Mis cursos de historia
del teatro español siempre incluyen la asistencia a las representaciones que
guarden un mínimo de relación con el temario. A veces resulta difícil por lo
limitado de la oferta en la cartelera local, pero gracias a la colaboración del
Secretariado de Cultura de la UA podemos participar en la siempre grata
experiencia de las representaciones dirigidas a los centros docentes.
El pasado lunes tuvimos
la oportunidad de ver la puesta en escena de El eunuco a cargo de La
Nave de Argo, un grupo local impulsado por mi compañero Fernando Nicolás que
tuvo la amabilidad de mantener una reunión con nosotros tras su trabajo para
explicarnos el proceso de creación de la obra vista en el Paraninfo.
La Nave de Argo está
dando pasos decisivos para una mayor proyección, incluso en el ámbito
internacional, estoy seguro de que su entusiasmo tendrá la adecuada respuesta
por parte del público y solo me resta felicitarles por su trabajo y reproducir
dos de los comentarios escritos por los alumnos que asistieron a la
representación, así como enlazar una reciente entrevista concedida a mi amigo
Carlos Arcaya.
Hoy he ido al Paraninfo
de la UA a ver El eunuco sin demasiadas expectativas. Iba porque el
profesor de teatro nos insistió en que fuéramos. Sinceramente, no esperaba que
una comedia romana del siglo II a. C. me fuera a remover tanto. Y lo hizo. Por
partes.
Primero, el
entretenimiento. Pensaba que no me iba a reír, pero ahí estaba yo, riéndome
como si estuviera viendo una serie con mis amigos. La obra tiene un ritmo que
engancha: los malentendidos se suceden, los personajes entran y salen con una
energía contagiosa y el público se ha dejado llevar. Ha habido un momento, con
Pelotus, que no he podido más. Me he reído tanto que la chica de al lado me ha
mirado y ha empezado a carcajearse.
En medio de ese
entretenimiento, me ha llegado la nostalgia. Yo antes hacía teatro y ver cómo
los intérpretes esperaban, cómo respiraban antes de entrar, cómo se miraban en
algunas escenas…, todo eso me ha devuelto a los ensayos, a las risas nerviosas
antes de salir a escena, a esa sensación de que el escenario era el único sitio
donde todo tenía sentido. De repente, sentada en la butaca, me ha dado una
especie de pena bonita, de esas que casi agradeces. Y he pensado: «yo también
estuve ahí».
Y por último ha llegado
lo más esperado: el final feliz. Porque una comedia latina, bien hecha, te deja
esa sensación de que, después de tanto enredo, el mundo puede volver a su
sitio. Los abrazos, las reconciliaciones, las parejas que por fin se
encuentran…, todo eso me ha llegado de una manera especial. Quizá porque, en el
fondo, todos necesitamos creer que los enredos tienen solución y que el amor,
por mucho que nos compliquemos, acaba imponiéndose.
He salido del Paraninfo
con la cabeza en otra parte, pero antes de marchar nos hemos quedado un rato
hablando con los intérpretes y nos hicimos una foto. Mientras posábamos, pensé
que es otra de las experiencias del teatro que echo de menos: el rato de después,
cuando todo ha terminado y te abrazas con los compañeros sabiendo que lo
compartido ya es para siempre. Entonces me quedé pensando otra vez que, a lo
mejor, echo de menos hacer teatro.
El eunuco es
una obra divertida, pero para mí ha sido más que eso. Ha sido un reencuentro
con algo que creía aparcado. Y, por eso, he aplaudido con ilusión.
Eva Berbegal
A menudo asociamos el
estudio de una asignatura con la memorización de datos que posteriormente
escupimos de forma casi bulímica en un trozo de papel al que llamamos examen.
Durante décadas, la sociedad ha aceptado como moneda de uso corriente la idea
de que vamos al colegio, instituto o universidad para aprender, aunque, tal
vez, sería más preciso utilizar el término memorizar. Pero, ¿cuánto tiempo
transcurre hasta que se nos olvida el contenido que hemos estudiado? ¿Dos
semanas? ¿Tres, a lo sumo?
De ahí la importancia de
combinar el aprendizaje memorístico con otras actividades que brinden al
alumnado una perspectiva holística. Un ejemplo es asistir a representaciones
teatrales, cuyo visionado permite analizar posibles paralelismos entre lo expuesto
en las clases y su aplicación práctica. Asimismo, huelga decir que el poder
poner cara y asociar la voz a distintos personajes favorece que estos dejen una
impronta en el alumnado.
A lo largo de los setenta
minutos de la representación, hemos asimilado de una manera orgánica y genuina
varios conceptos clave: los personajes suelen funcionar mejor por pares en las
obras de teatro, la relación entre el final de El eunuco y los dramas
vistos en la asignatura de Teatro español del Siglo de Oro y la importancia de
saber dosificar los momentos de mayor tensión dramática.
Sin embargo, creo, y en
esto no soy original, que el éxito de esta actividad reside en haber derribado
falsos prejuicios acerca del teatro, demostrando al público recién desembarcado
en la playa del teatro que, incluso cuando se trata de una representación de un
texto clásico, es posible adaptarlo a las sensibilidades del siglo XXI.
Por último, tras el
coloquio con los intérpretes, hemos podido apreciar el sentimiento de hermandad
que mostraban, lo que, al mismo tiempo, ha servido en mi caso para inocular el
germen de la curiosidad por hacer teatro. No sé. Tal vez el próximo curso sea
yo quien declame desde las tablas de un escenario.
Jorge Verdú
Entrevista en Radio Alicante:
https://cadenaser.com/comunitat-valenciana/2026/03/24/la-nave-argo-un-doble-grupo-de-teatro-escolar-y-amateur-que-revive-con-pasion-los-clasicos-grecolatinos-radio-alicante/
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