La divulgación del
conocimiento histórico, más allá de las aulas y los círculos de especialistas,
supone un reto pocas veces afrontado desde el ámbito académico. Las coartadas
para eludirlo son numerosas y algunas responden a unas circunstancias objetivas.
Las posibilidades de contar con la colaboración de los medios de comunicación
escasean, los historiadores no solemos disponer de habilidades comunicativas
para aparecer en esos medios, la necesidad de sintetizar al máximo el mensaje representa
un sacrificio cuando la investigación ha precisado de años de trabajo… y,
últimamente, la exposición pública como historiador supone un riesgo en el caso
de compartir unos planteamientos progresistas, por moderados que sean y aunque
acaben expresados con el máximo respeto.
Hoy mismo, cuando en la
prensa local ha aparecido la noticia de la publicación de mi último libro, La colmena, he
encontrado un comentario de quienes están de guardia todo el día para
descalificar cualquier novedad protagonizada por alguien ajeno a los ultras:
«Vivir del pasado parece muy rentable». Si a un historiador se le acusa de
vivir del pasado, de ocuparse de lo sucedido en otras épocas, es probable que a
los médicos se les reproche curar a los enfermos. El comentario es absurdo,
pero otros más agresivos que proliferan en las redes sociales pueden desanimar
a quienes emprendan el reto de comparecer públicamente para exponer sus
trabajos y procurar su divulgación.
Julián Casanova es un
ejemplo sobresaliente en esta tarea compleja y ahora peligrosa por los insultos
recibidos en un país donde cualquiera sienta cátedra en materia de Historia.
Desde hace años la realiza con éxito en distintos medios de comunicación, que
reclaman su colaboración cuando los demás compañeros permanecemos recluidos en los
despachos. Solo cabe, por lo tanto, el agradecimiento por una labor
imprescindible, poco reconocida académicamente y urgente a causa de un
revisionismo que pretende cuestionar el conocimiento histórico.
El catedrático
recientemente jubilado publicó en 2013 un libro que ahora anda por la
decimoctava edición, España partida en dos. Breve historia de la guerra
civil española, cuya lectura ayuda a comprender lo sucedido en aquellas
trágicas fechas. Con rigor divulgativo y claridad, Julián Casanova expone lo
fundamental para compartir certezas derivadas del trabajo investigador y
desmentir viejos mitos acerca de una guerra tantas veces instrumentalizada en
el debate político.
En la línea de algunos
recordados hispanistas británicos, que tan fundamentales fueron para la inicial
divulgación de este período histórico, Julián Casanova asumió con éxito el reto
y ahora lo prorroga con una nueva publicación gracias al guion de Miguel
Casanova y los dibujos de Carlos Esquembre. El resultado es un excelente cómic
publicado el pasado mes de marzo y que ya cuenta con una tercera edición: España
partida en dos (Barcelona, Crítica, 2026).
Hasta ahora, cada vez que
recomendaba al alumnado la lectura del libro publicado en 2013 para la
comprensión del período histórico recreado en varias obras teatrales, tenía la
convicción de que pocos lo iban a leer porque asistimos a una progresiva
desertificación de las bibliotecas universitarias. Las conclusiones del informe
PISA también se podrían extender a los estudios superiores con similares o
peores resultados que los obtenidos en el más reciente.
Gracias al citado cómic,
a la utilización de un lenguaje gráfico capaz de potenciar la síntesis
informativa ofrecida a partir del libro publicado en 2013, desde este curso tendré
una mejor respuesta cuando haga la recomendación bibliográfica para conocer lo
fundamental de aquella guerra. Tal vez perdamos algo de la riqueza informativa
ofrecida en el texto original, pero habremos ganado en una tarea divulgativa
convertida en un reto urgente.
El cómic se suma a una
larguísima serie de recursos para el conocimiento de la historia de nuestro
siglo XX. Mucho se ha trabajado en este sentido, aunque lo pendiente también
sea considerable. Las críticas a los investigadores por estas carencias son
lógicas, pero -si prescindimos del pensamiento políticamente correcto- habrá
que repartir las responsabilidades e incluir al alumnado, a esa juventud que
merece nuestro apoyo, aunque sin el olvido de la crítica por su pasividad o
despreocupación en determinadas materias. Y las familias, claro está, donde se
educan esos jóvenes cada vez más alejados de la lectura al igual que sus
padres. También algunos medios de comunicación, con su cinismo al lamentar unos
resultados que ellos propician con su actuación.
En definitiva, demos la
bienvenida a esta nueva aportación de la labor divulgativa de Julián Casanova,
intentemos seguir esa senda en la medida de nuestras posibilidades y, sobre
todo, pensemos que, a la hora de buscar culpables de la incultura histórica,
los primeros son aquellos que ni siquiera manifiestan curiosidad ante cualquier
muestra de conocimiento.
A continuación, os dejo el enlace de una presentación del cómic con la presencia de los tres autores: