Hace cuatro años algunos
medios de comunicación publicaron que el 86% de los libros editados en España
no llegaban a los cincuenta ejemplares vendidos. El dato debe ser visto con
escepticismo porque las ventas no siempre están bajo un estricto
control estadístico. Sin embargo, lo obvio es que numerosas novedades acaban con
apenas unas decenas de ejemplares vendidos y, por supuesto, sin ningún
beneficio económico para los autores.
La circunstancia es
coherente con un mercado editorial donde hay una demanda débil y una oferta de
más de cinco mil novedades al año, muchas de las cuales ni siquiera llegan a
unas librerías incapaces de absorber semejante caudal. La situación
se agrava si nos circunscribimos al libro universitario, destinado a unos
colectivos de especialistas. Las tiradas son mínimas y, a menudo, los
investigadores deben pagar para editar sus trabajos.
Esta realidad pocas veces
expuesta al debate público ha provocado la progresión de editoriales que, sin
arriesgar como empresas privadas, se limitan a publicar lo pagado por los investigadores
universitarios. Y no siempre lo hacen bien. Ni siquiera suelen preocuparse por
su difusión porque el beneficio ya lo han obtenido desde el momento de la
publicación.
El tema es complejo,
merecería un debate ajeno a tantos intereses contrapuestos y alguna decisión
política o académica para que el dinero público destinado a la investigación no
acabe en manos de editoriales privadas cuya actuación resulta, en el mejor de
los casos, discutible.
Por fortuna, mis libros
suelen superar los cincuenta ejemplares vendidos, incluso bastantes más durante
los últimos años. Gracias a esa circunstancia, los editores recuperan la
inversión y a veces obtienen un modesto beneficio donde mi
participación se limita a disponer de algunos ejemplares para regalarlos a los
colegas que me ayudan y hacen lo mismo con sus propios libros. En definitiva,
tengo la suerte de no pagar para publicar y me duele no compartirla con muchos
compañeros de trabajo, sobre todo con los jóvenes que deben abrirse camino en
el ámbito académico.
El objetivo de un libro
universitario no pasa por la venta de ejemplares, sino por aportar un
conocimiento que pueda ser accesible a otros investigadores o interesados por
la temática abordada. En este sentido, el artículo 37 de la Ley 17/2022, de 5
de septiembre establece que las investigaciones realizadas con
fondos públicos deben aparecer con un acceso abierto. La obligación legal me
lleva a colaborar con el Repositorio de la Universidad de Alicante, donde
deposito los archivos de todas mis investigaciones.
Para preservar los
intereses de las editoriales, esos archivos permanecen durante un año en acceso
restringido y luego pasan a acceso abierto. Las armas contra las letras (2023)
está en acceso abierto desde junio de 2024 y ha registrado un total de 862
descargas; es decir, en menos de dos años las descargas de la edición han duplicado las ventas del volumen.
Ahora, un año después de
su publicación, Perder la guerra y la historia (2025) pasa a estar en
acceso abierto tras agotar prácticamente su tirada y a la espera de una posible
ampliación de la misma por parte de Renacimiento:
https://rua.ua.es/entities/publication/8efcf214-ed68-4331-a858-9adf1255628a
Al igual que ocurriera
con el primer volumen de los dedicados a los consejos de guerra de periodistas
y escritores, Perder la guerra y la historia aparecerá enlazado desde
los diferentes apartados de la web consejosdeguerra.es para facilitar su
consulta por parte de los historiadores.
Mientras tanto, el tercer
volumen, La colmena, ya ha iniciado su largo camino hasta su
publicación, que probablemente tenga lugar a finales del presente curso o a
comienzos del siguiente. Y el cuarto, Al final del trayecto, está en una
fase avanzada acumulando nuevos casos hasta sumar más de cien, noventa y cuatro
de los cuales ya se pueden consultar a través de la web consejosdeguerra.es
El objetivo es culminar la investigación en junio de 2028 y dejarla en acceso abierto para facilitar
nuevas investigaciones, como las que en fechas próximas me llevarán a estudiar
el proceso seguido contra Ricardo Fuente Alcocer, un dibujante y colaborador de
la prensa que tuvo una intensa relación
carcelaria con Miguel Hernández y es objeto de estudio de una destacada
investigadora francesa con la que estoy en contacto.



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