Los hallazgos literarios
todavía son posibles si nos ocupamos de una época como la II República, cuando
tantos textos quedaron sepultados en folletos de escasa circulación o en publicaciones
periódicas con colecciones a menudo perdidas o diezmadas. Si a estas
circunstancias añadimos la muerte, el exilio o el procesamiento de numerosos
autores, incluso la utilización de esas mismas publicaciones como pruebas de
cargo en los consejos de guerra, la posibilidad de encontrar textos
significativos y hasta ahora desconocidos aumenta.
La búsqueda de esas joyas
bibliográficas requiere una dedicación constante a lo largo de muchos años. La ejemplifica
con singular tesón Abelardo Linares, como bibliófilo atento a las publicaciones
periódicas de este período y editor de Renacimiento, cuyo catálogo tanto ha
contribuido al conocimiento de una Edad de Plata que, por responder a esa
denominación, no debiera circunscribirse a una limitada nómina de grandes
autores y obras maestras.
La labor de recuperación
de ese catálogo ha añadido numerosas teselas a un mosaico complejo que, a
menudo, cuestiona las líneas trazadas por los manuales literarios. El desafío se encuentra ahora fundamentalmente en la recuperación de lo publicado en las
revistas y periódicos, que a estas alturas debiera estar digitalizado en
mejores condiciones para facilitar la labor de los investigadores.
De hecho, desde que
empecé a interesarme por esta época comprendí que había dos repúblicas: la de
los libros escritos a partir de otros libros y la de aquellos que también
partían de esas fuentes a menudo relegadas al olvido. La primera suele ser
previsible, mientras la segunda -más caótica por heterogénea- depara sorpresas
a quienes confían en lo establecido por las «brillantes síntesis» de los manuales.
El tesón depara
satisfacciones cuando el hallazgo se convierte en un acontecimiento literario. La
más reciente llamada telefónica de Abelardo Linares, siempre ilusionado con sus
trabajos, incluyó una sorpresa mayúscula: la inminente publicación de una
colección de relatos atribuidos a Manuel Chaves Nogales que podían ser la
continuación de su más reconocida obra: A sangre y fuego.
La labor periodística del
escritor andaluz es un pozo sin fondo que ha requerido el trabajo de varios
colegas. Gracias a sus aportaciones, poco a poco vamos completando los cientos
de artículos que una vez exiliado Manuel Chaves Nogales repartió por
publicaciones de diferentes países hasta su temprana muerte. Sin embargo,
todavía no podemos hablar de unas obras completas y así lo confirma Guerra
total. Episodios de la guerra civil española.
Bajo este título, Renacimiento
está a punto de publicar una serie de relatos que no aparecieron con el nombre
de Manuel Chaves Nogales, sino con distintos seudónimos. Al margen de las
argumentadas razones expuestas por el editor e Ignacio Martínez de Pisón, autor
del prólogo, la lectura de los mismos tiene un aire de familia que nos recuerda
la experiencia de leer A sangre y fuego.
La relevancia del
hallazgo justifica que ahora aparezca con el título de Guerra total, pero
en una futura edición crítica que debiera elucidar algunas cuestiones esos
relatos deben integrarse, como una segunda parte, en A sangre y fuego. A
falta de una prueba definitiva, no albergo la menor duda de que fueron escritos
por Manuel Chaves Nogales, un autor por entonces con poderosas razones para
recurrir a seudónimos, incluso prestados.
Tiempo habrá para
analizar hasta qué punto estos relatos matizan nuestro conocimiento del genial
escritor. También la consulta de documentos hasta ahora olvidados, como los
recopilados por Juan Carlos Mateos, nos ayudará en este sentido. Mientras
tanto, gocemos con la lectura de unos relatos que están a la altura de lo mejor
escrito acerca de la Guerra Civil y van a constituir un acontecimiento
literario durante esta primavera.
Gracias a Abelardo
Linares, he tenido la oportunidad de leerlos antes de su publicación. Incluso
de participar en las pruebas de imprenta. La
impresión que perdura es la del lector y, como tal, me engancharon hasta el punto
de que los leí sin descanso. Habrá que examinarlos de nuevo, anotar,
reflexionar…, pero lo fundamental es que Manuel Chaves Nogales me ha permitido
adentrarme en aquellos aciagos días con una nueva perspectiva.
Lo agradezco como lector
y solo cabe que los amantes de la obra del autor andaluz, que ya somos legión
gracias a la labor de rescate emprendida por varios colegas, nos felicitemos
por este hallazgo posible gracias al tesón de Abelardo Linares. Tenerlo como
editor y amigo es una verdadera suerte y ahora, además, con un nuevo motivo de
agradecimiento que pronto será colectivo por la inminente publicación de Guerra
total.
Más información en:
https://www.editorialrenacimiento.com/catalogo/3399-guerra-total.html
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