrado una documentación capaz de probar el grado de represión de aquellos años, que afectó hasta los propios responsables de la misma.

El coronel auditor fue depurado como abogado colegiado en Madrid y procesado por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC), según la documentación depositada en el Archivo Histórico del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (AHICAM) y el Centro de Documentación de la Memoria Histórica.

A la espera de las solicitadas copias del CDMH, gracias a la digitalización y acceso libre de los fondos documentales del AHICAM sabemos que Ángel Manzaneque Feltrer ingresó en el mismo el 22 de agosto de 1924, cuando contaba con treinta y un años y estaba domiciliado en la capital (caja 348, exp. 10820). Dada su vinculación con el Cuerpo Jurídico Militar, parece improbable que ejerciera como abogado a partir de esa fecha, pero llegada la posguerra debió superar la depuración profesional al igual que todos sus colegas.



Fuente: AHICAMNos vemos

De acuerdo con el documento aquí reproducido, el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid certifica que Ángel Manzaneque Feltrer fue depurado con todos los pronunciamientos favorables el 6 de febrero de 1942, es decir, pocos días después de pasar a la reserva y cuando pretendería, supongo, ejercer la abogacía en el ámbito civil (AHICAM, exp. 2634).

La fecha del documento es tardía para una depuración profesional, pero la misma suponía un requisito para el ejercicio de la abogacía del que ni siquiera estaba excluido quien desempeñó las más altas funciones en la represión de los vencidos durante la inmediata posguerra.

Ángel Manzaneque Feltrer se encaminaba a los cincuenta años, había prestado sus servicios al Glorioso Movimiento Nacional, desde que el 7 de noviembre de 1936 formara parte del grupo adscrito al Cuerpo Jurídico Militar destinado a participar en la por entonces prevista toma de Madrid (BOE, 7-XI-1936), y había llegado el momento de rentabilizarlos en una ocupación más tranquila sin descartar la posibilidad de convertirse en abogado defensor de los consejos de guerra. No habría sido el único, según contara Albert Boadella en Memorias de un bufón (2001) con motivo de su procesamiento por la jurisdicción militar.

La circunstancia de este paso a lo civil es tan legal como habitual entre los protagonistas de la actividad represiva durante la posguerra. Lo sorprendente es que, incluso quien había decidido el destino de tantos represaliados en Madrid hasta el 27 de agosto de 1939 (BOE, n.º 239), debiera someterse por imperativo legal a un proceso de depuración tras haber pasado por el TERMC (CDMH, fichero 77, documento 2716930).

La consulta de este documento alumbrará nuevas circunstancias que completaremos con otros ya solicitados. Por lo pronto, sabemos que, si hubo censores censurados como el novelista Wenceslao Fernández Flórez, también contamos con la depuración de los depuradores en un clima obsesivo en materia de represión.

El alumno del madrileño instituto Cardenal Cisneros, donde coincidió con algunos de los represaliados de la posguerra, probablemente nunca contó esta historia antes de fallecer en 1949. Habría sido una excepción en el silencio mantenido por quienes participaron en la represión, pero en la medida de lo posible la reconstruiremos para incorporarla a la nueva edición de Nos vemos en Chicote cuando se agoten los ejemplares actualmente disponibles.



miércoles, 20 de mayo de 2026

Un poeta en la historia, de Mario Amorós (y II)


Mario Amorós en la presentación que tuvo lugar en Orihuela

Con el objetivo de completar la entrada del pasado día 18 y colaborar en la difusión de la magnífica biografía de Miguel Hernández escrita por Mario Amorós, os paso los enlaces de nuevas entrevistas concedidas a los medios de comunicación y, muy especialmente, la grabación de la presentación del libro que tuvo lugar el día 19 en la Sede de la Universidad de Alicante con la presencia de mis compañeros José Carlos Rovira y Carmen Alemany. El acto académico desbordó los límites habituales de una presentación y constituyó una verdadera lección de los participantes en la mesa acerca de la trayectoria biográfica y creativa del poeta oriolano.





domingo, 17 de mayo de 2026

Un poeta en la Historia, de Mario Amorós (I)


 Mario Amorós

La Historia está en permanente construcción. Sin necesidad de citar a los clásicos de la historiografía moderna, quienes nos dedicamos profesionalmente a esta tarea sabemos que nuestras aportaciones son un eslabón en una cadena donde otros colegas pueden ampliar, refutar o confirmar lo establecido gracias a nuevos documentos, testimonios o cualquier fuente hasta entonces desconocida.

Los consejos de guerra de Miguel Hernández no constituyen una excepción en el propósito colectivo de acercarnos lo más posible al conocimiento de lo sucedido. En 2022, con motivo de la edición facsímil de los sumarios del poeta en colaboración con el Ministerio de Defensa, tuve la oportunidad de estudiarlos en profundidad. La investigación deparó novedades, que pronto fueron incorporadas a la biografía de Miguel Hernández reeditada y ampliada por José Luis Vicente Ferris.

La tarea no estaba concluida. Ahora, gracias a Un poeta en la Historia. Vida de Miguel Hernández (Madrid, Akal, 2026), del periodista e historiador Mario Amorós, conocemos mejor lo sucedido en aquella farsa jurídica. Su exhaustiva investigación le ha permitido localizar documentación inédita o relevante en el Fondo García Vergara, del Archivo Nacional de Chile, y en el Archivo General Militar, de Ávila.




La biografía publicada por Mario Amorós es ejemplar en varios aspectos y se suma a otras también brillantes dedicadas a una apasionante e intensa trayectoria vital. Abajo indico varios enlaces que ponen de manifiesto la calidad del trabajo realizado y, en fechas posteriores, incorporaré los que vayan colaborando en la divulgación de un libro imprescindible para cualquier interesado en la obra de Miguel Hernández.

Al margen de agradecer el interés del autor por la situación personal que sufro desde 2019, a raíz de desvelar la identidad de quienes intervinieron en la instrucción del sumario 21001, hay en el libro de Mario Amorós una novedad que ratifica todavía más la radical nulidad de aquellos procesos judiciales, según lo establecido por la vigente Ley de Memoria Democrática de 2022.

Una vez condenado Miguel Hernández a la pena de muerte y habiendo decidido las autoridades franquistas no ejecutarla para evitar una repercusión internacional como la del asesinato de García Lorca, el objetivo de quienes de una u otra manera pretendían aliviar la situación del poeta era la conmutación de la citada pena por otra de treinta años.

Lo fundamental de estas gestiones nunca explicitadas en los sumarios lo conocíamos, pero Mario Amorós revela más detalles y protagonistas gracias a la consulta del fondo depositado en el Archivo Nacional de Chile y, por primera vez, analiza el proceso del poeta a la luz de un documento del 4 de junio de 1940 firmado por el Departamento de Asesoría y Justicia del Ministerio del Ejército. El mismo admite literalmente que Miguel Hernández había sido condenado a muerte el 18 de enero de ese año por «hechos» de «escasa trascendencia» y recomienda la citada conmutación.



Documento depositado en el Archivo General Militar, de Ávila

Las autoridades militares, cinco meses después de la sentencia que condenó a muerte al poeta y sin mediar ningún tipo de actuación judicial que completara lo instruido en el Juzgado Militar de Prensa, reconocen la «escasa trascendencia» de lo probado en el sumario 21001 para la posterior sentencia dictada en el consejo de guerra presidido por el comandante Pablo Alfaro.

El nuevo ejemplo del omnipresente derecho de autor en la jurisdicción militar de la época, para el cual lo importante no son los actos probados sino la identidad del acusado, se suma al comportamiento represivo de quienes condenaron al poeta a sabiendas de que lo instruido era de «escasa trascendencia», al margen de cualquier discrepancia jurídica en la valoración por parte del tribunal presidido por el comandante Pablo Alfaro.

El caso de Miguel Hernández es uno más entre decenas de miles con similares características. Lo conocemos ahora con lujo de detalle gracias a la nombradía del procesado, pero lo sucedido en Madrid y Orihuela no supone una novedad a la luz de tantos otros consejos de guerra como los de periodistas y escritores (consejosdeguerra.es). Solo duele, y mucho, por el trágico final de un padre y esposo joven que deseaba vivir. Así lo prueba la magnífica biografía de un Mario Amorós que, como en anteriores ocasiones, demuestra su capacidad para llevar este género por los cauces del rigor y la amenidad.

Enlaces:

https://elpais.com/cultura/2026-05-11/cuando-el-franquismo-reconocio-haber-condenado-a-muerte-a-miguel-hernandez-por-hechos-de-escasa-trascendencia.html

https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2026/05/12/6a01df93e85eceb9278b459c.html

informacion.es/cultura/2026/05/14/mario-amoros-biografia-miguel-hernandez-figura-poeta-del-pueblo-compromiso-politico-partido-comunista-de-espana-republica-130197716.html

https://www.levante-emv.com/postdata/2026/05/15/nuevas-luces-poeta-esencial-130277377.html

https://www.publico.es/culturas/libros/documento-franquismo-admite-miguel-hernandez-condenado-muerte-hechos-escasa-trascendencia.html