Hace un año el consejo de
redacción de la revista Don Galán, publicada por el Centro de
Documentación de las Artes Escénicas y la Música (CDAEM), del Ministerio de
Cultura, nos encargó a Berta Muñoz y a mí la preparación de un monográfico
sobre la censura teatral franquista. El objetivo del mismo era sumarse al programa
de publicaciones y eventos con motivo de la celebración de los cincuenta años
en libertad (1975-2025).
El monográfico ha contado
con la colaboración de varios colegas de distintas universidades que han
abordado temas relacionados con la práctica censora durante el período
franquista. Dada la amplia bibliografía publicada al respecto, hemos procurado
dirigir la mirada hacia aspectos poco investigados, como es, por ejemplo, su
presencia en la trayectoria de autores con un notable éxito popular o en
géneros igualmente mayoritarios como el de la revista teatral. El conjunto de artículos
supone una puesta al día de la bibliografía sobre la censura y, sobre todo, nos
recuerda la importancia de la misma en una dictadura que desde el principio
limitó al máximo la libertad de expresión para procurar su supervivencia en un
clima de represión.
Mi contribución desborda
el marco cronológico del régimen franquista y se adentra en la Transición,
donde tantas prácticas censoras persistieron de acuerdo con lo tratado en mi
libro Ofendidos y censores (2022). Incluso llego a la primavera y el
verano de 2023, cuando la aparición de nuevos agentes políticos en numerosas
instituciones locales o autonómicas propició un significativo número de
censuras en el marco de las artes escénicas.
La censura durante el
franquismo gozaba de un amplio y sólido respaldo legal, aparte de contar con
organismos públicos para ejercerla. La obviedad es conocida por cualquier
historiador. No obstante, esa misma censura también fue la expresión de una
mentalidad intolerante incapaz de aceptar la divergencia o la controversia. Una
vez consagrada la libertad de expresión por la Constitución, habría sido
ilusorio pensar en la inmediata desaparición de quienes durante décadas
personificaron esa mentalidad, que en el mejor de los casos procuró adaptarse
al nuevo marco legal.
Ahora mismo, los actos
propios de la censura todavía permanecen en un goteo lamentable, pero nunca son
reconocidos como tales por parte de quienes los llevan a cabo. Los censores, no
lo olvidemos, jamás reconocieron serlo, ni siquiera durante el franquismo. Las
coartadas y los eufemismos para justificar o definir su actuación han sido
desvelados por los historiadores. Actualmente, por imperativo de los tiempos,
suelen mostrar recursos más sofisticados, pero una observación detenida permite
saber que en el fondo aparece una misma mentalidad intolerante con voluntad de
erradicar los discursos del otro.
El objetivo del
monográfico publicado por el CDAEM ha sido investigar lo sucedido durante el
período franquista. Al igual que en tantas otras ocasiones, la historia también
tiene una lectura vinculada al presente. La voluntad de quienes hemos colaborado
participa del deseo de afianzar la libertad de expresión contra cualquier tipo
de censura (económica, administrativa, política, empresarial, jurídica…). El
teatro, y las artes escénicas en general, necesitan de esa libertad para crear
con la tranquilidad de poder establecer un diálogo libre con el público, aquel
que a menudo fue imposible durante el franquismo.
El monográfico está listo
desde finales del pasado mes de diciembre y en fechas próximas será presentado
en Madrid, al tiempo que puesto al libre acceso de cualquier interesado. En la
medida de nuestras posibilidades y a través de esta misma entrada, procuraremos
dar los necesarios enlaces para saber de la presentación del número 14 de Don
Galán y el acceso a sus contenidos.


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