miércoles, 25 de marzo de 2026

El procesamiento del periodista Victoriano Fernández Asís


 Victoriano Fernández de Asís

El periodista Victoriano Fernández de Asís (La Coruña, 1906. Madrid, 1991) fue una presencia habitual en la televisión de los años sesenta. Licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca (1924-1928), el joven con inquietudes literarias pronto se decantó por el periodismo en cabeceras locales como El Orzán y El Día. En 1933, se trasladó a Madrid y apenas un año después ya colaboraba en El Sol fundado por Ortega y Gasset. Los apuntes biográficos accesibles a través de internet obvian cualquier referencia a la etapa de la Guerra Civil y, al finalizar la misma, le sitúan en la redacción de Pueblo, donde el gallego colaboraba sobre «cuestiones navales» y escribía la crítica literaria, mientras intentaba publicar sus primeras novelas.

La presencia en esa redacción tantos años comandada por Emilio Romero, sin ningún tipo de interrupción relacionada con la represión de los periodistas que permanecieron en Madrid o colaboraron en algún periódico republicano, resulta difícil de justificar biográficamente. No obstante, en esos mismos apuntes supone el punto de partida para una brillante trayectoria en los más destacados medios audiovisuales del período franquista: RNE y TVE.

Tras ser el jefe de programación de la citada emisora, «don Victoriano» -así se le conocía en los ambientes periodísticos, según Jesús Hermida (El País, 15-V-1991)- en 1956 ingresó en la naciente televisión. Tres años después era el responsable de la programación, incluidos los informativos, y a lo largo de los sesenta puso en marcha varios programas de entrevistas y debates de temática política. Ninguno ha quedado en el imaginario popular. Así hasta el tardofranquismo con Pío Cabanillas de ministro de Información y Turismo. La defenestración del también gallego por la frustrada apertura en torno al «espíritu del 12 de febrero» alentado por Arias Navarro supuso su salida de TVE.

Mi recuerdo de aquellos programas de los años sesenta es vago por cuestiones de edad. Las andanzas de Locomotoro y compañía eran incompatibles con las de don Victoriano, cuya aparición en la pantalla sería tan decisoria para encaminarse a la cama como el desfile de la familia Telerín. Dada la ausencia de grabaciones accesibles, no he podido concretar ese recuerdo para comprobar si mi padre tenía razón cuando le calificaba como «un pelota». Algún detalle lo justificaría porque la valoración era, al parecer, compartida entre quienes solo veían aquellos programas a falta de otras alternativas.

Las dudas no me permiten sentar cátedra en esta cuestión. Sin embargo, recuerdo que don Victoriano hacía gala de un estilo distinto al de Jesús Álvarez y David Cubedo, excelentes bustos parlantes de aquellas pantallas en blanco y negro que parecían estar leyendo «el parte» mientras mantenían una actitud hierática a lo largo del telediario. Y sentados, aunque erguidos, detrás de un pupitre solo ocupado por unos folios y un letrero de madera. Al fondo, la nada, con una austeridad escenográfica propia de aquella primitiva televisión de los sesenta.

Su colega gallego compartía la voz recia y varonil de una escuela como la del No-Do, donde nadie osó prescindir de un fonema a la hora de locutar. De hecho, en 1964 y con motivo de los XXV Años de Paz, don Victoriano grabó un disco a partir de fragmentos escogidos de los discursos leídos por el Generalísimo (Madrid, RCA, 1964). Este «doblaje» de quien nunca brilló como orador sería una idea de Manuel Fraga Iribarne, modernizador por entonces, y su protegido en TVE se permitía alguna libertad retórica. Incluso he leído que utilizaba «la retranca» a la hora de entrevistar a los políticos del franquismo, que solo «accedían» a estos menesteres en contadas ocasiones y con las debidas garantías.

Don Victoriano es una imagen difusa en mi recuerdo, pero una voz familiar gracias al programa radiofónico España a las ocho, que se empezó a emitir en otoño de 1967 y tuvo un enorme éxito durante los siete años que permaneció en antena. El período coincide con el tardofranquismo y mi bachiller, cuando cada mañana desayunaba mis reglamentarias galletas María escuchando el múltiple de don Victoriano con los corresponsales en el exterior.




La información nacional resultaba soporífera por oficialista y carente de conflicto. Sin embargo, por aquellos años la internacional ya permitía la existencia de conflictos y, aunque me enteraría de poco por mi edad, disfrutaba gracias a la posibilidad de conectar con Nueva York, Londres o París para saber de los problemas del extranjero en contraste con la paz de los españoles. Esas conexiones matutinas, además, eran un ejemplo de fascinante modernidad a la hora del Cola-Cao.

Nunca sospeché de un pasado conflictivo de don Victoriano con respecto al franquismo porque, como tantos otros periodistas de la época, le considero una voz al servicio del régimen. No obstante, tras recordar junto a mi familia aquellas conexiones con Jesús Hermida, José Antonio Plaza, José Luis Balbín… tuve la curiosidad de saber algo más acerca de Victoriano Fernández de Asís, que -según Miguel Ángel Aguilar- era secretario de Santiago Casares Quiroga cuando estalló la guerra y «había sabido pasar al lado contrario sin desmerecer ni perder cota, lo cual era prueba indiscutida de singulares destrezas» (Notario del siglo XXI, n.º 82, 2018).

La sorpresa resultó todavía más mayúscula cuando prescindí de la correspondiente entrada en Wikipedia para adentrarme en los buscadores de los archivos. Don Victoriano fue procesado por la jurisdicción militar durante la posguerra (AGHD, sumario 24872). Al parecer, todo se redujo a unas diligencias previas, que no le evitaron un nuevo procesamiento a la luz de la ley de Responsabilidades Políticas (CDMH, 75/01194).

He pedido esa documentación, que terminó con un indulto en 1944, pero resulta significativo que durante esos años don Victoriano intentara publicar en colaboración con el gallego Cipriano Torre Enciso (1902-1995), director de RNE en Burgos desde 1937, unas novelas enfrentadas a la rígida censura de la época (AGA, 21, 07257. 014 y 21, 06557, 031). Todavía es más llamativa la existencia de unos informes, supongo que acerca de su trayectoria, depositados en el CDMH y fechados entre 1957 y 1959, justo cuando entró en TVE.

Don Victoriano, una de las voces periodísticas del régimen, era al parecer un sospechoso para ese mismo régimen, que no se solía fiar de nadie. Vista la sorpresa, ignorada por la bibliografía acerca del periodismo durante el franquismo, he iniciado la correspondiente investigación, que aparecerá en el cuarto volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores. El tercero, La colmena, está en la fase de las pruebas de imprenta con vistas a su publicación antes de finalizar el curso académico.

 


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