jueves, 5 de marzo de 2026

Perder la guerra... en abierto y La colmena en pruebas


 

Hace cuatro años algunos medios de comunicación publicaron que el 86% de los libros editados en España no llegaban a los cincuenta ejemplares vendidos. El dato debe ser visto con escepticismo porque las ventas no siempre están bajo un estricto control estadístico. Sin embargo, lo obvio es que numerosas novedades acaban con apenas unas decenas de ejemplares vendidos y, por supuesto, sin ningún beneficio económico para los autores.

La circunstancia es coherente con un mercado editorial donde hay una demanda débil y una oferta de más de cinco mil novedades al año, muchas de las cuales ni siquiera llegan a unas librerías incapaces de absorber semejante caudal. La situación se agrava si nos circunscribimos al libro universitario, destinado a unos colectivos de especialistas. Las tiradas son mínimas y, a menudo, los investigadores deben pagar para editar sus trabajos.

Esta realidad pocas veces expuesta al debate público ha provocado la progresión de editoriales que, sin arriesgar como empresas privadas, se limitan a publicar lo pagado por los investigadores universitarios. Y no siempre lo hacen bien. Ni siquiera suelen preocuparse por su difusión porque el beneficio ya lo han obtenido desde el momento de la publicación.

El tema es complejo, merecería un debate ajeno a tantos intereses contrapuestos y alguna decisión política o académica para que el dinero público destinado a la investigación no acabe en manos de editoriales privadas cuya actuación resulta, en el mejor de los casos, discutible.

Por fortuna, mis libros suelen superar los cincuenta ejemplares vendidos, incluso bastantes más durante los últimos años. Gracias a esa circunstancia, los editores recuperan la inversión y a veces obtienen un modesto beneficio donde mi participación se limita a disponer de algunos ejemplares para regalarlos a los colegas que me ayudan y hacen lo mismo con sus propios libros. En definitiva, tengo la suerte de no pagar para publicar y me duele no compartirla con muchos compañeros de trabajo, sobre todo con los jóvenes que deben abrirse camino en el ámbito académico.

El objetivo de un libro universitario no pasa por la venta de ejemplares, sino por aportar un conocimiento que pueda ser accesible a otros investigadores o interesados por la temática abordada. En este sentido, el artículo 37 de la Ley 17/2022, de 5 de septiembre establece que las investigaciones realizadas con fondos públicos deben aparecer con un acceso abierto. La obligación legal me lleva a colaborar con el Repositorio de la Universidad de Alicante, donde deposito los archivos de todas mis investigaciones.

Para preservar los intereses de las editoriales, esos archivos permanecen durante un año en acceso restringido y luego pasan a acceso abierto. Las armas contra las letras (2023) está en acceso abierto desde junio de 2024 y ha registrado un total de 862 descargas; es decir, en menos de dos años las descargas de la edición han duplicado las ventas del volumen.

Ahora, un año después de su publicación, Perder la guerra y la historia (2025) pasa a estar en acceso abierto tras agotar prácticamente su tirada y a la espera de una posible ampliación de la misma por parte de Renacimiento:

https://rua.ua.es/entities/publication/8efcf214-ed68-4331-a858-9adf1255628a

Al igual que ocurriera con el primer volumen de los dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores, Perder la guerra y la historia aparecerá enlazado desde los diferentes apartados de la web consejosdeguerra.es para facilitar su consulta por parte de los historiadores.




Mientras tanto, el tercer volumen, La colmena, ya ha iniciado su largo camino hasta su publicación, que probablemente tenga lugar a finales del presente curso o a comienzos del siguiente. Y el cuarto, Al final del trayecto, está en una fase avanzada acumulando nuevos casos hasta sumar más de cien, noventa y cuatro de los cuales ya se pueden consultar a través de la web consejosdeguerra.es



El objetivo es culminar la investigación en junio de 2028 y dejarla en acceso abierto para facilitar nuevas investigaciones, como las que en fechas próximas me llevarán a estudiar el proceso seguido contra Ricardo Fuente Alcocer, un dibujante y colaborador de la prensa que  tuvo una intensa relación carcelaria con Miguel Hernández y es objeto de estudio de una destacada investigadora francesa con la que estoy en contacto.

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