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domingo, 25 de octubre de 2026

Nos queda la memoria, José Luis


 José Luis García Sánchez (1941-2026)

El director de cine y buen amigo José Luis García Sánchez ha fallecido hoy a los ochenta y cinco años. La luctuosa ya recorre los medios de comunicación y apenas puedo añadir algún dato significativo acerca de su trayectoria como cineasta, que ha sido tan fructífera como brillante a lo largo de décadas. Al conocer hoy mismo su fallecimiento, hasta cierto punto esperado por su delicado estado de salud desde hace unos pocos años, las películas que jalonaron su carrera nunca quedan relegadas a un segundo plano, pero prevalece el lado humano de un amigo cercano, simpático y solidario.

Allá por el año 2000, cuando era el responsable de contenidos de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, saqué adelante una web dedicada a Rafael Azcona, de cuyo nacimiento en Logroño se cumple este mismo mes el centenario. La tarea me permitió conocer al propio guionista, y pronto el riojano me presentó a varios de sus mejores amigos. Entre ellos, y en un lugar destacado, se encontraba José Luis García Sánchez, a quien ya admiraba como director de algunas películas que me habían hecho disfrutar.

José Luis andaba por unos espléndidos sesenta años y era un hombre vitalista e inquieto, con iniciativas siempre interesantes, aunque a veces no cuajaran. Pronto me acostumbré a recibir sus llamadas para consultas como las derivadas de sus adaptaciones cinematográficas y televisivas de los textos de Valle-Inclán, el autor que tanto admiró, pero también para interesarse por mis libros dedicados al cine español y aportarme contactos que me fueron inestimables para culminarlos.

Todavía recuerdo, con enorme nitidez, algunas de sus visitas a Alicante, como aquella vez en que vino acompañado de Fedra Lorente, La Bombi, para presentar La marcha verde. Mi mayor agradecimiento es para la gente de buen humor que me hace reír y esa tarde estuvo repleta de carcajadas en compañía del equipo de la película. Algo similar sucedió cuando rodó en Alicante su adaptación de los esperpentos valleinclanescos para RTVE. Gracias a su amabilidad y a la de Rafael Azcona, tuve el honor de figurar como asesor académico y, sobre todo, de compartir unas inolvidables sesiones de rodaje de las que tanto aprendí para mis clases dedicadas a la relación entre el teatro y el cine.

José Luis fue siempre un hombre querido por la profesión porque supo ser amigo de sus amigos, como Rafael Azcona y Manuel Vicent, con quienes compartí una inolvidable tertulia que figura entre los momentos más felices y plenos que he vivido. Los encuentros con estos admirados autores no fueron muchos a causa de la distancia, pero todos los guardo en la memoria como un privilegio, que me permitió compartir la sabiduría de quienes nunca parecieron sabios, aunque lo eran.


José Luis García Sánchez, Manuel Vicent y Rafael Azcona

El inexorable paso del tiempo va despoblando el bosque que, durante la juventud o la madurez, todavía era denso. Siempre queda el consuelo de las películas o las obras que nos dejan los amigos. A ellas vuelvo con una insistencia cada vez mayor. Tal vez por el miedo que siempre produce una progresiva soledad en la que los referentes, aquellos que nos orientan cada día, van desapareciendo hasta dejarnos prácticamente solos. La orfandad nunca ha sido llevadera, sobre todo cuando quien la sufre se ha sabido bien acompañado.

A los no creyentes solo nos queda la memoria, a menudo basada en anécdotas mil y una veces recordadas porque forman parte de nuestra identidad más íntima, aquella que apreciamos por encima de tanta fugacidad con apariencia de trascendencia. Rafael y José Luis me regalaron numerosas historias que guardo como un tesoro y cuento en mis clases porque encierran enseñanzas necesarias. También las he trasladado a mis trabajos escritos. De hecho, en las próximas semanas participaré en un homenaje al genial guionista, ahora mismo estoy gestionando la publicación de un libro sobre el cine de José Luis y, supongo, pronto recibiré una llamada de alguno de sus amigos o de su hijo, Víctor, para impulsar alguna iniciativa en recuerdo de José Luis García Sánchez, que nos ha dejado para compartir ese espacio de la memoria junto con Rafael y tanta gente de la cultura más inquieta de las últimas décadas. Mi respuesta, claro está, será positiva, porque si de algo nunca me olvido es de aquellos rostros cuya simple evocación me despierta una sonrisa de agradecimiento. Me han hecho feliz y merecen permanecer en nuestros recuerdos con la voluntad de intentar llevar a la práctica todos los ideales de José Luis, que no fueron pocos y que asumo como propios.