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viernes, 26 de junio de 2026

Objetivo cumplido: la tetralogía sobre los consejos de guerra


El azar propicia que en algunas ocasiones las buenas noticias se acumulen en una misma jornada. Ayer, a primera hora de la mañana, terminé de preparar el original de un libro colectivo, Cinefilia y memoria, escrito en colaboración con varios colegas y amigos que han dado testimonio de su amor al cine como ejercicio de la memoria. Si todo discurre con normalidad, el libro aparecerá publicado a mediados o finales del próximo curso.
Poco antes del mediodía, me llamaron del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante para comunicarme la llegada de los primeros ejemplares de La colmena, el tercer volumen de los dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores. El libro se pondrá a la venta el próximo 6 de julio y para esa fecha toda la información bibliográfica del mismo constará en la web consejosdeguerra.es. La promoción la posponemos hasta septiembre porque julio es un mal mes para esta labor, al menos en lo que respecta a las presentaciones.
También ayer, por el azar al que antes me refería, imprimí el cuarto volumen de la tetralogía: Final de trayecto, del cual os paso el índice que todavía podría sufrir alguna variación:


En 2022, después de publicar Los consejos de guerra de Miguel Hernández (Ministerio de Defensa-UA), me propuse la tarea de testimoniar todos los procesos seguidos por entonces contra los periodistas y escritores vinculados con la causa republicana. La tarea, en opinión de los colegas, era una locura, sobre todo para alguien cercano a la jubilación. Tenían razón, pero la salud y el ánimo me han acompañado durante estos cuatro años, tres volúmenes ya están publicados y el cuarto, con el que cerraré mi producción como investigador, aparecerá a lo largo del curso 2027-2028, el de mi jubilación.
Hace mucho tiempo vi por primera vez She Wore Yellow Ribbon (1949), del maestro John Ford. Por entonces admiré este western como tantos otros que me han apasionado a lo largo de mi experiencia de espectador. La película aquí titulada La legión invencible por culpa de algún iluminado la volví a ver cuando ya había cumplido los sesenta. Ese día comprendí que el capitán Nathan Cutting Brittles interpretado por John Wayne es un ejemplo a seguir en materia de jubilación. Así lo he hecho, sin necesidad de enfrentarme a los indios y con el debido reposo, pero con la obligación de trabajar duro hasta el último día de una trayectoria de más de cuarenta años al servicio de la universidad, que es un destino más llevadero que el de la caballería en el Oeste.
Bromas aparte y con el guiño de sentirme como el protagonista de la citada película, el objetivo está alcanzado porque mis indios particulares han vuelto a la reserva en son de paz y sin ser humillados. Tres volúmenes editados y el cuarto redactado permitirán recuperar el testimonio de tantos periodistas y escritores que sufrieron una durísima persecución por el supuesto delito de ejercer la libertad de expresión. Ellos han sido el verdadero motor para escribir unas mil quinientas páginas en cuatro años. De algo me habrá valido mantener, llegada la senectud, la condición de admirador de John Ford.

viernes, 27 de febrero de 2026

La IA al servicio de la investigación y la docencia


La Inteligencia Artificial se puede utilizar para sexualizar y acosar a unas menores o para ayudar en la lucha contra el cáncer. Todo depende de la voluntad del usuario, las empresas tecnológicas y los investigadores. Mientras cabe esperar que las autoridades pronto pongan coto a los abusos cometidos por los oligarcas de las citadas empresas, la responsabilidad de los universitarios es demostrar los posibles beneficios de una IA puesta gratuitamente al servicio del conocimiento.
Desde el pasado verano, mi hijo es profesor e investigador de la UA. Ambos pertenecemos a áreas diferenciadas, pero compartimos la idea de que la tecnología puede ayudar a las humanidades en las tareas propias de la investigación y la docencia. El 15 de septiembre de 2025 tuvimos la oportunidad de demostrarlo por primera vez al presentar en el Parlamento Europeo la web dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores. Poco a poco, la misma va incrementando sus contenidos y el próximo 2 de marzo contará con el acceso en abierto a Perder la guerra y la historia (2025). La edición en papel está prácticamente agotada y, con independencia de que se proceda a una reimpresión para disponer de ejemplares, ahora el volumen pasa a estar a disposición de los investigadores de acuerdo con lo establecido en la Ley de la Ciencia de 2022.
Mientras preparamos para esta Semana Santa un nuevo blog dedicado a mis tareas como miembro del grupo de investigación Memoria, Identidad y Ficción (MIF) de la UA, formamos parte de una red docente de nuestra universidad cuyo objetivo es poner la IA al servicio de la docencia y, más en concreto, estudiar las posibilidades de la misma para ayudar al alumnado a preparar sus exámenes o ejercicios prácticos.
 

El portal Minerva es la primera concreción de esta tarea que nos ha llevado unos meses de preparativos y diálogo para buscar la mejor manera de poner la IA al servicio del alumnado con un objetivo contrapuesto al de utilidades que permiten el plagio o la simulación de la autoría. A partir de hoy, este instrumento podrá ser utilizado por el alumnado, evaluaremos el resultado en colaboración con el mismo y, al final del curso, sacaremos las oportunas conclusiones para ponerlo a disposición de todo el alumnado de la Universidad de Alicante.


El alumnado de Teatro del Siglo de Oro visto por la IA

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Un cuatrimestre de objetivos cumplidos


 Sello de calidad FECYT concedido a Anales de Literatura Española

El cuatrimestre iniciado el pasado mes de septiembre -véase la entrada del 30 de agosto– ha finalizado con todos los objetivos cumplidos. La publicación del tercer volumen de los consejos de guerra de periodistas y escritores ha sido aprobada por la UA, mientras que el cuarto está en una fase avanzada. La revista que dirijo, Anales de Literatura Española, acaba de publicar su número 44, dedicado a la literatura del exilio republicano y preparado con la colaboración del grupo de investigación GEXEL. Al mismo tiempo, la revista ha renovado su sello de calidad FECYT y sigue en el cuartil Q1 como prueba de su positiva evolución durante estos últimos años. La web consejosdeguerra.es, presentada el pasado 15 de septiembre en el Parlamento Europeo, llegará en enero o febrero a los cien casos referenciados con el objetivo de culminar el trabajo en junio de 2028. El monográfico de Don Galán, la revista teatral del Ministerio de Cultura, sobre la censura durante el período franquista ya está terminado a la espera de su próxima presentación. He entregado tres trabajos para publicar en diferentes volúmenes y las tareas de investigación han sido completadas con las de divulgación, entre las que este blog ha ocupado un lugar destacado con unas cifras alentadoras: 82000 visualizaciones en 2025. Y, por supuesto, hemos culminado un nuevo cuatrimestre docente con la valoración a la que hice referencia en una anterior entrada.

Los objetivos del segundo cuatrimestre pasan por completar el trabajo de edición del tercer volumen de los consejos de guerra y culminar la investigación relacionada con el cuarto conforme me vaya llegando los sumarios del AGHD. Al mismo tiempo, he iniciado los contactos con la APM para completar la investigación con la documentación de su archivo. Y, a partir de enero, iniciaré los trámites para facilitar que las familias de las víctimas de esos consejos de guerra soliciten la anulación de los mismos por la vía judicial una vez conseguida por la legislativa.

No obstante, mi propósito es ir culminando este proyecto de investigación y dedicar mis dos últimos cursos en activo a otros temas. En este sentido, he iniciado los trabajos relacionados con el centenario de la Generación del 27 y estoy redactando otro dedicado a un joven comediógrafo, Adrián Perea, con motivo de su homenaje al siempre admirado Miguel Mihura.

Por otra parte, mi andadura al frente de Anales de Literatura Española terminará el próximo mes de junio con la publicación del número 45. El cambio debía haberse producido ahora, pero una feliz noticia relacionada con la maternidad lo ha pospuesto. Así, poco a poco, vamos dejando paso a los jóvenes profesores. Un proceso que vivo día a día porque también mi hijo ha debutado este curso como docente y, gracias a sus preguntas, tengo la satisfacción de volver a sentir el entusiasmo de lo novedoso.



La familia al completo el día de la lectura de la tesis doctoral de nuestro hijo

En realidad, mi propósito inicial era jubilarme en enero de 2026 tras cuarenta y cuatro cursos como investigador y docente en la UA. El trabajo me sigue ilusionando, pero estoy cansado y creo merecer un retiro junto a mi esposa también jubilada para escribir solo sobre cuestiones divertidas que nos permitan rememorar un pasado cuya presencia cada vez resulta más necesaria para afrontar el día a día.

Una circunstancia extraacadémica ha condicionado mi decisión de seguir en activo hasta junio de 2028 y jubilarme entonces como catedrático emérito de la UA, pues reúno los requisitos desde hace nueve años. La vanidad resulta absurda a estas alturas, pero en este caso se trata de una cuestión de dignidad por cuestiones que algún día explicaré con la debida franqueza. Mientras tanto, me quedo con el apoyo mostrado por mi familia y colegas, que este año a punto de finalizar ha tenido momentos de emoción y agradecimiento. Gracias a ellos, seguiré en activo, aunque el ánimo pida un descanso que considero merecido tras medio siglo de vida universitaria.

 

martes, 23 de diciembre de 2025

Críspulo, ¡¡¡se ha perdido Chencho!!!


 

La escena forma parte de los recuerdos de varias generaciones. Chencho se pierde cuando, en compañía del abuelo y cuatro hermanos, acude al mercadillo navideño de la madrileña Plaza Mayor. El episodio de La gran familia (1962), de Fernando Palacios, es dramático, pero aleccionador. El guionista Pedro Masó vivía el momento más brillante de su carrera cinematográfica y sabía de la necesidad de «sufrir» antes de sonreír con el alivio de comprobar la bondad natural de quienes, por ser españoles, eran unos «formidables» cuya solidaridad permitía encontrar al nene.

Ángel Pardo, el Chencho de la película, tenía cuatro años cuando se rodó aquel gran éxito del cine español. Su papel es el propio de un figurante que, en un momento determinado, cobra protagonismo, pero el intérprete apenas podía ir más allá de emocionarnos con su aspecto desvalido mientras deambula por la Plaza Mayor en busca de su familia. Gracias al flequillo rubio, el gorrito y el abriguito, solo necesita mostrar su cara de niño bueno para que sintamos la necesidad de cogerle de la mano a la espera del abuelo, que terminaría apareciendo con el rostro desencajado por el susto y agradecido por la bondad de los «formidables». Es decir, nosotros.

Aquel cine aleccionador del franquismo descansa en la solidaridad sin posibles fisuras de la colectividad. El ideal resulta tan hermoso como carente de base real, pero los pormenores de la realidad apenas importan cuando se presenta a una familia como la protagonista de la película. Todo es posible en ese mundo de la ficción en blanco y negro donde un aparejador obra milagros con su sueldo y justifica, de sobra, el baby boom que a tantos nos trajo al mundo.

La solidaridad de los padrinos, los hermanos, el portero, los vecinos, los periodistas, los policías… está en el guion porque era lo que tocaba en aquel esquema argumental tan eficaz como bien visto por las autoridades de la época. Sin embargo, cada vez que he disfrutado con esta comedia de Fernando Palacios me he hecho más partidario de Críspulo, el hermano trapisondista interpretado por Pedro Mari Sánchez.




Hace muchos años tuve la oportunidad de hablar en la UA con el actor que encarnó a Críspulo. Algunas conversaciones permanecen en el recuerdo. Pedro Mari Sánchez me lleva cuatro años, pero compartimos una infancia en aquel desarrollismo todavía en blanco y negro porque no daba para lujos. Me contó anécdotas del rodaje, reímos al recordar algunos episodios y, al final, terminamos hablando de la gorrita de cuero que lleva en la escena de la Plaza Mayor y durante esas Navidades en busca de Chencho.

Yo tenía una gorrita idéntica y llegadas las Navidades, que en Alicante nunca son tan frías, era preciso llevarla para «ir calentitos». La verdad es que aquellas gorritas al estilo de las lucidas en la hípica abrigaban poco. Al menos en comparación con el tradicional gorro de lana, pero lucían lo suyo en un querer y no poder bastante propio del momento. Su aspecto de aires foráneos era un síntoma de una época en la que tantas clases medias aspiraban a su cuota de modernidad, aunque la misma quedara reducida a un abriguito rígido y una gorrita incompatible con las exhibidas en las carreras de Ascot.

El problema es que, a diferencia de Críspulo, yo no era un trapisondista, sino un «niño bueno». Tal vez por eso siempre me han fascinado los trapisondistas, un término ahora perdido entre los recuerdos, como tantos otros de una época que cuesta evocar a la luz de un presente donde el pasado parece sobrar o molestar.




Críspulo era un trapisondista de buen corazón como mandaban los cánones a los que se acogió aquella película. Podía lanzar un petardo en una cola -también era petardista-, pero solo para dispersar al personal y entrevistarse rápidamente con el rey mago. Puestos a ver a Dios, seguro que Su Majestad intercedería para encontrar pronto a Chencho. Aquellos trapisondistas al estilo de Zipi y Zape alborotaban, embaucaban y enredaban, pero sin mala intención, como un desahogo propio de una edad donde cierto comportamiento anárquico resulta imprescindible.

Yo me acercaba más al modelo del «repelente niño Vicente» concebido por Rafael Azcona. No por la vanidad de lucir saberes impensables en la infancia, sino porque era capaz de quedar bien con las visitas y hasta de ser puesto como ejemplo de comportamiento frente al de tantos trapisondistas.

Al cabo del tiempo, creo que lo de ser «niño bueno» no luce demasiado en la vida. Los trapisondistas prevalecen, pero no los de buen corazón, sino aquellos que alborotan sin mesura hasta el punto de que nadie, absolutamente nadie, utiliza esa denominación para caracterizarlos. Son gamberros, porque la RAE debiera incluir en su definición de las trapisondas la carencia de una mala intención como la habitual en las gamberradas

No he vuelto a hablar con Pedro Mari Sánchez, que ha cumplido los setenta. Yo ando cerca de esa edad donde los niños buenos y trapisondistas, ya sin gorritas que no sean las necesarias para preservar la calvicie, confluyen en limitaciones capaces de evitar cualquier exceso. El presente entonces sigue abierto al disfrute mesurado, pero a condición de dejar hueco a un pasado donde fuimos niños con gorritas y abriguitos del modesto desarrollismo en blanco y negro.

La nostalgia es una engañifa, pero añorar la infancia supone una necesidad porque en ella cabe imaginar a «buenos» y «trapisondistas» empeñados en jugar al fútbol en un pasillo, «hacer el indio» durante una visita y hasta lanzar algún petardo, que es el privilegio disfrutado por Críspulo gracias a una ficción ajena a las limitaciones de la realidad.

Por eso todavía la disfrutamos, al menos en Navidades, y sonreímos al recordarla como si fuera la propia de nuestra infancia. El necesario desengaño lo dejamos para otra ocasión porque, ahí nos duele, en la vida carecemos de un guionista como el mejor Pedro Masó. Y puestos a compartir la edad de Pepe Isbert, sabemos de sobra que no todos somos unos «formidables» como los anunciados por Alberto Oliveras en la SER con el fondo musical de la sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorák.

 Pd.: En una entrada dedicada a Chencho, publicada el 24-XII-2024, creí que era mayor que el personaje interpretado por Ángel Pardo. En realidad, me lleva unos meses. Aclarado y reconocido este error, asumo la penitencia con la esperanza de que, al cabo de los años, esas diferencias ni se notan.

domingo, 21 de diciembre de 2025

La publicación de La colmena, el tercer volumen de la trilogía, ha sido aprobada por la UA


 Universidad de Alicante

El Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Alicante me ha comunicado que en la reunión de su consejo rector celebrado el pasado día 19 se aprobó la publicación de La colmena, el tercer volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores. La aprobación, como es preceptivo, vino motivada por dos informes positivos realizados por especialistas en la materia. Los mismos, con carácter anónimo, me fueron remitidos y tienen las calificaciones de 9 y 10 sobre un máximo de 10.
A partir de enero realizaremos las gestiones oportunas para sumar a la editorial Renacimiento a una coedición como en las anteriores ocasiones. Si así sucede, y tras culminar una tarea de elaboración y revisión de las pruebas de imprenta, es probable que a finales del curso tengamos el volumen publicado y en las librerías. Si no llegamos a tiempo, la fecha de publicación sería septiembre.
Ahora mismo, y a resultas de los nuevos sumarios localizados, estoy inmerso en la redacción de un nuevo volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores, que probablemente cierre el ciclo y por coincidir con mis últimos años en activo he titulado Al final del trayecto. El índice provisional, e incompleto, del mismo es el siguiente:

AL FINAL DEL TRAYECTO.

LOS CONSEJOS DE GUERRA DE PERIODISTAS Y ESCRITORES (1939-1945)

ÍNDICE

-       El final del trayecto

-       Pornógrafos y bohemios en las cárceles de la Victoria

-       Las «extrañas» víctimas de la represión franquista

-       Los periodistas en el sumario de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD)

-       Enrique Meneses Puertas no fue condenado a muerte

-       La denuncia preventiva de un periodista

-       La suerte del periodista y escritor Eduardo García Marcili

-       Procesado por taquimecanógrafo: José Ferrándiz Casares

-       El proceso de un monárquico, republicano y falangista: José Tarí Navarro

-       El consejo de guerra de Francisco Fernández Albors

-       La tardía condena a muerte de un periodista conservador

-       Manuel Izquierdo Esteban, taquimecanógrafo de Mundo Obrero

-       El condenado a muerte que leía a Gabriel Miró

-       José Fragero Pozuelo, falangista y confidente del SIM

-       Kafka en la jurisdicción militar

-       El cronista de guerra Fernando F. Revuelta

-       Antonio Gallego Carretero, periodista fusilado

-       La suerte de Francisco Baleriola Arroyo

-       La «corresponsal obrera» Concha Santalla

-       La solidaridad de los hermanos Alba Cortina

-      Miguel Hernández y la judicialización de la Historia

 La finalización de este trabajo tendrá lugar a lo largo del curso 2026-2027. Actualmente, ya tengo redactados 157 folios, pero el volumen de la documentación localizada me lleva a pensar que la cifra final rondará los trescientos. Mientras tanto, a través de este blog y de la web consejosdeguerra.es facilitaremos información sobre estos nuevos casos, que junto con los ya analizados suman más de cien. La finalización de la tarea, con un relato para cada una de las víctimas, está prevista para mi jubilación, que llegará si la salud me acompaña en junio de 2028.


miércoles, 17 de diciembre de 2025

Presentación de Bajo sospecha, de Ana Asión y Sergio Calvo


Hace un año y medio aproximadamente, cuando los jóvenes profesores de la Universidad de Zaragoza Ana Asión y Sergio Calvo, me propusieron colaborar en un volumen colectivo acepté encantado (véase la entrada del pasado 12 de febrero). El objetivo era acercarse a un régimen represivo como el franquismo desde diferentes perspectivas y pronto propuse escribir un capítulo centrado en mis investigaciones sobre la represión sufrida por escritores y periodistas durante la Victoria.
El proceso de edición del volumen fue rápido, todos los colaboradores respondieron en tiempo y forma y el resultado llegó a las librerías el pasado mes de febrero. Desde entonces, Ana y Sergio, como coordinadores de Bajo sospecha, han protagonizado una verdadera gira de presentaciones. El consiguiente esfuerzo habrá contribuido al éxito editorial que ha supuesta la presencia del volumen en las listas de las obras de no ficción más vendidas durante la pasada primavera.
La gira, al menos en lo que respecta a 2025, termina mañana en la sede de la Universidad de Alicante, donde podremos debatir sobre la necesidad de estudiar este período histórico, especialmente en unos momentos donde tantas amenazas se ciernen sobre la democracia. A la espera de disponer del correspondiente vídeo de la UA, os dejo con el de una anterior presentación de Bajo sospecha: 








Aquí podéis ver el vídeo completo de la presentación del pasado 19 de diciembre de 2025 en la Sede Universitaria de la Universidad de Alicante:




domingo, 30 de noviembre de 2025

¡Ay, Carmela!, de Sanchis Sinisterra: memoria y amor


 

La memoria es frágil. Lo comprobamos, de manera simbólica, en el desenlace de la adaptación cinematográfica de ¡Ay, Carmela! (1990), dirigida por Carlos Saura a partir de un guion de Rafael Azcona. La pizarrita con el nombre de la protagonista es la única identificación de su tumba, localizada fuera del cementerio porque los responsables de su muerte ni siquiera le han reconocido el derecho a un enterramiento digno.

Paulino y Gustavete, sus compañeros de la compañía de «variedades a lo fino», la dejan allí cuando emprenden un viaje hacia ninguna parte. Pronto, con la primera lluvia o ráfaga de viento, esa pizarrita desaparecerá. Carmela quedará en el anonimato, como tantas personas desaparecidas trágicamente durante la Guerra Civil y la posguerra. A la muerte física, violenta, le sucederá la muerte definitiva por la pérdida de la memoria.

La fragilidad de la memoria es un futuro que suponemos tras finalizar una adaptación cinematográfica cuyo tiempo dramático tiene un desarrollo lineal, desde que Paulino y Carmela caen prisioneros de los militares hasta el asesinato de quien se rebela frente a la humillación y muestra su solidaridad con otros condenados a muerte.

Sin embargo, en la obra original de José Sanchis Sinisterra (1987) asistimos a un tiempo invertido gracias a las libertades que permite el convencionalismo teatral. La protagonista de la obra ya ha fallecido cuando la misma comienza. Paulino permanece en el teatro donde tuvo lugar el trágico suceso, humillado por los militares como «artista» ahora destinado a barrer el escenario.

Allí se le aparece el fantasma de Carmela. Su compañero todavía puede verla, incluso tocarla, con la intensidad de una memoria tan viva como inmediata. Junto a ella y frente al público revive los episodios de sus últimos días, desde que ambos cayeron prisioneros en el frente de Aragón hasta la celebración de la velada artística donde se produjo el trágico suceso, Sin embargo, poco a poco, a Paulino le cuesta más verla, sentirla cercana, porque la memoria es frágil, aunque medie el amor.




José Sanchis Sinisterra escribió una magnífica obra sobre la fragilidad de la memoria y la necesidad de revitalizarla mediante el recuerdo y el conocimiento para evitar la muerte definitiva de quienes fallecieron. Su protagonista es Carmela, una modesta artista de las variedades cuyo nombre evoca una popular canción de la época. La conocemos como mujer apasionada, sincera y espontánea capaz de contagiar su solidaridad de «madre» hacia los prisioneros que acabarán ejecutados al día siguiente de la velada. Gracias al recuerdo compartido por Paulino, le damos cuerpo y rostro. También voz en sus diálogos y canciones. La sentimos cercana. Carmela es nuestra compañera mientras asistimos a una velada con su trastienda de represión e imposiciones para la humillación del «enemigo». Sabemos de su inocencia y nos rebelamos ante la violencia del asesinato como prólogo de un olvido, el que le espera en una tumba pronto anónima.

Carmela es un personaje con personalidad propia, pero también el epítome de tantas otras mujeres o víctimas anónimas de aquella guerra donde la violencia fue la consecuencia de una intransigencia incapaz de convivir con el diferente. Al final, cuando inevitablemente nos sentimos arrastrados por su vitalidad, descubrimos que Carmela también es nuestra compañera, la mujer que podemos descubrir viendo un álbum familiar de fotos, investigando en un archivo militar o hablando con quienes procuran mantener viva la memoria de una generación trágicamente truncada por la Guerra Civil.

Gracias a José Sanchis Sinisterra, todos empatizamos con Carmela, pero también somos Paulino. El «artista», aquel que siente el orgullo de serlo, aunque sea en sus más modestas manifestaciones, es cobarde y acomodaticio. Lejos de la espontánea rebelión de su compañera, Paulino acata para sobrevivir. El precio a pagar resulta caro. No solo pierde a Carmela, sino que también sacrifica su dignidad como artista ahora destinado a barrer el escenario donde imaginó la posibilidad de triunfar.

Ambos, Paulino y Carmela, son unos derrotados pronto convertidos en víctimas abocadas al olvido. El destino de ella nos parece más trágico por mediar un asesinato, pero el de su compañero también lo suponemos dramático porque, con el tiempo, le costará recordar a quien amó. Así comprobará la fragilidad de la memoria cuando la misma es un acto solo personal, sin el apoyo de quienes debieran tener la responsabilidad de mantenerla viva.




José Sanchis Sinisterra escribió su obra contra la política de «pasar página» sin haberla leído. La misma imperaba de manera indiscutible cuando se celebró el cincuentenario de la Guerra Civil. En 1986, las Carmela permanecían olvidadas en las cunetas de numerosos caminos. Ni siquiera disponían de una pizarrita con su nombre junto con las fechas de nacimiento y muerte.

Gracias a obras que han procurado la recuperación de la memoria histórica para devolver su voz a personajes olvidados, en la actualidad conocemos a muchas mujeres como Carmela y hombres enamorados al estilo de Paulino. Todos permanecen en la modestia de un lugar en la historia que linda con el anonimato de los personajes menores. Apenas importa, los sentimos cercanos, empatizamos con ellos y, a través de sus vicisitudes no desprovistas de contradicciones, comprendemos aquellos dramáticos años que desgarraron a todo un país.

La fragilidad de la memoria precisa de nuestra voluntad de recordar, investigar y conocer para saber de un pasado que nunca nos debiera resultar ajeno. Paulino y Carmela nos hablan de unas circunstancias históricas concretas en torno a la Guerra Civil, pero la propia obra de José Sanchis Sinisterra ha sido trasladada a otros contextos porque, en cualquier conflicto, siempre hay una modesta y anónima pareja de enamorados cuyo dramático destino es una consecuencia de la Historia, aquella que parece protagonizada exclusivamente por los líderes de los bandos enfrentados.

La obra de José Sanchis Sinisterra aboga por la necesidad de mantener viva la memoria histórica personalizándola en quienes nos dejaron sin legarnos suficientes huellas para el recuerdo. Basta con su presencia fragmentaria y hasta azarosa para revitalizarla cuando media la voluntad de investigar y, sobre todo, conocer con el objetivo de comprender.

¡Ay, Carmela! también es una historia de amor. La palabra nunca aparece en las frecuentes discusiones que mantienen dos protagonistas contrapuestos y, al mismo tiempo, enamorados. La caracterización de Paulino supone el envés de la personalidad de Carmela. Gracias a ese contraste, con su inevitable conflicto no desprovisto de humor, asistimos entre interesados y divertidos a sus discusiones por los más variados motivos. Los diálogos aportan la necesaria tensión dramática, pero al escucharlos, más allá de las apariencias, percibimos que ambos están enamorados y se necesitan mutuamente.

Tal vez las mejores historias de amor sean aquellas donde nunca se pronuncia esa palabra porque el concepto lo percibimos latente. Paulino y Carmela discuten sobre lo divino y lo humano, incluso después de la muerte de ella. Solo porque están enamorados y quieren mantener viva esa relación. A Carmela le quitan la vida por su gesto de humanidad hacia otras víctimas. A Paulino le humillan como superviviente y le dificultan, condicionando incluso la intimidad de sus recuerdos, la memoria de quien ha dejado en una tumba condenada al anonimato.

Ambos, gracias a la exitosa obra de José Sanchis Sinisterra, vuelven una y otra vez a los escenarios para luchar contra quienes matan y humillan y, además, pretenden el olvido del pasado para asegurar la exculpación. Frente a esta actitud, solo cabe recurrir al conocimiento y la memoria con el objetivo de recuperar la historia de tantos Paulinos y Carmelas que tuvieron el derecho de enamorarse, vivir y discutir hasta el enfado porque en el fondo así se sentían juntos. También cercanos a nosotros cuando hacemos uso de una memoria compartida.

Nota: La presente entrada está destinada al alumnado de la asignatura dedicada al teatro español del siglo XX que imparto en la Universidad de Alicante y cualquier otro interesado por el tema. Para completar la información, también se puede consultar la entrada de este mismo blog publicada el 11 de diciembre de 2024: https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/12/teatro-y-cine-en-la-espana-del-siglo-xx.html.

Asimismo, se puede consultar la entrevista que hice a José Sanchis Sinisterra el 11 de noviembre de 2005, cuya transcripción se encuentra en el catálogo de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/entrevista-a-jose-sanchis-sinisterra-11112005--0/html/009d23e2-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html#I_0_

 

 

lunes, 17 de noviembre de 2025

Franco, chocolate y churros


 Franco rivalizando con los ases de la raqueta

Los 20 de noviembre eran días festivos en Alicante. Durante mi estancia en el colegio San Fernando (1964-1968), a pesar de que ya se habían celebrado los XXV años de Paz, las vísperas de esa señalada fecha la ocupábamos en una visita a la casa-prisión de José Antonio. Allí nuestros maestros, con la preceptiva camisa azul, evocaban la ejemplaridad del sacrificio de un líder cuya imagen nos resultaba tan familiar como las de Franco y el crucifijo. Juntos formaban una especie de Santísima Trinidad.

La visita, como expliqué en Contemos cómo pasó (2015), terminaba con una discusión acerca de si el mendrugo de la celda de José Antonio era el original o lo cambiaban cada año. Los puristas creían en la conservación milagrosa del pan. Los escépticos apuntábamos la posibilidad de la renovación porque, de haber sido un mendrugo de treinta años, aquello debería haberse convertido en un resto arqueológico. 

Al final, todos juntos, jugábamos un improvisado partido de fútbol en el patio de aquel recinto para culminar una visita donde unos chavales convertían la pared de la ejecución en una portería. El acto era irrespetuoso, pero tampoco parecía respetuoso hablar de fusilamientos y sacrificios ejemplares a quienes llevábamos pantalones cortos por imperativo de la edad.

A lo largo del bachiller, la festividad del 20 de noviembre en Alicante fue cada vez más extemporánea. La conmemoración del fusilamiento apenas contaba con presencia en la ciudad. Muchos aprovechaban la ocasión para desplazarse a otras localidades y hacer una especie de black Friday sin saber del mismo. Mi padre decidió que ir a Jumilla era una buena oportunidad de comprar vino. En otras ocasiones, el destino fue Jijona para proveernos de turrón a un precio especial porque los fabricantes eran «clientes del banco». Estos detalles de «los clientes» determinaron varios hitos gastronómicos hasta mi entrada en la universidad.



Bluff fue fusilado por dibujar caricaturas como la del general Franco

A la altura de 1975, y conocedor de las noticias, mi padre no programó un viaje en el «850» que sustituyó al «600» gracias a su condición de «apoderado del BV». La categoría laboral figuraba en sus tarjetas de visita guardadas en una cajita de plástico. La posesión de esa cajita la añoro, así como la entrega de la correspondiente tarjeta donde ahora figuraría una cualificación que habría enorgullecido al «apoderado», un término que me gustaba tanto como el de «perito».

El 20 de noviembre de 1975 mi padre madrugó como todos los días. El hábito lo he heredado. Aquella mañana vino a mi habitación, con su sempiterno batín granate, para decirme una sola palabra: «¡Ya!». El resto de la implícita frase lo entendí al instante. A partir de ese momento, el desconcierto en nuestras reacciones fue notable porque «no había costumbre» de que Franco hubiera fallecido.

El alivio era notable. Los partes del «equipo médico habitual», con su detallismo acerca de las «madejas sanguinolentas», habían preparado el camino, pero algo sonado debía hacerse. Mi padre sacó un billete de veinte duros y me mandó comprar una rueda de churros, toda una rueda, y chocolate. Así, mojando los churros sin temor a que se agotaran, contemplé al cariacontecido Arias Navarro en la tele o escuché las noticias por la radio. La duda permanece, pero lo bien que me sentaron esos churros es un dogma.



José Robledano fue procesado por caricaturizar al general Franco

La muerte ajena nunca debe ser motivo de alegría, y menos después de la carnicería a la que fue sometido el general Franco para prolongar su vida, pero conviene reconocer que a veces supone un alivio. El galán del No-Do era por entonces un personaje patético que amenazaba con la inmortalidad. Los secundarios, al menos los procedentes de familias derrotadas en 1939, esperábamos que la productora contratara a un sustituto con mejor presencia. Valía cualquiera y así, con la resignación de haber padecido el pasado, aceptamos al «campechano», que ya sabría de las artes de un buen galán.

Aquella mañana del 20 de noviembre de 1975 en casa no hubo una celebración más allá de los churros con chocolate. Franco había fallecido, pero el franquismo seguía vivo. La comprobación era tan sencilla como salir a la calle. El problema es que esa mentalidad de un «régimen tenebroso de pícaros, patanes y meapilas» (Javier Cercas) no iba a desaparecer gracias al «hecho biológico». La tarea para convertirnos en un «país normal» (Iñaki Gabilondo) resultaba abrumadora y, sobre todo, no había un manual de instrucciones. Menos todavía un «gran timonel» que nos orientara. No obstante, la necesidad de ser «normales» permitió que la dictadura, a diferencia del dictador, fuera derrotada poco a poco en la calle.

El aprendizaje de la convivencia durante la Transición fue un empeño colectivo, pero nunca unánime. El franquismo estaba en cualquier esquina y, visto el presente, parece capaz de mutarse para que no podamos comer unos churros con chocolate sin temor de que se agoten o sin la mala conciencia de que engordan. Qué le vamos a hacer. Siempre tendremos a mano las galletas gracias a las pequeñas victorias en el empeño de ser «normales» para que nadie acabe como Bluff o José Robledano. Ni siquiera insultado o difamado, menos condenado, por pensar que las dictaduras donde mejor están es en el recuerdo de lo remoto.

 

 


miércoles, 12 de noviembre de 2025

«Si no tienes un 'hater'...»


 Miembros de la Generación del 27

El centenario de la Generación del 27 forma parte del futuro inmediato. Los preparativos para celebrarlo ya están en marcha. De hecho, cuento con tres invitaciones para participar en iniciativas relacionadas con la efeméride y, lo confieso, me ilusiona especialmente la experiencia de alojarme en la Residencia de Estudiantes, donde estuvieron los creadores a los que he dedicado tantas horas de estudio y docencia.

La «Generación del 27» es una denominación tan exitosa como discutible por múltiples razones. El centenario será una ocasión perfecta para someterla a crítica y analizar posibles alternativas acordes con la riqueza literaria de ese período de nuestras letras.

Así lo haremos, pero los historiadores somos conscientes de la inutilidad de pretender reemplazar una denominación exitosa en los medios de comunicación. Conviene, pues, aceptarla, aunque solo sea para matizarla o reivindicar otras posibilidades. El camino de esa revisión viene de largo y lo completaremos, tal vez, en el 27 sin olvidar el núcleo de los poetas imprescindibles para caracterizar la generación.

Los debates universitarios son intensos, pero permanecen alejados de la visceralidad habitual en los medios de comunicación. Las razones de este islote de racionalidad son múltiples. Yo destacaría que, llegados a un mínimo de conocimientos sobre una materia, la controversia permanece, aunque en unos términos donde también cabe hablar de un consenso en lo básico por obvio.

En este marco de preparativos, el pasado 26 de octubre leí una entrevista a Andrés Trapiello cuyo titular me sorprendió: «El 27 me parece un grupo de poetas sin demasiado recorrido» (Diario de Sevilla). El texto de las respuestas corrobora lo entrecomillado en el titular, de tal manera que el entrevistado considera a Federico García Lorca, Vicente Aleixandre y Rafael Alberti, por ejemplo, como «poetas sin demasiado recorrido».

Andrés Trapiello piensa, por el contrario, que José Bergamín, Luis Cernuda y Rosa Chacel son autores de mayor recorrido y dignos de un interés preferente. La opción está justificada, pero lo sorprendente es que pase por la boutade de minimizar el alcance de un premio Nobel o un autor universal como Lorca.

A falta de explicaciones en la propia entrevista, supongo que lo buscado es un titular llamativo para marcar territorio. Si Andrés Trapiello se sumara a la corriente unánime del profesorado universitario, su protagonismo de cara a 2027 quedaría diluido y apenas cotizaría. Sin embargo, puestos a pensar que Lorca es un poeta «sin demasiado recorrido», su voz disidente sonará con fuerza y, al mismo tiempo, le permitirá cuestionar una unanimidad vinculada con los defectos que suele atribuir al mundo académico.

La respuesta argumentada es innecesaria porque no se trata de una polémica literaria, sino de una estrategia para situarse ante una celebración que acarreará múltiples y, a veces, bien pagadas colaboraciones. Quienes compartimos la suerte de no depender del «mercado», por nuestra condición de funcionarios. permanecemos lejos de estas salidas de tono. Apenas cabe criticarlas. Solo lamentar que, con tanta estrategia comunicativa, se pierda el tiempo para modular una voz crítica que merece ser escuchada.

El Andrés Trapiello de las «trifulcas periodísticas», cada vez más acentuadas, dista del autor de algunos libros que me han permitido conocer mejor las letras españolas. Con este último el debate merece la pena, mientras que con el de las columnas de El Mundo solo lamento un tono faltón donde otros, más ingeniosos, le superan.

Ahora, como un paso más en ese camino de los columnistas dispuestos a sobrevivir en la jauría periodística, me entero de que Andrés Trapiello es un hater de mi colega Ignacio Sánchez Cuenca (El País, 6-XI-2025). La respuesta del catedrático, cuyos artículos y libros leo con atención desde hace tiempo, supone un ejemplo de moderación analítica y buen humor. Lo agradezco, porque lo peor de un hater es la posibilidad de contagiar al «enemigo».

El historiador debe consultar las fuentes primarias. En este caso, me ha bastado leer los artículos «El dilema llega tarde» y «Tortilla de patatas, ¿con o sin cebolla» (El Mundo, 13-IX-2025 y 25-X-2025) para comprobar la veracidad del análisis de Ignacio Sánchez Cuenca.

El resultado desalienta al lector porque el espacio privilegiado de una página en un medio de alcance nacional merecería otros contenidos. Sin embargo, visto el panorama de la prensa conservadora de Madrid, me temo que los mismos serían el primer paso para la sustitución del colaborador, que parece obligado a ser tan hater del «sanchismo» como sus colegas de El Mundo.

Una línea editorial siempre merece un respeto, pero caer en las prácticas de un hater, cuando alguien ha probado otras capacidades, es tan lamentable como la suma de trifulcas de tantos columnistas. La supervivencia resulta dura en unos medios precarios donde la independencia supone una quimera. Todos lo sabemos. La crítica paternalista desde la perspectiva de un catedrático no procede, pero sí la réplica bienhumorada. De lo contrario, al final solo oiríamos a los haters, hasta el punto de pensar que escribir es rebajarse a la condición del obsesionado que cree encarnar una lucha digna cuando en realidad procura su supervivencia.

 

 

 

 

 


viernes, 17 de octubre de 2025

IV Congreso Internacional Literatura y franquismo


 Imagen de mi intervención junto con el profesor Diego Santos

José María Pou cuando recibió el premio José Estruch a la mejor interpretación de la anterior temporada me comento que, a sus ochenta años y después de más de medio siglo en los escenarios, era consciente de que había llegado el momento de cerrar puertas y ventanas. La frase quedó en mi memoria porque, con una sencilla imagen, sintetizaba la inevitable despedida en cualquier actividad.

Yo también he empezado a cerrar puertas y ventanas como catedrático en activo. Siempre he rechazado la actitud de los colegas aferrados hasta el último día a sus cargos o participando en cualquier actividad como si no hubiera un mañana. Semejante protagonismo suele ser un indicio de la negativa a dar el relevo, una circunstancia que no se estudia, pero nos define.

Esta semana he participado en uno de los últimos congresos a los que asistiré como investigador en activo. Los primeros tuvieron lugar en los años ochenta y, a estas alturas, son muchos los acumulados en una trayectoria donde esta actividad resulta imprescindible.

Los profesores Fernando Larraz y Diego Santos, de la Universidad de Alcalá, me invitaron a dar una ponencia plenaria en el IV Congreso Internacional Literatura y franquismo: Ortodoxias y heterodoxias. Acepté encantado porque la ocasión me permitía hacer un balance del trabajo desarrollado en torno a los consejos de guerra de periodistas y escritores durante el período 1939-1945 y, al mismo tiempo, contactar con la reciente promoción de investigadores de la literatura durante el período franquista.




Ambos propósitos se cumplieron. De regreso a casa, tengo una lista de nuevos contactos, proyectos en los que colaboraré y, claro está, gestiones donde mi firma tal vez facilite la consecución de los objetivos (tribunales, informes, tesis, convenios…). La tarea me ocupará meses, pero la haré con agrado porque es una manera de ayudar a los jóvenes investigadores, dar el citado relevo y cerrar las puertas o las ventanas poniendo el protagonismo al servicio de los compañeros.

No obstante, y después de tantos congresos, el pasado jueves tuve una experiencia inédita. Al finalizar la ponencia, donde expliqué la tarea desarrollada en torno a los consejos de guerra como respuesta a quienes han intentado censurarla por distintas vías, incluida la descalificación profesional, los asistentes no solo aplaudieron, sino que se pusieron en pie para hacerlo como sucede en los teatros cuando una representación gusta mucho al público.

Los casi cien investigadores me dieron así una muestra de solidaridad que se suma a otras ya recibidas, pero con la novedad del directo, que convierte cualquier acto en un motivo de emoción. La sentí como nunca cuando vi la respuesta de los compañeros, que así agradecieron una lucha por la libertad de expresión y de cátedra compartida con la totalidad de quienes nos dedicamos a esta tarea.

El resultado de la ponencia fueron dos invitaciones de otras tantas editoriales para colaborar en sus catálogos, ofertas de participación en distintos proyectos, contactos para asesorar investigaciones…, pero sobre todo mucha solidaridad porque nadie, absolutamente nadie, comprende un acoso de seis años por realizar el trabajo que me corresponde como catedrático.

Ya de regreso en casa, y con nuevos sumarios por analizar remitidos por el Archivo General e Histórico de Defensa, me siento con energías renovadas y la confianza de que, puestos a cerrar las puertas y las ventanas de la actividad profesional, cuento con la solidaridad de quienes con sus investigaciones me enseñan a valorar aspectos inéditos de la cultura franquista. Nuestra labor pronto empezará a quedar obsoleta frente a la protagonizada por la nueva hornada de historiadores. Así, con la normalidad que debemos asumir, se habrá completado una cadena donde solo somos un eslabón. No hace falta ser un Antonio Machado para comprenderlo y actuar en consecuencia.


miércoles, 1 de octubre de 2025

La lectura de una tesis sobre Concha Alós


 La nueva doctora junto con el tribunal

Ayer tuvo lugar en la Universidad de Alicante la lectura de la tesis presentada por la doctoranda Nieves Ruiz sobre la obra literaria de Concha Alós, que he dirigido durante estos tres últimos cursos en el marco del Programa de Doctorado de Filosofía y Letras de dicha universidad. La tesis obtuvo la máxima calificación de un tribunal presidido por la doctora Helena Establier Pérez con la doctora Maja Zovko como secretaria y el doctor Jobs Weigel como vocal.

La dirección de una tesis doctoral es una tarea que requiere muchas horas de debates, consultas y correcciones. El factor humano es esencial para estos menesteres y, afortunadamente, he trabajado a gusto con Nieves. Incluso me ha contagiado su entusiasmo como investigadora dedicada a analizar la trayectoria biográfica y creativa de una novelista que nos dejó hace catorce años en unas circunstancias penosas.

El acto de la lectura tiene su ritual propio, que lo seguimos al pie de la letra, y ahora se abre una nueva etapa para la ya doctora, que disfrutará de un año más de beca con el objetivo de completar su currículo e intentar acreditarse como contratada doctora y presentarse a las próximas convocatorias de plazas docentes.

La investigación universitaria, sobre todo en sus primeras etapas, supone una labor intensa con una escasa recompensa económica en el caso de disponer de una beca predoctoral. La mensualidad apenas supera el salario mínimo interprofesional y, en el plazo de tres años, hay que sacar adelante una tesis sin tener nunca la seguridad de contar con una beca posdoctoral o una plaza universitaria para proseguir la labor como investigador.

El riesgo de emprender este camino es tan notable como la incertidumbre acerca del futuro profesional. Yo siempre aviso en este sentido a quienes me comunican su voluntad de doctorarse, pero también es verdad que las catorce personas que me buscaron como director de su tesis y culminaron la tarea encontraron un acomodo en el sistema educativo. Incluso ya cuento con dos jubiladas entre mis antiguas doctorandas.

A Nieves Ruiz le sobran ganas y entusiasmo para culminar esta tarea a la búsqueda de una plaza tan necesaria para su futuro. Aquí o donde sea, porque las oportunidades surgen y nunca hay que desaprovecharlas. Solo queda desearle la mejor de las suertes con la seguridad de que contará con mi ayuda para lo que sea preciso. Incluso aunque prosiga por los complejos caminos del feminismo y la ecología como vías de conocimiento de los textos literarios. Unos caminos que he conocido con la voluntad de no quedarme anclado en otros tiempos y el convencimiento de que nunca terminamos de aprender.

 


domingo, 28 de septiembre de 2025

Una web dedicada a los periodistas y escritores represaliados


 

La pasada primavera recibí la invitación para participar en un acto de homenaje a Miguel Hernández que se iba a celebrar en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas (véase la entrada del 24-IX-2025). Al margen de que procuro responder positivamente a todas las oportunidades brindadas para difundir mis trabajos de investigación, la propuesta merecía la pena especialmente porque pocas veces tenemos la ocasión de conocer por dentro una institución tan respetada por los demócratas europeos.

Acepté encantado y, voluntariamente, asumí el compromiso de aportar alguna novedad para corresponder a los organizadores. El resultado ha sido una web elaborada durante el verano con mis compañeros del VIGROB 121 de la Universidad de Alicante, Memória, Identitat i Ficcions (MIF).

El objetivo de la web https://consejosdeguerra.es/ es ordenar la información relacionada con mis trabajos de investigación sobre los consejos de guerra de periodistas y escritores durante el período 1939-1945 y facilitar su consulta. Los primeros culminarán con el tercer volumen de la trilogía, La colmena, cuya publicación está prevista para 2026. A partir de entonces, cualquier novedad bibliográfica aparecerá en el blog cuando no requiera un texto extenso y, en caso contrario, utilizaré el Repositorio de la Universidad de Alicante enlazando el archivo desde la citada web.

Al mismo tiempo, el directorio de sumarios de la web permite acceder directamente a los datos relacionados con cada caso y localizar las referencias bibliográficas correspondientes para facilitar su consulta.

El objetivo, por lo tanto, es recopilar lo investigado hasta el presente, seguir incorporando las referencias de lo que vaya apareciendo en el futuro y, especialmente, facilitar las consultas de los interesados.

Por otra parte, y de acuerdo con la normativa a la que está sujeto el profesorado de la Universidad de Alicante, las publicaciones que realizamos con fondos públicos, la práctica totalidad, deben acabar contando con una copia de acceso libre en el Repositorio de la Universidad de Alicante. Este requisito se suele cumplir pasado un año desde la publicación en papel para preservar los derechos de las editoriales y previa conformidad de las mismas.

Gracias a Renacimiento y el Servicio de Publicaciones de la UA, ya disponemos de una copia de acceso libre para Las armas contra las letras, en abril de 2026 se sumará la de Perder la guerra y la historia y a finales de 2027 haremos lo mismo con La colmena. La trilogía se sumará así a la edición de Los consejos de guerra de Miguel Hernández, que es de acceso libre desde el primer momento gracias al Ministerio de Defensa y la Universidad de Alicante.

El objetivo final es culminar el trabajo en junio de 2028 con todos los materiales bibliográficos publicados y de acceso libre para cualquier investigador. Lo fundamental ya está terminado, pero ahora queda aportar a la web https://consejosdeguerra.es/ lo pendiente de publicar y completarlo con el análisis de nuevos sumarios instruidos contra periodistas, escritores, caricaturistas y fotoperiodistas.

La web se actualizará al final de cada mes. Gracias a la ayuda de quienes siguen este blog, entre todos iremos corrigiendo los posibles errores, completando la información -nos queda pendiente la localización de varias fotografías de los procesados- y buscando nuevas referencias hasta tener un retrato completo, caso por caso, de lo sucedido con estos colectivos durante un período marcado por la represión de los derechos fundamentales. Cuento, por lo tanto, con vuestra ayuda para llegar a esta meta en junio de 2028,

Para cualquier duda, observación crítica o error detectado, mi email de contacto es ja.rios@ua.es. Os agradezco de antemano vuestra ayuda, así como la prestada por los compañeros del VIGROB 121 que han hecho realidad esta web.