El periodista Victoriano
Fernández de Asís (La Coruña, 1906. Madrid, 1991) fue una presencia habitual en
la televisión de los años sesenta. Licenciado en Derecho por la Universidad de
Salamanca (1924-1928), el joven con inquietudes literarias pronto se decantó
por el periodismo en cabeceras locales como El Orzán y El Día. En 1933, se
trasladó a Madrid y apenas un año después ya colaboraba en El Sol fundado
por Ortega y Gasset. Los apuntes biográficos accesibles a través de
internet obvian cualquier referencia a la etapa de la Guerra Civil y, al
finalizar la misma, le sitúan en la redacción de Pueblo, donde el
gallego colaboraba sobre «cuestiones navales» y escribía la crítica literaria, mientras intentaba publicar sus primeras novelas.
La presencia en esa
redacción tantos años comandada por Emilio Romero, sin ningún tipo de
interrupción relacionada con la represión de los periodistas que permanecieron
en Madrid o colaboraron en algún periódico republicano, resulta difícil de
justificar biográficamente. No obstante, en esos mismos apuntes supone el punto
de partida para una brillante trayectoria en los más destacados medios
audiovisuales del período franquista: RNE y TVE.
Tras ser el jefe de
programación de la citada emisora, «don Victoriano» -así se le conocía en los
ambientes periodísticos, según Jesús Hermida (El País, 15-V-1991)- en
1956 ingresó en la naciente televisión. Tres años después era el responsable de
la programación, incluidos los informativos, y a lo largo de los sesenta puso
en marcha varios programas de entrevistas y debates de temática política. Ninguno
ha quedado en el imaginario popular. Así hasta el tardofranquismo con Pío
Cabanillas de ministro de Información y Turismo. La defenestración del también
gallego por la frustrada apertura en torno al «espíritu del 12 de febrero» alentado
por Arias Navarro supuso su salida de TVE.
Mi recuerdo de aquellos
programas de los años sesenta es vago por cuestiones de edad. Las andanzas de
Locomotoro y compañía eran incompatibles con las de don Victoriano, cuya
aparición en la pantalla sería tan decisoria para encaminarse a la cama como el
desfile de la familia Telerín. Dada la ausencia de grabaciones accesibles, no
he podido concretar ese recuerdo para comprobar si mi padre tenía razón cuando
le calificaba como «un pelota». Algún detalle lo justificaría porque la
valoración era, al parecer, compartida entre quienes solo veían
aquellos programas a falta de otras alternativas.
Las dudas no me permiten
sentar cátedra en esta cuestión. Sin embargo, recuerdo que don Victoriano hacía
gala de un estilo distinto al de Jesús Álvarez y David Cubedo, excelentes
bustos parlantes de aquellas pantallas en blanco y negro que parecían estar
leyendo «el parte» mientras mantenían una actitud hierática a lo largo
del telediario. Y sentados, aunque erguidos, detrás de un pupitre solo ocupado por unos folios y un
letrero de madera. Al fondo, la nada, con una austeridad escenográfica propia de
aquella primitiva televisión de los sesenta.
Su colega gallego compartía la voz recia y varonil
de una escuela como la del No-Do, donde nadie osó prescindir de un fonema a la
hora de locutar. De hecho, en 1964 y con motivo de los XXV Años de Paz, don
Victoriano grabó un disco a partir de fragmentos escogidos de los discursos
leídos por el Generalísimo (Madrid, RCA, 1964). Este «doblaje» de
quien nunca brilló como orador sería una idea de Manuel Fraga Iribarne,
modernizador por entonces, y su protegido en TVE se permitía alguna libertad
retórica. Incluso he leído que utilizaba «la retranca» a la hora de entrevistar
a los políticos del franquismo, que solo «accedían» a estos menesteres en contadas ocasiones y con las debidas garantías.
Don Victoriano es una
imagen difusa en mi recuerdo, pero una voz familiar gracias al programa
radiofónico España a las ocho, que se empezó a emitir en otoño de 1967 y
tuvo un enorme éxito durante los siete años que permaneció en antena. El
período coincide con el tardofranquismo y mi bachiller, cuando cada mañana
desayunaba mis reglamentarias galletas María escuchando el múltiple de don
Victoriano con los corresponsales en el exterior.
La información nacional
resultaba soporífera por oficialista y carente de conflicto. Sin embargo, por
aquellos años la internacional ya permitía la existencia de conflictos y,
aunque me enteraría de poco por mi edad, disfrutaba gracias a la posibilidad de conectar
con Nueva York, Londres o París para saber de los problemas del extranjero en
contraste con la paz de los españoles. Esas conexiones matutinas, además, eran
un ejemplo de fascinante modernidad a la hora del Cola-Cao.
Nunca sospeché de un
pasado conflictivo de don Victoriano con respecto al franquismo porque, como
tantos otros periodistas de la época, le considero una voz al servicio del régimen. No obstante, tras
recordar junto a mi familia aquellas conexiones con Jesús Hermida, José Antonio
Plaza, José Luis Balbín… tuve la curiosidad de saber algo más acerca de
Victoriano Fernández de Asís, que -según Miguel Ángel Aguilar- era secretario
de Santiago Casares Quiroga cuando estalló la guerra y «había sabido pasar al
lado contrario sin desmerecer ni perder cota, lo cual era prueba indiscutida de
singulares destrezas» (Notario del siglo XXI, n.º 82, 2018).
La sorpresa resultó todavía
más mayúscula cuando prescindí de la correspondiente entrada en Wikipedia para
adentrarme en los buscadores de los archivos. Don Victoriano fue procesado por
la jurisdicción militar durante la posguerra (AGHD, sumario 24872). Al parecer,
todo se redujo a unas diligencias previas, que no le evitaron un nuevo
procesamiento a la luz de la ley de Responsabilidades Políticas (CDMH,
75/01194).
He pedido esa
documentación, que terminó con un indulto en 1944, pero resulta significativo
que durante esos años don Victoriano intentara publicar en colaboración con el
gallego Cipriano Torre Enciso (1902-1995), director de RNE en Burgos desde
1937, unas novelas enfrentadas a la rígida censura de la época (AGA, 21, 07257.
014 y 21, 06557, 031). Todavía es más llamativa la existencia de unos informes,
supongo que acerca de su trayectoria, depositados en el CDMH y fechados entre
1957 y 1959, justo cuando entró en TVE.
Don Victoriano, una de
las voces periodísticas del régimen, era al parecer un sospechoso para ese mismo régimen,
que no se solía fiar de nadie. Vista la sorpresa, ignorada
por la bibliografía acerca del periodismo durante el franquismo, he iniciado la
correspondiente investigación, que aparecerá en el cuarto volumen dedicado a
los consejos de guerra de periodistas y escritores. El tercero, La colmena, está
en la fase de las pruebas de imprenta con vistas a su publicación antes de
finalizar el curso académico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario