domingo, 28 de mayo de 2023
La hija de Drácula (1936) en el Madrid sitiado
miércoles, 24 de mayo de 2023
I vitelloni (1953), de Federico Fellini
http://hdl.handle.net/10045/134598
domingo, 21 de mayo de 2023
Exposición Miguel Hernández, el poeta necesario
http://hdl.handle.net/10045/134541
Exposición Miguel Hernández, poeta necesario (catálogo)
Ya ha sido publicado el catálogo de la exposición "Miguel Hernández, poeta necesario", organizada por el Ayuntamiento de Valencia, donde he tenido la oportunidad de participar con un capítulo dedicado a los consejos de guerra del poeta oriolano. El vídeo facilitado por José M.ª Azkárraga, comisario de la exposición, nos permite hojear una edición cuidada con esmero por los organizadores y digna de la memoria de Miguel Hernández. El texto de mi contribución también será accesible a través del catálogo del Repositorio de la Universidad de Alicante, donde ya podemos encontrar los siguientes sobre el mismo tema:
http://hdl.handle.net/10045/121546
http://hdl.handle.net/10045/52995
sábado, 20 de mayo de 2023
Los consejos de guerra de periodistas y escritores (1939-1945)
En esta segunda fase de la investigación los sumarios localizados en el Archivo General e Histórico de Defensa que van a ser objeto de análisis son, en principio, los protagonizados por Carlos Rivera, Manuel Garrido García, César García Iniesta, Antonio Uriel Alonso, Eduardo de Castro Escandell, Antonio Barbero Núñez, Andrés Cabanillas Blanco, Antonio Pugués Guitart, Joaquín Dicenta Alonso, Luis Blanco Soria, Francisco Burgos Lecea, Amalia Carvia Bernal, Rosario del Olmo Almenta, Domingo Martínez Hermenegildo, Germán Bleiberg Cottlieb, Pascual Plá y Beltrán, Antonio Agraz Gutiérrez, Luis Hernández Alonso, Leopoldo Bejarano Lozano, Santiago de la Cruz Touchard, Mariano Espinosa Pascual, Antonio Fernández Lepina, Ricardo Flores Mora, Ramiro Gómez Zurro, Mateo Hernández Barroso, Enrique Paradas del Cerro, Salvador Prieto y Vicente Ramón Esteban.
Varios de los citados fueron sumarios instruidos en el Juzgado Militar de Prensa. Su análisis, por lo tanto, permitirá completar la información acerca de las actividades represivas ejercidas por sus responsables durante el período indicado.
Y, lo más importante, el trabajo de investigación permitirá sacar del olvido a quienes por ser periodistas o escritores republicanos sufrieron la represión durante la posguerra, tal y como ya se hizo en Nos vemos en Chicote (2015), Los consejos de guerra de Miguel Hernández (2022) y en el primer volumen de Las armas contra las letras, actualmente en fase de publicación por parte de la editorial Renacimiento y Publicaciones de la Universidad de Alicante. El trabajo es complejo y arduo, pero merece la pena afrontarlo para culminar con el mismo mi trayectoria como investigador universitario.
miércoles, 17 de mayo de 2023
Una entrevista en La Gatera sobre García de la Huerta
domingo, 14 de mayo de 2023
Rosario del Olmo y Lenin
EL
DOLOR ROJO
(Del
concurso de crónica de La Libertad)
La
Libertad, 15-11-1931
A lo largo de algunas
vidas ejemplares fluye el dolor sin interrupciones como una corriente paralela.
Ninguna circunstancia, favorable o adversa, desviará su cauce; ningún poder
cegará su curso. Es el compañero invariable que comparte todas las jornadas y
fecunda todos los caminos con sus aguas amargas.
Así en la vida de Lenin.
El dolor es su escolta permanente, en la lucha como en el triunfo. Unido a la
revolución por vínculos de sangre, no dejaría perderse la trágica experiencia
que dejaba herida para siempre el alma de su madre y la suya propia, con la
pérdida de aquel hermano generoso que, por amor a las libertades del pueblo,
entregó su vida a las crueldades del zar. Y aficionado a obtener conclusiones
definitivas que le permitiesen operar con garantías de éxito en la empresa a
que dedicaba todas sus horas, archivó en su cerebro aquella sensación, dos
veces dolorosa, que él utilizaría después científicamente.
Entregado por completo a
la causa, no se reservó para sí ni las conmociones de su espíritu. Eran una
enseñanza y se le debían a aquella parte de la humanidad que tan caras pagaba
sus pobres rebeldías.
Sobrio y ardiente,
manejaba su inteligencia como el más formidable de los explosivos, seguro de
que en la ocasión precisa los oprimidos de la tierra secundarían su obra. No le
arredraron las dificultades, consideradas insuperables y destruidas, al fin,
por su labor tenaz. La certidumbre de arrastrar a las masas no dejaba lugar a
ninguna duda; solo la inquietud de acertar a interpretar «la hora» le hostigaba
a veces. Y sucedió como estaba previsto. El trabajo paciente del ruso,
desvelado en la noche letárgica del pueblo, dio su fruto rojo.
Comenzaba el triunfo de
la idea recta y clara de Vladimiro Illich y, sin entregarse a la embriaguez del
éxito, sobrio y ardiente, decretó la violencia.
Sin entregarse a la
embriaguez del éxito. Nada más opuesto a la explosión jubilosa del oprimido que
se sacude el yugo y se emborracha de ferocidad que este hombre dócil a su
inteligencia, sordo a su corazón, que operaba fríamente sobre el llagado cuerpo
social, extirpando, inalterable, cuanto pudiese constituir un foco que
reprodujese la enfermedad cuyo tratamiento le estaba encomendado. Sabía que el
peor enemigo de su obra era la piedad y se negó a sí mismo la menor concesión.
Amaba la inteligencia y
deseaba el concurso de los inteligentes; pero si ellos, más sensibles, se
apartaban estremecidos de su higiene cruel, los miraba alejarse en silencio,
sin separar su mano de la operación eliminatoria.
Si alguna vez le hirió a
traición un sentimiento desmandado, pronto su voluntad de hierro lo enfrenaba
enérgicamente; si en la muralla alzada ante su corazón la belleza creada por
los hombres abría un portillo, sigilosa, Lenin, firme y estoico, cegaba la
brecha con sus manos. Huyó de la música porque ahondaba demasiado en él; amaba
a los niños, y por legarles íntegro y consolidado el nuevo régimen social, se
apartaba de ellos serenamente.
La conciencia inflexible
del comunista no transigía con ninguna misericordia. Salvar al comunismo de las
amenazas de la reacción -porque se puede ser liberal hacia adelante siempre,
nunca regresando hacia fórmulas bárbaras y fuera de combate irremisiblemente-,
salvarlo para el futuro, costaba caro. Y él pagó el precio de su alma.
La aureola roja de Lenin
no se debe a un torvo fanatismo sectario. La proyectaba sobre su cabeza el
resplandor del fuego contenido en las entrañas de la humanidad.
Para que el porvenir
acogiese la risa alegre de las generaciones nuevas, fulminó sentencias que eran
prevenciones más que represalias.
Los gobernantes sensibles
que liman las revoluciones con el esmeril de la compasión no conocen el bárbaro
dolor de este hombre rudo y fino, tan penetrado del sentido humano de su obra,
tan seguro de la necesidad que el pueblo ingenuo y potente que salía de sus
manos tenía de su fortaleza, que no vaciló en sacrificarle lo mejor de la vida:
el propio corazón, voluntariamente olvidado hasta el momento mismo en que cesó
de latir.