domingo, 14 de abril de 2024

El destino trágico de Ignacio Carral y Luis Sirval


La editorial Renacimiento publicó hace unos meses un texto de Ignacio Carral solo conocido por quienes nos dedicamos a la investigación sobre el periodismo republicano. Se trata del testimonio dedicado al compañero Luis de Sirval, asesinado en la Asturias de octubre de 1934 cuando intentaba dar cuenta de lo sucedido buscando una información de primera mano. El periodista valenciano supo demasiado, contaba con una información comprometedora y lo pagó con su vida antes de que pudiera darla a conocer. Su asesinato en una comisaría asturiana a manos de un legionario fue posteriormente un motivo de escándalo. «El caso de Luis de Sirval» forma parte de mi libro Hojas volanderas. Periodistas y escritores en tiempos de República (Sevilla, Renacimiento, 2011, pp. 354-379). Aquel trabajo me permitió conocer a Ignacio Carral, a quien dediqué un extenso capítulo en Suelas gastadas. Periodistas y escritores en tiempos de cambio (Sevilla, Renacimiento-Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2017, pp. 19-69). Incluso elegí su imagen como portada en un homenaje al periodista que encarnaba como pocos la metáfora de las suelas gastadas, de patear la calle en busca de una información de primera mano:


El objetivo de esta investigaciones pasa por recuperar, al menos en parte, la obra de los autores estudiados cuando la misma resulta inaccesible para la inmensa mayoría de los lectores. Afortunadamente, el propósito de divulgar los trabajos de Ignacio Carral parece cumplido en lo fundamental, pues hace unos años la editorial La Uña Rota ya publicó Los otros en una excelente edición que recopila las diferentes entregas de aquellos reportajes:


Ahora, gracias a Renacimiento, Ignacio Carral y Luis de Sirval aparecen juntos de nuevo en el citado libro, que originalmente fue publicado con la inmediatez de lo urgente para denunciar el asesinato del colega y amigo con el posterior escándalo político. El episodio alumbra con intensidad la España inmediatamente anterior a la Guerra Civil. Luis de Sirval fue asesinado en octubre de 1934. Ignacio Carral murió de una angina de pecho un año después. Ambos eran representantes de lo mejor del periodismo republicano y no pudieron llegar vivos a los cuarenta años. Se fueron jóvenes, demasiado jóvenes, en un tiempo donde tantas trayectorias quedaron trágicamente truncadas. Al releer el libro dedicado a Luis de Sirval, revivimos la emoción de una juventud ilusionada y dramáticamente abocada a la muerte.

martes, 9 de abril de 2024

El consejo de guerra del ABC republicano


El segundo volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores ya está casi terminado a la espera de iniciar el largo proceso para su aprobación y, en su caso, posterior publicación. La investigación me ha permitido entrar en contacto con entidades como la SGAE y periódicos como ABC. Sus responsables se han mostrado interesados en conocer lo sucedido con los consejos de guerra protagonizados por los autores de la misma o los redactores de la citada cabecera. Fruto de ese interés es el artículo que Israel Viana hoy publica en ABC:


Israel Viana ha partido del texto que le remití con el borrador del capítulo dedicado al consejo de guerra donde fueron condenados cuatro periodistas vinculados con ABC y una entrevista por teléfono. Al final, se ha deslizado una imprecisión cuando me refiero a los alféreces. En realidad estoy hablando de los secretarios instructores. Es cierto que, a menudo, este cargo lo ocupaban alféreces con estudios universitarios, pero a lo largo de la investigación también he visto actuar como secretarios a tenientes, sargentos, cabos e, incluso, soldados. De la misma forma, en este sumario quien actúa de juez instructor es el secretario de otros instruidos en el propio Juzgado Militar de Prensa.

El borrador del capítulo tiene unos treinta folios donde detallo con la mayor precisión posible los pasos dados en este consejo de guerra cuyo sumario fue instruido en el Juzgado Militar de Prensa. La forzosa síntesis en un par de folios, como máximo, deja fuera numerosos detalles y siempre corre el riesgo de las imprecisiones. No obstante, lo fundamental queda resaltado porque le transmití al periodista la ausencia de garantías jurídicas de estos procesos cuyas sentencias son nulas desde la aprobación de la Ley de Memoria Democrática. Si algún lector necesita más información al respecto, pongo a su disposición el correspondiente archivo con el texto del capítulo y, como siempre, quedo a la espera de cualquier información que pudiera completar o matizar mi trabajo.

El titular está sacado de la conversación telefónica y queda matizado en el propio texto del artículo. Las condenas a muerte en serie se podían dictar en un tiempo breve que no necesariamente sería media hora. A menudo, en sumarios colectivos la vista previa y el plenario coincidían en el mismo día. Si tenemos en cuenta que, por los testimonios orales, las sesiones eran matinales o vespertinas, podemos suponer que la deliberación del tribunal no iría más allá de una hora de esa mañana o tarde donde se había celebrado la vista previa y el propio consejo de guerra. El caso de Miguel Hernández ejemplifica esta situación y hasta conocemos algunos pormenores de sus prisas gracias al testimonio de Eduardo de Guzmán.

Si el titular puede resultar un tanto llamativo por inexacto, conviene recordar algún ejemplo concreto. En el sumario 48310 del AGHD, el 5 de abril de 1940 el comandante Pablo Alfaro Alfaro señaló la vista previa para el día siguiente. En la misma se pidieron penas de muerte para el periodista Enrique Peinador Porrúa y más de cincuenta procesados. El consejo de guerra se celebró en una sesión única el 8 de abril de 1940 y la sentencia estableció cincuenta y cuatro penas de muerte. Cinco días después, el auditor ratificó la sentencia y el 27 de abril de 1940 fueron fusilados Benigno Mancebo Martín, Arturo Ledesma Sánchez, Agustín Aliaga de Miguel, José Delgado Prieto, Manuel Ramos Martínez, Fernando García Peña, Virgilio Escámez Mancebo, Leopoldo Carrillo Gómez, Juan Fidel Losa Petite, José Mª. Ovejero de Gante, Eloy de la Figuera González, Argimiro Giménez Hernández, Ángel del Río Herrera, Félix Huerto Tabernero, Federico Pérez Díaz, Mariano Cabo Pérez, Alberto Uriarte Presilla, Guillermo Fillola González, Luis Vázquez Tellez, Joaquín Valentín Pastrana, José Jurado Plaza, Mariano Albert Reigada, Mateo Castañar Canales, Salvador Aguado Cordón, José Sánchez Macías, Damián Sánchez Salguero, Juan de Dios Ríos Rosas, Antonio Ariño Ramis, Eleuterio Muñoz Alonso, Avelino Cabrejes Platero, Nicolás Hernández Macías, Cristóbal Pérez Cáceres, Juan Vera Vega, Juan Bernardo Martín, Juan de Dios García Paulino, Anastasio Fernández Moreno, Manuel Corchado Durán, Gonzalo Suárez Molino, Daniel Cuesta Cadalso, Florentino Gallastegui Gandarias, Pablo Gallastegui Gandarias, Luis García Llopis y Pablo Andújar García.


Si pongo los nombres de los fusilados y no la cifra total es por una simple cuestión de respeto a la memoria de estas personas, aquel que no tendría un tribunal capaz de dictar tantas sentencias de muerte en una misma mañana. Por cierto, el joven periodista y abogado Enrique Peinador Porrúa también fue fusilado. La acusación es una suma de contradicciones y falsedades, pero con las prisas nada se tuvo en cuenta. La historia, con todos los detalles, aparecerá en el segundo volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores.

miércoles, 3 de abril de 2024

Los textos antifascistas de Miguel Hernández


A estas alturas, afirmar que Miguel Hernández fue un antifascista supone una obviedad. La bibliografía al respecto es abrumadora. No obstante, todavía cabía mostrar de manera accesible y ordenada los textos de ese antifascismo escritos por el poeta durante la Guerra Civil. La recopilación ha corrido a cargo de la escritora Elena Medel y la edición en una editorial como Seix Barral (Barcelona, noviembre de 2023) garantiza que el volumen llegará a todos los interesados.
La lectura de esta recopilación me ha permitido recordar algunos textos y descubrir otros, casi siempre aparecidos en las publicaciones antifascistas donde Miguel Hernández colaboró hasta que las circunstancias de su salud se lo permitieron. Las casi cuatrocientas páginas no deparan sorpresas de relieve, pero permiten calibrar la intensidad y la calidad de una obra donde vemos al poeta en su faceta  más comprometido con la suerte de la República.
Elena Medel acompaña los textos con las imprescindibles notas para que el lector pueda contextualizarlos y conocer algunos pormenores de los mismos. El empeño le ha llevado a consultar una bibliografía actualizada, entre la que figura mi edición de los consejos de guerra de Miguel Hernández (Madrid, Ministerio de Defensa-Universidad de Alicante, 2022). Si todo trabajo académico espera ser útil para el conocimiento compartido con otros colegas y los lectores, la citada edición ha vuelto a alcanzar su objetivo.
Por otra parte, al leer esta recopilación, es inevitable una reflexión sobre la labor realizada por el juez Manuel Martínez Gargallo y el secretario Antonio Luis Baena Tocón en la instrucción del sumario que desembocó en la condena del poeta. Al margen de que estos procesos hayan quedado anulados por ilegítimos, su trabajo incluyó errores ya puestos de relieve en la edición y, sobre todo, fue tremendamente incompleto. Ambos oficiales apenas aportaron unas muestras aisladas y no siempre significativas de la labor antifascista del poeta. 
Apenas importaba, pues en el «derecho de autor» seguido en estos sumarísimos de urgencia lo primordial no era el hecho probado, sino quién lo había protagonizado. En aquel Juzgado Militar de Prensa, por donde tantos escritores pasaron, ignoraron la realidad de lo realizado por el oriolano como antifascista, pero les bastó saber que fuera un antifascista para instruir un sumario abocado a la posterior condena por parte del tribunal que presidiera el comandante Pablo Alfaro.

lunes, 1 de abril de 2024

Los Miguel Hernández nunca volverán a ser censurados


 

https://www.eldiario.es/blog/al-dia/podcast-miguel-hernandez-memoria-enlaces-internet_132_11244114.html

Gracias al trabajo de los periodistas Juanlu Sánchez, Marcos García y Alberto Pozas, hoy en El Diario hemos explicado la trascendencia de la sentencia del Tribunal Supremo que niega el derecho al olvido digital al alférez Antonio Luis Baena Tocón, secretario del juzgado que instruyó uno de los sumarios de Miguel Hernández.

Aunque todavía tenemos pendiente una macrocausa en Cádiz, donde nos piden 11.500.000 euros por la supuesta intromisión en el honor del citado oficial, el calvario de insultos, difamaciones y demandas de estos cinco años ha empezado a dar paso a una jurisprudencia que preserva el trabajo de los historiadores frente a las intenciones de quienes quieren construir una historia a su medida. Esa jurisprudencia ya existía en lo fundamental, pero gracias a la cruzada judicial de uno de los herederos del alférez ahora ha quedado reforzada. La paradoja es notable y debiera ser motivo de reflexión.

Desde el principio, cuando la Universidad de Alicante publicó la resolución concebida por la profesora Teresa Cantó y firmada por el gerente Rafael Pla, he tenido claro que el empeño era contra quienes querían censurar mis trabajos académicos. Desde el 19 de marzo de 2024 ambos tienen la sentencia del Tribunal Supremo. Ninguno ha reconocido su error y me ha pedido las correspondientes disculpas. Tampoco me las han pedido quienes buscaron las más insólitas razones para disimular o justificar la censura. Y fueron bastantes, sin que merezca la pena hacer el correspondiente listado. Frente a esta gente que nunca reconoce sus errores, ahora prefiero acordarme de las muchas personas que me han ayudado a superar estos cinco años de insultos, difamaciones y demandas.

Yo podría haberme ahorrado este calvario borrando el nombre de un personaje secundario de mis trabajos. La tarea era sencilla y nadie habría reparado en la misma. No lo hice por coherencia con la defensa de la libertad de expresión y de investigación, que no solo es mía, sino también de todos mis colegas. 

El precio de esa coherencia ha sido muy caro, pero ha merecido la pena porque, si uno de nosotros cede, todos acabamos pagando las consecuencias. Ahora, después de pasar un verdadero calvario, empiezo a comprobar la satisfacción de quienes siempre me han apoyado. A ellos me debo y por esa misma razón culminaré la trilogía dedicada a los consejos de guerra de los periodistas y escritores. El primer volumen, Las armas contra las letras, ya ha sido editado y el segundo aparecerá a finales de este año. Seguimos adelante porque la libertad de expresión no es negociable y siempre merece un esfuerzo para preservarla.

sábado, 30 de marzo de 2024

Joaquín Dicenta y el Sindicato de Autores


 

Joaquín Dicenta Alonso. Fuente: Wikipedia

El comediógrafo Joaquín Dicenta Alonso fue el máximo responsable del Sindicato de Autores adscrito a la UGT y fundado en agosto de 1936 para, entre otros objetivos, proporcionar a los afiliados un carnet sindical que les protegiera como «proletarios» en un contexto represivo. La trayectoria de la organización estuvo salpicada por las previsibles vicisitudes de numerosos autores derechistas en aquel Madrid de la guerra. Al margen de algunos posibles errores en la gestión, la actitud del hijo del célebre Joaquín Dicenta fue solidaria con sus colegas e intervino en ayuda de bastantes músicos y comediógrafos que fueron detenidos o tuvieron otros problemas con las autoridades republicanas. Poco antes del final de la guerra, y ante sus compañeros del comité sindical reunidos en Madrid, Joaquín Dicenta Alonso hizo un recuento detallado de sus acciones solidarias. El balance merece un respeto y hasta un homenaje todavía pendiente.

Sin embargo, Joaquín Dicenta Alonso fue procesado y condenado en un consejo de guerra como tantos otros colegas que permanecieron fieles a la II República. El análisis de su sumario depositado en el AGHD, así como de otros protagonizados por escritores y músicos relacionados con la SGAE, permite observar que a las acusaciones de los militares se sumaron otras de sus colegas, especialmente de aquellos que debían ocultar su pasado más inmediato y hacer méritos ante las nuevas autoridades. El caso más notable en este sentido tal vez sea el del polifacético Manuel García Bengoa, pero no fue el único que lanzó graves acusaciones contra el presidente del Sindicato de Autores.

Por fortuna, los militares del Ejército de Ocupación no prestaron demasiada atención a estas acusaciones y también admitieron los testimonios de los autores que mostraron su solidaridad con quien les había salvado de sufrir la represión de los republicanos. Gracias a este contrapeso, su estancia en la cárcel no fue demasiado larga y, sobre todo, Joaquín Dicenta Alonso se libró del pelotón de ejecución que habría acabado con su vida de haber prosperado las citadas denuncias.

Los actuales responsables de la SGAE han manifestado su interés por conocer este tema y, por lo pronto, les he facilitado la documentación sumarial, así como los borradores de los capítulos dedicados a Joaquín Dicenta Alonso y sus compañeros en Perder la guerra y la historia, el segundo volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra seguidos contra periodistas y escritores. La colaboración sigue adelante y probablemente culmine con la publicación por parte de la SGAE de un volumen dedicado a conocer la historia del organismo durante la Guerra Civil. Mi aportación está comprometida y espero ayudar a desentrañar un complejo marco donde las delaciones a menudo dejaron en evidencia lo peor de la condición humana.

domingo, 24 de marzo de 2024

¿Paolo Conte o Adriano Celentano?


Los veranos de la adolescencia resultaban largos y las tardes todavía más. La imaginación era un buen recurso para sobrellevar ese tiempo estancado bajo un cielo de intenso azul. Y la música la activaba gracias a un tocadiscos portátil en una casa de campo donde pasaba aquellos meses. Cincuenta años después, recuerdo las canciones de cada estío de finales de los sesenta y principios de los setenta, que no eran las oficiales gracias a «Los cuarenta principales», sino las que por vete a saber qué me hicieron sonreír y soñar. El efecto continúa cada vez que las rescato.
Apenas tendría trece o catorce años cuando descubrí Azzurro en la versión de Adriano Celentano. La canción es de 1966 y, por entonces, ya era casi un clásico, pero me llegó a principios de los setenta y ese verano, cada tarde de cielo azul, escuchaba aquello de «Azzurro/ Il pomeriggio é troppo azzurro/ E lungo per me». Era la versión alegre y pegadiza de Adriano Celentano, que ha acabado siendo un himno alternativo para los italianos.
Después de montarme cada tarde en «il treno dei desideri», cuando ya sabía de memoria la letra en italiano, se me ocurrió traducirla con ayuda de un diccionario. Aquello no era tan alegre y hasta magistralmente pachanguero, sino unos versos de melancolía, algo de hastío y sentimientos contradictorios. No entendía la disociación entre la letra y la música, pero la he seguido escuchando hasta ahora, cuando cada cierto tiempo veo un recital del grandísimo Adriano Celentano dado en 2012. Verle en un escenario a los 75 años me emociona y habría pagado una fortuna por estar en Verona aquella noche:


Ya siendo profesor, en los ochenta y gracias a mi hermano, un día descubrí la versión de Paolo Conte, el compositor de Azzurro. El disco me fascinó y disfruté con una letra que por fin iba en coherencia con la música. Por desgracia, entonces era difícil ver en TVE grabaciones de alguien como este cantante italiano. Tuve que esperar hasta la llegada de You Tube para entusiasmarme con el estilo personal de quien iba camino de ser notario y dejó las aburridas leyes para darnos unas letras donde a menudo surge la interrogante o la contradicción:


Ahora, cuando ya ando cerca de la jubilación, sigo escuchando la canción en las dos versiones. Si tengo el «espíritu de mambo», según la definición de Alberto Sordi, selecciono la de Adriano Celentano y cuando ando agobiado, incluso introspectivo, me decanto por la de Paolo Conte. Al final, siempre tengo la duda compartida con mi mujer acerca de cuál es la mejor. Llevamos años hablando sobre el tema y todavía lo ignoramos. Tal vez porque no haya respuesta y todo dependa del momento que vivas cuando la escuchas. 
En cualquier caso, soñamos con preguntar a los protagonistas, que andan cerca de los noventa años, antes de que sea demasiado tarde. Apenas importa si no lo conseguimos, pues les conocemos a través de sus canciones y, probablemente, no tengan una respuesta definitiva. Nunca las han tenido y por eso nos gustan desde hace décadas.
Esta semana, después de cinco años soportando los insultos de la intolerancia, me he decantado por la versión de Adriano Celentano y hasta la he tarareado con el aire zumbón de quien tiene espíritu de mambo. Sin embargo, hoy, para no pasarme, he recordado la obra maestra de Paolo Conte, cuya exégesis me lleva años sin haber llegado a una conclusión clara. No importa. Me gusta «Via con me» y la disfruto:




martes, 19 de marzo de 2024

El Tribunal Supremo y el derecho al olvido digital



Desde la primavera del 2019, estoy sometido a una sucesión de intentos de censura, insultos, difamaciones y demandas que hoy, con la clarificadora sentencia del Tribunal Supremo, ya toca dar por superada a la espera del pronunciamiento del Juzgado n.º 5 de Cádiz. Si contara todo lo sucedido, tendría materia para escribir un nuevo libro, pero prefiero dedicar mi tiempo a completar la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores durante el período 1939-1945. 
Os paso algunos de los enlaces de lo publicado en torno a la sentencia del Tribunal Supremo:








 
https://www.larazon.es/espana/supremo-rechaza-derecho-olvido-secretario-juicio-que-condeno-poeta-miguel-hernandez_2024031965f968a3cb58620001ffcfd4.html

https://www.poderjudicial.es/portal/site/cgpj/menuitem.65d2c4456b6ddb628e635fc1dc432ea0/?vgnextoid=234661b8d165e810VgnVCM1000004648ac0aRCRD&vgnextchannel=05bc3da6cbe0a210VgnVCM100000cb34e20aRCRD&vgnextfmt=default&vgnextlocale=eu&lang_choosen=eu

https://www.eldiario.es/politica/supremo-rechaza-derecho-olvido-alferez-participo-proceso-condeno-muerte-miguel-hernandez_1_10960920.html

https://elderecho.com/rechazo-del-derecho-al-olvido-del-secretario-del-juzgado-de-la-causa-contra-el-poeta-miguel-hernandez

https://www.rtve.es/noticias/20240319/supremo-rechaza-derecho-olvido-del-secretario-causa-condeno-a-miguel-hernandez/16022140.shtml

https://www.levante-emv.com/sociedad/2024/03/19/supremo-rechaza-derecho-olvido-pedido-99678710.html

https://www.abc.es/cultura/supremo-rechaza-derecho-olvido-secretario-firmo-condena-20240319131458-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.abc.es%2Fcultura%2Fsupremo-rechaza-derecho-olvido-secretario-firmo-condena-20240319131458-nt.html

https://valenciaplaza.com/eltsrechazaelderechoalolvidodelsecretariojudicialqueparticipoenelprocesocontramiguelhernandez

https://aqui.madrid/el-derecho-a-la-informacion-prevalece-sobre-derecho-al-olvido-en-un-caso-vinculado-a-miguel-hernandez/

https://www.msn.com/es-es/noticias/espana/el-supremo-rechaza-el-derecho-al-olvido-de-un-alf%C3%A9rez-que-particip%C3%B3-en-el-proceso-que-conden%C3%B3-a-muerte-a-miguel-hern%C3%A1ndez/ar-BB1k9b27

https://www.diariodemallorca.es/sociedad/2024/03/19/supremo-rechaza-derecho-olvido-pedido-99678707.html

https://www.infobae.com/espana/agencias/2024/03/19/el-ts-rechaza-el-derecho-al-olvido-de-una-persona-que-participo-en-la-causa-que-condeno-a-muerte-a-miguel-hernandez/

https://fuentesinformadas.com/el-supremo-niega-el-derecho-al-olvido-a-un-participe-de-la-causa-que-condeno-a-miguel-hernandez

https://www.laopiniondemalaga.es/sociedad/2024/03/19/supremo-rechaza-derecho-olvido-pedido-99678732.html

https://sanlucardigital.es/politica/el-supremo-rechaza-el-derecho-al-olvido-de-un-alferez-que-participo-en-el-proceso-que-condeno-a-muerte-a-miguel-hernandez/

https://www.legaltoday.com/actualidad-juridica/noticias-de-derecho/el-ts-rechaza-el-derecho-al-olvido-del-secretario-del-juzgado-de-la-causa-contra-el-poeta-miguel-hernandez-que-pedia-su-hijo-2024-03-20/

https://www.diariodesevilla.es/juzgado_de_guardia/sentencias/Supremo-secretario-judicial-Miguel-Hernandez_0_1885911891.html

https://www.meneame.net/m/actualidad/supremo-rechaza-derecho-olvido-secretario-judicial-participo

https://alicantealdia.es/el-supremo-rechaza-el-derecho-al-olvido-de-una-persona-que-participo-en-la-causa-que-condeno-a-muerte-a-miguel-hernandez/

https://elderecho.com/rechazo-del-derecho-al-olvido-del-secretario-del-juzgado-de-la-causa-contra-el-poeta-miguel-hernandez

https://www.elnacional.cat/es/politica/supremo-rechaza-derecho-olvido-secretario-tribunal-condeno-muerte-miguel-h_1180848_102.html

https://www.publico.es/politica/supremo-rechaza-derecho-olvido-secretario-juzgado-causa-miguel-hernandez.html

https://www.europapress.es/nacional/noticia-supremo-busca-sentar-jurisprudencia-derecho-olvido-caso-relativo-juicio-poeta-miguel-hernandez-20230216141049.html

https://www.jobo.es/2024/03/supremo-rechaza-derecho-al-olvido-para-secretario-judicial-en-caso-miguel-hernandez/

https://web.ua.es/es/actualidad-universitaria/

https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/derecho-olvido-secretario-judicial-pena-muerte-miguel-hernandez

https://letralia.com/noticias/2024/03/20/miguel-hernandez-derecho-al-olvido/

https://prime.tirant.com/es/actualidad-prime/derecho-al-olvido-el-tribunal-supremo-ratifica-el-rechazo-al-derecho-al-olvido-para-el-secretario-judicial-que-instruyo-la-causa-contra-miguel-hernandez/

https://www.farodevigo.es/sociedad/2024/03/19/supremo-rechaza-derecho-olvido-pedido-99678713.html

https://www.nuevatribuna.es/articulo/actualidad/supremo-rechaza-derecho-olvido-secretario-juzgado-causa-miguel-hernandez/20240319133107225060.amp.html

https://www.diariocritico.com/nacional/secretario-judicial-que-condeno-al-poeta-miguel-hernandez

https://www.empresarium.org/el-supremo-rechaza-el-derecho-al-olvido-del-secretario-judicial-del-proceso-que-condeno-a-muerte-a-miguel-hernandez/

https://osalto.gal/memoria-historica/derecho-olvido-secretario-judicial-pena-muerte-miguel-hernandez

https://www.cope.es/actualidad/espana/noticias/rechaza-derecho-olvido-una-persona-que-participo-causa-que-condeno-muerte-miguel-hernandez-20240319_3204939

https://todoslosnombres.org/el-supremo-rechaza-el-derecho-al-olvido-del-secretario-judicial-que-participo-en-el-proceso-sumarisimo-a-miguel-hernandez/

https://www.noticiaslocaldistritonacional.com/el-supremo-rechaza-el-derecho-al-olvido-del-secretario-judicial-del-proceso-que-condeno-a-muerte-a-miguel-hernandez/

https://miradordeatarfe.es/?p=67989

https://www.dclm.es/noticias/152684/memoria-democratica-el-ts-rechaza-el-derecho-al-olvido-de-una-persona-que-participo-en-la-causa-que-condeno-a-muerte-a-miguel-hernandez

https://www.lavanguardia.com/vida/20240322/9578961/derecho-olvido-internet-esta-garantizado-vez-cumplida-pena.html

https://aquimediosdecomunicacion.com/2024/03/22/el-tribunal-supremo-rechaza-el-derecho-al-olvido-del-secretario-del-juzgado-de-la-causa-contra-el-poeta-miguel-hernandez/




El periodista Carlos Rivera: republicano, represaliado y olvidado


Esta imagen la he localizado en un ejemplar de Mundo Gráfico publicado el 13 de enero de 1937, cuando el periodista Carlos Rivera, que normalmente escribía las crónicas del frente para el diario Informaciones, andaba a la búsqueda de milicianos ejemplares, como este anciano que todavía estaba dispuesto a combatir el fascismo de los sublevados. No fue el único singular por su aspecto y edad, pues más adelante, el 27 de enero de 1937, el joven que había debutado en la prensa segoviana entrevistó a Carmonita, un torero frustrado que encontró su lugar en el mundo combatiendo en las filas del antifascismo:

El republicano Carlos Rivera es uno de los muchos olvidados a los que intento dar voz con mi trilogía sobre los consejos de guerra de los periodistas y escritores. A veces, el empeño cuenta con bibliografía y documentos fácilmente accesibles. En otras ocasiones sucede lo contrario, pues solo parto de un nombre y unas fotos sin apenas apoyos de otro tipo. De hecho, el único sumario del Archivo General e Histórico que está a nombre de Carlos Rivera, el 12710, pertenece a otra persona con el mismo nombre. En realidad, el del periodista debe ser el 3151, que está catalogado con el nombre de Carlos Rivera Gómez. Lo he solicitado y ahora toca esperar unos meses hasta tenerlo para su análisis.

Mientras tanto, intentaré recopilar las crónicas de guerra publicadas en Informaciones, que no están en línea para los investigadores, y completaré todos los datos posibles de quien intervino como orador en mítines antifascistas, colaboró con Altavoz del Frente, fue herido en el frente de Huesca y acabó procesado en un consejo de guerra que precedió a su procesamiento por la el Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas.

Carlos Rivera es un periodista que ni siquiera aparece en algunos estudios sobre sus colegas republicanos de la Guerra Civil. Un casi perfecto desconocido, pero estas dos fotos me permiten suponer una personalidad interesante que merece la pena rescatar. El trabajo acaba de comenzar y, por la lentitud de algunos trámites, la documentación solicitada tardará mucho en llegar. Apenas importa, por algunas fotos insólitas y sugestivas he llegado a escribir libros dedicados a olvidados sin biografía. Carlos Rivera, apuesto y joven, al menos tendrá un capítulo en el tercer volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores.




domingo, 17 de marzo de 2024

Los familiares de las víctimas


Una de las mayores satisfacciones de mi trabajo es la colaboración con los familiares de las víctimas de la represión franquista. Lo hago cuando contacto con ellos para recabar información, sobre todo de los aspectos que normalmente no dejan huellas en los archivos. La respuesta siempre es positiva y, con independencia de los resultados académicos de la gestión, queda la satisfacción de hablar con personas que anhelan recordar a sus familiares muchas veces olvidados durante décadas, incluso en el seno de unas familias donde el silencio fue una medida de seguridad durante la dictadura y hasta más allá de 1975.
Asimismo, en las charlas o conferencias que doy en distintos lugares suelo encontrarme con la presencia de familiares que acuden a la espera de una información o, al menos, una explicación genérica de lo sucedido con sus antecesores. La intento dar, pero la relación a veces se concreta en un caso y entonces pongo a disposición de estos familiares todos mis conocimientos para localizar los documentos que se hayan podido conservar. 
Esta semana lo he hecho en tres ocasiones y con resultados positivos. La respuesta de los familiares ha sido de agradecimiento, pero en realidad soy yo el agradecido, porque mi trabajo carece de sentido si no contribuye a fortalecer la memoria de unas víctimas que no solo perdieron la guerra, sino también la historia.
Al margen del trabajo académico, siempre circunscrito a los especialistas, solo queda la memoria familiar. Si puedo contribuir a fortalecerla con informaciones sacadas de la documentación conservada en los archivos, me siento recompensado de sobra. Mi labor como historiador cobra sentido y me dan ánimos para culminarla con la trilogía que actualmente preparo sobre los consejos de guerra de periodistas y escritores.

miércoles, 13 de marzo de 2024

La condena a muerte del comediógrafo César García Iniesta


 César García Iniesta. Fuente: Fundación Pablo Iglesias

La preparación del segundo tomo dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores durante el período 1939-1945 me ha permitido conocer a algunos autores teatrales de los que no tenía noticia, a pesar de los años dedicados al estudio del teatro de esta época. La nómina de quienes de una manera más o menos continuada subieron a los numerosos escenarios de las décadas de los veinte y treinta para recibir los aplausos de los estrenos es extensísima. La historia solo ha recogido una mínima representación, que no siempre hace justicia de lo sucedido en aquellos locales donde se sucedían los estrenos con una frecuencia ahora digna de asombro.
El funcionario, periodista, letrista y comediógrafo César García Iniesta es un buen ejemplo de este olvido generalizado. Su consejo de guerra (AGHD, 6260) acabó con una condena a muerte dictada el 22 de junio de 1940. Afortunadamente, se la conmutaron y el 28 de julio de 1947, cuando ya se encontraba en libertad condicional, le indultaron. Por entonces, el madrileño tenía sesenta y cinco años, estaba gravemente enfermo y, en contra de lo afirmado en su ficha de la Fundación Pablo Iglesias, parece improbable que terminara su vida en el exilio venezolano.
A pesar de su avanzada edad, César García Iniesta desplegó una intensa actividad en los escenarios del Madrid sitiado. Junto con el maestro Fernando Gravina, compañero suyo en la creación de zarzuelas como En un lugar de Aragón, el 1 de noviembre de 1936 estrenó el himno «¡Hermanos proletarios!» en el cine Tívoli, donde el PCE organizó un acto Pro Defensa de Madrid. Y en febrero de 1939, cuando la entrada de las tropas del general Franco ya era inminente, todavía participaba como orador en mítines organizados por el Frente Popular Antifascista. Entre ambas fechas, su presencia en los escenarios y en las cabeceras es una constante, que registra los estrenos de Yo soy un hombre, Herencias tristes y la adaptación teatral de la popular novela anticlerical El crimen del padre Amaro, de Eça de Queiroz.
Los instructores del sumario apenas supieron de estas actividades antifascistas, pero los escasos datos recopilados a partir de las denuncias de dos compañeros del Ministerio de Trabajo que acababan de ser sometidos a otros consejos de guerra sirvieron para dictar una condena a muerte. No le ejecutaron, tal vez por su avanzada edad y condición de enfermo, pero también le condenaron a una muerte civil que implica el silencio y el olvido.
El capítulo ya redactado para el anunciado segundo tomo no le devolverá el protagonismo. No obstante, su testimonio quedará registrado para evitar ese olvido a menudo injusto. Mientras tanto, incluyo en esta entrada su colaboración aparecida en el número de Crónica del 1 de agosto de 1937. El texto evidencia su concepción del papel que debía desempeñar el teatro en unos momentos tan difíciles para un Madrid sitiado y bombardeado:



Fuente: Hemeroteca Digital de la BNE

miércoles, 6 de marzo de 2024

Una jornada con Marc Carrillo, catedrático de Derecho Constitucional


 Marc Carrillo. Fuente: Consell de Garanties Estatutáries de Catalunya

Gracias a los responsables de la Universidad de Alicante, ayer pudimos disfrutar de la compañía de Marc Carrillo, catedrático emérito de Derecho Constitucional en la Universitat Pompeu i Fabra de Barcelona. El propósito fundamental era la presentación de su más reciente libro, centrado en el análisis del derecho represivo durante el franquismo, en una interesante charla que tuvo lugar en la sede alicantina de nuestra universidad.


La grabación de la presentación está disponible:


Asimismo, tuvimos la oportunidad de visitar los estudios de Radio Alicante, gracias a la invitación de Carlos Arcaya y Silvia Cárceles, para participar en una entrevista en torno al tema del libro:



La presentación también fue reseñada por Borja Campoy para el diario Información el viernes 8 de marzo:


Desde 2014, cuando inicié los estudios sobre los consejos de guerra de periodistas y escritores, siempre he sido consciente de la necesidad de conocer el complejo mundo del derecho represivo para evitar errores o inexactitudes. Gracias a colegas como Marc Carrillo y otros juristas que me han ayudado, creo haber superado esta dificultad en Los consejos de guerra de Miguel Hernández (2022) y Las armas contra las letras (2023). Solo me resta manifestar mi agradecimiento por esta decisiva ayuda y expresar mi convencimiento que los futuros historiadores tendrán un camino allanado gracias al excelente libro de Marc Carrillo, que evidencia la constante del derecho represivo a lo largo de todo el período de la dictadura.

viernes, 1 de marzo de 2024

Presentación de Las armas contra las letras


https://web.ua.es/es/actualidad-universitaria/2024/marzo2024/1-10/el-catedratico-de-la-ua-juan-antonio-rios-carratala-presenta-su-libro-las-armas-contra-las-letras.html

El próximo martes 5 de marzo, a las 19 horas y en la librería 80 Mundos de Alicante, presentaré Las armas contra las letras en compañía de mis amigos los profesores Ángel Luis Prieto de Paula y José Luis V. Ferris. Justo al anunciar la presentación he sabido de una reimpresión del original por el buen ritmo de las ventas. La noticia de esta segunda edición al cabo de dos meses desde la aparición del libro es un aliciente para culminar la segunda entrega de la trilogía.

Os paso una selección de las fotos tomadas por mi hijo Antonio que, aparte de ser un científico de datos a punto de leer su tesis doctoral en la Universidad de Alicante, es un excelente fotógrafo siempre interesado por conocer los valores democráticos en los que le hemos formado para rechazar cualquier totalitarismo:






miércoles, 28 de febrero de 2024

La «agüita amarilla» de Pablo Carbonell


 Pablo Carbonell, 2022. Fuente: Uppers.es

La tarea, que no empeño, de envejecer resulta complicada. A mi alrededor observo ejemplos patéticos que espantan a cualquiera. Los protagonizan quienes otrora me acompañaron como referentes y, al cabo de tantos años, los veo avinagrados, mentalmente fofos y dispuestos a predicar desde un sobrevenido e interesado conservadurismo que va mucho más allá de la política. Su afán de protagonismo, de permanecer en candelero, aunque sea a costa de la coherencia con su pasado, equivale a la imagen del viejo que todavía se cree galán. Cervantes retrató al tipo y conviene frecuentar a los clásicos para evitar el ridículo.

La tarea de envejecer con cierto decoro también incluye la observación de otros ejemplos que me animan con una sonrisa propia de lo entrañable, de aquello que puede estar lejos de ti durante años, hasta casi olvidarlo, pero cuando vuelve lo hace con fuerza. Gracias a un vídeo convertido en viral, me he reencontrado con Pablo Carbonell, un vete a saber qué de mi generación capaz de hacerme recitar un monólogo interior sobre «mi agüita amarilla» desde los años ochenta. Ahora le veo calvo, canoso y con una respetable barriga, incluso con una probable hiperplasia benigna, pero dispuesto a cantar de nuevo el onírico relato del devenir de ese líquido elemento que a todos nos termina por empapar. Claro está que, después de beber más de cuarenta cervezas, y acompañado de una orquesta sinfónica.

El «viejo profesor», Enrique Tierno Galván, me impactó cuando siendo estudiante le escuché en una entrevista radiofónica. Allí explicó, con aires doctorales, que un individuo de mi edad ya debía estar definido en lo fundamental. A partir de entonces, todo era cuestión de profundizar para mejorar. La idea era seductora y me pregunté por mi definición. Tal vez no respondiera al ideal de don Enrique por falta de trascendencia, pero tampoco le disgustaría porque el catedrático convertido en alcalde gustó de la marcha y hasta sonrió con picardía ante la fuerza de la Naturaleza encarnada por Susana Estrada o Flor Mukudy, una miss guineana de 1983 a la que preguntó si trabajaba o estudiaba, según cuenta mi amigo Javier Valenzuela.


Enrique y Flor bailando salsa. Fuente: El País, 4-IV-1983

Pablo Carbonell, al que no imagino en un aula universitaria con la aplicación de un doctorando, también debió escuchar al «viejo profesor». Cumplidos los sesenta, sigue cantando el inolvidable éxito de Los toreros muertos en los años ochenta, pero con la sabiduría que aporta la experiencia y en compañía de la apabullante perfección de una orquesta sinfónica completada con unos coros dignos del Carmina Burana. La combinación provoca una sonrisa de admiración. En mi caso se extiende a la coherencia de un entrañable gamberro que todavía ejerce como tal para desesperación de los biempensantes y ofendidos con pretensiones de censores.

Hace muchos años, cuando Pablo Carbonell y yo andábamos en la veintena, compartimos el onírico devenir de aquella «agüita amarilla» como venganza ante tantos tipos incapaces de sonreír. Él, más gamberro y lanzado, lo hizo con gracia singular. Yo, desafinado y nada gracioso, trasladé esa venganza a un monólogo interior tan indigno de Joyce como eficaz para soportar la estulticia de unos tiempos que parecen condenados a ser menguados.

Ahora, ambos, cuando hasta el arco de la micción supone un motivo para la elegía, seguimos sonriendo con espíritu gamberro. Él cantando y triunfando con una orquesta sinfónica. Yo escribiendo como catedrático a punto de ser emérito, pero con la misma retranca y guasa que preciso para afrontar la mediocre banalidad de quienes protagonizaron el Glorioso Movimiento Nacional y similares.

Dudo que Pablo y yo pasemos a la historia como discípulos de don Enrique, pero cada uno en lo suyo hemos hecho la mismo, perfeccionándolo, durante cincuenta años. A estas alturas, cabe volver a tomar más de cuarenta cervezas y comprobar, con el asombro propio de lo bien conocido, que esa «agüita amarilla» terminará cayendo sobre nuestras cabezas. Nosotros lo sabemos y reímos, mientras que otros lo ignoran y defienden la razón de la sin razón, donde el líquido elemento ni está ni se le espera. Allá ellos, porque tanta razón trascendente acaba en el dogma y el mismo siempre envejece mal. Puestos a emprender la tarea, que no empeño, merece la pena hacerlo con la compañía de una sonrisa gracias al amigo convertido en un viejo gamberro:




sábado, 24 de febrero de 2024

La sonrisa de Malik

 


El estudio de los consejos de guerra contra escritores y periodistas durante el período 1939-1945 es una tarea que requiere, de vez en cuando, un descanso para recuperar el humor. La mirada se encallece al observar tanta intolerancia y violencia. Conviene, por lo tanto, recuperar la blandura de aquello que nos resulta entrañable y provoca sonrisas como las disfrutadas muchos años antes, cuando la infancia o la juventud te aportaba una sensación de plenitud.

Ayer, gracias al Circo Raluy Legacy, disfruté de una estupenda velada circense rodeado de chavalines que podían ser mis nietos. Junto a ellos reí y me emocioné viendo lo que era una novedad para quienes me acompañaban con una sonrisa infantil. La mía, por desgracia, es fruto de muchas experiencias similares, que me conducen a una larga historia de empatía con el más clásico mundo del circo.

Durante más de cincuenta años he visto los más variados espectáculos circenses, pero mi entusiasmo de ayer se deriva de algo que muchas veces explico en clase: la mejor manera de avanzar es volver a las raíces, a la esencia de aquello que se ama y se pretende revitalizar. El Circo Raluy Legacy lo consigue con el acierto de los artistas modestos, que suelen ser mis preferidos por múltiples motivos.

La velada estuvo repleta de sensaciones reencontradas, pero hubo momentos especiales gracias a unas melodías de la banda sonora que siempre me han acompañado cuando necesito ánimos para sobrellevar la dureza del trabajo, la intolerancia de quienes nos atacan por nuestras publicaciones o el cansancio de encaminarse hacia una jubilación tardía sin haber tenido un mínimo de descanso.

Entre esas melodías que recupero periódicamente figuran de manera destacada las compuestas por Nino Rota para Federico Fellini. Algunas de ellas, verdaderamente excepcionales, están vinculadas al mundo del circo, que tanto amó un cineasta italiano al que vuelvo una y otra vez en busca de imágenes para el recuerdo y la sonrisa que puede ser tan triste como vital porque descansa en una mirada comprensiva.

Cada cierto tiempo veo La strada (1954), la más intensa y dramática historia de amor que conozco, para emocionarme con la rudeza de Zampanó y la inocencia de Gelsomina. Me aburre el amor rosáceo y prefiero el que nunca se manifiesta porque subyace como un hilo conductor, aunque sea para desembocar en un final dramático como en la película de Fellini. El mundo del circo, el más modesto, está en esas imágenes en blanco y negro que recupero con emoción a los sones del maestro Nino Rota, que tantas veces me acompaña:

 


Sin embargo, la película de Federico Fellini que he visto más veces, no por ser la mejor de su producción, es I clowns (1970). La descubrí con emoción siendo un estudiante asombrado ante aquella elegía del mundo de los payasos, cuyos protagonistas vivían por entonces olvidados en residencias de ancianos o en rincones alejados de la fama. Eran unos juguetes rotos que merecían el respeto del agradecimiento. He aprendido a mirar de la mano del cineasta italiano y concebir con la imaginación un mundo donde la música de Nino Rota es imprescindible. Cada cierto tiempo recupero esta película y, vista cumplidos los sesenta, tan lejos de aquellos tiempos donde era un estudiante, observo que la elegía ha pasado a ser protagonizada por el propio cine de Federico Fellini y, con él, la elegía también abarca un tiempo que es el mío y ahora se conjuga en un inevitable pasado. Cuando llega este momento donde la tristeza es compatible con la esperanza, aquella que solo descansa en la tarea realizada durante toda una vida, salgo en busca de un payaso que andará protegiéndome en ese cielo de los ateos que confiamos en el humor como única salvación. Y, claro está, cojo la trompeta para llamar a Fru Fru tras pronunciar unas palabras en el más maravilloso italiano:

 


Vuelvo una y otra vez a estas películas que me han enseñado a vivir al margen de la intolerancia y la violencia, con una sonrisa que procuro compartir y que me salva de tanto odio que he sentido hacia mi persona por parte de quienes no admiten la superación del pasado. A ellos, a esos que pretenden convertirme en un personaje sectario capaz de propagar el odio, ¡vaya imaginación!, nunca les contestaré con el lenguaje del insulto porque tengo un secreto. Cuando algo se vuelve insoportable me voy de la mano de Malik y a los sones de un vals. Así me convierto en un sonámbulo capaz de andar por los aires y, al final de Papé está de viaje de negocios (1985), mirar hacia atrás con una sonrisa que desarma diciendo, supongo, «Ahí os quedáis…». Yo, mientras tanto, ando por los aires gracias a Emir Kusturica, Federico Fellini, Nino Rota y tantos otros que me han emocionado con los mismos argumentos que ayer lo hizo el Circo Raluy Legacy. Gracias por enseñarme a mirar sin el menor atisbo de odio o intolerancia.



jueves, 22 de febrero de 2024

Las armas contra las letras: Una entrevista radiofónica


La publicación de un libro supone la oportunidad de encontrar nuevos amigos que se interesan por su lectura, te llaman para preguntarte alguna cuestión y, en ocasiones, te ofrecen la oportunidad de darlo a conocer a través de sus propios medios, casi siempre sacados adelante con una desinteresada voluntad. El historiador y docente Fran Martín me llamó hace unos días para participar en su programa de una emisora local de Andalucía donde se ocupa de la historia de la Guerra Civil. Acepté encantado, como siempre lo hago con estos compañeros que tanto mérito tienen, y os paso el correspondiente enlace por si queréis escuchar la entrevista grabada el pasado día 20 de febrero:

domingo, 18 de febrero de 2024

Antonio Iturbe y Las armas contra las letras


 Foto: Antonio Iturbe Procedencia: Wikipedia

El 23 de enero de 2023 dediqué una entrada en este mismo blog a La playa infinita, la excelente novela de Antonio Iturbe. El tiempo dedicado a la investigación dificulta el deseo de leer todas las obras de esos autores a los que considero amigos con quienes converso desde la distancia. No obstante, cada vez que paso por el lugar alicantino que pisara Antoine de Saint-Exupéry, evoco la excelente obra de Antonio Iturbe dedicada al aviador que iba camino del Sur. Y ese recuerdo me indica que todavía tengo lecturas pendientes y mucho más satisfactorias que las de los sumarios judiciales.

 


El pasado día 17 Antonio Iturbe me mandó un email tras leer Las armas contra las letras. El texto me emocionó porque, entre otros motivos, ya he encontrado a ese «lector ideal» para el que escribimos los libros. Gracias a su autorización, reproduzco el texto del email:

 

He leído con interés y asombro Las armas contra las letras. Yo que soy un ferviente lector de Kafka he encontrado aquí todo el sentido a El proceso. De hecho, es bastante sorprendente, como citas, la escasa atención del cine y la literatura a esa avalancha de consejos de guerra, a cada cuál más funesto, cruel y absurdo. Es verdad que a veces la literatura y el cine intentan abrir grietas a la esperanza donde no las hay, o no se atisban. pero es que, sin esperanza, yo no podría levantarme de la cama.

Explicas la misión menos vistosa pero necesaria en su precisión del historiador, que ha de huir de la tentación embriagadora de la ficción y lo emocional. El trabajo es muy riguroso, pero consigues eso que tú mismo te propones de huir de la redacción notarial. Yo no sé si has entremetido hebras emocionales, pero yo he sentido agitarse mis emociones, mi indignación, sobre todo mi tristeza. Especialmente, cuando perfilas tan bien al encausado como Diego San José o la condena a muerte de Manuel Navarro por ser periodista y no tener familia rica o buenos contactos. Y tantos otros. Y ese fiscal Del Orbe, con esa sed de muerte. Bueno, tú no lo dices así, pero parece la Muerte misma. Es un libro riguroso, científico, de historiador, pero su autor no es alguien indiferente al dolor y eso para mí es muy importante.

Echando un vistazo en internet he visto tu respuesta a Trapiello, al que citas en el libro de manera muy correcta. No conozco personalmente a Trapiello, pero es (la frase es de Saint-Exupéry) de los que van por la vida con un pedestal debajo del brazo. Tu respuesta es contenidísima. Con esa educada retranca tuya que se filtra en las páginas de tus libros, pero creo que lo pone en su sitio. Y a ti en el tuyo, que es el que me gusta, el de la gente que trabaja para encender pequeñas luces en la oscuridad. Dice Trapiello que la gente de la que hablas no habría sido célebre más allá de los consejos de guerra. Sin embargo, cada sufrimiento importa. Todos de los que hablas eran personas que trataron de construir un mundo más diverso con las palabras y la literatura. Para mí son celebridades. Decía Saramago que la persona de la que más aprendió, la más sabia, la que más le enseñó sobre el mundo fue su abuelo, que era analfabeto. Esas son las cosas que Trapiello en su gran burbuja de ego no es capaz de comprender. Compadezcámosle.

Gracias por el esfuerzo de escribir este libro tan minucioso en nombre de todas esas no celebridades.

Un abrazo

Antonio Iturbe

Gracias a Antonio, Las armas contra las letras cuenta con una entrevista que ha sido publicada en Librújula y en Público el 28 de febrero de 2024:

https://librujula.publico.es/juan-antonio-rios-carratala-este-es-un-pais-donde-hemos-inventado-un-franquismo-sin-franquistas/


 


viernes, 16 de febrero de 2024

La represión económica de periodistas y escritores. El caso Fernández Lepina


 Foto: SGAE. Procedencia: Wikipedia

En el marco represivo de la posguerra, la Ley de Responsabilidades Políticas cumple una función eminentemente económica o recaudatoria cuyo objetivo es la «muerte civil» de los ya procesados en los sumarísimos de urgencia. Una vez condenados, muchos de ellos pasan a ser enjuiciados por los diferentes tribunales especiales destinados a la aplicación de la citada ley. Los sumarios prueban que la instrucción era básicamente la búsqueda de los posibles bienes de los encausados para, en función de los mismos, proceder a sancionarles con una multa.
Los periodistas y escritores que estudio en la trilogía sobre sus consejos de guerra no constituyeron una excepción. Sin embargo, el problema para los instructores es que casi todos carecían de bienes o ingresos con los que hacer frente a la citada multa. La consecuencia es que la mayoría de sus casos fueron sobreseídos ante la imposibilidad de dictar una sanción que pudiera hacerse efectiva.
Los instructores recurrieron a los más diversos medios para averiguar si los encausados tenían bienes o ingresos. Desde entrevistas con los porteros de sus domicilios, que a veces informan acerca de lo que ingresaban los inquilinos por sus actividades laborales, a escritos dirigidos a los bancos para que remitieran informes acerca de las posibles cuentas de los encausados. También hubo peritajes de sus domicilios e informes policiales o de los servicios de inteligencia de los falangistas, que no solían ser demasiado precisos. A la vista de los casos analizados hasta ahora, el trabajo casi siempre era en balde por lo poco que ganaban unos escritores y periodistas ya derrotados y, a menudo, en una situación de precariedad cercana a la citada «muerte civil».
De vez en cuando la documentación conservada en el Centro de Documentación de la Memoria Histórica (Salamanca) muestra una excepción. Un ejemplo es el dramaturgo y periodista Antonio Fernández Lepina, que había colaborado en el ABC republicano y contaba con noventa y cinco títulos registrados en la SGAE, que le proporcionaban una media de cuatrocientas pesetas mensuales por sus derechos de autor. Además, el veterano dramaturgo que había conocido el éxito en los escenarios con obras de carácter popular, contaba con propiedades inmuebles.
El 23 de diciembre de 1941, el juez instructor del Juzgado Provincial de Responsabilidades Políticas, de Madrid, solicitó a la SGAE el correspondiente informe. Francisco Serrano Anguita, en nombre de la entidad, le remite lo solicitado el 19 de enero de 1942. La sanción dictada ascendió a quinientas pesetas por sentencia del 12 de marzo de 1942, a pesar de que los derechos de autor ascendían a una cantidad inferior a la de las deudas contraídas y documentadas por el dramaturgo. El pago de esas quinientas pesetas agravaría la situación de Antonio Fernández Lepina y su familia. También, paradójicamente, impedirían que devolviera lo prestado a un alto oficial de las tropas del general Franco. Algunas sentencias de los vencedores, como la citada, incluso perjudicaron a quienes aspiraban a participar de los beneficios de la Victoria.
La explicación detallada de este proceso aparecerá en el segundo volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores, cuyo título provisional es Perder la guerra y la historia.

martes, 13 de febrero de 2024

Álvaro Retana en El tiempo de la desmesura


 El novelista Álvaro Retana será uno de los protagonistas del segundo volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores durante el período 1939-1945. Gracias a la bibliografía crítica con que cuenta el autor, la tarea no parte de cero como en otras muchas ocasiones. Ya sabemos de sus problemas con la justicia militar y los años pasados en las cárceles franquistas, pero merece la pena completar la investigación por varias circunstancias:
A) Los sumarios conservados en el AGHD, aparte de tener algún posible error de catalogación, permanecen incompletos y dejan en el aire algunos aspectos fundamentales como su detención, las declaraciones del propio encausado, los posibles avalistas, el auto resumen tras la fase de instrucción... A la vista de lo que he podido consultar hasta ahora, tengo la impresión de que alguna mano eliminó parte de la documentación o ha habido serios problemas para su conservación y correcta catalogación.
B) El archivo familiar consultado por dos investigadoras a finales de los años ochenta no parece encontrarse ahora en algún centro público. La familia hizo una importante donación al Museo Nacional de Teatro, pero por las consultas efectuadas hasta el momento parece que no todos los documentos citados en aquel ya lejano trabajo han pasado a las dependencias de Almagro. Lo terminaremos de comprobar gracias a las peticiones efectuadas.
C) El Archivo Histórico Nacional cuenta con una documentación sobre los procesos por escándalo público seguidos a finales de los años veinte contra Álvaro Retana que, en parte, sigue sin ser utilizada en la bibliografía crítica hasta ahora publicada. He solicitado las correspondientes copias de esos sumarios, que incluyen un enfrentamiento con la actriz Irene López Heredia, y espero aportar esta documentación en el segundo volumen de la trilogía que dedicaré a los citados consejos de guerra.
Por otra parte, al repasar lo publicado en El tiempo de la desmesura (Barcelona, Barral y Barril, 2010) acerca de Álvaro Retana he constatado un error. En la página 93 hablo del decimosexto marqués de Portazgo como denunciante del novelista a partir del testimonio del mismo. Aparte de que ese testimonio no lo he podido corroborar con la documentación, probablemente esquilmada, del sumario, en el caso de confirmarse la participación del aristócrata no sería el decimosexto por una simple cuestión cronológica. El error ya está subsanado en el borrador del capítulo y es una nueva muestra de la necesidad de repasar los trabajos que tenemos los historiadores. Siempre hay algún dato que debe ser corregido y hacerlo públicamente es una muestra de honestidad como investigadores.