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viernes, 10 de octubre de 2025

El sumario colectivo de los periodistas alicantinos


 José M.ª Ruiz Pérez-Águila es el segundo por la izquierda en la fila de quienes están de pie. Concejales del Ayuntamiento de Alicante en 1931


La venganza es una constante entre las denuncias presentadas en los juzgados militares durante la Victoria. Los historiadores han puesto de relieve esta circunstancia como uno de los motores de la represión, pero en paralelo tal vez no se haya prestado la debida atención a un conjunto de denuncias cuyo origen radica en el temor a sufrir esa misma represión, tal y como vimos en el caso del poeta Rafael González Castells (véase su ficha en consejosdeguerra.es).

El abogado, político y publicista José M.ª Ruiz Pérez-Águila (1905-1982) fue «fluctuante» en su militancia. Según explica mi colega Francisco Moreno Sáez en el perfil biográfico del Archivo de la Democracia (UA) que le sitúa «entre dos fuegos», a principios de la etapa republicana el citado torrevejense presidió en Alicante la Juventud Republicana Radical. En abril de 1931, figuró en la lista municipal de la Conjunción Republicano-Socialista y salió elegido concejal de la capital, mientras colaboraba en los periódicos Rebeldía y Diario de Alicante.

José M.ª Ruiz Pérez-Águila ejercía por entonces de furibundo anticlerical a tenor de algunas de sus propuestas en el consistorio municipal, pero a partir de 1933 viró hacia la derecha y salió elegido diputado por el Bloque Agrario Antimarxista. Esta evolución le llevó a ser uno de los fundadores en Alicante del Partido Republicano Independiente que encabezaba Joaquín Chapaprieta y poner al servicio del mismo su trabajo como director del Diario de Alicante, puesto que ocupaba el 18 de julio de 1936.

El apoyo de José M.ª Ruiz Pérez-Águila al golpe de Estado provocó su marginación en un periódico incautado por orden del gobernador civil Valdés Casas, la detención una semana después y el ingreso en el Reformatorio de Alicante, de donde salió el 11 de octubre de 1937. El resto de la guerra lo pasó en diversos campos de trabajo hasta que el 28 de marzo de 1939 le liberaron en la localidad toledana de Ciruelos. El currículo como víctima de los republicanos superaba al de muchos de los vencedores que permanecieron en la capital levantina.

Ya de regreso en Alicante, donde estaba casado con una hija de los condes de Altea, José M.ª Ruiz Pérez-Águila se presentó como un «camisa vieja», pero tuvo bastantes problemas con los vencedores. El 8 de mayo de 1939 un juzgado le instruyó un sumario por incendio y, por otra parte, el abogado fue llevado a comisaría por los jóvenes falangistas Juan Carreras Barceló y Mariano Soriano Lozano. Le acusaban de «ser [un] conocido extremista», además de «agitador y promotor del asalto a los conventos de religiosos en mayo de 1931». Otros testimonios recopilados por Francisco Moreno Sáez apuntan en la misma dirección.

El Servicio de Información e Investigación de FET y las JONS de Alicante envió un informe, fechado el 9-V-1939, al juez militar encargado de examinar la denuncia de los citados falangistas. El mismo le considera «incendiario e indeseable en todos los órdenes» habiendo militado en diferentes partidos en búsqueda de «un mayor beneficio para sus intereses y su posición política». El informe se resumía así: «Conceptuación policial: indeseable. Conceptuación religiosa: ateo. Conceptuación de su vida pública: hombre exaltado y de pocos escrúpulos. Conceptuación de su vida privada: deja mucho que desear. Posición económica: la de su posición [sic]».

José M.ª Ruiz Pérez-Águila rebatió las acusaciones de los falangistas y solo se arrepintió del «entusiasmo republicano» que a tantos «españoles de buena fe» engañó antes del advenimiento de la II República. Los datos aportados por Francisco Moreno Sáez prueban que semejante entusiasmo perduró hasta 1933.

El 9 de junio de 1939, el abogado salió del Reformatorio de Alicante, aunque sus problemas con los vencedores continuarían hasta 1955, pasando por un confinamiento en 1942 y un expediente en el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo. No en balde, la Guardia Civil en 1942 le conceptuaba como «izquierdista recalcitrante, ateo, posible masón y no desafecto, sino enemigo acérrimo de la Causa Nacional».

La sorpresa, tal y como le comenté a Francisco Moreno Sáez, llegó al consultar el sumario 871 del AGHD, donde el supuesto camisa vieja José M.ª Ruiz Pérez-Águila figura como denunciante de veintiséis personas relacionadas con la prensa local durante la Guerra Civil.

El 14 de abril de 1939, cuando ya podía prever los problemas arriba indicados, el abogado redactó un escrito «contra el director propietario de un periódico de la localidad y otros significados izquierdistas». Una semana después el documento constaba en el Juzgado Permanente del Ayuntamiento de Alicante y su titular inició la instrucción de un sumario donde aparecen como procesados algunos periodistas ya fallecidos, otros en el exilio y varios sin localizar a pesar de las requisitorias publicadas.



Justo Sansano Benisa, poeta y periodista

Esta nómina no debería sorprender. Lo peculiar del caso radica en que entre los procesados figuran destacados vencedores de la guerra, incluso falangistas con cargos de relieve. José M.ª Ruiz Pérez-Águila denuncia al periodista y escritor Justo Sansano Benisa (1887-1955), que poco después sería delegado provincial de Prensa y Propaganda, a su hijo Juan Sansano Torregrosa, que en 1937 se había pasado a los sublevados para participar en el envío de armamento desde Alemania a los nacionales, y otros periodistas y escritores cuya afiliación republicana supone una incógnita.

La denuncia, utilizada como recurso para defenderse de aquellas que le podían caer por su pasado republicano, provocó una reacción entre los vencedores que se vieron en arresto domiciliario tras pasar unos días en la cárcel. El sumario incluye numerosos avales en su defensa, algunos procedentes de las autoridades y todos coincidentes en su adhesión al Glorioso Movimiento Nacional.

Tras quedar sobreseída la causa contra la mayoría de los denunciados, el consejo de guerra celebrado el 2 de enero de 1940 solo condenó a seis años a dos colaboradores de la prensa local con militancia izquierdista: Emilio Claramunt López y Ernesto Cantó Soler. Los restantes veinticuatro, incluidos los destacados falangistas, respiraron tranquilos mientras veían al denunciante en el Reformatorio o en arresto domiciliario a la espera de un confinamiento.

El fluctuante José M.ª Ruiz Pérez-Águila perdió la partida porque no midió bien sus fuerzas a la hora de presentar una denuncia para, supongo, resguardarse de los problemas con los vencedores que no le admitieron entre los suyos. La historia se repite en otros casos estudiados en consejosdeguerra.es. Lo sorprendente -por la irregularidad jurídica que supone- radica en que el sumario 871 nunca indica que el denunciante fuera un denunciado sometido a otro expediente judicial a causa de una denuncia presentada por correligionarios de los denunciados. Así, con semejante lógica, funcionaba el aparato represivo montado en torno a los juzgados militares. Ni siquiera los «camisas viejas» estaban a salvo, aunque callaron para no cuestionar el Glorioso Movimiento Nacional.


PD. La Asociación de Historia Contemporánea esta semana ha publicado un comunicado en relación con los procesos judiciales en los que están inmersos algunos de mis trabajos: https://ahistcon.org/La solidaridad de mis compañeros siempre es un motivo de ánimo y agradecimiento que me ayuda a continuar con mi labor.

Por otra parte, el Patrimonio Cultural de Defensa me ha comunicado su voluntad de colaborar en la web https://consejosdeguerra.es/consejosdeguerra.es con la aportación de los sumarios de los periodistas y escritores que se encuentran en la Biblioteca Virtual de Defensa: https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/es/inicio/inicio.do. En próximas entradas daremos cuenta de estas aportaciones.


martes, 14 de enero de 2025

El sumario del escritor Rafael González Castell


 Rafael González Castell. Fuente: Wikipedia

Los sumarísimos de urgencia son a menudo una caja de sorpresas para los historiadores. Su consulta, cada vez más extendida por la progresiva facilidad del acceso, está posibilitando un conocimiento matizado de la represión del primer franquismo, que a menudo ha quedado sintetizada en unas pocas líneas incapaces de dar cuenta de la inevitable heterogeneidad de una realidad cuyas cifras resultan abrumadoras.

La posibilidad de que en 1938 un viejo republicano, librepensador y masón pudiera denunciar, desde la cárcel, a un secretario municipal afiliado al falangismo durante la guerra parece improbable. La consulta del sumario del escritor Rafael González Castell (1885-1965), depositado en el AGHD, demuestra que esa remota o improbable posibilidad fue una realidad cuando el preso Juan Antonio Codes Rodríguez (1863-1939) denunció al citado, que por entonces ejercía como secretario municipal de la localidad extremeña de Montijo.  El texto de la denuncia, con intencionadas falsedades, se encuentra en el sumario 46-5420 del AGHD y va dirigido al gobernador militar de Badajoz, el general Jesusaldo de la Iglesia, que no dudó en mandar instruir un sumario basado en unos grotescos bulos. 

Puesto en contacto con mis colegas Ángel Olmedo Alonso y Chema Álvarez Rodríguez, que habían publicado recientemente un artículo dedicado al librepensador de Montijo, han añadido otro que matiza algunas de sus conclusiones. La tarea es habitual entre los historiadores. Nuestro trabajo siempre está sujeto a la aparición de nuevos documentos capaces de aportar información que amplía, rebate o matiza lo conocido hasta ese momento.

El consejo de guerra de Rafael González Castell es una nueva demostración de hasta qué punto la represión franquista afectó a víctimas completamente alejadas del Frente Popular o de «los marxistas». El poeta fue ratificado en su destino como secretario municipal cuando los sublevados impusieron las nuevas autoridades tras tomar la localidad. Así permaneció durante varios meses, pero -al parecer- no mostró el suficiente «entusiasmo» por el Glorioso Movimiento Nacional y acabó siendo denunciado. Lo sorprendente es el remite de la carta denunciadora: la prisión provincial de Badajoz, donde el anciano Juan Antonio Codes Rodríguez estaría tan desesperado como dispuesto a mentir para congraciarse con las autoridades militares, sin descartar que su iniciativa pudiera haber sido instigada por quienes estaban interesados en apartar a Rafael González Castell de su puesto en Montijo.

La historia de este sorprendente proceso aparecerá en el tercer volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de los periodistas y escritores durante el período 1939-1945, cuya aparición está prevista para 2026. Mientras tanto, ya tenemos la portada del segundo volumen, que pronto estará en las librerías:

 


Pd. El borrador del capítulo dedicado al sumario de Rafael González Castell ya puede ser consultado en el Repositorio de la Universidad de Alicante a la espera de las posibles observaciones y correcciones por parte de otros historiadores o interesados en el tema: