La memoria es frágil. Lo
comprobamos, de manera simbólica, en el desenlace de la adaptación
cinematográfica de ¡Ay, Carmela! (1990), dirigida por Carlos Saura a
partir de un guion de Rafael Azcona. La pizarrita con el nombre de la
protagonista es la única identificación de su tumba, localizada fuera del
cementerio porque los responsables de su muerte ni siquiera le han reconocido
el derecho a un enterramiento digno.
Paulino y Gustavete, sus
compañeros de la compañía de «variedades a lo fino», la dejan allí cuando
emprenden un viaje hacia ninguna parte. Pronto, con la primera lluvia o ráfaga
de viento, esa pizarrita desaparecerá. Carmela quedará en el anonimato, como
tantas personas desaparecidas trágicamente durante la Guerra Civil y la
posguerra. A la muerte física, violenta, le sucederá la muerte definitiva por
la pérdida de la memoria.
La fragilidad de la
memoria es un futuro que suponemos tras finalizar una adaptación
cinematográfica cuyo tiempo dramático tiene un desarrollo lineal, desde que
Paulino y Carmela caen prisioneros de los militares hasta el asesinato de quien
se rebela frente a la humillación y muestra su solidaridad con otros condenados
a muerte.
Sin embargo, en la obra
original de José Sanchis Sinisterra (1987) asistimos a un tiempo invertido
gracias a las libertades que permite el convencionalismo teatral. La
protagonista de la obra ya ha fallecido cuando la misma comienza. Paulino
permanece en el teatro donde tuvo lugar el trágico suceso, humillado por los
militares como «artista» ahora destinado a barrer el escenario.
Allí se le aparece el
fantasma de Carmela. Su compañero todavía puede verla, incluso tocarla, con la
intensidad de una memoria tan viva como inmediata. Junto a ella y frente al
público revive los episodios de sus últimos días, desde que ambos cayeron
prisioneros en el frente de Aragón hasta la celebración de la velada artística
donde se produjo el trágico suceso, Sin embargo, poco a poco, a Paulino le
cuesta más verla, sentirla cercana, porque la memoria es frágil, aunque medie
el amor.
José Sanchis Sinisterra
escribió una magnífica obra sobre la fragilidad de la memoria y la necesidad de
revitalizarla mediante el recuerdo y el conocimiento para evitar la muerte
definitiva de quienes fallecieron. Su protagonista es Carmela, una modesta
artista de las variedades cuyo nombre evoca una popular canción de la época. La
conocemos como mujer apasionada, sincera y espontánea capaz de contagiar su
solidaridad de «madre» hacia los prisioneros que acabarán ejecutados al día
siguiente de la velada. Gracias al recuerdo compartido por Paulino, le damos
cuerpo y rostro. También voz en sus diálogos y canciones. La sentimos cercana.
Carmela es nuestra compañera mientras asistimos a una velada con su trastienda
de represión e imposiciones para la humillación del «enemigo». Sabemos de su
inocencia y nos rebelamos ante la violencia del asesinato como prólogo de un
olvido, el que le espera en una tumba pronto anónima.
Carmela es un personaje
con personalidad propia, pero también el epítome de tantas otras mujeres o
víctimas anónimas de aquella guerra donde la violencia fue la consecuencia de
una intransigencia incapaz de convivir con el diferente. Al final, cuando inevitablemente
nos sentimos arrastrados por su vitalidad, descubrimos que Carmela también es
nuestra compañera, la mujer que podemos descubrir viendo un álbum familiar de
fotos, investigando en un archivo militar o hablando con quienes procuran
mantener viva la memoria de una generación trágicamente truncada por la Guerra
Civil.
Gracias a José Sanchis
Sinisterra, todos empatizamos con Carmela, pero también somos Paulino. El
«artista», aquel que siente el orgullo de serlo, aunque sea en sus más modestas
manifestaciones, es cobarde y acomodaticio. Lejos de la espontánea rebelión de
su compañera, Paulino acata para sobrevivir. El precio a pagar resulta caro. No
solo pierde a Carmela, sino que también sacrifica su dignidad como artista
ahora destinado a barrer el escenario donde imaginó la posibilidad de triunfar.
Ambos, Paulino y Carmela,
son unos derrotados pronto convertidos en víctimas abocadas al olvido. El
destino de ella nos parece más trágico por mediar un asesinato, pero el de su
compañero también lo suponemos dramático porque, con el tiempo, le costará
recordar a quien amó. Así comprobará la fragilidad de la memoria cuando la
misma es un acto solo personal, sin el apoyo de quienes debieran tener la
responsabilidad de mantenerla viva.
José Sanchis Sinisterra
escribió su obra contra la política de «pasar página» sin haberla leído. La
misma imperaba de manera indiscutible cuando se celebró el cincuentenario de la
Guerra Civil. En 1986, las Carmela permanecían olvidadas en las cunetas de
numerosos caminos. Ni siquiera disponían de una pizarrita con su nombre junto
con las fechas de nacimiento y muerte.
Gracias a obras que han
procurado la recuperación de la memoria histórica para devolver su voz a
personajes olvidados, en la actualidad conocemos a muchas mujeres como Carmela
y hombres enamorados al estilo de Paulino. Todos permanecen en la modestia de
un lugar en la historia que linda con el anonimato de los personajes menores.
Apenas importa, los sentimos cercanos, empatizamos con ellos y, a través de sus
vicisitudes no desprovistas de contradicciones, comprendemos aquellos
dramáticos años que desgarraron a todo un país.
La fragilidad de la
memoria precisa de nuestra voluntad de recordar, investigar y conocer para
saber de un pasado que nunca nos debiera resultar ajeno. Paulino y Carmela nos
hablan de unas circunstancias históricas concretas en torno a la Guerra Civil,
pero la propia obra de José Sanchis Sinisterra ha sido trasladada a otros
contextos porque, en cualquier conflicto, siempre hay una modesta y anónima
pareja de enamorados cuyo dramático destino es una consecuencia de la Historia,
aquella que parece protagonizada exclusivamente por los líderes de los bandos
enfrentados.
La obra de José Sanchis
Sinisterra aboga por la necesidad de mantener viva la memoria histórica
personalizándola en quienes nos dejaron sin legarnos suficientes huellas para
el recuerdo. Basta con su presencia fragmentaria y hasta azarosa para
revitalizarla cuando media la voluntad de investigar y, sobre todo, conocer con
el objetivo de comprender.
¡Ay, Carmela! también
es una historia de amor. La palabra nunca aparece en las frecuentes discusiones
que mantienen dos protagonistas contrapuestos y, al mismo tiempo, enamorados.
La caracterización de Paulino supone el envés de la personalidad de Carmela.
Gracias a ese contraste, con su inevitable conflicto no desprovisto de humor,
asistimos entre interesados y divertidos a sus discusiones por los más variados
motivos. Los diálogos aportan la necesaria tensión dramática, pero al
escucharlos, más allá de las apariencias, percibimos que ambos están enamorados
y se necesitan mutuamente.
Tal vez las mejores
historias de amor sean aquellas donde nunca se pronuncia esa palabra porque el
concepto lo percibimos latente. Paulino y Carmela discuten sobre lo divino y lo
humano, incluso después de la muerte de ella. Solo porque están enamorados y
quieren mantener viva esa relación. A Carmela le quitan la vida por su gesto de
humanidad hacia otras víctimas. A Paulino le humillan como superviviente y le
dificultan, condicionando incluso la intimidad de sus recuerdos, la memoria de
quien ha dejado en una tumba condenada al anonimato.
Ambos, gracias a la exitosa
obra de José Sanchis Sinisterra, vuelven una y otra vez a los escenarios para
luchar contra quienes matan y humillan y, además, pretenden el olvido del
pasado para asegurar la exculpación. Frente a esta actitud, solo cabe recurrir
al conocimiento y la memoria con el objetivo de recuperar la historia de tantos
Paulinos y Carmelas que tuvieron el derecho de enamorarse, vivir y discutir
hasta el enfado porque en el fondo así se sentían juntos. También cercanos a
nosotros cuando hacemos uso de una memoria compartida.
Nota: La presente entrada está destinada al alumnado de la asignatura dedicada al teatro español del siglo XX que imparto en la Universidad de Alicante y cualquier otro interesado por el tema. Para completar la información, también se puede consultar la entrada de este mismo blog publicada el 11 de diciembre de 2024: https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/12/teatro-y-cine-en-la-espana-del-siglo-xx.html.
Asimismo, se puede consultar la entrevista que hice a José Sanchis Sinisterra el 11 de noviembre de 2005, cuya transcripción se encuentra en el catálogo de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/entrevista-a-jose-sanchis-sinisterra-11112005--0/html/009d23e2-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html#I_0_










