El franquismo ni
olvidaba ni perdonaba. El periodista Victoriano Fernández de Asís, al que
dedicaremos un capítulo en el cuarto volumen dedicado a la represión de «la
gente de pluma», consiguió superar el duro trance de un consejo de guerra,
gracias a la ambigüedad de sus actuaciones en el Madrid sitiado. El gallego
también destacó en la prensa franquista y fue uno de los pioneros de TVE. Ya en
este blog hemos visto hasta qué punto se le puede considerar como un periodista
del régimen, pero esta circunstancia no supuso el olvido de su pasado
republicano y la utilización de sus huellas para cuestionar un presente
aparentemente asentado en el más destacado medio de comunicación, que sería
fundamental para la actividad propagandística durante el tardofranquismo.
El coronel
Francisco Javier Planas de Tovar (1883-1964) tuvo en sus manos un expediente
relacionado con Victoriano Fernández de Asís (CDMH, DNSD, Presidencia, 84,
158), en concreto el número 2927 de una lista que suponemos extensa. El 29 de
noviembre de 1957, la Delegación Nacional de Servicios Documentales elabora un
informe, sin mediar petición o destinatario explícito, a partir de algunos
artículos del periodista publicados en la prensa republicana. Concretamente,
resume los incluidos en Avante, semanario del Hogar del Marino, el 11 de
septiembre de 1937 y en CNT, de Gijón, los días 26 de enero de 1937 y 5
de febrero del mismo año. Las autoridades franquistas nunca olvidaron el pasado
republicano del periodista, cuyo caso fue sobreseído en la Victoria. Veinte
años después, disponían de estas pruebas como posibles acusaciones contra quien
ocupaba una alta responsabilidad en TVE y se podía imaginar controlado sin
necesidad de que los responsables de los servicios de información procedieran
de una forma explícita.
En el mismo
expediente depositado en el CDMH encontramos una nota informativa fechada el 16
de octubre de 1959 sin que conste su autor. El texto prueba que Victoriano
Fernández de Asís contaba con enemigos dentro del régimen capaces de considerar
«nefasta» su actuación como jefe de programación de TVE. La anónima acusación
se extiende a Joaquín Sánchez Cordovés, ingeniero jefe de la cadena, y a César
Alonso García, que desempeñaba por entonces la jefatura de Coordinación en un
organigrama observado con lupa por los servicios de información. El denunciante
habla de «un estado de psicosis colectiva» en una incipiente TVE, donde
cualquiera podía ser destituido, despedido o sancionado. La causa, sin embargo,
era otra. Esas actuaciones, de producirse, procedían de quienes vigilaban todos
y cada uno de los pasos dados en un medio férreamente controlado. Victoriano
Fernández de Asís no era un ingenuo y lo sabría de sobra. Llegada la
democracia, el periodista prefirió callar al respecto porque recordar ciertos
episodios del pasado suponía la impugnación parcial de la trayectoria de quien,
con orgullo incuestionable, presentó la voz del Caudillo para celebrar los XXV
Años de Paz. Una paz relativa en su caso, a la vista de la documentación aquí
exhumada.