Hace unos días recibí un
correo de mi amigo y editor Abelardo Linares donde adjuntaba una serie de
enlaces a diferentes artículos relacionados con la reciente publicación de Guerra
total, una colección de narraciones atribuidas a Manuel Chaves Nogales por
quien también incluye en la edición de Renacimiento un extenso epílogo para
justificar esta atribución que, al parecer, está resultando controvertida.
Estas polémicas son
saludables en la medida que ayudan a esclarecer el motivo de las mismas,
pero a menudo derivan en unos alicortos enfrentamientos personales que solo
interesan a quienes participan con un intercambio de textos donde abundan las
alusiones personales y las «puyas» propias de unos duelos con unos
protagonistas progresivamente solos y abocados a darse alguna «calabazada».
La atribución de los
referidos textos a Manuel Chaves Nogales carece de «la pistola humeante», pero
me parece justificada y plausible a la espera de que otros colegas puedan
aportar más datos. Si se expresan en los términos utilizados por mi maestro Andrés
Amorós, las dudas con respecto a esa atribución suponen un acicate para ahondar
y matizar, dos tareas imprescindibles en cualquier estudio filológico. Otros
artículos, con descalificaciones, remiten a enfrentamientos que desconozco y
que tampoco deseo conocer.
Tal y como apunté en una
entrada anterior, podría participar en esta polémica aportando algún dato y
hasta hipótesis basadas en mis años enfrascado en el estudio de los consejos de
guerra seguidos contra escritores y periodistas. De hecho, algunas de las
reticencias mostradas por quienes dudan o se oponen a la atribución de los
textos a Manuel Chaves Nogales pueden quedar despejadas al observar
circunstancias análogas que afectaron a varios de sus colegas cuando afrontaron
los sumarísimos de urgencia.
Me niego a participar,
por ahora, en esta polémica. La razón básica es fácil de entender: lo primero
es disfrutar con los textos rescatados del olvido por Abelardo Linares y
puestos a disposición de los lectores en una edición que cuenta con el prólogo
de otro amigo, Ignacio Martínez de Pisón.
Tanto Ignacio como yo
somos partidarios del disfrute literario y poco amigos de los enfrentamientos
con tintes personales. Ambos hemos tenido la oportunidad de leer unos textos
magníficos, sean o no de Manuel Chaves Nogales, y siempre cabe agradecerlo
invitando a otros lectores para compartir un momento que nos remite a la mejor
narrativa de esa época tan dramática.
Tiempo habrá de polemizar o, mejor, intercambiar pareceres.
Lo primero es disfrutar y agradecer que, si los textos son del periodista
sevillano, contamos con nuevos motivos para situarle entre los mejores y, si
prevalece una opción distinta, también cabe felicitarse porque Manuel Chaves
Nogales dista mucho de ser un fenómeno aislado.
Dejemos
que la polémica transcurra por cauces más sosegados. Mientras tanto,
disfrutemos con una lectura que destaca entre tanto texto propagandístico o
sujeto a las urgencias del momento. En mi opinión, Guerra total es un
ejemplo de buena narrativa con independencia de cualquier autoría. Merece
nuestra atención y antes o después llegará el momento, cuando se haga una
edición crítica, de ponderar razones a favor de las distintas opciones. La
tarea requerirá mesura, conocimiento y desapasionamiento.
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