La reciente celebración
en Sevilla de unas jornadas de debates sobre la Guerra Civil, organizadas por
la Fundación Cajasol, ha incluido un diálogo sobre las armas y las letras
protagonizado por Andrés Trapiello y Sergio del Molino. Dada la coincidencia del
tema con la línea fundamental de mis últimos libros, os paso el correspondiente
enlace para que tengáis la oportunidad de presenciar en diferido un debate
interesante y bien argumentado por ambas partes:
Algunos de mis libros,
como Las armas contra las letras (2023) y Perder la guerra y la
historia (2025), discrepan parcialmente de lo expuesto por Andrés Trapiello
en su ya canónico trabajo sobre la relación que mantuvieron las armas y las
letras durante la Guerra Civil. Bastaba con constatar que esta no terminó en
abril de 1939 e incluir, a diferencia del criterio seguido por el citado
escritor, la posterior etapa represiva. Los argumentos de mi discrepancia no
los voy a repetir aquí, pero sí quisiera mostrar mi satisfacción por encontrar
en el enlazado debate a un ensayista más lúcido y moderado que el articulista
antes en El Mundo y ahora en ABC, si mis noticias son correctas.
Sergio del Molino ha
tenido así la oportunidad de dialogar con Andrés Trapiello en un tono acorde con
el amplio consenso que, sobre estos temas, mantenemos la mayoría de quienes nos
dedicamos a su estudio. Mi experiencia, con motivo de la publicación de Las
armas contra las letras, fue distinta. Tal vez porque algunos escritores
admiten mal una crítica, aunque sea expuesta con la máxima corrección posible.
Sobre todo, si procede de un catedrático que no cuenta con el
respaldo de una editorial fuerte y permanece alejado, tanto por falta de
habilidades comunicativas como por voluntad propia, de la «pomada» de quienes
participan en estos eventos bien remunerados, por fortuna para ellos.
Los argumentos de Andrés
Trapiello cuentan con el respaldo de muchas horas de lectura y, por lo tanto,
merecen el respeto de quienes disentimos parcialmente de los mismos, afrontando
la posibilidad de ir a contracorriente en determinados círculos editoriales y
periodísticos. Me gustaría que alguna vez ese respeto fuera mutuo y, sin el
tono polemista de sus colaboraciones en la prensa, el escritor tuviera a bien
entablar un diálogo con quien, en vez de cultivar las «brillantes síntesis» que
tanto gustan a las editoriales y a los organizadores de estos eventos, practica
la microhistoria, que requiere años de investigación para comprobar la
fiabilidad de esas síntesis, a menudo escritas sobrevolando la
concreción de la realidad histórica.
Los deseos suelen
desembocar en lo quimérico como antesala de la frustración, pero puestos a
escribir una carta a los Reyes Magos, tampoco es cuestión de limitarse a pedir
bagatelas. Nunca podré competir con las habilidades expositivas de Andrés
Trapiello en un debate, pero tal vez sea capaz de desgranar algunas de las
incoherencias que a veces quedan eclipsadas por esa misma brillantez de quien
lleva muchos años en los foros más acreditados, salvo en algunos círculos universitarios,
donde no siempre goza del asentimiento al que parece acostumbrado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario