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miércoles, 9 de abril de 2025

La SGAE afronta su propio pasado: Ángeles y demonios


Desde hace cuatro años colaboro con María Luz González Peña, responsable del Archivo de la SGAE, para esclarecer lo sucedido con los socios de esta sociedad durante el período de la Guerra Civil y la posguerra. Este intercambio de información y documentos nos ha permitido avanzar en el conocimiento de la turbulenta trayectoria de la sociedad durante un período especialmente difícil. Ahora este trabajo, al que se ha sumado el historiador Fernando Jiménez Herrera, ha fructificado en una iniciativa editorial: Ángeles y demonios. II República, Guerra Civil y posguerra en la SGAE.
La publicación del volumen ha venido acompañada de una exposición en la sede de la propia SGAE. Así, con estas iniciativas complementarias, hemos intentando ayudar a conocer la compleja realidad histórica de unos momentos donde, como reza el título, hubo ángeles y demonios entre los propios socios. Frente a los delatores y los oportunistas de todo tipo, hemos descubierto comportamientos nobles y hasta heroicos que procuraron aliviar aquella tragedia. Su memoria es nuestro empeño y esperamos haber dado cuenta con rigor de aquellas vicisitudes.
Mi capítulo, pp. 45-96, está dedicado fundamentalmente a los consejos de guerra protagonizados por los socios, pero sobre todo me siento orgulloso de haber rescatado la labor desempeñada por Joaquín Dicenta Alonso al frente del Sindicato de Autores, que en buena medida sustituyó a la SGAE durante la guerra en la zona republicana. Incluso hemos podido editar por primera vez su extenso informe para la junta directiva del sindicato donde detalla las iniciativas llevadas a cabo para salvaguardar la vida y los intereses de los socios que sufrieron alguna persecución.
Por otra parte, gracias a este volumen completo lo expuesto en Nos vemos en Chicote y Perder la guerra y la historia, al menos en los casos donde estuvieron involucrados los socios de la SGAE. La labor del historiador es un continuo corregir y ampliar para volver a revisar. La historia nunca se cierra porque presupone un debate permanente donde, al margen de los dogmáticos, jamás llegamos a la conclusión acerca de «lo verdadero», por mucho que -como recordaba Sergio del Molino en la entrada del pasado día 6- algún león sordo pretenda acabar con el violinista.


domingo, 23 de marzo de 2025

Un nuevo libro: Perder la guerra y la historia


El pasado 19 de marzo fue publicada la segunda entrega, Perder la guerra y la historia, de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores durante el período 1939-1945. Los ejemplares quedarán a la venta el 7 de abril. Dado el interés despertado entre los historiadores y periodistas, durante ese mes y en mayo haré varias presentaciones. La promoción se ajustará a la modestia habitual en un libro universitario, pero espero que permita agotar la tirada, como está a punto de suceder con la primera entrega de la trilogía: Las armas contra las letras. No obstante, en 2028 los textos de los tres libros acabarán en una web de acceso libre dedicada a la represión sufrida por los periodistas y escritores durante la posguerra.


Mientras tanto, ya he terminado de redactar el tercer volumen de la trilogía, que responderá al título de La colmena en recuerdo de la imprescindible novela de Camilo J. Cela. Ahora queda pendiente una lenta tarea para repasar el texto, completar la documentación con nuevas consultas en los archivos y, posteriormente, conseguir los informes favorables que permitan la publicación de esta investigación universitaria cuyo índice es el siguiente:

-       El sumario de Martín Marco, poeta ultraísta

-       El himno republicano de los hermanos Anaya Ruiz

-       La singular trayectoria de Eduardo Bort-Vela

-       El destino de los Vivero

-       La denuncia de un perdedor

-       La «labor mecánica» de Antonio Nicas

-       El «comité rojo» de ABC

-       Los sumarios de tres censores de prensa

-       Elías Palma, el escritor desconocido

-       Las condenas de Ángel M.ª de Lera y Juan A. Gaya Nuño

-       De Hollywood al juzgado: Baltasar Fernández Cue

-       Un «periodista liberal»: Carlos Pérez Merino

-       Un «dibujante retocador» de Heraldo de Madrid

-       Los «cachetes» nunca perdonados de Pedro Luis de Gálvez

-       Alejandro Gaos, poeta y catedrático

-       El destino trágico de un dandi: Antonio de Hoyos y Vinent

-       Un poeta «con el puño en alto»: Jesús Menchén Manzanares

-       La trayectoria del alférez Baena Tocón

-       Bibliografía

Hace una década comencé mis trabajos sobre este episodio de la represión franquista. Ahora, una vez redactados unos mil quinientos folios, empiezo a ver el final de una investigación que esta misma semana ha tenido dos nuevos frutos: la participación en el volumen Ángeles y demonios, editado por la SGAE, y una conferencia sobre los consejos de guerra de periodistas y escritores impartida en un curso celebrado en el Instituto Fernando el Católico con la organización de dos compañeros de la Universidad de Zaragoza, Sergio Calvo y Ana Asión.






La conferencia la impartí por videollamada porque estos días me toca trabajar junto con mi abogado en el recurso que vamos a presentar a la sentencia dictada por un juzgado de Cádiz. La defensa de la libertad de expresión, investigación y cátedra merece que se haga un buen trabajo, tanto desde el punto de vista jurídico como histórico. Afortunadamente cuento con juristas e historiadores que no solo me animan en esta tarea, sino que también me están ayudando.




Por último, el pasado día 20 tuve la oportunidad de entrevistarme en la Universidad de Alicante con Ximo Puig, ex president de la Generalitat Valenciana y actual embajador de España en la OCDE. El encuentro permitió intercambiar información sobre temas de interés común como las obras de Rafael Altamira y Miguel Hernández e, interesado por la reciente sentencia, Ximo Puig me transmitió su solidaridad y preocupación. De hecho, este próximo otoño participaré en una sesión organizada por el Parlamento Europeo para hablar del poeta y exponer los problemas que padezco como historiador por haber investigado su consejo de guerra.

Durante estos días he recibido unos quinientos mensajes de solidaridad de los colegas universitarios. La preocupación es evidente, pero también la voluntad de seguir trabajando en el conocimiento de la historia. Así lo haremos con las publicaciones arriba referidas y otras iniciativas en marcha, siempre que la salud nos acompañe. 


domingo, 2 de marzo de 2025

Récord de visitas, libros en prensa y proyectos


 

El blog ha registrado un total de 11.080 visitas a lo largo del pasado mes de febrero. La cifra supone un récord y permite que las 851 entradas publicadas tengan actualmente una media de 200 visualizaciones con la esperanza de seguir aumentándola para divulgar mis investigaciones y actividades docentes.

La noticia llega en un mes con buenas expectativas. En fechas recientes he publicado dos trabajos sobre los consejos de guerra de periodistas y escritores en el volumen Bajo sospecha (Espasa) coordinado por Sergio Calvo y Ana Asión y Del teatro y la amistad (Fundación Universitaria Española), editado bajo la dirección de Javier Huerta y Julio Vélez. Ambas obras se encuentran actualmente en promoción y me han servido para establecer una tipología de las víctimas en el primer caso y analizar el sumario de Eduardo Haro Delage en el segundo.




Perder la guerra y la historia, el segundo volumen de la trilogía, ya se encuentra en la imprenta a la espera de que llegue a las librerías en abril. Mientras tanto, he terminado la redacción del tercero, cuya fecha prevista es de 2026. A falta de poder consultar tres sumarios del AGHD y otros documentos ya solicitados a los archivos, ahora comienza la lenta tarea de revisar y completar el texto.




Nos vemos en Chicote (2015) tuvo una segunda tirada en 2019. La misma ya se ha agotado y, si todo va de acuerdo con lo previsto, este mes tendremos en las librerías una nueva tirada a cargo de Renacimiento con una nota añadida para dar cuenta de lo publicado en este blog después de la aparición del libro.

El 11 de marzo la SGAE inaugurará una exposición dedicada a la presencia de sus asociados en los consejos de guerra del período 1939-1945. Gracias a sus responsables, he colaborado en la preparación de la misma, así como en el volumen que dará cuenta de una larga investigación sobre el citado tema. La fecha prevista para la publicación es abril de 2025.




El 19-21 de marzo iré a Zaragoza para participar en un seminario sobre la cultura franquista organizado por Sergio Calvo y Ana Asión. En el mismo tendré ocasión de coincidir con mis colegas Nicolás Sesma y Julián Casanova, así como con jóvenes investigadores que están renovando el panorama de los estudios acerca de esta etapa histórica.

Por otra parte, y por encargo del Ministerio de Cultura, estoy coordinando junto a la doctora Berta Muñoz un monográfico sobre la censura teatral durante el franquismo. La fecha de publicación será a finales de año.

Asimismo, y a raíz de la presentación de las memorias relacionadas con el movimiento estudiantil de la Universidad de Granada, hemos iniciado las tareas para publicar el próximo año una recopilación de los testimonios de quienes fueron por aquellos años estudiantes en la Universidad de Alicante.

Mientras tanto, el número 43 de Anales de Literatura Española ya está en marcha y las clases en la universidad siguen su curso habitual. Afortunadamente, la salud me permite permanecer en activo a la espera de la jubilación. Para entonces, si nada lo impide, la trilogía de volúmenes dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores tendrá una web para recopilar lo ya publicado y añadir perfiles o análisis relacionados con las víctimas y los victimarios de aquellos sumarísimos de urgencia.

Los proyectos no faltan, pero los años para llevarlos a cabo ya escasean. Puestos a seguir en activo, los intentaré aprovechar sin descuidar nunca mi interés por el humor teatral y cinematográfico. El mismo está presente en varios trabajos de mi alumnado que coordino y, sobre todo, supone un alivio entre tantos consejos de guerra donde las miserias humanas tienen un omnipresente protagonismo de represión e intolerancia. Daremos cuenta del mismo, pero sin perder la sonrisa que tanto ayuda a sobrellevar el recuerdo de un período dictatorial.

domingo, 29 de diciembre de 2024

Tres nuevos libros a la vista


 El proceso seguido contra Antonio Buero Vallejo aparecerá en el segundo volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra contra periodistas y escritores.

El final de año es tiempo de balance y, sobre todo, de proyectos relacionados con un inmediato futuro. Gracias a las entradas de este blog, he podido dar cuenta de los objetivos alcanzados a lo largo de 2024, que ha sido productivo. Ahora toca trabajar para que también lo sea el 2025, que comenzará con la publicación de tres volúmenes de los que actualmente estoy corrigiendo las pruebas de imprenta.

El primero es Perder la guerra y la historia (Sevilla, Renacimiento-UA), que será el segundo tomo de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores durante el período 1939-1945. En esta ocasión me ocuparé de los que tuvieron como protagonistas involuntarios a Leopoldo Bejarano Lozano, Álvaro Retana, Pedro Luis de Gálvez, Artemio Precioso, Santiago de la Cruz, Antonio Buero Vallejo, Joaquín Dicenta Alonso, Rosario del Olmo, Matilde Zapata, Amalia Carvia, Aurora Bertrana, Antonio Agraz, Francisco Escola Besada, Ricardo Flores, Ramiro Gómez Zurro, Antoni Pugués, Antonio Uriel, Vicente Ramón Esteban, Eduardo de Castro, César García Iniesta, Enrique Peinador y otros más.



Las 387 páginas del volumen se sumarán a las 404 del primero a la espera de culminar una trilogía con más de mil páginas dedicadas, fundamentalmente, a lo sucedido en el Juzgado Militar de Prensa y otros de la jurisdicción militar que reprimieron a un colectivo de periodistas, dibujantes, escritores y fotoperiodistas.

Mientras reviso las pruebas del segundo volumen, que saldrá publicado en marzo o abril, ya tengo bastante avanzada la redacción del tercero, donde incluiré el análisis de otros veinticinco consejos de guerra aproximadamente. La culminación de la tarea, con la publicación completa de la trilogía, está prevista para la primavera de 2026, dando paso entonces a una web donde cada una de las víctimas de esta represión tendrá un apartado, así como los más destacados victimarios. La infraestructura y financiación para esta última tarea ya está en marcha y, si nada se tuerce por culpa de la salud, con su aparición habré culminado una tarea de más de diez años dedicada al estudio de la represión padecida por los citados colectivos durante la inmediata posguerra.

Asimismo, en febrero aparecerá en el catálogo de Espasa Calpe un volumen colectivo coordinado por Ana Asión y Sergio Calvo, de la Universidad de Zaragoza, donde he colaborado con un capítulo cuyo objetivo es sintetizar las conclusiones acerca de las víctimas de esa represión. El trabajo me ha permitido trabajar con un grupo de investigadores jóvenes que ya están tomando el relevo de quienes andamos cerca de la jubilación para ahondar en el conocimiento de la España franquista.

En marzo o abril también saldrá un volumen, Ángeles y demonios, que he coordinado junto con María Luz González Peña para la SGAE. Esta entidad ha impulsado una valiente iniciativa para conocer lo sucedido con sus asociados durante la etapa más represiva del franquismo y esperamos haber estado a la altura del reto.

Por otra parte, el cincuentenario del fallecimiento del general Franco va a propiciar una serie de actividades donde participaré y de las que iré dando cuenta en este blog. La primera, ya confirmada, me llevará a la Universidad de Zaragoza para participar en un seminario, pero hay otras que permiten pensar en un año intenso dedicado a la celebración de lo que fue el punto de partida de numerosos cambios.

Mientras tanto, sigo con la dirección de Anales de Literatura Española, que a finales de 2025 publicará un monográfico dedicado al exilio republicano bajo la coordinación de un grupo de investigación radicado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Y, además, en junio presentaremos una nueva tesis doctoral, esta vez dedicada a la obra de Concha Alós, como preámbulo de otras investigaciones posdoctorales bajo mi dirección cuyos planes de trabajo ya han sido aprobados.

En definitiva, muchas horas sentado delante del ordenador o en mi despacho para sacar adelante todas las tareas, entre las cuales también hay tres artículos actualmente en prensa que saldrán en revistas españolas y norteamericanas. A estas alturas, ya me gustaría andar más relajado, pero convivo con gente joven a la que puedo ayudar y esta circunstancia es un estímulo decisivo para llegar a la jubilación sin cejar en el trabajo.

Una vez jubilado, lo prometo, harto de tanta represión franquista, volveré a los cauces del humor en la ficción, pero esa será otra historia que también irá apareciendo poco a poco en este blog.


domingo, 17 de noviembre de 2024

El Juzgado Militar de Prensa y la SGAE


 Sede madrileña de la SGAE

Después de varios meses de trabajo, ya está ultimado el texto de Ángeles y demonios. República, Guerra Civil y posguerra en la SGAE, un trabajo colectivo auspiciado por el director de la citada entidad, Antonio Onetti, que nos ha permitido indagar en las vicisitudes de los miembros de la sociedad de autores durante un período especialmente conflictivo y trágico. El original lo he revisado estos días y ahora inicia el camino hacia su edición. Tiempo habrá de comentar los resultados obtenidos, aunque vaya por delante la honestidad de la SGAE a la hora de afrontar el conocimiento de su pasado, donde -como indica el título- hubo ángeles y demonios, sin olvidar otros seres más terrenales.

Desde la publicación de Nos vemos en Chicote (2015), he mantenido dudas sobre las competencias del Juzgado Militar de Prensa. En diciembre de 1939, había en Madrid unos cincuenta mil presos a la espera de su procesamiento por parte de los cuarenta y tres juzgados militares establecidos desde abril en la capital. Las matemáticas indican que cada uno de esos órganos instructores debía sacar adelante más de mil sumarios. Sin embargo, en el del juez Manuel Martínez Gargallo la cantidad fue muy inferior. Todavía no la puedo establecer con precisión, pero dudo que superara los cien sumarios.

La circunstancia puede ser matizada por la importancia concedida al colectivo de periodistas y escritores, que habría necesitado un juzgado específico a pesar de su pequeñez en términos numéricos. El argumento es válido, pero aun así la desproporción con respecto a otros juzgados instructores sigue resultando notoria. Ahora, gracias a los trabajos realizados podemos establecer otras competencias para el órgano localizado en la Plaza de Callao, 4, de Madrid. Las mismas, una vez sumadas, justifican su papel en el sistema represivo de los vencedores.

Aparte de los casos instruidos, el Juzgado Militar de Prensa facilita informes a otros órganos acerca de los procesados que hubieran mantenido una relación con la prensa republicana. Los acusados eran militares, funcionarios, políticos… y, como tales, sus casos instruidos en otros juzgados radicados en Madrid. Al mismo tiempo tuvieron a veces una presencia en la prensa y, dada la circunstancia, los titulares de los juzgados contactaban con Manuel Martínez Gargallo para que les remitiera el correspondiente informe acusatorio.

Manuel Martínez Gargallo, por su parte, era un pluriempleado de aquel sistema represivo. Además de la titularidad del citado juzgado, también fue el máximo responsable del Registro Oficial de Periodistas (ROP) para proceder a la depuración de este colectivo profesional. La colaboración en cualquier cabecera de la posguerra requería un informe favorable y la inscripción en el citado registro. La tarea fue ardua por la cantidad de afectados y Manuel Martínez Gargallo aparece como uno de sus responsables.

Asimismo, el juez movilizado como capitán fue el máximo responsable de la depuración de los miembros de la SGAE. Nuestro estudio, realizado a partir de la consulta de las actas conservadas en la citada entidad, así lo demuestra. Como es previsible dada la cantidad de miembros que debían ser depurados tras la elaboración del correspondiente informe, la tarea también fue ardua y ocuparía buena parte del tiempo de Manuel Martínez Gargallo.

Así podemos entender una circunstancia que ya conocía gracias a algunos testimonios orales y escritos de las víctimas: Manuel Martínez Gargallo apenas estuvo presente en los actos jurídicos llevados a cabo en el Juzgado Militar de Prensa, aunque su firma figure en los mismos.

La realización efectiva de estos actos, en especial las declaraciones de los procesados, correspondió a menudo a los tres secretarios destinados en el Juzgado Militar de Prensa, que actuaban por delegación del titular y ante la ausencia del mismo. La responsabilidad es del juez, que firma los documentos conservados en los sumarios, pero el protagonismo de esos actos es de los secretarios, que vieron ampliadas sus competencias previstas en el Código de Justicia Militar por una circunstancia fácil de entender: el juez Manuel Martínez Gargallo no estaba presente a causa de su pluriempleo en el sistema represivo del franquismo.


sábado, 30 de marzo de 2024

Joaquín Dicenta y el Sindicato de Autores


 

Joaquín Dicenta Alonso. Fuente: Wikipedia

El comediógrafo Joaquín Dicenta Alonso fue el máximo responsable del Sindicato de Autores adscrito a la UGT y fundado en agosto de 1936 para, entre otros objetivos, proporcionar a los afiliados un carnet sindical que les protegiera como «proletarios» en un contexto represivo. La trayectoria de la organización estuvo salpicada por las previsibles vicisitudes de numerosos autores derechistas en aquel Madrid de la guerra. Al margen de algunos posibles errores en la gestión, la actitud del hijo del célebre Joaquín Dicenta fue solidaria con sus colegas e intervino en ayuda de bastantes músicos y comediógrafos que fueron detenidos o tuvieron otros problemas con las autoridades republicanas. Poco antes del final de la guerra, y ante sus compañeros del comité sindical reunidos en Madrid, Joaquín Dicenta Alonso hizo un recuento detallado de sus acciones solidarias. El balance merece un respeto y hasta un homenaje todavía pendiente.

Sin embargo, Joaquín Dicenta Alonso fue procesado y condenado en un consejo de guerra como tantos otros colegas que permanecieron fieles a la II República. El análisis de su sumario depositado en el AGHD, así como de otros protagonizados por escritores y músicos relacionados con la SGAE, permite observar que a las acusaciones de los militares se sumaron otras de sus colegas, especialmente de aquellos que debían ocultar su pasado más inmediato y hacer méritos ante las nuevas autoridades. El caso más notable en este sentido tal vez sea el del polifacético Manuel García Bengoa, pero no fue el único que lanzó graves acusaciones contra el presidente del Sindicato de Autores.

Por fortuna, los militares del Ejército de Ocupación no prestaron demasiada atención a estas acusaciones y también admitieron los testimonios de los autores que mostraron su solidaridad con quien les había salvado de sufrir la represión de los republicanos. Gracias a este contrapeso, su estancia en la cárcel no fue demasiado larga y, sobre todo, Joaquín Dicenta Alonso se libró del pelotón de ejecución que habría acabado con su vida de haber prosperado las citadas denuncias.

Los actuales responsables de la SGAE han manifestado su interés por conocer este tema y, por lo pronto, les he facilitado la documentación sumarial, así como los borradores de los capítulos dedicados a Joaquín Dicenta Alonso y sus compañeros en Perder la guerra y la historia, el segundo volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra seguidos contra periodistas y escritores. La colaboración sigue adelante y probablemente culmine con la publicación por parte de la SGAE de un volumen dedicado a conocer la historia del organismo durante la Guerra Civil. Mi aportación está comprometida y espero ayudar a desentrañar un complejo marco donde las delaciones a menudo dejaron en evidencia lo peor de la condición humana.

viernes, 16 de febrero de 2024

La represión económica de periodistas y escritores. El caso Fernández Lepina


 Foto: SGAE. Procedencia: Wikipedia

En el marco represivo de la posguerra, la Ley de Responsabilidades Políticas cumple una función eminentemente económica o recaudatoria cuyo objetivo es la «muerte civil» de los ya procesados en los sumarísimos de urgencia. Una vez condenados, muchos de ellos pasan a ser enjuiciados por los diferentes tribunales especiales destinados a la aplicación de la citada ley. Los sumarios prueban que la instrucción era básicamente la búsqueda de los posibles bienes de los encausados para, en función de los mismos, proceder a sancionarles con una multa.
Los periodistas y escritores que estudio en la trilogía sobre sus consejos de guerra no constituyeron una excepción. Sin embargo, el problema para los instructores es que casi todos carecían de bienes o ingresos con los que hacer frente a la citada multa. La consecuencia es que la mayoría de sus casos fueron sobreseídos ante la imposibilidad de dictar una sanción que pudiera hacerse efectiva.
Los instructores recurrieron a los más diversos medios para averiguar si los encausados tenían bienes o ingresos. Desde entrevistas con los porteros de sus domicilios, que a veces informan acerca de lo que ingresaban los inquilinos por sus actividades laborales, a escritos dirigidos a los bancos para que remitieran informes acerca de las posibles cuentas de los encausados. También hubo peritajes de sus domicilios e informes policiales o de los servicios de inteligencia de los falangistas, que no solían ser demasiado precisos. A la vista de los casos analizados hasta ahora, el trabajo casi siempre era en balde por lo poco que ganaban unos escritores y periodistas ya derrotados y, a menudo, en una situación de precariedad cercana a la citada «muerte civil».
De vez en cuando la documentación conservada en el Centro de Documentación de la Memoria Histórica (Salamanca) muestra una excepción. Un ejemplo es el dramaturgo y periodista Antonio Fernández Lepina, que había colaborado en el ABC republicano y contaba con noventa y cinco títulos registrados en la SGAE, que le proporcionaban una media de cuatrocientas pesetas mensuales por sus derechos de autor. Además, el veterano dramaturgo que había conocido el éxito en los escenarios con obras de carácter popular, contaba con propiedades inmuebles.
El 23 de diciembre de 1941, el juez instructor del Juzgado Provincial de Responsabilidades Políticas, de Madrid, solicitó a la SGAE el correspondiente informe. Francisco Serrano Anguita, en nombre de la entidad, le remite lo solicitado el 19 de enero de 1942. La sanción dictada ascendió a quinientas pesetas por sentencia del 12 de marzo de 1942, a pesar de que los derechos de autor ascendían a una cantidad inferior a la de las deudas contraídas y documentadas por el dramaturgo. El pago de esas quinientas pesetas agravaría la situación de Antonio Fernández Lepina y su familia. También, paradójicamente, impedirían que devolviera lo prestado a un alto oficial de las tropas del general Franco. Algunas sentencias de los vencedores, como la citada, incluso perjudicaron a quienes aspiraban a participar de los beneficios de la Victoria.
La explicación detallada de este proceso aparecerá en el segundo volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores, cuyo título provisional es Perder la guerra y la historia.

lunes, 4 de diciembre de 2023

El «deber cívico» del libretista Federico Romero Sarachaga


 

Foto: Federico Romero Sarachaga, libretista de Doña Francisquita.

Fuente: aaalfonsoxii.es


La delación fue una de las claves de la represión franquista. Cualquier acercamiento a los sumarios de los consejos de guerra permite tener constancia de su omnipresencia como factor desencadenante de buena parte de los procesos. La circunstancia ha sido puesta de relieve por numerosos estudios históricos. Sin embargo, la figura del delator pocas veces aparece en los mismos. Al margen de las cuestiones éticas que la pueden hacer reprobable, la mayoría de las veces son personas anónimas cuyo perfil biográfico es una incógnita de imposible resolución.

Una excepción sería el popular libretista de zarzuelas Federico Romero Sarachaga (1886-1976), al que ya dediqué un capítulo en Nos vemos en Chicote (2015) que incluía un lamentable error en la página 266, donde le llamé Pedro. Aquel libro versaba sobre la aplicación del concepto de la banalidad del mal, definido por Hannah Arendt, en el contexto de la represión franquista. El objetivo no permitía un análisis detallado de sumarios como el 13149 del AGHD, donde encontré la delación efectuada por el libretista zarzuelero el 28 de abril de 1939. La tarea quedó pendiente y el correspondiente capítulo aparecerá en el segundo volumen de Las armas contra las letras. Los consejos de guerra de periodistas y escritores (1939-1945).

Apenas finalizada la Guerra Civil y en un contexto de durísima represión, Federico Romero Sarachaga se presentó voluntariamente ante el juez militar como «escritor y miembro de la columna de Orden y Policía de Ocupación». La imprecisión de la denominación hace sospechar que solo era un escritor con el propósito de delatar a sus colegas republicanos, especialmente a Joaquín Dicenta Alonso, que estuvo al frente de los autores asociados en la SGAE durante la guerra.

Federico Romero Sarachaga formula la denuncia de su colega «en cumplimiento de un deber cívico», pero también lo hace movido por cuestiones personales que afloran apenas se analiza el manuscrito de siete folios con un mínimo de atención. La denuncia ratificada en el juzgado militar el 10 de mayo de 1939 provocó la instrucción del sumario 13149, de acuerdo con lo dictado por el auditor de guerra el 13 de mayo de 1939. El Juzgado Militar Permanente n.º 4 fue el encargado de llevar adelante la instrucción, que podría haber corrido a cargo del Juzgado Militar de Prensa dada la condición de escritores de los protagonistas.

El sumario 13149 del AGHD es un documento fundamental para comprender la historia de la SGAE durante la Guerra Civil. Sus doscientos veinticinco folios están repletos de datos que afectan a lo sucedido, por ejemplo, con el dramaturgo Pedro Muñoz Seca cuando fue asesinado por los republicanos. También revela no pocas mediocridades de cualquier lucha por el poder y, naturalmente, la voluntad de salir indemne de un pasado polémico, aunque fuera gracias a la delación de los compañeros de letras. Federico Romero Sarachaga participa en esta tarea, pero nunca estuvo solo a tenor de lo constatado en la documentación sumarial.

El análisis del sumario me llevará semanas de consultas con la colaboración de los servicios de documentación de la SGAE, pero espero culminarlo en febrero, cuando tengo prevista la entrega del original para el segundo volumen de Las armas contra las letras. Los consejos de guerra de periodistas y escritores, 1939-1945, cuyo primer volumen llegará a las librerías el 15 de enero de 2024.