El 11 de septiembre de
2010 quedó inaugurado este blog, aunque sin solemnidad. Ese día le conté
a mi hijo, por entonces un adolescente, que no podía incluir imágenes de las
artistas de variedades en mi libro El tiempo de la desmesura por razones
técnicas y económicas. Esa misma tarde se encerró en su habitación y al cabo de
unas horas disponía de un blog para, al menos, divulgar esas imágenes por
internet.
El gesto fue propio de quien apuntaba maneras y ahora es profesor en la Escuela Politécnica
de la Universidad de Alicante tras haberse doctorado en Ingeniería Multimedia.
Durante años, y mientras vivió en casa, le daba la paliza para que me colgara
de vez en cuando alguna entrada, cuyo texto se lo dictaba y así salía a
veces. El blog se convirtió en un diario donde dejar constancia de lo que iba
publicando o investigando, así como de los actos donde participaba.
Hace unos tres años, mi
hijo realizó una estancia de investigación en Canadá y, ante semejante orfandad
en materias informáticas, aprendí a utilizar el blog. A lo
largo de 2023 incorporé 239 entradas y revisé las anteriores para evitar el
sonrojo. Varietés y República cobró por entonces nueva vida, se ha convertido en un
instrumento de mi trabajo tanto docente como investigador y, sobre todo, me
permite mantener el contacto con quienes están interesados en los temas que me
ocupan.
Así hemos llegado a las
1000 entradas, pues la presente es la 999, con 276.182 visualizaciones, de las
cuales más de la mitad se han dado en los últimos tres años. De hecho, cuando
una entrada no llega a las cincuenta visualizaciones la considero un «suspenso»,
pero solo he obtenido esta nota en 88 ocasiones y, para compensar, otras han superado las mil visualizaciones.
El blog tiene una
apariencia vetusta, pero me gusta así. Tal vez porque yo mismo sea vetusto y
mis temas tampoco requieran un diseño actual. Así seguirá hasta
mi jubilación, «Dios mediante», en junio de 2028, cuando culmine con el
cuarto tomo la dedicación a los consejos de guerra de periodistas y escritores.
Por cierto, las primeras pruebas de imprenta del tercero ya están corregidas.
A partir de esa fecha, no
me veo analizando sumarios «hasta el infinito y más allá». Tampoco recurriendo
a la IA para simular una actividad apabullante en cualquier tema. El futuro, si
lo hay, lo imagino en campos completamente distintos donde el humor tenga
protagonismo.
Algunos jubilados, que ya
no vigilan obras o cuidan de los nietos por estar pendientes de la batalla en
las redes sociales, hacen gala de un carácter avinagrado donde el Apocalipsis
forma parte de la cotidianidad. El vinagre tal vez les conserve despiertos,
pero prefiero moverme por caminos bienhumorados donde el recuerdo de los
tiempos del blanco y negro, los de la infancia o la juventud, estén presentes.
Ese objetivo presidirá a
partir de ahora un nuevo blog, Memoria y ficción, que a partir de este fin de semana se podrá consultar desde
mi web personal (rioscarratala.com). Por lo pronto, reescribiré aquellas entradas
donde esa temática ya dio algún fruto. Una vez reeditadas con las oportunas
correcciones y coincidiendo con el nuevo curso, el blog marcará el paso hacia
una jubilación donde, si la salud me acompaña, sonreiré porque no hay nada más absurdo que envejecer avinagrado. No digamos ya si, además, nos ponemos una
gorrita, nos coloreamos la cara y damos unos pases de baile.
Frente a semejante
espectáculo de senilidad malhumorada, más vale recordar sin melancolía, sonreír
en buena compañía y aprender, porque nunca es tarde, de los jóvenes con quienes
ahora incluso comparto proyectos de investigación para que la IA se ponga al
servicio de la única inteligencia que merece la pena, la natural.

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