sábado, 17 de enero de 2026

Un recuerdo para Beatriz Ledesma


 Beatriz Ledesma,

La actriz, cantante y bailarina Beatriz Ledesma falleció el pasado día 5 en Altea a los 102 años. La vitoriana estaba retirada del mundo artístico desde 1956, cuando se casó en Benidorm con el ingeniero Maximiliano Vaello. Desde entonces llevaba una vida familiar en la capital del turismo y gozaba del respeto y el cariño de los suyos, al tiempo que del recuerdo por su etapa en los escenarios de los años cuarenta y cincuenta, cuando triunfó como Beatriz de Lenclós.

Al margen de su actividad artística, Beatriz Ledesma fue una pionera desde que en 1955 su novio y posterior marido la fotografiara en la playa de Benidorm luciendo unos elegantes dos piezas diseñados por Manuel Pertegaz y Cristóbal Balenciaga. Las fotografías ampliamente reproducidas muestran una bella mujer con unos modelos bastante alejados del por entonces lucido por Brigitte Bardot en la playa de Cannes (véase la entrada del pasado 29 de diciembre). Ella, en sus declaraciones al cabo de los años, nunca quiso que la identificaran con el bikini de la francesa recientemente fallecida, pero su gesto quedó para la historia en una España todavía pacata y cerrada.




El episodio lo relaté en mi libro De mentiras y franquistas (2020, pp. 73-132) relacionándolo con la leyenda del bikini en Benidorm que propagara el siempre hábil y ocurrente Pedro Zaragoza. Ahora, con motivo del fallecimiento de Beatriz de Ledesma, ha sido recordado por la prensa, no siempre con exactitud, y espero que sirva para testimoniar la trayectoria de una artista que triunfó y merece un recuerdo respetuoso.

Desde un punto de vista histórico, aquellas elegantes fotografías son una anécdota, pero gracias a gestos como el de Beatriz y Maximiliano poco a poco España empezó a abrirse a la modernidad. Quienes vivimos en un país que participa de la misma, a pesar de tantos intolerantes, solo debemos agradecer la independencia de los protagonistas de esos gestos, que ahora despiertan una sonrisa de cariño y respeto con la voluntad de mantener viva su memoria.


jueves, 15 de enero de 2026

La censura teatral durante el franquismo


 

Hace un año el consejo de redacción de la revista Don Galán, publicada por el Centro de Documentación de las Artes Escénicas y la Música (CDAEM), del Ministerio de Cultura, nos encargó a Berta Muñoz y a mí la preparación de un monográfico sobre la censura teatral franquista. El objetivo del mismo era sumarse al programa de publicaciones y eventos con motivo de la celebración de los cincuenta años en libertad (1975-2025).

El monográfico ha contado con la colaboración de varios colegas de distintas universidades que han abordado temas relacionados con la práctica censora durante el período franquista. Dada la amplia bibliografía publicada al respecto, hemos procurado dirigir la mirada hacia aspectos poco investigados, como es, por ejemplo, su presencia en la trayectoria de autores con un notable éxito popular o en géneros igualmente mayoritarios como el de la revista teatral. El conjunto de artículos supone una puesta al día de la bibliografía sobre la censura y, sobre todo, nos recuerda la importancia de la misma en una dictadura que desde el principio limitó al máximo la libertad de expresión para procurar su supervivencia en un clima de represión.

Mi contribución desborda el marco cronológico del régimen franquista y se adentra en la Transición, donde tantas prácticas censoras persistieron de acuerdo con lo tratado en mi libro Ofendidos y censores (2022). Incluso llego a la primavera y el verano de 2023, cuando la aparición de nuevos agentes políticos en numerosas instituciones locales o autonómicas propició un significativo número de censuras en el marco de las artes escénicas.




La censura durante el franquismo gozaba de un amplio y sólido respaldo legal, aparte de contar con organismos públicos para ejercerla. La obviedad es conocida por cualquier historiador. No obstante, esa misma censura también fue la expresión de una mentalidad intolerante incapaz de aceptar la divergencia o la controversia. Una vez consagrada la libertad de expresión por la Constitución, habría sido ilusorio pensar en la inmediata desaparición de quienes durante décadas personificaron esa mentalidad, que en el mejor de los casos procuró adaptarse al nuevo marco legal.

Ahora mismo, los actos propios de la censura todavía permanecen en un goteo lamentable, pero nunca son reconocidos como tales por parte de quienes los llevan a cabo. Los censores, no lo olvidemos, jamás reconocieron serlo, ni siquiera durante el franquismo. Las coartadas y los eufemismos para justificar o definir su actuación han sido desvelados por los historiadores. Actualmente, por imperativo de los tiempos, suelen mostrar recursos más sofisticados, pero una observación detenida permite saber que en el fondo aparece una misma mentalidad intolerante con voluntad de erradicar los discursos del otro.

El objetivo del monográfico publicado por el CDAEM ha sido investigar lo sucedido durante el período franquista. Al igual que en tantas otras ocasiones, la historia también tiene una lectura vinculada al presente. La voluntad de quienes hemos colaborado participa del deseo de afianzar la libertad de expresión contra cualquier tipo de censura (económica, administrativa, política, empresarial, jurídica…). El teatro, y las artes escénicas en general, necesitan de esa libertad para crear con la tranquilidad de poder establecer un diálogo libre con el público, aquel que a menudo fue imposible durante el franquismo.

El monográfico está listo desde finales del pasado mes de diciembre y en fechas próximas será presentado en Madrid, al tiempo que puesto al libre acceso de cualquier interesado. En la medida de nuestras posibilidades y a través de esta misma entrada, procuraremos dar los necesarios enlaces para saber de la presentación del número 14 de Don Galán y el acceso a sus contenidos.

Pd.:

El número 14 de Don Galán ya se encuentra a disposición de los lectores e investigadores:

https://www.teatro.es/contenidos/donGalan/donGalanNum14/

domingo, 11 de enero de 2026

Localizado el sumario del periodista y escritor Florentino Hernández Girbal


 Florentino Hernández Girbal en los años treinta. Fuente: Wikipedia

Entre 2014 y 2015, con motivo de la preparación de Nos vemos en Chicote, uno de mis objetivos frustrados fue la localización y el análisis del sumario instruido contra el periodista y escritor Florentino Hernández Girbal (1902-2002). Al margen de la significación del mismo, en especial como crítico e historiador cinematográfico, había otros motivos para justificar ese interés.

El natural de Béjar era el prologuista de las memorias de su íntimo amigo Diego San José, así como el autor de unas memorias que me ayudaron a culminar mi trabajo. También sabía que fue condenado a treinta años, probablemente tras la conmutación de una condena a muerte, y que en la cárcel había coincidido con Miguel Hernández, Ángel M.ª de Lera y el folklorista Agapito Marazuela.

Toda la bibliografía sobre Florentino Hernández Girbal cita estas circunstancias de su trayectoria en torno a la Guerra Civil, pero sin la base documental derivada de la consulta del sumario. La razón es muy simple: el documento no estaba localizable en el catálogo en línea del Archivo General e Histórico de Defensa.

Gracias al personal del mismo, hace unas semanas tuve la grata noticia de que habían localizado el sumario 3613, legajo 4592, cuyo procesado es Florentino Hernández Girbal. Tras varios años trabajando con los fondos de este archivo, sus responsables conocen el objetivo de mi investigación e inmediatamente se pusieron en contacto conmigo para comunicarme el hallazgo del documento.

El 17 del pasado mes de noviembre solicité el envío del correspondiente PDF y ahora estoy a la espera del mismo, que me permitirá conocer con las debidas garantías la peripecia judicial y carcelaria de uno de los mejores historiadores del cine español, aparte de excelente periodista y biógrafo.

El correspondiente capítulo aparecerá en el cuarto volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores, donde también intentaré completar la investigación de los analizados hasta el presente gracias a la documentación que consta en el archivo de la Asociación de la Prensa de Madrid. Parte de la misma ya ha sido utilizada gracias a los trabajos de otros investigadores, en especial el de Rafael Cordero Avilés, pero con la ayuda del personal bibliotecario de la APM intentaremos completar la labor.


jueves, 8 de enero de 2026

Los «tontos» del cine cómico (1)


 Este poster de The kid (1921) estuvo en mi habitación durante años. Todavía me emociona.

A mediados de los años sesenta, los sábados por la mañana eran lectivos, pero a cambio los jueves por la tarde en nuestro colegio podíamos acudir a las sesiones cinematográficas programadas por la Organización Juvenil Española (OJE). El precio de la entrada era módico y mis padres permitieron que nunca me las perdiera.

Los pocos largometrajes que vimos eran reestrenos de los reestrenos. La sala debía pertenecer al circuito de la filmografía abocada al final de su trayectoria comercial y las cintas llegaban en unas condiciones lamentables. No obstante, la alternativa era quedarse en casa con algún tebeo ya leído o, en el caso de los elegidos por la fortuna, un televisor en blanco y negro, cuya única cadena cesaba su emisión a esa hora de los folletines radiofónicos.

Todavía recuerdo haber visto en aquella sala una película de Jerry Lewis, El profesor chiflado (1963), como algo excepcional por su novedad. La OJE debió tirar la casa por la ventana esa tarde. El comediante norteamericano desde entonces estuvo en la nómina de mis ídolos, pero lo habitual en aquellas sesiones era asistir a «los festivales» de Tom y Jerry, varios vetustos capítulos protagonizados por el gato y el ratón, o algunos cortometrajes de cine cómico de la etapa muda.

En mis clases, cuando comento las diferencias entre el teatro y el cine, recuerdo que el público del primero es capaz de condicionar la representación con su respuesta o actitud, mientras que el comportamiento del cinematográfico resulta indiferente durante la proyección de lo previamente grabado.

La obviedad cuenta con una excepción. Las respuestas enloquecidas que observé en aquella sala cuando se anunciaba la presencia de Tom y Jerry. Había niños que hasta se ponían de pie en las butacas de madera para manifestar, con alaridos, su entusiasmo por el gato y el ratón.

Tal era la implicación del público, que esos dibujos animados de acción continua, a menudo violenta, se convertían en otros todavía más animados de una acción ajena al respiro para continuar. Al menos, así los veíamos con la mirada ingenua de una infancia carente de referentes para comparar más allá de los dibujos en blanco y negro, que algunos compañeros podían ver en la televisión.

La proyección de cortometrajes del cine cómico de la etapa muda no solía incluir a figuras como Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd. Los motivos los ignoro, aunque cabe suponerlos gracias a la bibliografía consultada sobre la difusión de esa cinematografía en España. Los protagonistas de los vistos en el colegio solían ser de la segunda fila destacando Larry Semon, conocido entre nosotros como Jaimito, cuyos cortometrajes tuvieron una notable presencia en las salas de la posguerra.



Larry Semon, Jaimito

Jaimito nunca me hizo sonreír. Tampoco ahora, cuando recupero por motivos de estudio algunas de sus películas relegadas al olvido, Sin embargo, recuerdo el entusiasmo al ver las habladas con el doblaje de Stan Laurel y Oliver Hardy, cuyo peculiar español al llegar a casa compartía con mi padre porque había sido niño cuando se estrenaron en España. Y, sobre todo, me impactó la única película que pudimos ver de Charles Chaplin: Shouldier Arms (1918), un censurado mediometraje distribuido como ¡Armas al hombro!

La película de Charles Chaplin era diferente a todo lo visto hasta entonces en aquella sala donde Jaimito reinaba con sus gansadas. También con respecto al cine mudo que solían emitir en TVE cuando se producía algún desajuste horario en la programación. Lo utilizaban como relleno o solución de urgencia, pero lo disfrutaba porque reía con los maestros del slapstick que tanto me enseñaron acerca de las claves de lo cómico.

Desde aquellos años sesenta, nunca he dejado de admirar el alocado trabajo de los hombres de goma de Mack Sennett y los Keystone Cops, pero prefiero la filmografía de Buster Keaton y, sobre todo, la de Charles Chaplin, el genio que apenas pude conocer en el cine del colegio o en la televisión, donde había tantas tartas de merengue en el rostro o disparatadas persecuciones con los únicos policías capaces de propiciar una carcajada. El humor, que no la comicidad, es otra historia más compleja que he disfrutado desde la madurez e intento desentrañar en algunos de mis libros.

Ahora, cuando debo preparar una ponencia sobre la relación de la Generación del 27 con los caricatos del cine mudo, vuelvo a disfrutar con estos personajes de la infancia donde todo es una sorpresa a la espera de que, al cabo de los años, podamos descubrir su origen. Charles Chaplin supone un referente que me ha guiado durante décadas porque viendo sus películas compruebo que las emociones más elementales son universales. Sus colegas del cine mudo me hacen sonreír todavía porque nunca debemos dejar de ser niños. Lo agradezco, pero también gracias a muchos años de lecturas conozco las razones de la tristeza que a menudo se esconde en sus películas y, sobre todo, en el inevitable fundido en negro tras su finalización.

Mientras tanto, y de la mano de Rafael Alberti y Federico García Lorca, seguiremos hablando de estos «tontos» del cine cómico.

 


lunes, 5 de enero de 2026

Una reseña de Perder la guerra y la historia


Mi colega Cecilio Alonso acaba de publicar una extensa e interesante reseña de Perder la guerra y la historia (2025), el segundo volumen de los dedicados a los consejos de guerra de periodistas y escritores. Aparte de agradecer el generoso trabajo realizado, que me ayuda a perfilar mejor los siguientes volúmenes, facilito a continuación el enlace a la edición digital del Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, 101(1), 2025, pp. 433-442 para que los lectores del blog puedan leer la reseña:


Una vez revisado de nuevo el original de La colmena, el tercer volumen dedicado a los consejos de guerra de periodistas y escritores, esta semana iniciaré los trámites con el Secretariado de Publicaciones de la UA y la editorial Renacimiento para editarlo con la esperanza de que pueda estar en las librerías a finales del curso o, como mucho, a principios del siguiente. 
Mientras tanto, el segundo volumen pasará el próximo mes a estar en acceso libre y enlazado desde la web consejosdeguerra.es, donde el pasado diciembre hemos añadido tres nuevos casos hasta sumar un total de noventa y tres. El objetivo de la web es completar en junio de 2028 el análisis de todos los sumarios de los consejos de guerra de periodistas y escritores celebrados durante el período 1939-1945.
Al mismo tiempo, y gracias a los recursos facilitados por la IA, estamos desarrollando una herramienta tecnológica que facilite la lectura de esos sumarios para ayudar a los futuros investigadores de los mismos. El empeño es complejo y requerirá meses de investigación, pero merece la pena culminarlo mientras iniciamos los contactos para que los descendientes localizados de los periodistas y escritores represaliados puedan solicitar la anulación de los consejos de guerra por vía jurídica, una vez obtenida en 2022 la anulación genérica a través de la vía legislativa.



sábado, 3 de enero de 2026

José Luis Salado, periodista vallisoletano


 Caricatura de José Luis Salado

El pasado 23 de diciembre, mi colega Enrique Berzal de la Rosa, catedrático de la Universidad de Valladolid, publicó en El Norte de Castilla un artículo dedicado a recordar la figura del periodista José Luis Salado, que terminó en el exilio soviético tras haber protagonizado unos años intensos como cronista de espectáculos, entrevistador y otras facetas propias de quien consiguió vivir de su pluma atenta a las novedades de la época.
José Luis Salado es una de las figuras más atractivas con las que me he encontrado en estos últimos años. Gracias a la editorial Renacimiento, pude dedicarle un extenso capítulo en el volumen Hojas volanderas (2011) y luego en la misma editorial edité una recopilación de sus artículos publicados en La Voz durante la Guerra Civil. 
Este gratificante trabajo ha permitido incorporar a José Luis Salado a la nómina de periodistas republicanos que, encabezados por Manuel Chaves Nogales, merecen un recuerdo y la lectura de sus aportaciones. Abelardo Linares, responsable de Renacimiento, me pidió recientemente que completara la investigación con la edición de nuevos artículos del periodista vallisoletano. No podrá ser a lo largo del presente curso por tener varios compromisos pendientes, pero lo intentaré hacer durante el próximo.
Enrique Berzal de la Rosa en un estupendo artículo publicado en el periódico que dirigiera el siempre admirado Miguel Delibes recuerda la figura y la trayectoria de José Luis Salado, un vallisoletano que ha caído en el olvido en su propia ciudad natal por culpa del silencio que hasta hace poco se cernió sobre todos los periodistas republicanos.
Gracias a su artículo, los lectores de El Norte de Castilla habrán podido descubrir los datos fundamentales del vallisoletano y espero que pronto José Luis Salado se incorpore a la nómina de los hombres de letras recordados en la capital castellana. 
Enrique Berzal de la Rosa amablemente me ha autorizado para incorporar el citado artículo a este blog de manera que los lectores del mismo puedan compartir el recuerdo de José Luis Salado:


Damos las gracias a Enrique Berzal de la Rosa por su amable colaboración y esperamos que su labor como cronista, tan necesaria, tenga la debida continuidad en El Norte de Castilla.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Un cuatrimestre de objetivos cumplidos


 Sello de calidad FECYT concedido a Anales de Literatura Española

El cuatrimestre iniciado el pasado mes de septiembre -véase la entrada del 30 de agosto– ha finalizado con todos los objetivos cumplidos. La publicación del tercer volumen de los consejos de guerra de periodistas y escritores ha sido aprobada por la UA, mientras que el cuarto está en una fase avanzada. La revista que dirijo, Anales de Literatura Española, acaba de publicar su número 44, dedicado a la literatura del exilio republicano y preparado con la colaboración del grupo de investigación GEXEL. Al mismo tiempo, la revista ha renovado su sello de calidad FECYT y sigue en el cuartil Q1 como prueba de su positiva evolución durante estos últimos años. La web consejosdeguerra.es, presentada el pasado 15 de septiembre en el Parlamento Europeo, llegará en enero o febrero a los cien casos referenciados con el objetivo de culminar el trabajo en junio de 2028. El monográfico de Don Galán, la revista teatral del Ministerio de Cultura, sobre la censura durante el período franquista ya está terminado a la espera de su próxima presentación. He entregado tres trabajos para publicar en diferentes volúmenes y las tareas de investigación han sido completadas con las de divulgación, entre las que este blog ha ocupado un lugar destacado con unas cifras alentadoras: 82000 visualizaciones en 2025. Y, por supuesto, hemos culminado un nuevo cuatrimestre docente con la valoración a la que hice referencia en una anterior entrada.

Los objetivos del segundo cuatrimestre pasan por completar el trabajo de edición del tercer volumen de los consejos de guerra y culminar la investigación relacionada con el cuarto conforme me vaya llegando los sumarios del AGHD. Al mismo tiempo, he iniciado los contactos con la APM para completar la investigación con la documentación de su archivo. Y, a partir de enero, iniciaré los trámites para facilitar que las familias de las víctimas de esos consejos de guerra soliciten la anulación de los mismos por la vía judicial una vez conseguida por la legislativa.

No obstante, mi propósito es ir culminando este proyecto de investigación y dedicar mis dos últimos cursos en activo a otros temas. En este sentido, he iniciado los trabajos relacionados con el centenario de la Generación del 27 y estoy redactando otro dedicado a un joven comediógrafo, Adrián Perea, con motivo de su homenaje al siempre admirado Miguel Mihura.

Por otra parte, mi andadura al frente de Anales de Literatura Española terminará el próximo mes de junio con la publicación del número 45. El cambio debía haberse producido ahora, pero una feliz noticia relacionada con la maternidad lo ha pospuesto. Así, poco a poco, vamos dejando paso a los jóvenes profesores. Un proceso que vivo día a día porque también mi hijo ha debutado este curso como docente y, gracias a sus preguntas, tengo la satisfacción de volver a sentir el entusiasmo de lo novedoso.



La familia al completo el día de la lectura de la tesis doctoral de nuestro hijo

En realidad, mi propósito inicial era jubilarme en enero de 2026 tras cuarenta y cuatro cursos como investigador y docente en la UA. El trabajo me sigue ilusionando, pero estoy cansado y creo merecer un retiro junto a mi esposa también jubilada para escribir solo sobre cuestiones divertidas que nos permitan rememorar un pasado cuya presencia cada vez resulta más necesaria para afrontar el día a día.

Una circunstancia extraacadémica ha condicionado mi decisión de seguir en activo hasta junio de 2028 y jubilarme entonces como catedrático emérito de la UA, pues reúno los requisitos desde hace nueve años. La vanidad resulta absurda a estas alturas, pero en este caso se trata de una cuestión de dignidad por cuestiones que algún día explicaré con la debida franqueza. Mientras tanto, me quedo con el apoyo mostrado por mi familia y colegas, que este año a punto de finalizar ha tenido momentos de emoción y agradecimiento. Gracias a ellos, seguiré en activo, aunque el ánimo pida un descanso que considero merecido tras medio siglo de vida universitaria.