martes, 18 de agosto de 2026

Cómicos en guerra, de Pedro Corral


 

A veces dos o más historiadores estudiamos simultáneamente un mismo tema sin ser conscientes de esta circunstancia porque carecemos de vínculos entre nosotros. La sorpresa surge cuando aparecen, en un breve espacio de tiempo, los resultados de esas investigaciones, donde las coincidencias acerca del objetivo resultan notables. Tal vez sea preferible trabajar delimitando un temario específico y siendo conscientes de lo aportado por los colegas que se mueven en los aledaños del mismo, pero si surge la anterior situación solo cabe felicitarse por saber que no estamos solos en el empeño y la posibilidad de contrastar nuestros resultados.

El periodista, historiador y político Pedro Corral acaba de publicar un excelente libro titulado Cómicos en guerra. Historias del mundo de la escena y el cine en la Guerra Civil (Madrid, La esfera de los libros, 2026), donde, entre otros temas de indudable interés, aborda los consejos de guerra de varios de los protagonistas de nuestra tetralogía iniciada con Las armas contra las letras (Sevilla, Renacimiento-UA, 2023). Por sus páginas repletas de información proveniente de fuentes primarias desfilan Joaquín Dicenta, Federico Romero Sarachaga, Germán Bleiberg, César García Iniesta, José Luis Salado, Florentino Hernández Girbal, Eduardo Haro Delage, Julián Zugazagoitia, Cipriano Rivas Cherif, José Carreño España y otros represaliados de las letras que cuentan con capítulos o referencias en la tetralogía.

El libro de Pedro Corral me ha permitido conocer historias como la protagonizada por el actor Valentín Tormo, el popular Don Cicuta de los años setenta, o ver desde una interesante perspectiva el comportamiento del teniente Rodríguez Rapún durante la guerra, sin los imaginativos añadidos que al tema suele aportar la bibliografía acerca de Federico García Lorca. Lo agradezco, como también las referencias a los sumarísimos de urgencia instruidos contra un colectivo tan específico como los payasos de los escenarios del Madrid sitiado. Siempre me había planteado su destino inmediato y ahora lo conozco gracias al riguroso trabajo de Pedro Corral.

La lectura de Cómicos en guerra ha sido especial en lo referente a los capítulos cuyos protagonistas ya habían aparecido en mis libros dedicados a los avatares del mundo de la cultura durante aquellos años. Nuestros enfoques son a veces diferentes y no siempre ponemos el mismo énfasis en determinados hechos o documentos. La circunstancia es habitual entre historiadores que realizan sus trabajos de forma independiente y hasta enriquece, de cara al lector, el contenido de unas historias que nunca son unívocas.

Sin embargo, observo que coincidimos en lo fundamental más allá del rechazo de la violencia que supone una guerra fratricida donde la intolerancia se convierte en una actitud de peligrosas consecuencias. Esta actitud ética, consustancial a un historiador cuya objetividad no pasa por la impasibilidad ante lo analizado, se suma a la voluntad de buscar en lo concreto y particular para «cuestionar o incluso desmontar los tópicos en apariencia más irrefutables» (p. 16).

Este empeño nos lleva a basarnos en fuentes primarias y observarlas con toda su complejidad, que a menudo también supone un importante número de contradicciones hasta llegar a lo paradójico o sorprendente. Nuestra metodología coincide en buena medida y el resultado, más allá de las discrepancias acerca de cómo interpretar algunos datos, también revela una notable coincidencia: la propia de quienes pretendemos basarnos en hechos documentados para articular historias capaces de cuestionar los tópicos o los lugares comunes.

Me alegro de esta coincidencia. También de sumar otra voz para averiguar lo sucedido con los intérpretes, dramaturgos, escritores, periodistas, cantantes y otros sujetos del mundo de la cultura durante aquellos años en los que todo quedó trastocado. El relato de estas historias supone descender a lo concreto para cuestionar lo tópico o las ideas preconcebidas, que desde diferentes perspectivas ideológicas han condicionado nuestro conocimiento de un acontecimiento histórico siempre necesitado de matices para evitar el brochazo.

A la vuelta de las vacaciones me pondré en contacto con Pedro Corral para manifestarle la voluntad de colaborar en lo que sea preciso con el objetivo común de rescatar unas historias particulares que tanto nos enseñan acerca de la Guerra Civil y sus consecuencias. Por lo pronto y en el cuarto volumen, el capítulo dedicado a las relaciones entre los cineastas Rafael Gil y Antonio del Amo contará con lo aportado por Pedro Corral, que con acierto se ha anticipado a mi trabajo ahora en curso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario