miércoles, 18 de febrero de 2026

Principios constitutivos de la comedia. H.ª del teatro del Siglo de Oro (12)


 La dama boba

Según el hispanista Alexander A. Parker, la comedia -entiéndase el término como sinónimo de obra teatral- del Siglo de Oro es una estructura gobernada por cinco principios, que, aunque no siempre se cumplen de manera mecánica, debemos recordar para cualquier análisis de las obras estudiadas durante el curso.

El primer principio es la primacía de la acción dramática sobre el desarrollo de los personajes. A pesar de que hay excepciones sobresalientes, algunas de las cuales veremos a lo largo del curso, el teatro del Siglo de Oro no suele destacar por la profundidad, complejidad o novedad en la caracterización de los personajes, que tienden a ser repetitivos en lo fundamental hasta el punto de ajustarse a unos tipos (el galán, la dama, el gracioso…) reiterados a lo largo de numerosas comedias.

No se trata de una carencia de los poetas dramáticos, sino más bien de la voluntad o necesidad de ajustarse a unos moldes interpretativos estrechamente vinculados con la especialización de los intérpretes en el marco de las compañías.

En ese sentido, cabe recordar las condiciones en que se realizaban los ensayos, siempre escasos por la necesidad de renovar constantemente la cartelera. Un poeta dramático podía aportar profundidad a la caracterización de un personaje, pero el actor o la actriz que lo debía encarnar apenas disponía de tiempo y condiciones para dar cuenta de esa misma profundidad. De ahí que se tendiera a una tipificación, que facilitaba el trabajo de las compañías y hasta la comprensión de la acción dramática por parte del público.

Sin embargo, en las obras más destacadas, como son las seis que analizaremos a lo largo del curso, veremos notables excepciones. Un ejemplo es Finea, cuya evolución desde la risible ingenuidad hasta la madurez respetable como mujer está jalonada por su experiencia en el amor, que le aporta la sabiduría necesaria para desenvolverse en las lides amorosas hasta alcanzar sus objetivos mediante estratagemas que sorprenden por su agudeza.

Al igual que ocurre con su hermana, Nise, la caracterización de Finea ni es pobre ni resulta estática como sería la de un tipo. El principio establecido por Alexander Parker, siendo cierto en términos generales, se puede aplicar preferentemente a los personajes secundarios de las obras que analizaremos o a la mayoría de las que no alcanzaron estas cotas de calidad.



La dama boba

El segundo principio establecido por Alexander Parker es la primacía del tema sobre la acción. Para evitar errores, a la hora de realizar un análisis crítico conviene distinguir entre acción y tema. La primera nos remite al conjunto de lo sucedido y articulado mediante escenas en el argumento de la comedia; es decir, todo aquello que de forma explícita sucede en el escenario durante el desarrollo de la representación. El tema, un concepto más abstracto, es lo deducible como marco teórico a partir de lo representado, de la acción dramática. Aquello que, en definitiva, enmarca, cohesiona y da sentido al conjunto de peripecias o incidentes que tienen lugar en el escenario.

Si nos centramos en La dama boba como primera obra a estudiar, observamos no solo un prolijo conjunto de peripecias o incidentes, destinados a entretener y sorprender al público, sino también que el mismo permite acciones paralelas como son las encarnadas por las hermanas y las criadas en torno al amor con sus respectivos galanes. En el caso de que por encima de este conjunto con numerosos protagonistas no hubiera un tema capaz de darle un sentido unificador, la comedia habría caído en un probable caos.

Las aventuras, los engaños, los momentos cómicos, las seducciones, las estratagemas para alcanzar un objetivo matrimonial o económico… todo, absolutamente todo, aparece como manifestación de un tema unificador que aporta sentido a la comedia. En este caso, se trata del amor y, más en concreto por el papel de las protagonistas, de su capacidad para aportar una equilibrada madurez a quienes, al principio de la comedia de Lope de Vega, permanecían en extremos tan abiertamente contrapuestos como negativos al tiempo que caricaturizados para facilitar la crítica (Nise y Finea).

La primacía del tema sobre la acción también la encontramos en las obras adaptadas por Kenneth Branagh y Pilar Miró. En el primer caso, todo lo representado con acciones paralelas y numerosos personajes se engloba en un tema: la celebración casi entusiasta del amor, capaz de unir a quienes aparentan odiarse y de imponerse a la maldad de quien siente rencor o envidia. De ahí el desenlace con las consiguientes bodas como plasmación de ese poder del amor y la correspondiente celebración con un baile colectivo en la escena final.

Aunque la acción dramática sea muy distinta en El perro del hortelano, la obra guarda relación con Mucho ruido y pocas nueces porque el tema de ambas es similar. Los argumentos difieren, pero no los temas. En la de Lope de Vega el amor vuelve a imponer su poder por encima de las diferencias sociales que separan al secretario de la condesa. La acción, intricada como corresponde a una comedia de la época, se entiende como una ejemplificación de ese tema en torno al amor convertido en agente todopoderoso que, al final, también es celebrado con un baile colectivo tras las correspondientes bodas.



La dama boba

El tercer principio establecido por Alexander Parker es la unidad dramática en el tema y no en la acción. El poeta, en su búsqueda del delectare, puede introducir acciones paralelas o secundarias que enriquezcan lo visto sobre el escenario, pero todas ellas deben responder a un mismo tema que aporta unidad dramática y sustenta el docere.

El principio se observa con nitidez en las comedias que giran en torno al amor. Rara vez hay una única relación amorosa. Junto con el galán y la dama, también se enamora otra pareja del mismo estamento social (acción paralela) o los criados (acción secundaria que facilita la introducción del elemento cómico). Así el poeta dramático juega con la contraposición de esas relaciones para aportar a la comedia variedad y dinamismo, dos rasgos fundamentales del teatro del Siglo de Oro. Al final, todo queda unificado no por la acción, que puede multiplicarse o diversificarse, sino por el tema.

Las tres comedias vistas hasta el presente ejemplifican este tercer principio. En ellas observamos distintas relaciones amorosas que se desarrollan simultáneamente hasta el punto de que la acción dramática queda dispersa, pero el riesgo para la correcta comprensión por parte del público se evita mediante la unidad que aporta el tema.

Así lo observamos, especialmente, en el desenlace de las tres comedias, cuando toda la acción dramática confluye en la celebración del amor como motor de la superación humana (La dama boba), antídoto para combatir la maldad o las diferencias (Mucho ruido y pocas nueces) o sentimiento que se impone a cualquier separación social, aunque sea gracias al ingenio y el engaño como ocurre en El perro del hortelano.



El perro del hortelano

El cuarto principio establecido por Alexander Parker es la subordinación del tema a un propósito moral a través de la justicia poética, que no está ejemplificada exclusivamente por la muerte o el castigo del malvado por su condición de personaje transgresor del decoro. También por una caracterización negativa a lo largo de toda la comedia, aunque, de hecho, en las del Siglo de Oro, siempre que un personaje transgrede ese decoro por un comportamiento inadecuado para su condición, como sucede en los casos del comendador de Fuenteovejuna o el capitán de El alcalde de Zalamea, recibe un castigo que le aboca a la muerte.

La justicia poética es un principio literario que forma parte de la ficción, pero sin un correlato en la experiencia o realidad, sea social o histórica. Resulta obvio que en la vida real de cualquier período los malvados o los transgresores del decoro -cuya concreción es histórica con un sesgo ideológico y, por lo tanto, variable- pueden salir victoriosos, mientras que los virtuosos por cumplidores del decoro sufren todo tipo de adversidades. Si el teatro del Siglo de Oro hubiera tenido una voluntad realista habría incluido ejemplos de este tipo, pero prevaleció el propósito moral de aleccionar al público sobre cualquier tema.

En el ámbito creativo del Siglo de Oro, y con el objetivo de alcanzar un propósito moral que legitimara las representaciones teatrales al tiempo que las convirtiera en obras divulgadoras del pensamiento monárquico de la época, se partió de la necesidad de que el crimen o la maldad no quedaran impunes ni la virtud sin premio.

Esta justicia poética guarda una evidente relación con la proyección ideológica de la comedia del Siglo de Oro y su presencia será una constante en obras como Fuenteovejuna, El alcalde de Zalamea o El caballero de Olmedo. En las tres encontramos, tras las sentencias dictadas o aceptadas por el monarca, ajusticiamientos de los malvados capaces de transgredir gravemente el principio de decoro mediante la violencia o los abusos para satisfacer deseos ilegítimos.



Mucho ruido y pocas nueces

El quinto y último principio que establece Alexander Parker es la elucidación del propósito moral por medio de la causalidad dramática. Si el tema de la comedia se subordina al propósito moral y, a su vez, la acción dramática se subordina al tema, nos encontramos que el norte creativo que debe seguir el poeta dramático está marcado por el propósito moral que intenta transmitir al público. De ahí que todo lo escenificado se entienda, a la postre, como una causalidad dramática para elucidar o explicar un propósito moral de forma comprensible (docere) y agradable para el público (delectare).

Este principio opera en las seis obras seleccionadas para el curso, pero de manera más significativa en Fuenteovejuna, El alcalde de Zalamea y El caballero de Olmedo. Por lo tanto, lo comentaremos con más detenimiento en las respectivas clases prácticas.

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