Esta semana me han
concedido el decimocuarto trienio como profesor de la Universidad de Alicante.
A estas alturas de la película, las posibilidades de protagonizar algo novedoso
escasean hasta límites alarmantes. Sin embargo, esta misma semana he debutado
en un teatro de Barcelona, concretamente en el Raval y con el espectáculo Vientos
del pueblo, de Pep Tosar.
Lo dicho puede ser
entendido en su sentido literal, pero requiere una aclaración. El citado
espectáculo, al igual que el anterior dedicado a Federico García Lorca por
parte de Pep Tosar, incluye la grabación de entrevistas a diversos
especialistas en la obra y la biografía del poeta homenajeado.
Hace ahora un año tuve la
ocasión de desplazarme a Orihuela para grabar mi intervención en Vientos del
pueblo. Todavía no he tenido la oportunidad de verla en su montaje
definitivo, pero me consta que aparezco cada noche en el escenario del Raval
junto a otros compañeros y, sobre todo, para completar la labor escénica de una
compañía de la que conozco su preocupación por hacer un excelente espectáculo a
partir del testimonio biográfico y poético de Miguel Hernández.
Así, sin salir de casa y
mientras doy los últimos toques al cuarto volumen de los dedicados a los
consejos de guerra de periodistas y escritores, cada noche acudo puntualmente
al escenario del Raval. No puedo acercarme al proscenio para agradecer los
aplausos del público, pero estoy seguro de que serán muchos y los agradecerán los verdaderos
protagonistas de un espectáculo que devuelve la huella del poeta oriolano a los
escenarios.
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