viernes, 24 de julio de 2026

La realidad alternativa de Arcadi Espada


 Arcadi Espada (tomada de The Objective)

El periodista y escritor Arcadi Espada ha sido noticia estos días a raíz de la publicación de su artículo «Nunca es solo fútbol, recordarlo siempre» en El Mundo (21-VII-2026). El texto, repleto de prejuicios, comienza con un párrafo que merece ser reproducido a la luz del triunfo de la selección nacional en el campeonato mundial de fútbol celebrado recientemente. La final tuvo lugar el domingo 19, dos días antes de la referida publicación:

«Nunca es solo fútbol. La magnitud de la decepción española en el Mundial obliga a algo más que a un análisis táctico. No es difícil ver en este equipo -en su devoción litúrgica por el sistema, en su miedo al desequilibrio individual, en la sumisión del talento a la coreografía- un reflejo de lo que es y de lo que amenaza seguir siendo este país en el siglo XXI: una sociedad que ha hecho de la desconfianza ante la excelencia una forma de cortesía».

La posibilidad de escribir acerca de una «decepción» antes de que la misma se produzca y publicar el artículo dos días después de que el supuesto fracaso se haya convertido en un memorable éxito prueba el talante del periodista y escritor. Arcadi Espada había decidido que la selección nacional era un ejemplo de los males del país, según su óptica, y la realidad nunca pudo desmentir semejante conclusión. La victoria por 1 a 0 frente a Argentina dejó de existir porque atentaba contra su realidad alternativa, aunque la misma pudiera ser la de una supuesta «ironía» solo al alcance de algunos clarividentes como el autor.

Cuando lo absurdo o el juego de las ironías alcanzan estas cotas no merece la pena cebarse en el protagonista, aunque no me consta que el orgulloso periodista haya pedido disculpas por el error o aclarado las claves de su retórico artículo. Faltaría más… Si dedico una entrada a esta muestra de la irresponsabilidad a la hora de publicar un artículo es porque Arcadi Espada es reincidente en su creación de realidades alternativas.

Al margen de otros episodios recogidos por la hemeroteca, en 2018 el escritor publicó el volumen En nombre de Franco. Los héroes de la embajada de España en el Budapest nazi (Barcelona, Espasa). En el mismo relata la actividad del diplomático Ángel Sanz-Briz (1910-1980) para salvar a miles de judíos durante la II Guerra Mundial. A pesar de que el tema ya aparece en anteriores libros, lo leí con interés porque el citado era uno de los protagonistas de Una arrolladora simpatía: Edgar Neville (Barcelona, Ariel, 2007), donde el diplomático franquista aparece en su destino de la embajada de Londres durante la Guerra Civil. El episodio suele ser ocultado en síntesis biográficas como la de Wikipedia.

Arcadi Espada, entusiasmado con la imagen tan atractiva de un Schindler español, no reparó en sus antecedentes como diplomático y menos leyó mi libro, donde su protagonista muestra un comportamiento capaz de matizar la valoración de lo realizado en Budapest. Mientras el periodista mantenía alguna agria polémica con historiadores especializados en el Holocausto, le mandé a la editorial Una arrolladora simpatía: Edgar Neville para que completara su conocimiento de la trayectoria, nada rectilínea, de Ángel Sanz-Briz. Ignoro si el volumen le llegó, pero es indudable que nunca matizó la presentación de su héroe.

Ahora, cuando acabo de comprobar que el resultado de un partido visto por millones de personas no es capaz de alterar lo escrito por Arcadi Espada, comprendo que el destino de mi libro era la ignorancia. La documentación revelada por Una arrolladora simpatía: Edgar Neville nunca debía alterar la realidad alternativa imaginada por quien descubrió que el diplomático carecía de antecedentes como tal diplomático, aunque los mismos estuvieran en el archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Los clarividentes al modo de Arcadi Espada no suelen rebajarse a visitar esos lugares, que son privativos de los catedráticos de provincias sin derecho a una página semanal en un medio nacional. De acuerdo, pero la sonrisa al ver la noticia del fracaso de la selección nacional, por culpa de no admitir la excelencia, nadie me la quita y la intento compartir con los lectores de este blog. Tal vez porque, al igual que Javier Cercas, sea incapaz de disfrutar con la ingeniosa ironía de quien a mi edad luce una melena que augura la posible eternidad del periodista y escritor.


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