domingo, 12 de julio de 2026

El Negro Aquilino


 Aquilino Calzado González

Las corridas de toros nunca me han interesado, incluso sería incapaz de asistir a una en directo, pero desde pequeño me gustan algunos pasodobles de los que tarareaba mi abuela. Apenas recuerdo los títulos y menos los compositores. Sin embargo, gracias a You Tube los recupero de vez en cuando, al igual que varios temas zarzueleros, para compartirlos con mi esposa como parte de un homenaje en la intimidad a la memoria de nuestros mayores.

En esa selección suelo incluir un pasodoble que conocí ya adolescente y con algo de sorpresa: En er mundo, de los maestros Juan Quintero Muñoz y Jesús Fernández Lorenzo. Hay partes de la melodía que son las habituales en un pasodoble listo para ser interpretado en una plaza de toros, justo en el momento en que la corrida lo necesita para galvanizar los ánimos. Sin embargo, desde joven me pregunto por el origen de un reiterado solo de saxo, verdaderamente maravilloso, que asocio a una inolvidable escena de La lengua de las mariposas (1999), de los añorados José Luis Cuerda y Rafael Azcona.

Poco después del estreno de esa película tuve la oportunidad de hablar con el único guionista que cuenta con un pasodoble propio gracias a su amigo Carmelo A. Bernaola. Rafael Azcona me pasó la grabación para una web que le dedicamos en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, me gustó escucharla también en Pasodoble (1988), de José Luis García Sánchez y, en una inolvidable tarde que pasamos juntos en Murcia, le confesé mi preferencia en materia de pasodobles: En er mundo. Rafael compartía esa valoración y por eso incluyó el solo de saxo en una de las muchas escenas emotivas de la película basada en la obra de Manuel Rivas.

Años después, cuando estudiaba la filmografía del falangista Carlos Arévalo, un maldito entre los vencedores, supe de su colaboración con el maestro Juan Quintero Muñoz. Al recopilar algunos datos biográficos del músico gaditano encontré que el pasodoble fue compuesto para un saxofonista cubano que por entonces, en 1932, triunfaba en España: Aquilino Calzado González, conocido como El Negro Aquilino.

El músico cubano llegó en 1929, cuando apenas tenía veintiún años y junto con otros músicos de su país dispuestos a buscarse la vida en Europa. Su integración fue sorprendente. Al poco tiempo, asombró a todos con sus interpretaciones al saxo de los palos del flamenco. Las grabaciones conservadas así lo atestiguan, al igual que nos permiten comprender que la publicidad hablara del «saxo humano» porque verdaderamente cantaba.

Gracias a esa maestría, su versión del solo en el pasodoble En er mundo me parece tan genial como enigmática había sido las de otros saxofonistas a quienes escuché interpretando esa melodía. Había algo raro que me recordaba la presencia del jazz más tradicional. Al cabo de los años, comprendí el origen de mi extrañeza porque los maestros Quintero y Fernández pusieron su pasodoble al servicio de un músico enraizado en España, pero formado en la música negra de Cuba con influencias norteamericanas.




El Negro Aquilino alcanzó la popularidad durante la II República llenando plazas de toros en unos espectáculos entre musicales y taurinos donde competía con el también saxofonista Fernando Vilches, que padeció el exilio antes de volver a España. A menudo, el fornido negro de aspecto afable salía a hombros de esas plazas, como sucediera en la de Alicante el 17 de abril de 1932, y decidió quedarse entre nosotros después de casarse con una valenciana.

Ignoro sus avatares durante la guerra, que no serían pocos por permanecer en la zona republicana. La investigación queda pendiente, pero en 1940 el Negro Aquilino ya estaba de vuelta en América y nunca más volvió a una España donde la presencia de un cubano tocando por fandangos o bulerías era un imposible.

Ahora, cada vez que recupero una de las múltiples grabaciones del pasodoble, recuerdo la incompleta y fragmentaria historia de Aquilino. Y la de tantos como él, destinados al olvido tras la trágica interrupción que supuso la guerra. A ellos he dedicado años de trabajo con la intención de que tengan un relato. La banda sonora a menudo es En er mundo, con la compañía de la envolvente melodía de Suspiros de España, recordada gracias a una inolvidable escena de Soldados de Salamina (2003), de David Trueba.

Sin el apoyo de la música, en mi caso, nunca habría una voluntad de escribir para recuperar la memoria compartida de tantos olvidados por la historia.




miércoles, 8 de julio de 2026

La web consejosdeguerra.es supera el centenar de sumarios analizados


El pasado mes de septiembre en compañía de mi hijo tuve la oportunidad de presentar en el Parlamento Europeo la web consejosdeguerra.es, que por entonces abarcaba unos setenta sumarios. El compromiso adquirido en esa ocasión y ratificado después ante la comunidad académica era llegar a la práctica totalidad de los sumarios instruidos contra periodistas y escritores durante el período 1939-1945. Al final del presente curso, la cifra ha superado el centenar, concretamente 101, y a lo largo del próximo curso alcanzaremos el objetivo propuesto, aunque siempre cabrá la posibilidad de ampliar las búsquedas e incorporar nuevos sumarios.
Una vez publicado el tercer volumen de la tetralogía dedicada al tema, La colmena (Sevilla, Renacimiento-UA, 2026), la clave para alcanzar ese objetivo radica en el trabajo realizado para el cuarto y último volumen: Final de trayecto, cuya publicación está prevista para el curso 2027-2028 en el caso de superar los preceptivos informes. La investigación se encuentra muy avanzada gracias a la colaboración del Archivo General e Histórico de Defensa y, a falta de recibir algunos sumarios ya localizados y solicitados, el índice de ese cuarto volumen es el siguiente:


La lista de los capítulos se ampliará con unos pocos más y, al final, tendremos unos ciento veinticinco sumarios analizados, que es una cifra cercana a la total de los protagonizados por estos colectivos durante la represión de la posguerra. Por primera vez, y de acuerdo con la metodología de la microhistoria, casi todos los miembros de un colectivo tendrán su protagonismo en un estudio cuyas conclusiones parciales arrojan algunas dudas sobre la actual caracterización de las víctimas de aquella represión en la jurisdicción militar. Habrá tiempo y oportunidades para plantearlas ante la comunidad académica y favorecer así el debate. Por lo pronto, solo cabe culminar la tarea iniciada con motivo de la publicación de Nos vemos en Chicote (2015).

Y, claro está, llegadas estas fechas y con el trabajo por delante de presidir dos tribunales de oposiciones, habrá que dar una tregua a estas entradas en el blog.

sábado, 4 de julio de 2026

Un TFM sobre el médico y periodista Francisco Colás


 Francisco Colás

Marina Muñoz Romero acaba de presentar en la UCLM su TFM titulado «Tras las huellas de Asmodeo: estudio de la vida y obra de Francisco Colás Ruiz de la Sierra (1898-1939», bajo la dirección de mi colega M.ª Asunción Castro. Gracias a la colaboración de ambas, el periodista y médico Francisco Colás contará con un capítulo en el cuarto volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores. Como complemento de la entrada publicada el pasado 9 de mayo, reproducimos a continuación un breve resumen del TFM que nos ha facilitado Marina Muñoz Romero y que próximamente aparecerá en el repositorio de la UCLM:


Francisco Colás Ruiz de la Sierra (Ciudad Real, 1898–1939) fue una de las primeras víctimas de la represión franquista en la provincia de Ciudad Real. Condenado a muerte por un consejo de guerra, se le acusó del delito de adhesión a la rebelión por haber sido director de prensa marxista y ejercer el cargo de secretario de propaganda de la Federación Provincial Socialista durante la Guerra Civil. Francisco Colás fue médico de profesión, aunque mostró interés por el periodismo desde temprana edad. Nació en Valverde, pedanía de Ciudad Real, en el seno de una familia burguesa y liberal, lo que le permitió formarse académicamente y conocer los privilegios de pertenecer a una clase social acomodada.

Francisco siguió los pasos de su padre y estudió la carrera de Medicina en la UCM, actual Complutense. A lo largo de su etapa universitaria, compaginó los estudios con el periodismo y la escritura, publicando artículos, poemas y relatos en revistas culturales de Ciudad Real y Madrid. El joven poeta se inició en el republicanismo y el regionalismo manchego. En sus crónicas criticaba el turnismo, la crisis política y la hipocresía de la Iglesia en una defensa de la clase trabajadora del campo, abandonada por las élites políticas. Influido por las lecturas de Karl Marx y la Revolución rusa de 1917, se identificó pronto con el pensamiento marxista, alineado con un profundo sentimiento humanista.

En 1921 terminó la carrera y volvió a Ciudad Real, donde empezó a trabajar en la Casa de Socorro. Allí continuó colaborando en revistas y periódicos locales, formando parte de los círculos culturales e intelectuales de la ciudad como uno de sus miembros más jóvenes. Los años de la dictadura de Primo de Rivera fueron un punto de inflexión para su trayectoria política. Ilusionado en un primer momento, como tantos otros, por el fin de la crisis de la Restauración y las promesas de acabar con el caciquismo, fue concejal en el ayuntamiento ciudadrealeño desde principios de 1924, aunque permaneció solo un año en el cargo. Sin embargo, con el tiempo terminó por ser una de las principales voces de oposición al directorio militar.

Entre 1927 y 1928 se afilió al PSOE. En aquellos años, surgió en la capital manchega un movimiento de línea intelectual que reunió a socialistas y republicanos de la provincia con el objetivo común de poner fin a la dictadura y a la monarquía. Una de sus tácticas propagandísticas fue la creación de la revista Libertad (1930-1931), un semanario político de debate y actualidad dirigido por Francisco Colás. En ella adoptó el seudónimo Asmodeo, con el que firmaría a partir de entonces y que se hizo conocido entre los círculos obreros.

Durante la II República, fue presidente de la recién constituida Federación Socialista Provincial hasta agosto de 1932 y dirigió el periódico de la Agrupación Socialista, Clamor (1932-1934). La huelga general de octubre de 1934 también tuvo repercusión en Ciudad Real y conllevó la detención de dirigentes políticos y sindicalistas, varios de los cuales formaban parte del equipo de redacción del periódico. La Casa del Pueblo fue clausurada y, aunque no fue detenido, Colás se alejó del foco de atención durante los siguientes dos años. Incluso, parece ser que estuvo una temporada trabajando fuera de la ciudad.

El triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 trajo de vuelta a los compañeros y la vida en la ciudad retornó a su estado anterior, aunque por poco tiempo. La sublevación del 18 de julio apenas tuvo repercusión directa en Ciudad Real, salvo por un altercado con los dirigentes de Falange, que se saldó con varios heridos y un muerto. La provincia manchega se mantuvo en el territorio republicano hasta el final de la contienda y se vivió un conato de revolución social impulsado por los partidos obreros y sindicatos de la región. Desde los primeros días de la guerra, Paco Colás estuvo al frente de la dirección de El Pueblo Manchego (1911-1937), único periódico en funcionamiento en aquellos momentos. De línea marcadamente conservadora y católica, fue fundado por la aristocracia y el obispado de Ciudad Real, y lo adquirió la CEDA de Gil Robles en 1932.

Bajo la nueva la dirección, el diario se convirtió en portavoz del gobierno de la República y de las autoridades del Frente Popular, publicando partes de guerra y ejerciendo una función propagandística. Tras el cese de la publicación en junio de 1937, siguió editándose Avance (1937-1939), que nació como diario de unificación marxista y terminó convirtiéndose en el medio del PSOE y la UGT. Colás se convirtió en su director en septiembre de 1938, después de que el director fuera llamado al frente, cargo que desempeñó hasta el final.

Durante los tres años de guerra tuvo distintas responsabilidades: dirigió el principal medio de información de la provincia; formó parte del comité de enlace entre los socialistas y comunistas, participó en comisiones de depuración y fue secretario de propaganda de su partido. También intervino en mítines, dio discursos por radio y escribió diariamente artículos dirigidos a la población de la retaguardia. De este modo, se convirtió en una voz de referencia contra el fascismo y los militares sublevados, hasta el punto de recibir amenazas de Gonzalo Queipo de Llano. Al mismo tiempo, siguió ejerciendo su profesión como médico en el hospital, donde también tuvo cargos de dirección.

El final de la guerra le encontró en Ciudad Real junto a su esposa y a su hijo pequeño. Fue detenido el 5 de abril, pocos días después de que las tropas franquistas hubieran entrado en la ciudad. Rápidamente fue juzgado por un consejo de guerra que le condenó a la más alta pena por los cargos políticos ejercidos, ser un destacado dirigente socialista y dirigir prensa “roja”. Aunque declaró haber ayudado a compañeros y personalidades de derechas durante la guerra, sus declaraciones públicas contra el Movimiento Nacional determinaron su final. Un mes después, Francisco Colás Ruiz de la Sierra fue ejecutado en Ciudad Real el 5 de mayo de 1939 con cuarenta años, siendo uno de los primeros de las casi mil personas que serían condenadas a muerte solo en la capital. Un ejemplo más de la represión ideológica ejercida por el régimen franquista en su proceso de instauración de la dictadura mediante el terror y la eliminación de quienes consideraba sus enemigos políticos.

 Pdta. El TFM completo se puede consultar a través del siguiente enlace del Repositorio de la Universidad de Castilla La Mancha: https://hdl.handle.net/10578/49290


jueves, 2 de julio de 2026

Antonio de Hoyos y Vinent y la FAI


 Antonio de Hoyos y Vinent. Procedencia de la foto: luisantoniodevillena.es

Los literatos escriben sobre sus colegas y la propia literatura. La actividad es tan habitual como interesante para quienes en la universidad nos dedicamos a los estudios literarios. Siempre que contemos con el testimonio o la valoración crítica de un escritor, debemos tener en cuenta lo escrito e incorporarlo a la bibliografía consultada.

El problema, a veces, es el cuestionable rigor de esos textos. Al igual que ocurre en el ámbito universitario, encontramos algunos testimonios o comentarios donde parece no haber límites entre lo imaginado y lo analizado con el apoyo de alguna prueba. Las consecuencias suelen ser menores, pero en otras ocasiones esa imaginación no sujeta a la metodología académica contribuye a desvirtuar la imagen de la obra o el escritor objeto del comentario.

Luis Antonio de Villena merece todos mis respetos y he leído con interés algunos de sus trabajos sobre la literatura española del primer tercio del siglo XX. Sin embargo, al igual que otros colegas, muestra una relativa predisposición a ser imaginativo a la hora de perfilar los retratos de los escritores incorporados a sus libros como protagonistas de aquel mundo literario.

Un ejemplo es Antonio de Hoyos y Vinent, de cuya suerte procesal hasta su fallecimiento me ocupo en La colmena (2026, pp. 237-252). Al leer el capítulo que Luis Antonio de Villena le dedicó en Corsarios de guante amarillo. Sobre el dandismo (Madrid, Valdemar, 2003, pp. 117-126) encuentro una referencia sorprendente.

Según el especialista en el dandismo, «alguien» vio a Antonio de Hoyos y Vinent con «la insignia de la FAI prendida a una tenue de perfecto y atildado sportmen» (pp. 124-5). Luis Antonio de Villena podría haber citado la procedencia del testimonio para su verificación. No lo hace y el argumento de autoridad lo remite a «alguien» dando a entender que Antonio de Hoyos y Vinent exhibía una vinculación con la FAI.

La lectura de los numerosos artículos publicados por el dandi durante la Guerra Civil contradice esa supuesta vinculación con los más extremistas del movimiento anarquista. Lo declarado durante el consejo de guerra aleja todavía más cualquier sospecha en este sentido y hasta nos muestra una imagen distinta de la recreada por el especialista en los dandis.

Los artículos recopilados en el citado libro de Luis Antonio de Villena fueron escritos hace más de veinte años. No podían, por lo tanto, incluir lo publicado mucho después. El problema es que ese «alguien» probablemente solo estuvo pendiente de la ficción para crear una imagen a conveniencia de un «incendiario» Antonio de Hoyos y Vinent, que de por sí era un sujeto digno de una recreación literaria por sus singularidades biográficas.

Las tuvo, y en abundancia, pero en las mismas no me consta que figurara una vinculación con la FAI a tenor de la documentación procesal y, lo que es más decisivo en este sentido, a la vista de lo publicado en la prensa durante la Guerra Civil. Conviene, por lo tanto, ser prudentes en la caracterización de un sujeto histórico, aunque la realidad documentada nos estropee un relato a conveniencia como los propios de la ficción literaria.