lunes, 12 de octubre de 2026

Un debate sobre las armas y las letras en la Guerra Civil


 Presentación de las jornadas celebradas en Sevilla

La reciente celebración en Sevilla de unas jornadas de debates sobre la Guerra Civil, organizadas por la Fundación Cajasol, ha incluido un diálogo sobre las armas y las letras protagonizado por Andrés Trapiello y Sergio del Molino. Dada la coincidencia del tema con la línea fundamental de mis últimos libros, os paso el correspondiente enlace para que tengáis la oportunidad de presenciar en diferido un debate interesante y bien argumentado por ambas partes:




Algunos de mis libros, como Las armas contra las letras (2023) y Perder la guerra y la historia (2025), discrepan parcialmente de lo expuesto por Andrés Trapiello en su ya canónico trabajo sobre la relación que mantuvieron las armas y las letras durante la Guerra Civil. Bastaba con constatar que esta no terminó en abril de 1939 e incluir, a diferencia del criterio seguido por el citado escritor, la posterior etapa represiva. Los argumentos de mi discrepancia no los voy a repetir aquí, pero sí quisiera mostrar mi satisfacción por encontrar en el enlazado debate a un ensayista más lúcido y moderado que el articulista antes en El Mundo y ahora en ABC, si mis noticias son correctas.

Sergio del Molino ha tenido así la oportunidad de dialogar con Andrés Trapiello en un tono acorde con el amplio consenso que, sobre estos temas, mantenemos la mayoría de quienes nos dedicamos a su estudio. Mi experiencia, con motivo de la publicación de Las armas contra las letras, fue distinta. Tal vez porque algunos escritores admiten mal una crítica, aunque sea expuesta con la máxima corrección posible. Sobre todo, si procede de un catedrático que no cuenta con el respaldo de una editorial fuerte y permanece alejado, tanto por falta de habilidades comunicativas como por voluntad propia, de la «pomada» de quienes participan en estos eventos bien remunerados, por fortuna para ellos.

Los argumentos de Andrés Trapiello cuentan con el respaldo de muchas horas de lectura y, por lo tanto, merecen el respeto de quienes disentimos parcialmente de los mismos, afrontando la posibilidad de ir a contracorriente en determinados círculos editoriales y periodísticos. Me gustaría que alguna vez ese respeto fuera mutuo y, sin el tono polemista de sus colaboraciones en la prensa, el escritor tuviera a bien entablar un diálogo con quien, en vez de cultivar las «brillantes síntesis» que tanto gustan a las editoriales y a los organizadores de estos eventos, practica la microhistoria, que requiere años de investigación para comprobar la fiabilidad de esas síntesis, a menudo escritas sobrevolando la concreción de la realidad histórica.

Los deseos suelen desembocar en lo quimérico como antesala de la frustración, pero puestos a escribir una carta a los Reyes Magos, tampoco es cuestión de limitarse a pedir bagatelas. Nunca podré competir con las habilidades expositivas de Andrés Trapiello en un debate, pero tal vez sea capaz de desgranar algunas de las incoherencias que a veces quedan eclipsadas por esa misma brillantez de quien lleva muchos años en los foros más acreditados, salvo en algunos círculos universitarios, donde no siempre goza del asentimiento al que parece acostumbrado.

 


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