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jueves, 18 de septiembre de 2025

Los silencios de José M.ª Alfaro


 José M.ª Alfaro. Fuente: Wikipedia

El comandante Pablo Alfaro Alfaro (1880-1966) presidió el tribunal que condenó a muerte a Miguel Hernández (AGHD, 21001). Con el objeto de redactar una nota biográfica suya para la edición de los sumarios del poeta (Madrid, Ministerio de Defensa-UA, 2022, p. 246), consulté su esquela, publicada el 27 de marzo de 1966 en ABC (p. 138). De los datos incluidos en la misma deduje que el oficial era el padre del poeta falangista José M.ª de Alfaro Polanco (1905-1994), que en numerosos trabajos académicos figura como uno de quienes pretendieron salvar a Miguel Hernández. Incluso así consta en su entrada de Wikipedia.



Detalle de la esquela del comandante, donde se indica que su esposa se llamaba Amalia Polanco y su hijo mayor José María. No incluyo el resto de la esquela porque incluye nombres ajenos a la presencia del comandante en los consejos de guerra.

La deducción ahora parece confirmada a raíz de la consulta del sumario que el 11 de febrero de 1937 le instruyeron las autoridades republicanas por desafecto al régimen (AHN, FC, Causa General, 89, exp. 11). En la documentación procesal figura una declaración de José M.ª Alfaro fechada el 13 de enero de 1937, donde consta como un abogado soltero de treinta años. También como «hijo de Pablo», del que no aparece su condición de militar en la reserva desde los tiempos de las reformas impulsadas por Manuel Azaña, y «de Amalia».

Gracias a ambos datos, es plausible afirmar que quien intervino en la redacción de la letra del himno falangista y fue amigo personal de José Antonio Primo de Rivera también era hijo del comandante Pablo Alfaro Alfaro. Puesto a buscar en compañía de Rafael Sánchez Mazas una hipotética ayuda para evitar la condena a muerte de Miguel Hernández, parece más lógico que el «camisa vieja» la hubiera procurado en el domicilio familiar. No me consta que a lo largo de su brillante trayectoria como periodista, diplomático y escritor explicara esta circunstancia inédita hasta la publicación de Los consejos de guerra de Miguel Hernández.

El citado sumario de 1937, accesible a través de Archivos PARES y de cuya existencia no me consta noticia en la escasa bibliografía sobre José M.ª Alfaro, incluye otros datos dignos de interés. En la declaración, el falangista con el carnet n.º 19 de FE niega cualquier relación con este partido. Las autoridades judiciales le creyeron a pesar de su nombradía en los medios políticos y periodísticos, habiendo sido candidato de los falangistas en las elecciones de febrero de 1936. Además, contó con la ayuda de tres testigos que «espontáneamente» acudieron a avalarle el 3 de febrero de 1937. En la misma mañana y con similares palabras, los tres individuos de oficios humildes declararon que el detenido por los milicianos era un «buen republicano» y admirador de Manuel Azaña. Tal vez por influencia paterna, aunque -ya sin ironía- cabe recordar que el falangista y el republicano coincidieron en la redacción de Cruz y Raya durante 1933. Eran otros tiempos y José M.ª Alfaro, siempre brillante en sus habilidades sociales, mantuvo una buena relación con literatos de izquierdas hasta el inicio de la Guerra Civil.

Gracias a estos avales y una posible ayuda de alguna autoridad judicial, el dirigente falangista salió en libertad a mediados de febrero de 1937. Nadie, en aquellos juzgados republicanos, recordaba que José M.ª Alfaro el 11 de julio de 1934 fue detenido y declaró en el Juzgado de Instrucción n.º 10 de Madrid (AHN, FC-AUDIENCIA_T_MADRID-CRIMINAL, 163, exp. 3). Entonces, a la espera de ser defendido por el propio José Antonio, reconoció ser militante de FE con el previsible orgullo de quien admite una obviedad. También en esta ocasión quedó absuelto junto con otros cuarenta correligionarios detenidos por celebrar una reunión en un local clausurado por las autoridades republicanas.

El análisis de ambos sumarios modifica varios datos repetidos en los estudios dedicados a José M.ª Alfaro. Por ejemplo, la rocambolesca huida que le llevó a la embajada de Chile y su imposible presencia en el frente extremeño durante 1938 citada por Mónica y Pablo Carbajosa en su tesis doctoral a partir de testimonios probablemente orales. El trabajo de ambos hermanos es magnífico, pero anterior a la posibilidad de consultar los sumarios y la publicación de la documentación relacionada con la actividad diplomática de Carlos Morla Lynch.

En la legación chilena el poeta falangista destacó junto a Manuel Valdés Larrañaga por sus actividades al servicio de la Quinta Columna -según reveló un excelente artículo del historiador Carlos Piriz- y firmó un documento de apoyo a Carlos Morla Lynch. El diplomático para evitar poner en peligro a los demás refugiados le retuvo en la embajada, mientras el falangista intentaba negociar con los casadistas el final de la guerra.

Así, muy cerca del amigo de García Lorca, permaneció José M.ª Alfaro en la embajada hasta el 23 de febrero de 1939, cuando «Leoncio Pancorbo» salió clandestinamente con destino a Burgos. Algunas fuentes bibliográficas le atribuyen una participación en la ley de prensa de 1938, pero sus autores debieran leer lo escrito con acierto por Andrés Trapiello para desechar esta actividad de quien acapararía cargos en las publicaciones de la Victoria y en las asociaciones gremiales relacionadas con las mismas.

El autor de la novela Leoncio Pancorbo (1942), cuyo protagonista es un arquetipo del joven falangista que muere en circunstancias heroicas para salvar «la unidad de destino en lo universal», merece un extenso trabajo donde los silencios de los testimonios orales den paso a los documentos conservados. Los mismos, por su parcial contraposición a lo difundido con indudable éxito, permitirán comprender mejor la trayectoria de quien dirigiera Arriba tras entrar las tropas del general Franco en Madrid y terminara colaborando en El País. Esta evolución tan singular, o no, merece un detenido análisis en la línea del reciente libro de Maximiliano Fuentes Codera (Sánchez Mazas, el falangista que nació tres veces, 2025), aunque sin descartar una perspectiva como la de Gregorio Morán en sus análisis de la cultura española de la Transición.


domingo, 3 de noviembre de 2024

El testimonio del coronel Nicolás Benavides Moro y la solidaridad de Memorialistas de Jerez


 Foto: Nicolás Benavides Moro. Fuente: El Adelanto Bañezano, 23-XII-2011

El 8 de agosto de 1959, el vice interventor de la Diputación de Córdoba Antonio Luis Baena Tocón realizó una declaración jurada ante el notario Carlos Pando Muñiz con residencia en Porcuna, distrito notarial de Martos. La misma tenía como probable objeto la reelaboración de la hoja de servicios del citado como oficial del Ejército y reproduce el contenido de distintos documentos aportados por el declarante para justificar lo anotado en dicha hoja.

El documento notarial se encuentra depositado en el expediente personal del funcionario Antonio Luis Baena Tocón en el Archivo General de la Administración, que consta de 162 folios y es de libre acceso para los investigadores desde el 1 de enero de 2024, según lo establecido en el artículo 57.c de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español.

Tal y como puse de manifiesto en una nota publicada en el Repositorio de la Universidad de Alicante (véase la entrada del pasado 17 de octubre), el documento, junto con otros del mismo expediente y una referencia bibliográfica, nos lleva a la conclusión de que el futuro secretario del Juzgado Militar de Prensa permaneció en Madrid durante la Guerra Civil. El hipotético exilio, a falta de evidencias que lo prueben, parece improbable a la luz de las que ya utilicé para la nota catalogada en el RUA:

http://hdl.handle.net/10045/147999

La declaración jurada incluye el testimonio del coronel Nicolás Benavides Moro (1883-1965), que cuando se hizo efectiva ante el citado notario ya era general de brigada, concretamente desde el 29 de abril de 1944 (dbe.rah.es). Mi colega Carlos Piriz, en su artículo «Decanos del humanitarismo y la perfidia. La colaboración de las misiones diplomáticas de Argentina y Chile con la causa franquista durante la Guerra Civil (y después), 1936-1969», publicado en Culture & History Digital Journal, analiza la colaboración de estas embajadas hispanoamericanas con los sublevados. En el marco de la misma, el coronel Nicolás Benavides Moro trabajó para la quinta columna en tareas de información no especificadas.

Dado su interés para probar la tesis del citado artículo de Carlos Piriz, transcribo a continuación el testimonio certificado del coronel:

«Don Nicolás Benavides Moro, coronel de Estado Mayor y director del Servicio Histórico Militar, certifica: que estuvo refugiado durante la pasada guerra en Madrid en el consulado de Chile, en el edificio que esta embajada tenía en la plaza de Salamanca, y que durante bastantes meses (sin que pueda precisar cuántos), vivió en la misma habitación que don Antonio L. Baena Tocón, abogado, el cual mostró siempre el más elevado espíritu y la más grande devoción al Glorioso Movimiento, ofreciéndose siempre al que suscribe (que era el jefe más caracterizado de todos los militares refugiados de dicho edificio y reconocido por todos como jefe superior para caso de que hubiera que realizar alguna acción armada, a cuyo fin se estaba en relación con organizaciones nacionales de Madrid), para cuantas misiones quisiera confiarle, destacándose especialmente esta decidida actitud suya durante la semana llamada ‘comunista’, en la cual existió un grave riesgo para cuantos estábamos retenidos en las embajadas. También mostró gran amor a las cuestiones militares, sobre las que con frecuencia conversaba con el que suscribe, quien dedicó a dicho Sr. Baena un libro sobre la guerra moderna, del que es autor [Supervivencia de Napoleón I en la guerra moderna, 1933] y que el Sr. Baena leyó con la mayor atención y el más grande interés. Y para que conste a los efectos que procedan, expido el presente certificado en Madrid, a veintiocho de noviembre de mil novecientos cuarenta.- Nicolás Benavides -rubricado-. Hay un sello que dice: Estado Mayor del Ejército. Servicio Histórico Militar».

La «semana comunista» del 5 al 12 de marzo de 1939 corresponde a la del golpe de Estado encabezado por el coronel Casado. Así, pues, tanto el joven Baena Tocón como el propio coronel Benavides permanecerían probablemente en la legación diplomática «hasta la Liberación», tal y como figura en sus respectivas hojas de servicios.

Gracias a Carlos Piriz, he podido consultar la hoja de servicios del coronel, depositada en el Archivo General Militar de Segovia, como la del teniente Baena Tocón. Ambas están reconstruidas por una probable pérdida del documento original. De hecho, la primera se rehízo el 9 de abril de 1941. Supongo que a petición del interesado y con la información que el mismo facilitara.

A partir de esa hoja de servicios, el coronel Emilio Montero Herrero -que el 22 de junio de 2014 me facilitó el acceso a la del teniente- redactó la entrada del coronel Benavides en el Diccionario biográfico español de la RAH. En la misma, indica lo siguiente:

«Al comenzar la Guerra Civil española, tomó parte los días 18, 19 y 20 de julio en la sublevación de la Escuela Superior de Guerra contra el gobierno de la República y fue detenido e ingresado en los calabozos de la Dirección General de Seguridad. Una vez puesto en libertad el 28 de agosto, se refugió primero en la embajada de México y después en la de Chile, donde efectuó trabajos de información a favor del Movimiento Nacional. Continuó en esta situación hasta marzo de 1939, en que, liberado Madrid, se presentó en la Comandancia Militar al general jefe del primer cuerpo del Ejército, que le designó jefe de la Censura Militar de Comunicaciones».

Consultada la reconstruida hoja de servicios, cabe añadir que el coronel solo estuvo en los calabozos de la DGS entre el 25 y el 28 de agosto de 1936, siendo esta última fecha la de su ingreso en la legación diplomática de México. Asimismo, el 4 de febrero de 1938, causó baja en el Ejército «por estar clasificado como desafecto al régimen, con pérdida de todos los derechos y ventajas inherentes a su empleo, incluso los pasivos». Por último, una vez terminada la guerra y al igual que el resto de los oficiales que permanecieron en la zona republicana, aunque fuera en calidad de refugiados, el coronel Benavides estuvo sometido a una investigación para descartar que hubiera colaborado con el gobierno republicano. La misma resultó satisfactoria para sus intereses con una resolución fechada el 24 de mayo de 1939. Por lo tanto, cabe matizar la imagen del refugiado que se presenta a los vencedores y los mismos inmediatamente le dan una responsabilidad, cuya denominación debemos precisar: Jefe de la Censura Militar de Prensa y de Comunicaciones, hasta el 3 de mayo de 1939. Es decir, el coronel censuraba la prensa mientras era investigado acerca de su trayectoria en Madrid durante la guerra.

En esta reconstruida hoja de servicios encontramos un dato sorprendente. Si el coronel Benavides participó en el golpe de Estado estando en Madrid y fue detenido, ¿cómo es posible que saliera en libertad tres días después y no fuera procesado? La suerte de los altos oficiales que participaron en los hechos madrileños del golpe de Estado no parece haber sido tan benévola y resulta difícil entender que las autoridades republicanas dejaran en libertad a un coronel partidario de los sublevados. Muchos de estos oficiales fueron encarcelados y fallecieron en las sacas que tuvieron lugar en Madrid hasta finales de 1936.

Las hipótesis quedan abiertas a la espera de la investigación iniciada con la colaboración de los colegas que se han ocupado del golpe de Estado del 18 de julio de 1936, donde -a tenor de las primeras consultas- la participación del coronel Benavides debió ser discreta dada su edad y condición de profesor e historiador con vocación literaria tras haberse doctorado en Derecho (1926). Don Nicolás era un militar tan culto y polifacético como identificado con el franquismo. El resultado de la investigación aparecerá en el tercer tomo de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de los periodistas y escritores, donde incluiré varios perfiles biográficos de quienes actuaron como victimarios. Ahora, justo esta semana, acabo de entregar el original del segundo volumen para su pronta publicación.

PD.: Lo indicado en esta entrada como aportación preliminar de una investigación en curso se publica con el deseo de someterlo a la consideración de otros especialistas que pudieran aportar datos para la ampliación, rectificación o matización de lo escrito.

 xxx

Por otra parte, hoy mismo he recibido un comunicado de apoyo de Memorialistas de Jerez, que se suma al del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Cádiz, el de la Asociación de Historia Contemporánea y el de la Comisión Cívica de Memoria Histórica de Alicante. El próximo 12 de noviembre, la Junta de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante se pronunciará al respecto. Os paso el comunicado y, por supuesto, deseo manifestar mi agradecimiento por esta solidaridad cuyo objetivo es que ningún otro investigador deba pasar por una situación de acoso mediante insultos y difamaciones por realizar, con mejor o peor fortuna, su labor académica:



 


miércoles, 23 de octubre de 2024

La solidaridad de los compañeros de la Universidad de Cádiz y de la Asociación de Historia Contemporánea


Foto: Alberto Ramos Santana

Hace unos días, y a través del joven profesor Carlos Piriz, me llegó una entrada del blog de Alberto Ramos Santana, catedrático emérito de Historia Contemporánea en la Universidad de Cádiz, donde reproducía una nota de solidaridad de los compañeros historiadores de la UCA. El texto de la nota es el siguiente:


La nota ha sido publicada en el Diario de Cádiz (23-X-2024) gracias al trabajo del periodista Jesús Guerrero, según se puede ver en el siguiente enlace:


Ya antes de la vista oral varios compañeros de la UCA se pusieron en contacto conmigo para mostrarme su solidaridad. Ahora, con iniciativas como las de los colegas citados, me siento todavía más respaldado para conseguir el objetivo de que esta situación no vuelva a repetirse con ningún otro investigador universitario, sobre todo con los jóvenes o aquellos que, por su precariedad laboral, no podrían afrontar los cuantiosos gastos que supone una defensa judicial.
Nuestro colectivo no está al margen de la ley ni goza de la impunidad, pero desde 2004 cuenta con una jurisprudencia del Tribunal Constitucional que garantiza nuestra labor siempre que se realice con los mínimos establecidos para cualquier investigación universitaria. En mi declaración del pasado día 14 creo haber demostrado que alcancé de sobra esos mínimos y, de hecho, la fiscalía pidió la desestimación de la demanda, según me informa mi abogado.
Hoy, por otra parte, he mantenido una reunión con la secretaria general de la Universidad de Alicante, y catedrática de Derecho Civil, para examinar la situación actual. Ambos confiamos plenamente en la Justicia y, por lo tanto, creemos que con la futura sentencia y las cuatro ya dictadas habremos dado un paso importante para evitar la repetición de este tipo de demandas contra los historiadores universitarios.
Confiemos, pues, en la acción de la Justicia y, sobre todo, agradezco la solidaridad mostrada por los compañeros de numerosas universidades que se han puesto en contacto conmigo durante estos días. Nuestro único objetivo, y por eso doy como positivo el esfuerzo realizado, es que la situación no se repita para que los investigadores universitarios puedan realizar su labor en un clima de respeto, debate y profundización en la historia de nuestro país.

Pd.: Hoy me ha llegado la noticia de que la Asociación de Historia Contemporánea a través de las redes sociales y de su web se ha adherido al comunicado arriba indicado. Agradezco este nuevo gesto de solidaridad, máxime viniendo de una asociación que agrupa a más de ochocientos investigadores universitarios dedicados a la Historia Contemporánea.