El abuelo de mi compañera
Remedios Mataix Azuar fue uno de los miles de maestros represaliados al final
de la Guerra Civil. Al igual que otros colegas que sufrieron la misma suerte,
José Azuar debió salir desterrado durante años a lugares lejanos y aislados,
donde se suponía que su influencia en el alumnado quedaría neutralizada.
Docentes por vocación y convicción, los maestros republicanos a menudo se
supieron adaptar a estas difíciles circunstancias y dejaron una impronta entre
quienes, siendo niños, gracias a su labor docente tuvieron una luz en la
oscuridad de aquellos años. Los escasos supervivientes todavía lo recuerdan y
recientemente a don José le han rendido un sencillo homenaje en la aldea de
Brieva de Juarros. Remedios, su nieta, me lo contó con la lógica emoción y le
he brindado el blog para que haga público el agradecimiento de su familia por
el homenaje dispensado a quien durante cuatro cursos luchó por sacar adelante a
los niños de aquella escuela unitaria:
“Don José Azuar, el
maestro”, mi abuelo, a quien siguen recordando así muchos años después de su
muerte muchas personas y en muchos lugares donde dejó su huella personal y
docente, ha recibido recientemente otro homenaje. Ha sido en Brieva de Juarros,
la aldea de Burgos a la que fue destinado represaliado por el franquismo como
conmutación al final de su pena de prisión por ser un maestro republicano y
afín a la Institución Libre de Enseñanza. No es el primer homenaje que se le
rinde y que yo (como su orgullosa nieta y -quiero pensar- como su heredera en
el amor por la docencia) recibo siempre con inmenso agradecimiento, pues la
Biblioteca Municipal de Sax (Alicante) lleva su nombre desde hace varios años,
porque él fue su fundador; pero el acto de Brieva ha sido particularmente
emotivo, por haber sido promovido por quienes, ahora nonagenarios, en los años
40 fueron sus alumnos (quedan aún seis de ellos con vida) y han perseverado
para celebrar el homenaje. Un homenaje sencillo, pero muy entrañable: colocar una
placa en memoria de mi abuelo en el edificio que fue la escuela en la que les enseñó
(actualmente Centro Social del pueblo). Ha sido posible gracias al empeño, la
memoria y el afecto de Begoña Lázaro, hija de Dionisio Lázaro, uno de aquellos alumnos
que tuvo mi abuelo en Brieva de Juarros. Don Dionisio ha cumplido recientemente
los 90 años y no olvida a su maestro don José Azuar: su sabiduría, lo bien que
enseñaba, su disposición para darles clases extra, las obras de teatro que
prepararon, la emoción con que escucharon el gramófono en la escuela o la ilusión que le hizo un juguete que le
regaló; no tuvo otro.
Quiero expresar, en
nombre de mi familia, nuestro enorme agradecimiento a Begoña, a don Dionisio, a
doña Ino y a cuantos retienen en su memoria el recuerdo de un maestro que,
dicen aún, marcó sus vidas para bien en un contexto nada propicio para ello.
Remedios Mataix Azuar.
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