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miércoles, 8 de julio de 2026

La web consejosdeguerra.es supera el centenar de sumarios analizados


El pasado mes de septiembre en compañía de mi hijo tuve la oportunidad de presentar en el Parlamento Europeo la web consejosdeguerra.es, que por entonces abarcaba unos setenta sumarios. El compromiso adquirido en esa ocasión y ratificado después ante la comunidad académica era llegar a la práctica totalidad de los sumarios instruidos contra periodistas y escritores durante el período 1939-1945. Al final del presente curso, la cifra ha superado el centenar, concretamente 101, y a lo largo del próximo curso alcanzaremos el objetivo propuesto, aunque siempre cabrá la posibilidad de ampliar las búsquedas e incorporar nuevos sumarios.
Una vez publicado el tercer volumen de la tetralogía dedicada al tema, La colmena (Sevilla, Renacimiento-UA, 2026), la clave para alcanzar ese objetivo radica en el trabajo realizado para el cuarto y último volumen: Final de trayecto, cuya publicación está prevista para el curso 2027-2028 en el caso de superar los preceptivos informes. La investigación se encuentra muy avanzada gracias a la colaboración del Archivo General e Histórico de Defensa y, a falta de recibir algunos sumarios ya localizados y solicitados, el índice de ese cuarto volumen es el siguiente:


La lista de los capítulos se ampliará con unos pocos más y, al final, tendremos unos ciento veinticinco sumarios analizados, que es una cifra cercana a la total de los protagonizados por estos colectivos durante la represión de la posguerra. Por primera vez, y de acuerdo con la metodología de la microhistoria, casi todos los miembros de un colectivo tendrán su protagonismo en un estudio cuyas conclusiones parciales arrojan algunas dudas sobre la actual caracterización de las víctimas de aquella represión en la jurisdicción militar. Habrá tiempo y oportunidades para plantearlas ante la comunidad académica y favorecer así el debate. Por lo pronto, solo cabe culminar la tarea iniciada con motivo de la publicación de Nos vemos en Chicote (2015).

Y, claro está, llegadas estas fechas y con el trabajo por delante de presidir dos tribunales de oposiciones, habrá que dar una tregua a estas entradas en el blog.

martes, 30 de junio de 2026

César Mariano Calderón Pérez, un periodista declarado en rebeldía mientras estaba encarcelado


 Archivo General e Histórico de Defensa

Ayer el AGHD me remitió la copia digital del sumario 48041 cuyo único procesado es el periodista César Calderón Pérez. Al examinarlo, comprobé que el mismo era un funcionario del Canal de Lozoya que también trabajó durante la guerra como corresponsal en los frentes para los diarios La Libertad y El Liberal.

El 7 de septiembre de 1939, el auditor mandó instruir el sumario 48041 al Juzgado Permanente n.º 4 de Funcionarios. También podría haberlo remitido al Juzgado Militar de Prensa, pero prevaleció el criterio de ser un funcionario y, sobre todo, se tuvo en cuenta que todas las denuncias procedían de compañeros de trabajo en el Canal de Lozoya.

Los denunciantes presentan a César Calderón Pérez como capitán de las milicias, agente del SIM y «enemigo de toda persona de orden y de derechas». Nadie presenta las correspondientes pruebas. Tal y como era preceptivo en estos casos, las fichas de las denuncias debían ser ratificadas mediante declaración en el juzgado. Así se hizo en septiembre de 1939, empeorando todavía más la caracterización del encausado.

El 12 de septiembre de 1939, el Canal de Lozoya remite al juzgado un informe indicando que César Calderón Pérez se encontraba en un campo de concentración de Argelia y que el 23 de agosto había sido separado definitivamente del servicio con pérdida de todos sus derechos y subsiguiente baja en el escalafón del cuerpo al que pertenecía.

El 15 de diciembre de 1939, la jefatura provincial de FET y de las JONS le acusa de escribir «artículos canallescos» en la prensa republicana. Le considera, por lo tanto, «un indeseable y elemento peligroso» para el Glorioso Movimiento Nacional.

El 2 de enero de 1940, la Dirección General de Seguridad informa al juez que César Calderón Pérez «se marchó a Francia unos tres o cuatro meses antes de la liberación de esta capital». La circunstancia parece contradictoria con lo afirmado por el Canal de Lozoya, pero el juez instructor, tras publicar las correspondientes requisitorias en la prensa, el 6 de febrero de 1940 considera al encausado en rebeldía procesal. El 19 del mismo mes el caso resulta sobreseído tras el acuerdo adoptado tres días por el auditor. Finalmente, el 7 de junio de 1944 el sumario queda archivado.

La documentación de los consejos de guerra de periodistas y escritores está plagada de errores. Si vamos a las páginas de La Libertad y El Liberal, comprobamos que César Calderón Pérez era en realidad César Mariano Calderón Pérez, corresponsal de guerra especialmente activo durante los primeros meses de la misma. Su nombre, César M. o César Mariano, también figura como redactor de La Libertad (19-VI-1937 y 24-X-1937).

La sorpresa viene cuando, en vez de creernos lo dicho por los responsables del Canal de Lozoya o la Dirección General de Seguridad, vamos al listado de sumarios del AGHD. Allí comprobamos que supuestamente hay dos procesados que responden a los apellidos Calderón Pérez, uno es César y otro César Mariano.

En realidad, son la misma persona y, lo más sorprendente, cuando en el sumario consultado le declaran en rebeldía por creerle exiliado, el encausado ya había sido condenado en el sumario 38811, que sería el prólogo de un largo caminar por el TERMC y el TNRP hasta que el periodista fuera indultado tras recibir una descomunal multa nunca pagada por ausencia de bienes.

A la espera de recibir la copia digital del sumario 38811, probablemente instruido en el Juzgado Militar de Prensa, solo cabe señalar el caos de la jurisdicción militar de la época. La declaración como rebelde, por permanecer en el exilio, de quien estaba condenado y encarcelado en la misma ciudad de Madrid merece una reflexión.

Los documentos son imprescindibles para la labor de los historiadores, pero mienten a menudo, tergiversan la realidad o simplemente evidencian las graves carencias de quienes emprendieron una labor represiva sin un mínimo de organización o cualificación, al menos a la vista del error aquí señalado. Otros muchos ya han sido explicados a lo largo de la tetralogía cuyo tercer volumen, La colmena, se pondrá a la venta el próximo 6 de julio.

 


viernes, 26 de junio de 2026

Objetivo cumplido: la tetralogía sobre los consejos de guerra


El azar propicia que en algunas ocasiones las buenas noticias se acumulen en una misma jornada. Ayer, a primera hora de la mañana, terminé de preparar el original de un libro colectivo, Cinefilia y memoria, escrito en colaboración con varios colegas y amigos que han dado testimonio de su amor al cine como ejercicio de la memoria. Si todo discurre con normalidad, el libro aparecerá publicado a mediados o finales del próximo curso.
Poco antes del mediodía, me llamaron del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante para comunicarme la llegada de los primeros ejemplares de La colmena, el tercer volumen de los dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores. El libro se pondrá a la venta el próximo 6 de julio y para esa fecha toda la información bibliográfica del mismo constará en la web consejosdeguerra.es. La promoción la posponemos hasta septiembre porque julio es un mal mes para esta labor, al menos en lo que respecta a las presentaciones.
También ayer, por el azar al que antes me refería, imprimí el cuarto volumen de la tetralogía: Final de trayecto, del cual os paso el índice que todavía podría sufrir alguna variación:


En 2022, después de publicar Los consejos de guerra de Miguel Hernández (Ministerio de Defensa-UA), me propuse la tarea de testimoniar todos los procesos seguidos por entonces contra los periodistas y escritores vinculados con la causa republicana. La tarea, en opinión de los colegas, era una locura, sobre todo para alguien cercano a la jubilación. Tenían razón, pero la salud y el ánimo me han acompañado durante estos cuatro años, tres volúmenes ya están publicados y el cuarto, con el que cerraré mi producción como investigador, aparecerá a lo largo del curso 2027-2028, el de mi jubilación.
Hace mucho tiempo vi por primera vez She Wore Yellow Ribbon (1949), del maestro John Ford. Por entonces admiré este western como tantos otros que me han apasionado a lo largo de mi experiencia de espectador. La película aquí titulada La legión invencible por culpa de algún iluminado la volví a ver cuando ya había cumplido los sesenta. Ese día comprendí que el capitán Nathan Cutting Brittles interpretado por John Wayne es un ejemplo a seguir en materia de jubilación. Así lo he hecho, sin necesidad de enfrentarme a los indios y con el debido reposo, pero con la obligación de trabajar duro hasta el último día de una trayectoria de más de cuarenta años al servicio de la universidad, que es un destino más llevadero que el de la caballería en el Oeste.
Bromas aparte y con el guiño de sentirme como el protagonista de la citada película, el objetivo está alcanzado porque mis indios particulares han vuelto a la reserva en son de paz y sin ser humillados. Tres volúmenes editados y el cuarto redactado permitirán recuperar el testimonio de tantos periodistas y escritores que sufrieron una durísima persecución por el supuesto delito de ejercer la libertad de expresión. Ellos han sido el verdadero motor para escribir unas mil quinientas páginas en cuatro años. De algo me habrá valido mantener, llegada la senectud, la condición de admirador de John Ford.

domingo, 21 de diciembre de 2025

La publicación de La colmena, el tercer volumen de la trilogía, ha sido aprobada por la UA


 Universidad de Alicante

El Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Alicante me ha comunicado que en la reunión de su consejo rector celebrado el pasado día 19 se aprobó la publicación de La colmena, el tercer volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores. La aprobación, como es preceptivo, vino motivada por dos informes positivos realizados por especialistas en la materia. Los mismos, con carácter anónimo, me fueron remitidos y tienen las calificaciones de 9 y 10 sobre un máximo de 10.
A partir de enero realizaremos las gestiones oportunas para sumar a la editorial Renacimiento a una coedición como en las anteriores ocasiones. Si así sucede, y tras culminar una tarea de elaboración y revisión de las pruebas de imprenta, es probable que a finales del curso tengamos el volumen publicado y en las librerías. Si no llegamos a tiempo, la fecha de publicación sería septiembre.
Ahora mismo, y a resultas de los nuevos sumarios localizados, estoy inmerso en la redacción de un nuevo volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores, que probablemente cierre el ciclo y por coincidir con mis últimos años en activo he titulado Al final del trayecto. El índice provisional, e incompleto, del mismo es el siguiente:

AL FINAL DEL TRAYECTO.

LOS CONSEJOS DE GUERRA DE PERIODISTAS Y ESCRITORES (1939-1945)

ÍNDICE

-       El final del trayecto

-       Pornógrafos y bohemios en las cárceles de la Victoria

-       Las «extrañas» víctimas de la represión franquista

-       Los periodistas en el sumario de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD)

-       Enrique Meneses Puertas no fue condenado a muerte

-       La denuncia preventiva de un periodista

-       La suerte del periodista y escritor Eduardo García Marcili

-       Procesado por taquimecanógrafo: José Ferrándiz Casares

-       El proceso de un monárquico, republicano y falangista: José Tarí Navarro

-       El consejo de guerra de Francisco Fernández Albors

-       La tardía condena a muerte de un periodista conservador

-       Manuel Izquierdo Esteban, taquimecanógrafo de Mundo Obrero

-       El condenado a muerte que leía a Gabriel Miró

-       José Fragero Pozuelo, falangista y confidente del SIM

-       Kafka en la jurisdicción militar

-       El cronista de guerra Fernando F. Revuelta

-       Antonio Gallego Carretero, periodista fusilado

-       La suerte de Francisco Baleriola Arroyo

-       La «corresponsal obrera» Concha Santalla

-       La solidaridad de los hermanos Alba Cortina

-      Miguel Hernández y la judicialización de la Historia

 La finalización de este trabajo tendrá lugar a lo largo del curso 2026-2027. Actualmente, ya tengo redactados 157 folios, pero el volumen de la documentación localizada me lleva a pensar que la cifra final rondará los trescientos. Mientras tanto, a través de este blog y de la web consejosdeguerra.es facilitaremos información sobre estos nuevos casos, que junto con los ya analizados suman más de cien. La finalización de la tarea, con un relato para cada una de las víctimas, está prevista para mi jubilación, que llegará si la salud me acompaña en junio de 2028.


domingo, 12 de octubre de 2025

Kafka en la jurisdicción militar de la Victoria


 Sumario 128.351 del AGHD

El periodista José de la Flor Ruiz no ha pasado a los anales de la historia por su trabajo durante el período republicano, cuando dirigió el Noticiero sevillano hasta su desaparición en 1933 y se trasladó a la capital para incorporarse a Diario de Madrid, pasando después como redactor a Ahora. Desde febrero de 1937 trabajó como confeccionador en Política, el órgano de Izquierda Republicana, y allí permaneció sin demasiado protagonismo hasta la finalización de la Guerra Civil.

José de la Flor Ruiz andaba cerca de los cincuenta años, era padre de cinco hijos y, dada la modestia de su labor periodística en periódicos republicanos, consideró que ante los vencedores prevalecería su condición de «hombre de orden» que había dirigido una publicación derechista en Sevilla.

Las primeras semanas de la Victoria parecieron darle la razón. El periodista permaneció algunos días en la pensión donde vivía a la espera de trasladar a su familia, refugiada en Denia durante la guerra, a Sevilla y buscar un futuro profesional. Mientras tanto, José de la Flor Ruiz tuvo la precaución de poner tierra por en medio y buscar una casa en Villalba del Rey para vivir con su esposa y cinco hijos. El periodista afrontaba la situación de paro forzoso gracias a la ayuda de un hermano, que le hacía periódicas transferencias.

Al parecer, y por razones difíciles de entender, el sevillano debía trasladarse a la localidad de Huete para hacer efectivas esas transferencias. Allí, el 27 de mayo de 1939 fue detenido por un falangista que conocía su condición de periodista y, sin mediar un interrogatorio, le trasladaron a la cárcel de la citada localidad conquense. El destino de las quinientas pesetas procedentes del hermano es un misterio a la luz del sumario 128351 del AGHD.

El 9 de enero de 1940, el sevillano fue trasladado a Uclés, también en la provincia de Cuenca. El centro penitenciario sería uno de los improvisados por entonces para acoger la avalancha de prisioneros republicanos y allí, con la excepción de un aislado interrogatorio, el periodista pasó meses y meses sin tener conocimiento de su procesamiento.

El 9 de noviembre de 1941, treinta meses después de su detención, el juzgado militar de Huete comunicó a la auditoría que el sumario del periodista había sido elevado a plenarios. El traslado de lo instruido al tribunal debió ser caótico. Al cabo de los años nadie sabía el número del sumario o la pena dictada. Ni siquiera si se había celebrado el correspondiente consejo de guerra. José de la Flor Ruiz era un prisionero que, desde el punto de vista documental, había quedado en el limbo.

El 22 de enero de 1942, sin la correspondiente documentación, le trasladaron al penal de Ocaña y, con un paso intermedio por la cárcel de Porlier, el periodista acabó en la de Santa Rita el 4 de marzo del citado año. Al menos, estaba en el limbo, pero en la capital y preso poco después en la prisión provincial de Madrid. Los responsables de las diferentes instituciones penitenciarias indagaron acerca del procesamiento sin aclarar la situación del procesado. En definitiva, el sevillano siguió en el limbo del silencio administrativo.

Camino del sexto año en las cárceles de la Victoria sin haber sido procesado, José de la Flor Ruiz el 28 de noviembre de 1944 se dirige por carta al capitán general de la I Región Militar. El motivo es comprensible: «desde la fecha en que fue detenido hasta hoy han transcurrido sesenta y seis meses sin que el compareciente haya sido juzgado ni sepa a disposición de qué autoridad se encuentra».

El capitán general dio traslado de la carta al auditor, quien el 15 de febrero de 1945 ordenó instruir «diligencias previas» (sic) «en averiguación de la situación de dicho recluso, al no haber sido localizado el procedimiento en el que fue encartado». El sumario 128351 del AGHD es el resultado de esta labor donde nunca hubo una justificación o una disculpa por un encarcelamiento de casi seis años sin mediar un «procedimiento».

El teniente coronel Pedro de Llorente Miralles fue el instructor como titular del Juzgado Militar Permanente n.º 22. La Dirección General de Seguridad le remite un informe sobre el sevillano fechado el 3 de marzo de 1945. La policía también iba a ciegas en este caso: «Se tienen referencias no confirmadas de que a la terminación de la pasada campaña fue detenido, juzgado y condenado a la última pena por hechos ocurridos en Denia (Alicante), donde tenía evacuada a su esposa y tres hijos menores».

Al margen de que sería notable la desaparición de la documentación relacionada con una condena a muerte, es cierto que la esposa e hijos estuvieron en la localidad alicantina (CDMH, PS-Madrid, 2522.121). Sin embargo, no me constan esos «hechos ocurridos» y la detención tuvo lugar en Huete, mientras que la familia residía en Villalba del Rey.

El instructor debió hacer caso omiso de lo apuntado por la DGS en relación con la supuesta condena a muerte y prestaría más atención a los testimonios de quienes declararon a favor de José de la Flor Ruiz. Todos le consideraron como «una persona de orden», de ideología derechista y sin peligro para el Glorioso Movimiento Nacional.

El 16 de abril de 1945, el periodista se dirige al instructor «en súplica de que le sea concedida la libertad o en caso contrario sea juzgado por los tribunales competentes». El teniente coronel Pedro de Llorente Miralles no contestó al sevillano, pero trasladó la petición al auditor.

Sin mediar explicaciones, ni mucho menos un reconocimiento del error cometido para facilitar una compensación, el 22 de mayo de 1945 el auditor concede la libertad a quien fuera detenido el 27 de mayo de 1939. El 1 de junio de 1945, al cabo de seis años, José de la Flor Ruiz fue excarcelado y pudo reencontrarse con su esposa e hijos. Por entonces, ya había cumplido los cincuenta años y, después de la experiencia penitenciaria, dudo que disfrutara de una salud para afrontar el futuro.

Kafka recurrió a la imaginación para concebir situaciones kafkianas todavía inquietantes. Los historiadores de lo sucedido en la jurisdicción militar de la Victoria, que no la posguerra, sabemos que para encontrarlas no hace falta recurrir a castillos o conversiones monstruosas. Los sumarios prueban que todo era posible gracias a la mediocridad añadida a la violencia.


martes, 2 de septiembre de 2025

«La represión de 'la gente de pluma'»


Gracias a los responsables de La aventura de la Historia, una de las más veteranas e importantes revistas españolas dedicadas a la divulgación histórica, en el número 322 del pasado mes de agosto pude publicar una tribuna dedicada a sintetizar la labor realizada con motivo de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores (pp. 86-89).
Por si fuera del interés de los lectores del blog, paso a continuación el enlace al artículo ya depositado en el Repositorio de la Universidad de Alicante y reproduzco las imágenes de las cuatro páginas del mismo, agradeciendo a la citada revista la labor realizada para el montaje de la tribuna:








jueves, 24 de julio de 2025

Una pintada enigmática


 El Fary como el faro que ilumina una lucha

La caminata diaria, por consejo médico y costumbre de toda la vida, es una oportunidad para la observación y la consiguiente reflexión, aunque sean las propias de un flâneur. El requisito es prescindir de cualquier artilugio tecnológico al servicio de la distracción y confiar en el atractivo de unas calles que siempre sorprenden si media la curiosidad y la atención del caminante.

Desde hace unas semanas paseo al atardecer por una acera donde alguien, sin firma o siglas, ha escrito una enigmática frase: «Despierta Europa». La pintada no debió ser un acto aislado, puesto que también la he encontrado en otras calles del barrio. Cabe, pues, hablar de una posible campaña de concienciación cuyas motivaciones desconozco.

A pesar de la ausencia de signos de exclamación, al principio pensé en un exhorto a Europa lanzado por un vecino. Tal vez, ante una constatada somnolencia del continente, alguien cercano se ha visto en la obligación de despertarlo para vete a saber qué propósito. Vistas algunas manifestaciones recientes, supongo un temor a que Europa sea musulmana y, de ahí, la necesidad de un despertar a modo de Cruzada. Al ver la pintada, especulo sobre si Europa se habrá sentido aludida. Lo dudo, pero carezco de datos para establecer la recepción de una iniciativa cuyo origen es un misterio.

La hipótesis acerca del sentido de la pintada ha dado un giro copernicano esta semana. La ausencia de los signos de exclamación, la literalidad sin añadidos, puede conducirnos a una frase descriptiva o enunciativa. El vecino, atento desde su atalaya, habrá observado un despertar de Europa y lo comunica a la vecindad.

Esta interpretación habría requerido un distinto orden sintáctico: «Europa despierta», pero tampoco hay que ser quisquilloso cuando lo acuciante de la noticia, el despertar del continente, obliga a lanzarse a la calle para dar la buena nueva; o la mala, porque también hay musulmanes entre la vecindad.

Ahora bien, ¿de qué Europa se trata? Cuesta imaginar a todo un continente somnoliento o dispuesto a dar un manotazo al despertador. Yo apenas conozco una minúscula parcela y la veo muy diversa. Supongo que la experiencia es común. Por lo tanto, ¿cómo darle un solo rostro, despierto o somnoliento, a esa señora que nadie termina de conocer?

Mi vecino puede haberla identificado en medio de una alucinación quijotesca, aunque la misma haya sustituido los libros de caballerías por las redes sociales, donde la fantasía del desbarre campa con la normalidad de lo cotidiano. Vete a saber…

La interpretación de la frase estaría más acotada si mediara una coma capaz de justificar la ausencia de los signos de exclamación. En tal caso, el vecino habría mostrado una calma, incluso una educación, infrecuente cuando alguien se ve impelido a realizar una pintada con nocturnidad y algo de alevosía. La urgencia de la misión justifica los posibles errores sintácticos. Incluso los ortográficos.

La exégesis de la pintada me distrae como cualquier detalle observado en mi diario deambular. La especulación es gratuita y, claro está, las hipótesis son tan inocuas como la propia pintada, que merece una sonrisa por el esfuerzo carente de sentido práctico.

El problema de la interpretación surge con otras frases enigmáticas, por una pésima redacción, como las presentes en los sumarísimos de urgencia. Sus autores no son émulos del oscuro Góngora, sino unos oficiales con escasas destrezas lingüísticas que escriben con la impunidad de quienes nunca dan cuenta de sus actuaciones. Ni siquiera repasan el texto antes de entregarlo porque, gracias a la omnipotencia de la jurisdicción militar, ellos son los únicos intérpretes posibles y nadie puede discutirles. Los demás, aunque seamos filólogos, debemos limitarnos a constatar el asombro y disimular las faltas de ortografía para no ensuciar nuestros trabajos. Otras suciedades no se limpian ni con el mejor detergente.


sábado, 5 de julio de 2025

Periodistas represaliados: la necesidad de completar la tarea


La investigación en solitario es un empeño carente de sentido. El historiador siempre depende del trabajo de otros colegas y el intercambio de información o experiencias resulta imprescindible para evitar descubrimientos como el del Mediterráneo.
Una vez redactado el tercer volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores, me llega la publicación de la segunda parte de la tesis doctoral de Rafael Cordero Avilés (Héroes sin nombre. La prensa republicana en el Madrid de la Guerra Civil, Madrid, Fragua, 2025), que a lo largo de estos años me ha servido como fuente de información y consulta.
Gracias a los datos aportados por Rafael Cordero Avilés, he constatado la existencia de otros periodistas que fueron procesados durante la posguerra y que no han aparecido en los tres volúmenes ya redactados. La lista de estos represaliados es la siguiente: Amós Acero Pérez, Federico Augusto Vázquez, Valentín Gutiérrez de Miguel, Francisco Fernández Albors, Fernando Fernández Revuelta, Marcelo Edmundo Ogier Preteceille, Juan Falces Elorza, Ángel Edmundo Ogier Preteceille, José Ponce Bernal, Diego Alba Cortina, Francisco Bateriola Arroyo, Emilio Rodríguez Delgado, José Gallego Díaz, Concepción Santalla Nistal, Leandro Antonio Sanz Aguinaga, Manuel Izquierdo Esteban, Enrique Sánchez Cabeza Earle, Juan Antonio Cabezas Cantelli, Victoriano Tamayo Mayones, Felipe Camarero Ruanova Maldonado, Rafael Sánchez Guerra Sainz, Benigno Mancebo Martín, Joaquín Fernández Fernández-Vega, José Fragero Pozuelo, David Antona Domínguez y José Expósito Leiva.
Los periodistas y escritores estudiados en la trilogía superan el centenar y, junto a los arriba citados, tengo la esperanza de completar el listado de los procesados. El trabajo pendiente me llevará un mínimo de un año y medio de consultas a partir de octubre, cuando haya entregado el original del tercer volumen. El destino de este trabajo depende de la entidad de lo localizado. Tal vez deba redactar un cuarto volumen de lo que pasaría a ser una tetralogía, pero lo más previsible es que los correspondientes análisis de los sumarios aparezcan en otro marco del que daré noticias este próximo otoño.
Mientras tanto, el verano estará repleto de gestiones, correos, búsquedas, consultas... para poner en marcha una nueva tanda de capítulos que permitan completar el objetivo de lo emprendido hace más de diez años: aportar un relato y una voz a todos y cada uno de los autores represaliados.

viernes, 13 de junio de 2025

El sumario de un «dibujante retocador» de Heraldo de Madrid

Heraldo de Madrid. Fuente: Wikipedia


El maltrato a los detenidos y la tortura durante los interrogatorios policiales no dejan huellas documentales en los sumarios. Sin embargo, la lógica permite intuirlos cuando comparamos lo supuestamente declarado en la sede policial con lo reconocido en la cárcel ante el juez instructor y/o su secretario, que se desplazaban a la misma para interrogar al procesado. El contraste puede ser de matices o escaso relieve, pero a veces las diferencias son notables. Entonces cabe suponer que el detenido recibió un trato brutal hasta firmar una falsa acusación contra sí mismo o asumir como propios actos ajenos. El caso de Salvador Prieto Martínez es ejemplar en este sentido. También incluye mentiras de los agentes que le detuvieron fácilmente desmontables a partir de otros documentos incluidos en el sumario. Nadie pidió responsabilidades al comprobar lo absurdo de la primera declaración. Ni siquiera se tomó nota de unas contradicciones que dejaban en mal lugar, el de la tortura para obtener la firma en falsas declaraciones, a unos agentes que sabían de su inmunidad.

El borrador del capítulo dedicado a Salvador Prieto Martínez, una vez revisado, aparecerá en el tercer volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores, pero su versión provisional ya se puede consultar en el Repositorio de la Universidad de Alicante a la espera de posibles indicaciones o correcciones de otros colegas:

http://hdl.handle.net/10045/154630

 

jueves, 5 de junio de 2025

Los sumarios de tres censores de prensa


 Portada ilustrada por Eugenio Rosado Rivas. Fuente: Tebeosfera

El tercer tomo de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores durante el período 1939-1945 incluirá un capítulo que no cuenta con antecedentes en la bibliografía sobre la represión franquista. Me refiero a los procesamientos de tres censores de prensa al servicio de los republicanos: Eugenio Rosado Rivas, Pío Marcos Cuadrado y Enrique Capdevila Pérez.

Al igual que en anteriores ocasiones, enlazo al final la publicación del preprint del correspondiente capítulo en el Repositorio de la Universidad de Alicante con el objetivo de someterlo a la consideración de los colegas con los que estoy colaborando en este empeño investigador.

A continuación, reproduzco los primeros párrafos de los apartados dedicados a los tres censores de prensa que fueron procesados:

El dibujante que nunca fue fusilado

Los censores suelen ser personajes oscuros y discretos por la naturaleza de su tarea. Salvo excepciones como la de Arturo Barea, la tónica se mantuvo entre los presentes en el bando republicano durante la Guerra Civil. La discreción y el anonimato a veces contrastan con la proyección pública de estos individuos en otros ámbitos. Al margen de lo sucedido con Camilo J. Cela, el caso del dibujante jerezano Eugenio Rosado Rivas ejemplifica esta circunstancia minoritaria. Las ilustraciones para las portadas de novelas de los años veinte, la colaboración con la firma de Rivas en semanarios relevantes como Buen Humor y otros dibujos que fue esparciendo en la prensa le convirtieron en un artista reconocido. También fue médico, escritor, poeta y pintor, según la ficha suya publicada en Tebeosfera. La ausencia de trabajos especializados sobre su trayectoria impide comprobar esta variedad de facetas, así como los supuestos amores con la joven poeta Gloria Fuertes. Sin embargo, resulta fácil detectar un grave error de la ficha. Eugenio Rosado Rivas no fue fusilado por milicianos republicanos en 1938, pues quien ejerciera como censor adscrito a la Junta Delegada de Defensa sobrevivió a la guerra y poco después acabó procesado en un sumarísimo de urgencia (AGHD, 64105).

Don Pío, un censor «muy rojo, blasfemo e indeseable»

Pío Marcos Cuadrado nació en Medina del Campo el 18 de abril de 1894. Su trayectoria vital fue la propia de un tipo anónimo con escasas posibilidades de protagonizar los trabajos de los historiadores. Después de un despido por sus actividades sindicales en el ámbito ferroviario se traslada a Madrid. Allí compatibiliza la profesión de contable con la colaboración en la agencia de noticias Febus y la presencia en periódicos como La Voz. Sin que aparezca su firma en la hemeroteca y en tareas auxiliares, aquellas que le permitieron ser amigo del polifacético Enrique Herreros (1903-1977), hombre de buen humor y mejor talante, aparte de avalista en momentos difíciles.

El incógnito censor: Enrique Capdevila Pérez

La documentación exhumada en Perder la guerra y la historia permitió identificar a Enrique Capdevila Pérez como censor de prensa nombrado por la madrileña Junta Delegada de Defensa. Dada esta circunstancia, consulté el sumario 67900 del AGHD para examinar el consejo de guerra al que fue sometido el también «jefe de negociado de tercera clase» en la Caja Postal de Ahorros, con un modesto sueldo de seis mil pesetas anuales que pronto le llevó a la búsqueda del pluriempleo. La primera conclusión es que el procesado fue un hombre de suerte. Al menos, en comparación con otros muchos republicanos que apoyaron al gobierno desde el inicio de la guerra. Y, además, los militares nunca supieron de su condición de censor. Ni siquiera indagaron acerca de sus actividades al servicio de la citada junta, a pesar de que la relación con la misma figura desde que fuera denunciado por un compañero de trabajo.

 http://hdl.handle.net/10045/154292

 


martes, 3 de junio de 2025

Los sumarios de Heliodoro Fernández Evangelista


 

La vida da sorpresas. La noche del 17 al 18 de julio de 1936 no parecía abocada a registrar grandes sucesos. El redactor dedicado a los mismos en La Libertad, Heliodoro Fernández Evangelista (1892-1966), se disponía a pasarla en la DGS a la espera de que hubiera algo notable para comunicarlo a la redacción. Al cabo del tiempo, comentó con su colega Eduardo de Guzmán que aquella fue una de las noches más tranquilas de las muchas pasadas a la espera de la noticia .

El foco de atención estaba todavía lejos de la capital, en el territorio de los generales africanistas, pero no tardaría en llegar a un Madrid donde el miembro de la APM desde 1925 ya era un veterano redactor de La Libertad, un periódico republicano del que sería redactor-jefe en una fecha que auguraba un difícil futuro: el 25 de enero de 1939. Pocas semanas después fue detenido y, de haber caído su caso en el Juzgado Militar de Prensa, la pena de muerte o de treinta años suponía una posibilidad, al igual que sucediera con otros directores y redactores-jefe de las cabeceras republicanas. El escalafón periodístico era determinante para las condenas.

La trayectoria de Heliodoro Fernández Evangelista durante la guerra incluía otros hitos que habrían sido graves en el baremo del citado juzgado. El 15 de enero de 1937 fue nombrado representante de La Libertad en la APP y, en septiembre de ese año, su nombre figura como vocal segundo en la candidatura del Frente Popular para la junta directiva de la misma. Estos datos, conocidos en las dependencias del Juzgado Militar de Prensa, auguraban una instrucción abocada a un duro auto resumen. Sin embargo, Heliodoro Fernández Evangelista tuvo la suerte de que le detuvieran en relación con un asunto de porteras encabezadas por Engracia García Belmonte y que nadie le recordara su trabajo como periodista. Ni siquiera para comunicar la detención a Manuel Martínez Gargallo, que nunca perdió el tiempo interrogando a serenos, porteras y sirvientas. Su especialización era la gente de pluma y solo ahí fue inflexible.

El 7 de abril de 1939, Matilde Serrano Monera, su esposo el funcionario Joaquín Sáinz de Baranda y Gorostegui y el también funcionario Eustaquio Castresana Guinea, todos ellos de probada solvencia moral y vecinos de la calle Príncipe de Vergara, 4, denunciaron a la portera Engracia García Belmonte, su hija Elvira Blanes García, su yerno Julio Valenciano Pérez y el sereno Baldomero Marrón Álvarez. Los cuatro miembros del Madrid sainetesco son los encausados del sumario 2861 del AGHD. También figura Heliodoro Fernández Evangelista, que tardaría algunas semanas en aparecer porque su denuncia en el SIPM, cursada el 11 de abril por el delineante Ignacio Teresa Marquina, pasó por unas diligencias previas hasta que el sumario desembocó en el Juzgado Permanente n.º 4. Allí el periodista debió declarar acerca de lo sucedido en Príncipe de Vergara, 4, pero nadie se interesó por su trabajo en La Libertad. Ni siquiera en la redacción de Mundo Obrero, según la entusiasta denuncia del delineante que le consideraba como «elemento destacado de izquierdas». El motivo estaba alejado de las redacciones: mientras Ignacio penaba en las cárceles republicanas, Heliodoro ocupó su domicilio y, al finalizar la guerra, los muebles del piso confiscado habían desaparecido.

El periodista queda recluido en Porlier a la espera de que el sumario avanzara. El 9 de septiembre de 1939, llega el informe de la Guardia Civil acerca de Heliodoro Fernández Evangelista, al que considera vinculado con el PSOE. También cita su trabajo en La Libertad, «dedicándose desde el citado periódico a revolucionar al público en sentido extremista». Justo en ese momento el caso debiera haber pasado al Juzgado Militar de Prensa, máxime cuando la Guardia Civil añade que publicó «toda clase de injurias para el Glorioso Ejército Nacional, animando al ejército rojo a que resistiera hasta que no quedara un hombre en pie de guerra, y animándolos a hacer toda clase de salvajadas». La acusación habría sido constitutiva de un delito de rebelión militar en el juzgado del capitán Manuel Martínez Gargallo, pero Heliodoro tuvo suerte en un reparto que prueba la arbitrariedad con que se actuó.

El 4 de marzo de 1940 llega el informe de los servicios de investigación de FET y de las JONS. Los falangistas no averiguan nada acerca de las actividades periodísticas de Heliodoro Fernández Evangelista, pero señalan que durante la guerra convivía con una mujer soltera y ambos disfrutaban de una «magnífica» situación económica, dejando entrever algún manejo complementario al de ocupar el domicilio del delineante que finalmente les denunciaría. Los meses pasan, con el periodista en Porlier sin ser interrogado, y el 2 de septiembre de 1940 la Brigada de Investigación recuerda que Heliodoro era de «ideas extremistas», «vivió con toda clase de comodidades» y se dedicó a «la propaganda roja». Sin embargo, la policía fue incapaz de ver el nombre del encausado en la prensa y piensa que no formó parte de algún comité. El trabajo de la citada brigada fue precario para fortuna del redactor-jefe de La Libertad.

Los servicios de investigación de FET y de las JONS vuelven a redactar un informe el 5 de septiembre de 1940. Los falangistas afirman que durante la guerra el periodista ocupó el piso de Príncipe de Vergara, 4, gracias a la intervención de Encarna García Belmonte, la portera del edificio. Aparte de convivir en pecado con la amante, Heliodoro amuebló lujosamente el domicilio con enseres requisados al tiempo que, mediante artes que cabe suponer ilegales, disponía de otros tres pisos en Madrid.

El informe parece contradictorio con la denuncia, pues el primero afirma que el periodista trajo muebles requisados y el segundo que desaparecieron los originales. En cualquier caso, resulta evidente que el encausado era un sospechoso merecedor de un proceso para dilucidar sus responsabilidades en materia de incautaciones. Así lo dicta la lógica represiva de aquella jurisdicción militar. Sin embargo, el 9 de septiembre de 1940, cuatro días después de tan preocupante informe, Heliodoro Fernández Evangelista sale de la cárcel sin mediar alguna justificación u orden. El milagro se produjo. Mientras tanto, la portera Encarna García Belmonte, que lo negó todo, tuvo más complicaciones, pues en su caso el sobreseimiento no llegó hasta enero de 1944.

El paso por las cárceles de la Victoria o los consejos de guerra imprimía un carácter indeleble. El zamorano Heliodoro Fernández Evangelista salió bien parado por razones que no constan en el sumario 2861, pero el masón acabaría procesado por el TERMC de Madrid, que el 19 de octubre de 1943 le condenó a doce años conmutados por seis de confinamiento en Salamanca. El periodista no los cumpliría por una probable falta de control de la policía y se convertiría en un sospechoso habitual que, antes o después, volvería a pisar las comisarías.

Así sucedió el 27 de marzo de 1946, cuando Heliodoro Fernández Evangelista estaba tomando unos vinos en el bar La Perla de la calle Bravo Murillo en compañía de unos amigos. Uno de ellos, al parecer, entregó un manifiesto de IR a Joaquín Ruiz del Río, antiguo policía durante la guerra que había pasado veintidós meses en la cárcel hasta salir absuelto. Leído el texto, «en cuyo contenido se atenta contra los principios fundamentales del Estado español», el republicano arrepentido se presentó al día siguiente en la comisaría para denunciar a Francisco Fernández Romero «por actividades de tipo comunista» (AGHD, 135277).

La Brigada Político-Social actuaba rápido en estas ocasiones. El mismo día 28 detiene al denunciado, un empleado de cuarenta años, casado y natural de Linares. Francisco Fernández Romero reconoce su paso por la cárcel tras un consejo de guerra celebrado en Albacete, donde estuvo destinado como policía al servicio de los republicanos. De ahí vendría su amistad con el denunciante, pero declara que el manifiesto no era suyo, sino del periodista Heliodoro Fernández Romero, que ese mismo día es detenido y presta declaración en comisaría. Aparte de reconocer su afiliación a Unión Republicana antes de la guerra y su trabajo en la redacción de La Libertad, sin ocupar ningún cargo sindical o político, explica que recibió en su buzón el manifiesto por su condición de periodista, «con el único objeto de que lo conociera estando conceptuado entre sus amistades como un represaliado y, por lo tanto, como persona de izquierdas». De hecho, por entonces se encontraba confinado en Madrid a resultas de una condena del TERMC.

Los tiempos de la represión eran más llevaderos por entonces, siempre que los detenidos no estuvieran vinculados con grupos comunistas o anarquistas. Ambos interrogados, Francisco y Heliodoro, quedan en libertad condicional y a disposición del Juez Especial de Masonería y Comunismo, que recibe las declaraciones junto con un ejemplar del manifiesto A la opinión pública española, firmado por la Comisión Ejecutiva del Consejo Nacional de Izquierda Republicana.

El 5 de junio de 1946, la DGS emite un informe sobre Francisco Fernández Romero. Por entonces había vuelto a trabajar en Unión Eléctrica Madrileña tras superar sus reiterados problemas con las autoridades militares, que le detuvieron en más de una ocasión por su condición de policía al servicio de los republicanos. Sin embargo, a esas alturas de la posguerra Francisco parecía arrepentido y la valoración de su conducta es positiva, como corrobora la Guardia Civil en su informe del 14 de junio de 1946.

La declaración de Francisco ante el juez instructor tiene lugar el 8 de abril de aquel año y, como es previsible, niega cualquier relación con los grupos clandestinos. De hecho, se limitó a recibir el manifiesto de mano de Heliodoro y, sin leerlo siquiera, lo entregó a los falangistas Joaquín Ruiz del Río y Antonio Pérez. El primero, como converso al falangismo, se apresuró a denunciarlo.

El protagonismo pasa entonces a Heliodoro, del cual la Guardia Civil emite un informe fechado el 15 de junio de 1946 que repite los redactados con motivo del primer consejo de guerra. La declaración ante el implacable coronel Enrique Eymar Fernández tiene lugar el 9 de abril. Heliodoro Fernández Evangelista todavía se consideraba periodista y, por esa condición añadida a la de represaliado, le conocerían quienes mandaban por Correos textos como el citado manifiesto. El declarante dice haberlos quemado «sin concederles importancia». Si en esta ocasión entregó el firmado por el Consejo Nacional de Izquierda Republicana a su amigo Francisco solo fue por suponerle, a esas alturas, policía en activo.

El coronel Enrique Eymar Fernández no creería semejante declaración de quien suponía estar en el bar La Perla junto con un policía de confianza. La coartada resulta inverosímil, pero también es cierto que aquellos republicanos le debieron parecer inofensivos a quien debía perseguir a enemigos de mayor altura. El coronel redacta un detallado auto resumen el 20 de mayo de 1947, lo eleva al auditor y este dicta el sobreseimiento once días después.

Heliodoro y Francisco eran unos derrotados, su voluntad de mantener los rescoldos del republicanismo no suponía problema alguno para el régimen y ambos salieron en libertad, aunque sin volver a Salamanca en el caso del periodista sobre el que pesaba una orden de confinamiento como antiguo masón. Al fin y al cabo, toda España era una prisión y, como le sucediera en la ficción a Martín Marco, estos derrotados siempre estarían bajo el temor de un edicto publicado en la prensa, una llamada a declarar o un amigo que, después de tomar unos vinos, acudiera presto a presentar la denuncia porque nunca eran suficientes los méritos contraídos ante «las jerarquías» del régimen franquista. Visto el panorama, era de agradecer permanecer fuera de la cárcel, aunque con la posibilidad de volver por cualquier vino tomado en compañía poco fiable

domingo, 1 de junio de 2025

El sumario del «comité rojo de ABC»

 


Portadas del ABC incautado y publicado en Madrid durante la Guerra Civil


El 26 de mayo de 1939, el mecánico Francisco Gallego Cano denuncia en el Juzgado de la Causa General de Madrid que su hijo Francisco, empleado de Prensa Española, estuvo escondido en su domicilio de la calle Fuencarral, n.º 30, por ser militante de Renovación Española. Allí, concretamente el 14 de agosto de 1936, fue localizado y detenido por unos milicianos de la FAI junto con un policía. El joven, que había formado parte de las milicias de la citada organización derechista, fue conducido a la comisaría de Buenavista, la Dirección General de Seguridad y, finalmente, a la cárcel de Las Ventas para terminar apareciendo su cadáver en una cuneta de la carretera de Andalucía. El padre sospecha que los responsables del asesinato son los miembros del «comité rojo de ABC», pero desconoce sus nombres y pide a la autoridad militar que abra la correspondiente investigación para esclarecer los hechos y depurar las responsabilidades (AGHD, 113451).

El texto abajo enlazado con su publicación en el Repositorio de la Universidad de Alicante es el borrador del capítulo dedicado a este episodio en La colmena, el tercer volumen de la trilogía sobre los consejos de guerra de periodistas y escritores durante el período 1939-1945. La publicación del mismo tendrá lugar en 2026. Mientras tanto, quedo a la espera de posibles observaciones de los colegas que investigan los temas relacionados con la represión a lo largo del citado período. La historia es una tarea colectiva y en permanente construcción:

http://hdl.handle.net/10045/154146



domingo, 10 de noviembre de 2024

Las armas contra las letras: el primer borrador del tercer volumen. La solidaridad de las universidades de Cádiz y Alicante


 

El pasado día 14 de octubre declaré en la Audiencia Provincial de Cádiz con motivo de la demanda interpuesta por uno de los hijos del alférez Baena Tocón. El formato de una declaración en sede judicial difiere mucho de una conferencia o cualquier otro habitual en el ámbito académico. Esta circunstancia me permitió manifestar lo fundamental acerca de quien fuera secretario del Juzgado Militar de Prensa, pero sin el orden en la exposición que requiere un trabajo de carácter histórico.

A partir de la documentación recopilada durante estos años de investigación, he escrito un borrador de lo que será el capítulo dedicado al alférez Baena Tocón en el tercer volumen de la trilogía sobre los consejos de guerra contra periodistas y escritores durante el período 1939-1945. El segundo se encuentra en prensa.

El objetivo de incluirlo temporalmente en el catálogo del Repositorio de la Universidad de Alicante, como en anteriores ocasiones, es ponerlo a disposición de otros especialistas para su revisión, ampliación o rectificación. La historia es una tarea colectiva y, afortunadamente, cuento con un grupo de colegas que comparten los mismos motivos de interés en un clima de colaboración e intercambio de información.

Por último, mañana se reúne la Junta de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante. El orden del día incluye un punto relacionado con los compañeros de la Universidad de Cádiz que, junto con la Asociación de Historia Contemporánea, la Comisión Cívica para la recuperación de la memoria democrática de Alicante, Memorialistas de Jerez de la Frontera y la Fundación Miguel Hernández, se solidarizaron conmigo a raíz de la vista oral celebrada en Cádiz. Los textos de los respectivos comunicados se encuentran en anteriores entradas de este blog. Una vez sometido a votación el punto del orden del día, incluiré el correspondiente enlace. Por lo pronto, os paso el del borrador citado a la espera de cualquier sugerencia o indicación que permita ampliarlo y mejorarlo:

http://hdl.handle.net/10045/148818

PD. La Junta de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante, en su reunión del 12 de noviembre de 2024, ha aprobado por unanimidad el siguiente texto:



En fechas próximas, el decano de la citada Facultad se pondrá en contacto con su homólogo de Cádiz para darle cuenta del acuerdo y manifestar su solidaridad con el Departamento de Historia Contemporánea gaditano. El mundo académico admite sin problema la crítica y el debate, pero se muestra unánimemente en contra de quienes utilizan el insulto y la descalificación para coartar la libertad de expresión, de investigación y de cátedra.

jueves, 7 de noviembre de 2024

El segundo volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores


 

A principios del presente año publicamos Las armas contra las letras. Los consejos de guerra de periodistas y escritores, 1939-1945. El compromiso asumido entonces fue que el segundo volumen de la trilogía estaría en las librerías al cabo de un año. El reto era complejo, pero ayer entregué a la editorial el original de Perder la guerra y la historia. La represión de periodistas y escritores, 1939-1945.

El cambio en el título se deriva del tipo de casos analizados en este volumen y el nuevo subtítulo intenta integrar lo sucedido en los consejos de guerra en un marco más amplio, el de la represión sufrida por los escritores y periodistas durante aquellos aciagos años.

Ahora quedan unos meses por delante donde hay que maquetar y revisar a conciencia el texto con ayuda de mis compañeros del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante y los amigos de la editorial Renacimiento. El trabajo es lento, pero si todo va bien a principios de 2025 tendremos el nuevo volumen en las librerías para ahondar en el conocimiento de lo sucedido en el Juzgado Militar de Prensa y otros órganos de la jurisdicción militar.

Mientras tanto, esta semana he empezado a redactar el tercer volumen a la espera de que me lleguen las decenas de sumarios solicitados al Archivo General e Histórico de Defensa. La elaboración de esta culminación de la trilogía será más lenta por el volumen de la documentación solicitada, pero espero tenerla lista a finales de 2026.

Os copio el índice de Perder la guerra y la historia:

 

ÍNDICE

-       Introducción

-       Fotografía Mendoza en el Madrid de 1943

-       El procesamiento del «novelista más guapo del mundo»

-       El proceso del capitán Saltatumbas

-       De la frivolidad al penal: la trayectoria de Santiago de la Cruz

-       Un consejo de guerra contra el ABC republicano

-       Antonio Buero Vallejo condenado a muerte

-       Joaquín Dicenta Alonso, «espíritu anarquizante e inmoral»

-       La peculiar trayectoria de Manuel García Bengoa

-       El consejo de guerra de Rosario del Olmo

-       La continuidad de la represión: Matilde Zapata, Rosario del Olmo y Amalia Carvia

-       La represión nunca olvida: Aurora Bertrana y M.ª Bueno Núñez de Prado

-       Antonio Agraz, anarquista y desesperado

-       Francisco Escola Besada en el punto de mira

-       El periodista Ricardo Flores murió en la cárcel

-       Los consejos de guerra de Ramiro Gómez Zurro

-       La «rebeldía» del masón Mateo Hernández Barroso

-       Un periodista de «moralidad intachable»: Antoni Pugués Guitart

-       La condena del conserje que fue periodista: Antonio Uriel

-       La petición de indulto de Vicente Ramón Esteban

-       Condenado a muerte y desconocido: Eduardo de Castro Escandell

-       El destino del comediógrafo César García Iniesta

-       La inocencia del «chequista» Enrique Peinador

-       Epílogo

-       Bibliografía