jueves, 22 de enero de 2026

El exilio republicano de 1939 y el interior

Anales de Literatura Española acaba de publicar su número 44, un monográfico sobre las relaciones entre el exilio republicano de 1939 y el interior realizado en colaboración con el grupo de investigación GEXEL, de la UAB, bajo la dirección de mi colega José Ramón López García:

https://ale.ua.es/

El trabajo de este monográfico se inició hace unos tres años y, al verlo culminado con novedades tecnológicas como una edición en formato XML para facilitar su difusión, tengo la satisfacción de haber saldado una deuda. Hasta ahora apenas había escrito sobre los exiliados republicanos de 1939, salvo el libro dedicado en 1995 a uno de ellos: Eduardo Ugarte, que acabó en Méjico como tantos intelectuales y creadores de aquella diáspora. También tengo un par de trabajos acerca del teatro de Max Aub, pero era consciente de mi escasa dedicación a la obra de estos exiliados. De ahí que por primera vez desde que soy director de la revista propusiera la realización de un monográfico, que tras la aprobación del consejo de redacción ha salido adelante gracias al trabajo de un grupo de investigación tan prestigioso como es el GEXEL

Las deudas saldadas nos tranquilizan cuando somos conscientes de estar en las últimas etapas del camino. En 2011, recién publicado Hojas volanderas, tuve la ocasión de conocer a Carlos Vega Vicente (1937-2025), catedrático emérito de la Universidad Politécnica de Madrid. Mi colega era hijo de Etelvino Vega Martínez, fusilado en Alicante en 1939, y de la traductora Isabel Vicente. Junto con su madre partió hacia la URSS y allí encontraron al periodista José Luis Salado. La relación entre este último e Isabel se deshizo con el paso del tiempo, pero Carlos siguió junto con quien protagonizó uno de los capítulos de mi citado libro. 

Gracias a su testimonio, tuve una información de primera mano y, cuando el 27 de noviembre de 2011 vino para asistir a un acto en homenaje a su padre y otros republicanos fusilados en Alicante, tuvo palabras de agradecimiento por haber sacado del olvido a José Luis Salado. Carlos regresó a España en 1978 y ahora, cuando he ayudado a los responsables de CEDRO para localizarle, me he enterado de su reciente fallecimiento. Solo me resta decirle un emocionado adiós y comprometerme a que José Luis Salado e Isabel Vicente no queden en el olvido, al igual que tantos «niños de Rusia» como el propio Carlos.


Antonio Gallego Carretero

Al mismo tiempo, ayer la UA hizo pública la donación del archivo familiar del periodista fusilado Antonio Gallego Carretero, a quien dediqué una entrada en este blog el pasado 14 de diciembre. Esta actuación ha sido posible gracias a su nieto José Miguel, que recogió el testigo de su padre para recordar al familiar trágicamente desaparecido. Anoche, cuando le comuniqué lo publicado por la UA y la prensa local, me mandó un email que terminaba así: «Gracias por ser 'la voz en el relato de la Historia' y ayudarme a encontrar la paz y el sosiego que tanto deseaba». 

Gracias a él y tantos otros descendientes de los periodistas y escritores represaliados, que con sus palabras me ayudan a proseguir en la tarea de investigación. La deuda ya es enorme y, preocupado por saldarla de forma completa, me he puesto en contacto con la Unidad de Derechos Humanos y Memoria Democrática de la Fiscalía General del Estado. La primera actuación fruto de esta relación tendrá lugar el próximo 16 de marzo en la Universidad de Alicante. Seguiremos informando.



 

martes, 20 de enero de 2026

Los verdugos y las víctimas, de Laurence Rees


 Laurence Rees

Un historiador debe ser consciente de sus limitaciones, de las propias y las circunstanciales. La tarea presupone delimitar la materia objeto de estudio, seleccionar los materiales accesibles y abarcar lo viable en un determinado marco temporal, sabiendo que por el camino quedarán pendientes objetivos cuya relevancia histórica es incuestionable.

La investigación sobre los consejos de guerra de periodistas y escritores abarca un período concreto, desde 1939 hasta 1945, porque en el mismo se concentró la inmensa mayoría. Incluso podríamos haber sido más restrictivos, puesto que a partir de 1943 empiezan a ser casos aislados o derivados de actuaciones vinculadas con la posguerra. Esta delimitación deja fuera las actuaciones represivas, por la vía judicial o extrajudicial, que contra estos colectivos tuvieron lugar durante la guerra. No las ignoramos, pero están al margen de la materia seleccionada para la investigación.

Así resulta sorprendente la acusación, lanzada desde ámbitos ajenos a lo académico, de que solo nos ocupamos de víctimas relacionadas con el bando republicano. Desde el 1 de abril de 1939, todos los escritores y periodistas procesados forman parte de los vencidos. Algún caso aislado hay de figuras que anduvieron entre ambos bandos y, al final, corrieron una suerte similar. Sin embargo, es obvia la inexistencia de figuras de ambos colectivos que, siendo vencedores, sufrieran las consecuencias de un consejo de guerra.

Aquello que queda fuera de un objetivo de investigación trazado con coherencia no es ignorado. Simplemente se desecha, a estos efectos, tras la debida justificación, que debe estar presente en la exposición de los presupuestos de la investigación. El error puede estar en estos últimos, pero en tal caso habría que reconsiderarlos a la luz de una crítica acerca de su pertinencia y coherencia, no de los objetivos dejados al margen con los iniciales.

Ahora bien, hay materias cercanas a la del objetivo trazado que cuentan con una bibliografía cuya consulta ayuda a contextualizar nuestra aportación. Así, por ejemplo, cabe interesarse por lo sucedido con Pedro Muñoz Seca, José María Hinojosa, Alfonso Rodríguez Santamaría y otros hombres de letras que cayeron víctimas de la violencia republicana. Lo conozco gracias a diferentes trabajos consultados, pero sus casos quedan fuera del objetivo establecido sin que esta circunstancia suponga la negación de una evidencia.

De la misma manera, la España de 1939-1945 no fue una excepción en un contexto de violencia relacionada con la II Guerra Mundial. La bibliografía sobre la misma nada dice acerca de los consejos de guerra de periodistas y escritores españoles, pero nos permite entender numerosas circunstancias que forman parte de la relación entre verdugos y víctimas en un determinado marco histórico.

En la medida de mis posibilidades, procuro conocer las obras básicas acerca del tema para encontrar respuestas, enfoques y un contexto que ayuda a entender lo sucedido en nuestro país. El último título que he sumado a esta bibliografía, que a veces ni siquiera cito porque forma parte de mi formación para afrontar la tarea seleccionada, es Los verdugos y las víctimas (2008), del historiador británico Laurence Rees.




A la espera de leer En la mente nazi (2025), la labor de este prestigioso colega me ha permitido conocer una serie de testimonios fuera de mi alcance y dignos de una reflexión. Laurence Rees ha tenido la fortuna de trabajar como documentalista para la BBC y viajar por los más remotos lugares para analizar las causas de la violencia ejercida por quienes vivieron en estados totalitarios durante la II Guerra Mundial. El resultado es una bibliografía basada en testimonios excepcionales que vienen acompañados de una certera reflexión sobre su significado.

Gracias a libros como los citados, sabemos de los mecanismos mentales que operan en las víctimas, pero sobre todo descubrimos un terreno menos explorado: los presentes en la mente de los verdugos al cabo de los años, cuando se han integrado socialmente dejando atrás un período donde ejercieron una violencia a menudo terrorífica.

Laurence Rees ha sido tildado de pesimista por quienes conciben la historia como un ejercicio de consolación. El supuesto pesimismo es la voluntad de no disimular la realidad concreta observada con una cercanía que disipa cualquier ambigüedad. Vistos de cerca y al cabo de los años, los testimonios de los verdugos resultan demoledores por lo que protagonizaron. También por la incapacidad de esos sujetos para observarlo desde una perspectiva donde prevalezca el sentido crítico o el reconocimiento de la culpabilidad.

La memoria de los verdugos excepcionalmente accede a testimoniar su pasado. Uno de los requisitos es hacerlo desde un blindaje necesario para su propia supervivencia. El menor atisbo de culpabilidad reconocida, de arrepentimiento o asomo de la necesidad del perdón supone un riesgo para su presente e integridad mental, sobre todo cuando hablamos de una violencia extrema. De ahí que hablen, como excepción, pero desde el silencio de lo obviado, que el historiador debe suplir con el recurso de otras fuentes para el conocimiento del lector.

Laurence Rees nunca ha escrito sobre los consejos de guerra de periodistas y escritores, pero me enseña a entenderlos porque en los mismos intervienen víctimas y verdugos. Solo cabe leer estos testimonios, sacar conclusiones y reflexionar sobre su posible aplicación al caso analizado.

En definitiva, si no escribimos sobre algunas víctimas o acerca de lo sucedido en otros países por aquellos años, no es una cuestión de ignorancia, sino de una obviedad apuntada al principio: nuestra tarea presupone delimitar la materia objeto de estudio, seleccionar los materiales accesibles y abarcar lo viable en un determinado marco temporal.

 


sábado, 17 de enero de 2026

Un recuerdo para Beatriz Ledesma


 Beatriz Ledesma,

La actriz, cantante y bailarina Beatriz Ledesma falleció el pasado día 5 en Altea a los 102 años. La vitoriana estaba retirada del mundo artístico desde 1956, cuando se casó en Benidorm con el ingeniero Maximiliano Vaello. Desde entonces llevaba una vida familiar en la capital del turismo y gozaba del respeto y el cariño de los suyos, al tiempo que del recuerdo por su etapa en los escenarios de los años cuarenta y cincuenta, cuando triunfó como Beatriz de Lenclós.

Al margen de su actividad artística, Beatriz Ledesma fue una pionera desde que en 1955 su novio y posterior marido la fotografiara en la playa de Benidorm luciendo unos elegantes dos piezas diseñados por Manuel Pertegaz y Cristóbal Balenciaga. Las fotografías ampliamente reproducidas muestran una bella mujer con unos modelos bastante alejados del por entonces lucido por Brigitte Bardot en la playa de Cannes (véase la entrada del pasado 29 de diciembre). Ella, en sus declaraciones al cabo de los años, nunca quiso que la identificaran con el bikini de la francesa recientemente fallecida, pero su gesto quedó para la historia en una España todavía pacata y cerrada.




El episodio lo relaté en mi libro De mentiras y franquistas (2020, pp. 73-132) relacionándolo con la leyenda del bikini en Benidorm que propagara el siempre hábil y ocurrente Pedro Zaragoza. Ahora, con motivo del fallecimiento de Beatriz de Ledesma, ha sido recordado por la prensa, no siempre con exactitud, y espero que sirva para testimoniar la trayectoria de una artista que triunfó y merece un recuerdo respetuoso.

Desde un punto de vista histórico, aquellas elegantes fotografías son una anécdota, pero gracias a gestos como el de Beatriz y Maximiliano poco a poco España empezó a abrirse a la modernidad. Quienes vivimos en un país que participa de la misma, a pesar de tantos intolerantes, solo debemos agradecer la independencia de los protagonistas de esos gestos, que ahora despiertan una sonrisa de cariño y respeto con la voluntad de mantener viva su memoria.


jueves, 15 de enero de 2026

La censura teatral durante el franquismo


 

Hace un año el consejo de redacción de la revista Don Galán, publicada por el Centro de Documentación de las Artes Escénicas y la Música (CDAEM), del Ministerio de Cultura, nos encargó a Berta Muñoz y a mí la preparación de un monográfico sobre la censura teatral franquista. El objetivo del mismo era sumarse al programa de publicaciones y eventos con motivo de la celebración de los cincuenta años en libertad (1975-2025).

El monográfico ha contado con la colaboración de varios colegas de distintas universidades que han abordado temas relacionados con la práctica censora durante el período franquista. Dada la amplia bibliografía publicada al respecto, hemos procurado dirigir la mirada hacia aspectos poco investigados, como es, por ejemplo, su presencia en la trayectoria de autores con un notable éxito popular o en géneros igualmente mayoritarios como el de la revista teatral. El conjunto de artículos supone una puesta al día de la bibliografía sobre la censura y, sobre todo, nos recuerda la importancia de la misma en una dictadura que desde el principio limitó al máximo la libertad de expresión para procurar su supervivencia en un clima de represión.

Mi contribución desborda el marco cronológico del régimen franquista y se adentra en la Transición, donde tantas prácticas censoras persistieron de acuerdo con lo tratado en mi libro Ofendidos y censores (2022). Incluso llego a la primavera y el verano de 2023, cuando la aparición de nuevos agentes políticos en numerosas instituciones locales o autonómicas propició un significativo número de censuras en el marco de las artes escénicas.




La censura durante el franquismo gozaba de un amplio y sólido respaldo legal, aparte de contar con organismos públicos para ejercerla. La obviedad es conocida por cualquier historiador. No obstante, esa misma censura también fue la expresión de una mentalidad intolerante incapaz de aceptar la divergencia o la controversia. Una vez consagrada la libertad de expresión por la Constitución, habría sido ilusorio pensar en la inmediata desaparición de quienes durante décadas personificaron esa mentalidad, que en el mejor de los casos procuró adaptarse al nuevo marco legal.

Ahora mismo, los actos propios de la censura todavía permanecen en un goteo lamentable, pero nunca son reconocidos como tales por parte de quienes los llevan a cabo. Los censores, no lo olvidemos, jamás reconocieron serlo, ni siquiera durante el franquismo. Las coartadas y los eufemismos para justificar o definir su actuación han sido desvelados por los historiadores. Actualmente, por imperativo de los tiempos, suelen mostrar recursos más sofisticados, pero una observación detenida permite saber que en el fondo aparece una misma mentalidad intolerante con voluntad de erradicar los discursos del otro.

El objetivo del monográfico publicado por el CDAEM ha sido investigar lo sucedido durante el período franquista. Al igual que en tantas otras ocasiones, la historia también tiene una lectura vinculada al presente. La voluntad de quienes hemos colaborado participa del deseo de afianzar la libertad de expresión contra cualquier tipo de censura (económica, administrativa, política, empresarial, jurídica…). El teatro, y las artes escénicas en general, necesitan de esa libertad para crear con la tranquilidad de poder establecer un diálogo libre con el público, aquel que a menudo fue imposible durante el franquismo.

El monográfico está listo desde finales del pasado mes de diciembre y en fechas próximas será presentado en Madrid, al tiempo que puesto al libre acceso de cualquier interesado. En la medida de nuestras posibilidades y a través de esta misma entrada, procuraremos dar los necesarios enlaces para saber de la presentación del número 14 de Don Galán y el acceso a sus contenidos.

Pd.:

El número 14 de Don Galán ya se encuentra a disposición de los lectores e investigadores:

https://www.teatro.es/contenidos/donGalan/donGalanNum14/

domingo, 11 de enero de 2026

Localizado el sumario del periodista y escritor Florentino Hernández Girbal


 Florentino Hernández Girbal en los años treinta. Fuente: Wikipedia

Entre 2014 y 2015, con motivo de la preparación de Nos vemos en Chicote, uno de mis objetivos frustrados fue la localización y el análisis del sumario instruido contra el periodista y escritor Florentino Hernández Girbal (1902-2002). Al margen de la significación del mismo, en especial como crítico e historiador cinematográfico, había otros motivos para justificar ese interés.

El natural de Béjar era el prologuista de las memorias de su íntimo amigo Diego San José, así como el autor de unas memorias que me ayudaron a culminar mi trabajo. También sabía que fue condenado a treinta años, probablemente tras la conmutación de una condena a muerte, y que en la cárcel había coincidido con Miguel Hernández, Ángel M.ª de Lera y el folklorista Agapito Marazuela.

Toda la bibliografía sobre Florentino Hernández Girbal cita estas circunstancias de su trayectoria en torno a la Guerra Civil, pero sin la base documental derivada de la consulta del sumario. La razón es muy simple: el documento no estaba localizable en el catálogo en línea del Archivo General e Histórico de Defensa.

Gracias al personal del mismo, hace unas semanas tuve la grata noticia de que habían localizado el sumario 3613, legajo 4592, cuyo procesado es Florentino Hernández Girbal. Tras varios años trabajando con los fondos de este archivo, sus responsables conocen el objetivo de mi investigación e inmediatamente se pusieron en contacto conmigo para comunicarme el hallazgo del documento.

El 17 del pasado mes de noviembre solicité el envío del correspondiente PDF y ahora estoy a la espera del mismo, que me permitirá conocer con las debidas garantías la peripecia judicial y carcelaria de uno de los mejores historiadores del cine español, aparte de excelente periodista y biógrafo.

El correspondiente capítulo aparecerá en el cuarto volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores, donde también intentaré completar la investigación de los analizados hasta el presente gracias a la documentación que consta en el archivo de la Asociación de la Prensa de Madrid. Parte de la misma ya ha sido utilizada gracias a los trabajos de otros investigadores, en especial el de Rafael Cordero Avilés, pero con la ayuda del personal bibliotecario de la APM intentaremos completar la labor.


jueves, 8 de enero de 2026

Los «tontos» del cine cómico (1)


 Este poster de The kid (1921) estuvo en mi habitación durante años. Todavía me emociona.

A mediados de los años sesenta, los sábados por la mañana eran lectivos, pero a cambio los jueves por la tarde en nuestro colegio podíamos acudir a las sesiones cinematográficas programadas por la Organización Juvenil Española (OJE). El precio de la entrada era módico y mis padres permitieron que nunca me las perdiera.

Los pocos largometrajes que vimos eran reestrenos de los reestrenos. La sala debía pertenecer al circuito de la filmografía abocada al final de su trayectoria comercial y las cintas llegaban en unas condiciones lamentables. No obstante, la alternativa era quedarse en casa con algún tebeo ya leído o, en el caso de los elegidos por la fortuna, un televisor en blanco y negro, cuya única cadena cesaba su emisión a esa hora de los folletines radiofónicos.

Todavía recuerdo haber visto en aquella sala una película de Jerry Lewis, El profesor chiflado (1963), como algo excepcional por su novedad. La OJE debió tirar la casa por la ventana esa tarde. El comediante norteamericano desde entonces estuvo en la nómina de mis ídolos, pero lo habitual en aquellas sesiones era asistir a «los festivales» de Tom y Jerry, varios vetustos capítulos protagonizados por el gato y el ratón, o algunos cortometrajes de cine cómico de la etapa muda.

En mis clases, cuando comento las diferencias entre el teatro y el cine, recuerdo que el público del primero es capaz de condicionar la representación con su respuesta o actitud, mientras que el comportamiento del cinematográfico resulta indiferente durante la proyección de lo previamente grabado.

La obviedad cuenta con una excepción. Las respuestas enloquecidas que observé en aquella sala cuando se anunciaba la presencia de Tom y Jerry. Había niños que hasta se ponían de pie en las butacas de madera para manifestar, con alaridos, su entusiasmo por el gato y el ratón.

Tal era la implicación del público, que esos dibujos animados de acción continua, a menudo violenta, se convertían en otros todavía más animados de una acción ajena al respiro para continuar. Al menos, así los veíamos con la mirada ingenua de una infancia carente de referentes para comparar más allá de los dibujos en blanco y negro, que algunos compañeros podían ver en la televisión.

La proyección de cortometrajes del cine cómico de la etapa muda no solía incluir a figuras como Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd. Los motivos los ignoro, aunque cabe suponerlos gracias a la bibliografía consultada sobre la difusión de esa cinematografía en España. Los protagonistas de los vistos en el colegio solían ser de la segunda fila destacando Larry Semon, conocido entre nosotros como Jaimito, cuyos cortometrajes tuvieron una notable presencia en las salas de la posguerra.



Larry Semon, Jaimito

Jaimito nunca me hizo sonreír. Tampoco ahora, cuando recupero por motivos de estudio algunas de sus películas relegadas al olvido, Sin embargo, recuerdo el entusiasmo al ver las habladas con el doblaje de Stan Laurel y Oliver Hardy, cuyo peculiar español al llegar a casa compartía con mi padre porque había sido niño cuando se estrenaron en España. Y, sobre todo, me impactó la única película que pudimos ver de Charles Chaplin: Shouldier Arms (1918), un censurado mediometraje distribuido como ¡Armas al hombro!

La película de Charles Chaplin era diferente a todo lo visto hasta entonces en aquella sala donde Jaimito reinaba con sus gansadas. También con respecto al cine mudo que solían emitir en TVE cuando se producía algún desajuste horario en la programación. Lo utilizaban como relleno o solución de urgencia, pero lo disfrutaba porque reía con los maestros del slapstick que tanto me enseñaron acerca de las claves de lo cómico.

Desde aquellos años sesenta, nunca he dejado de admirar el alocado trabajo de los hombres de goma de Mack Sennett y los Keystone Cops, pero prefiero la filmografía de Buster Keaton y, sobre todo, la de Charles Chaplin, el genio que apenas pude conocer en el cine del colegio o en la televisión, donde había tantas tartas de merengue en el rostro o disparatadas persecuciones con los únicos policías capaces de propiciar una carcajada. El humor, que no la comicidad, es otra historia más compleja que he disfrutado desde la madurez e intento desentrañar en algunos de mis libros.

Ahora, cuando debo preparar una ponencia sobre la relación de la Generación del 27 con los caricatos del cine mudo, vuelvo a disfrutar con estos personajes de la infancia donde todo es una sorpresa a la espera de que, al cabo de los años, podamos descubrir su origen. Charles Chaplin supone un referente que me ha guiado durante décadas porque viendo sus películas compruebo que las emociones más elementales son universales. Sus colegas del cine mudo me hacen sonreír todavía porque nunca debemos dejar de ser niños. Lo agradezco, pero también gracias a muchos años de lecturas conozco las razones de la tristeza que a menudo se esconde en sus películas y, sobre todo, en el inevitable fundido en negro tras su finalización.

Mientras tanto, y de la mano de Rafael Alberti y Federico García Lorca, seguiremos hablando de estos «tontos» del cine cómico.

 


lunes, 5 de enero de 2026

Una reseña de Perder la guerra y la historia


Mi colega Cecilio Alonso acaba de publicar una extensa e interesante reseña de Perder la guerra y la historia (2025), el segundo volumen de los dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores. Aparte de agradecer el generoso trabajo realizado, que me ayuda a perfilar mejor los siguientes volúmenes, facilito a continuación el enlace a la edición digital del Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, 101(1), 2025, pp. 433-442 para que los lectores del blog puedan leer la reseña:


Una vez revisado de nuevo el original de La colmena, el tercer volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores, esta semana iniciaré los trámites con el Secretariado de Publicaciones de la UA y la editorial Renacimiento para editarlo con la esperanza de que pueda estar en las librerías a finales del curso o, como mucho, a principios del siguiente. 
Mientras tanto, el segundo volumen pasará el próximo mes a estar en acceso libre y enlazado desde la web consejosdeguerra.es, donde el pasado diciembre hemos añadido tres nuevos casos hasta sumar un total de noventa y tres. El objetivo de la web es completar en junio de 2028 el análisis de todos los sumarios de los consejos de guerra de periodistas y escritores celebrados durante el período 1939-1945.
Al mismo tiempo, y gracias a los recursos facilitados por la IA, estamos desarrollando una herramienta tecnológica que facilite la lectura de esos sumarios para ayudar a los futuros investigadores de los mismos. El empeño es complejo y requerirá meses de investigación, pero merece la pena culminarlo mientras iniciamos los contactos para que los descendientes localizados de los periodistas y escritores represaliados puedan solicitar la anulación de los consejos de guerra por vía jurídica, una vez obtenida en 2022 la anulación genérica a través de la vía legislativa.