En 2014, cuando la
familia de Diego San José se puso en contacto conmigo y me facilitó la
documentación relacionada con el escritor, nunca imaginé que la tarea de
analizarla me llevara a otra mucho más amplia. El consejo de guerra que condenó
a muerte al autor madrileñista me descubrió una realidad que solo conocía a
grandes rasgos: la represión durante la posguerra. A partir de ese momento,
procuré contextualizar su caso mediante la consulta de otros casos de similares
características y el resultado fue Nos vemos en Chicote (2015).
El ahora reeditado libro nunca pretendió ser una monografía sobre los consejos
de guerra, sino un ensayo acerca del concepto de la banalidad del mal aplicado
a una serie de personajes históricos que intervinieron en aquellos sumarísimos
de urgencia.
El trabajo lo completé
con la edición de las memorias carcelarias de Diego San José en 2016 y otras publicaciones
paralelas de menor entidad. Desde ese momento, alrededor de 2017, mis investigaciones
versaron sobre otros temas ajenos a una violencia que, siendo necesario su
conocimiento, procuro mantener lejos. Incluso me resulta desagradable su
análisis desde un punto de vista histórico.
Las circunstancias
conocidas por cualquier lector de este blog me hicieron cambiar de orientación
como investigador a finales de 2020. A partir de entonces, decidí emprender una
tarea de largo alcance: el análisis de los consejos de guerra de periodistas y
escritores durante el período 1939-1945.
Tras la publicación de Los
consejos de guerra de Miguel Hernández (2022), Las armas contra las
letras (2023) y Perder la guerra y la historia (2025), ahora llega La
colmena, el tercer volumen de una tetralogía que culminará con Final de
trayecto, una monografía ya redactada a la espera de consultar un sumario
cuya copia solicité antes del verano.
En total, unas dos mil
páginas dedicadas a estos consejos de guerra a partir de la documentación
sumarial, completada con la localizada en diferentes archivos públicos y
privados. El objetivo está casi culminado. Solo resta publicar el último
volumen y jubilarme poco después, con la satisfacción de haber realizado a mi
edad una investigación cuya envergadura parece propia de quienes conservan el
ánimo de la juventud.
Las conclusiones las he
desgranado en diferentes entradas de este blog y volverán a aparecer con motivo
de algunos trabajos que me han encargado. Mientras discurre el consiguiente
debate, hasta el presente positivo por la recepción de los volúmenes publicados,
el balance me lleva a una experiencia que nunca terminaré de agradecer: el
contacto con los familiares de las víctimas de aquella represión.
El trabajo comenzó
gracias a unos familiares especialmente implicados en la recuperación de la
memoria de Diego San José, pero ha continuado con otros muchos contactos que me
han dado alegrías. Hasta el presente, porque en fechas recientes he hablado con
el cineasta Rodrigo Sorogoyen, nieto del también director cinematográfico
Antonio del Amo, y la semana pasada me escribió una nieta de Pío Marcos
Cuadrado, que se encuentra en México y anda a la búsqueda de información acerca
de su abuelo. Ambos ya tienen en su poder la documentación sumarial relacionada
con sus familiares, cuentan con mi ayuda para fundamentar la memoria de la
familia y, sobre todo, juntos podremos completar el relato que debemos a estas
víctimas de la represión franquista.
La redacción de dos mil
páginas a partir de una documentación primaria y en gran medida inédita supone
un trabajo complejo. El desánimo ha aparecido en algunas ocasiones. También el
cansancio, pero esos contactos con los familiares y la necesidad de aportar a
cada víctima un relato de lo sucedido me han permitido superar los malos
momentos. El objetivo está prácticamente alcanzado y, una vez divulgados sus
resultados, habrá que cumplir con lo explicitado en el último título: el final
del trayecto iniciado en mayo de 1982, cuando conseguí la beca de investigación
que me permitió incorporarme a la universidad donde había estudiado la carrera.
Ahora, justo cuando
comienza un nuevo curso, mirar hacia atrás produce vértigo, pero también la
satisfacción de un trabajo realizado sin desmayo porque me ha acompañado la
salud, cuento con la ayuda de una familia magnífica y disfruto junto a unos
compañeros con los que comparto objetivos al servicio de la universidad
pública.
Por cierto, este blog ha
superado las cuatrocientas mil visitas a finales de agosto. La cifra ayuda a
afrontar un nuevo curso.


.png)
