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miércoles, 18 de septiembre de 2024

La relativa urgencia de los sumarísimos de urgencia


 Rosario del Olmo junto con Antonio Machado

El Decreto 79 del general Miguel Cabanellas fue publicado en el Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional del 4 de septiembre de 1936. En su preámbulo, leemos que «se hace necesaria en los actuales momentos, para mayor eficiencia del movimiento militar y ciudadano, que la norma en las actuaciones judiciales castrenses sea la rapidez».

Como consecuencia de esa rapidez, en el artículo 1 se establece que «todas las causas de que conozcan las jurisdicciones de guerra se instruirán por los trámites del juicio sumarísimo que se establecen en el título XIX, tratado tercero, del Código de Justicia Militar».

El Decreto 55, publicado en el número 22 del Boletín Oficial del Estado correspondiente al 5 de noviembre de 1936, y también en su preámbulo, recalca que las actuaciones sujetas a los sumarísimos deberán estar caracterizadas por la rapidez y la ejemplaridad. De esta última, por desgracia, no hay duda alguna y conocemos sus consecuencias dramáticas, pero de la primera cabe dudar.

El archivero Diego Castro Campano, en un artículo de 2010 ya citado en anteriores entradas, acude a las fuentes legales y con acierto establece que el procedimiento sumarísimo «es un proceso judicial en el que las distintas partes ordinarias del mismo se acumulan en un solo acto y, generalmente, en un solo momento, de tal suerte que se instruyen, aportan y valoran las pruebas, juzga, condena y se ejecuta la sentencia en un plazo brevísimo, incluso solo de horas» (p. 11).

La teoría es la expuesta arriba, pero la práctica analizada por los historiadores evidencia una realidad bien distinta. En mis libros dedicados a estos procedimientos en relación con los periodistas y escritores nunca he visto uno que se resolviera en un solo acto y, desde luego, la duración de los mismos excede en mucho a esas horas indicadas en el texto citado.

Los más rápidos se desarrollan en un plazo inferior a los seis meses, la mayoría oscilan entre el medio año y el año y algunos, pocos, se prolongan más allá de estos períodos. La razón es fácilmente deducible: la masificación, que también impidió otro de los supuestos objetivos, que era emplear el menor número posible de oficiales del Ejército en estos menesteres.

Como ejemplo que desmiente la supuesta urgencia de estos procedimientos podemos consultar el sumario 52355 del AGHD instruido contra la periodista Rosario del Olmo Almenta. El análisis de este caso aparecerá en el segundo volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores.

La orden del auditor para instruir el sumarísimo de urgencia 52355 fue dictada el 27 de octubre de 1939. Por razones que desconozco, la recibieron dos jueces instructores: Manuel Martínez Gargallo y José Arroyo Aparicio. El primero de ellos da cuenta de la recepción de la orden el 15 de noviembre de 1939 y dicta el correspondiente auto resumen el 8 de abril de 1940. El segundo de los citados, cuyo documento de recepción no consta, dictó un segundo auto resumen el 7 de septiembre de 1940.

Por lo tanto, y a pesar de una nueva coexistencia de dos instrucciones para un mismo caso, en septiembre de 1940 ya estaba todo listo para elevarlo a la vista previa y a la fase del plenario del consejo de guerra. Sin embargo, la sentencia a doce años de cárcel no fue dictada hasta el 24 de mayo de 1941. Es decir, casi dos años después de que la periodista que entrevistara a Antonio Machado fuera detenida en Madrid.

Al margen del caos burocrático tan presente en estos sumarísimos de urgencia, también cabe pensar en alguna mano benefactora que dejara dormir lo instruido. La razón es fácil de entender. Si Rosario del Olmo Almenta hubiera sido sentenciada en septiembre de 1940 le habrían caído treinta años. En mayo de 1941, y por los mismos hechos, la sentencia quedó reducida a doce años, una circunstancia que garantizaba una temprana puesta en libertad.

Las primeras sentencias fueron «ejemplares». Una vez satisfecha la necesidad de ejemplos para provocar la parálisis de la oposición política, las siguientes se suavizaron relativamente. Eso sí, lo de la urgencia de un solo acto es un objetivo que solo cabe asumir como un presupuesto teórico o normativo. La realidad histórica que podemos documentar iba por otros derroteros.

Y, además, gracias a la supuesta urgencia de estos procedimientos, se eliminaba la presencia del defensor durante la instrucción del sumario y el procesado carecía de cualquier información sobre la marcha de la misma. Esa era la verdadera «urgencia» para buscar la «ejemplaridad».


martes, 19 de septiembre de 2023

Rosario del Olmo, miliciana libertaria y censora de prensa


 

La periodista Rosario del Olmo ha quedado asociada al comunismo en las escasas referencias críticas sobre su trayectoria. Con una valentía sorprendente, es cierto que en las declaraciones realizadas durante la instrucción de su consejo de guerra reconoce sus simpatías por el Partido Comunista de España, aunque no fuera militante del mismo. La documentación conservada en el Centro Documental de la Memoria Histórica, de Salamanca, indican que la supuesta comunista en realidad fue una miliciana libertaria. Rosario del Olmo ingresó en las Milicias Confederales de CNT-FAI-AIT el 19 de octubre de 1936 a los veintisiete años y viviendo en la calle Fernando VI, n.º 19. Su ingreso se produjo como miembro del sindicato de Industrias Gráficas, sección de periodistas. El sueldo era de diez pesetas diarias, se han conservado las nóminas para comprobarlo, y fue baja total de la columna Españas libres el 1 de enero de 1937 por orden de la comandancia.

El nombramiento de Rosario del Olmo como censora de prensa por parte del delegado de Propaganda y Prensa de la Junta Delegada de Defensa de Madrid tuvo lugar el 6 de diciembre de 1936. A partir de los testimonios de Arturo Barea o los estudios de Paul Preston, parece que actuó como censora poco menos que en solitario. La realidad documentada en el CDMH es que la periodista formó parte de una comisión de censura formada por otros colegas y dirigida por César García Iniesta y José Pastor Willians. En la misma y realizando labores similares a las de Rosario del Olmo se encuentran, según la relación conservada en Salamanca, Francisco Escola Besada, Manuel Álvarez Portal, Miguel Ángel Sánchez Salcedo, Pío Marcos Cuadrado, Isidoro García Ortega, Luis Vallejo Sánchez, Enrique Capdevila Pérez, Eugenio Rosado Rivas y Ángel Abanades Gómez, aparte de dos censores militares y el personal auxiliar.

Consultados los catálogos de procesos depositados en el AGHD, comprobamos que de esa lista al menos fueron encartados por los militares franquistas César García Iniesta, Francisco Escola Besada, Pío Marcos Cuadrado, Isidoro García Ortega, Enrique Capdevila Pérez, Eugenio Rosado Rivas, además de la propia Rosario del Olmo. El análisis de estos sumarios nos permitirá avanzar en el estudio de la censura de prensa durante el mandato republicano, que a menudo se circunscribe a lo relatado por Arturo Barea en sus imprescindibles memorias y a las publicadas por varios corresponsales de guerra tras su vuelta a los respectivos países. La tarea queda pendiente para el segundo volumen, o la edición ampliada, de Las armas contra las letras. Los consejos de guerra de periodistas y escritores, 1939-1945 (Sevilla, Renacimiento-Publicaciones de la Universidad de Alicante, en prensa).

jueves, 7 de septiembre de 2023

El consejo de guerra de la periodista Rosario del Olmo


La periodista y escritora Rosario del Olmo Almenta ya cuenta con algunos estudios académicos, pero el sumario de su consejo de guerra (AGHD, 52355) estaba pendiente de un detenido análisis, cuyo resultado provisional y a modo de borrador ahora se puede consultar en el siguiente enlace al catálogo del Repositorio de la Universidad de Alicante:



Rosario del Olmo fue detenida en Madrid el 17 de junio de 1939 y su primera declaración en un juzgado militar tiene lugar el 21 de julio, cuando permanecía presa en la cárcel de Las Ventas. Su caso fue instruido por el Juzgado Militar de Prensa, cuyo titular dictó el correspondiente auto resumen el 8 de abril de 1940: «Persona de destacada filiación comunista, colaboró activamente desde un puesto de la Sección de Propaganda del Ministerio de Estado en la campaña a base de noticias falsas y tendenciosas que desató el titulado gobierno rojo contra la España Nacional y en la que se injuriaba tenaz y constantemente los ideales que ésta representaba, propaganda que contribuyó en alto grado a sostener el espíritu de resistencia armada contra la misma».
El 4 de mayo de 1941 le leyeron los cargos a Rosario del Olmo y veinte días después tuvo lugar el correspondiente consejo de guerra. El fiscal pidió treinta años de reclusión, pero el tribunal presidido por el coronel Navajas García fue más benévolo y la condenó a doce años de prisión, lo cual supondría una pronta excarcelación en libertad provisional. La fecha de esta última no consta en el sumario 52355, pero podemos suponerla cercana a la de la sentencia, al menos por analogía con otros sumarios analizados en Nos vemos en Chicote (Sevilla, Renacimiento-Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2015) y Las armas contra las letras. Los consejos de guerra de periodistas y escritores, 1939-1945 (Sevilla, Renacimiento-Publicaciones de la Universidad de Alicante, en prensa).
La instrucción del juez Manuel Martínez Gargallo y su secretario fue incompleta y, por orden del auditor, pasó al Juzgado Permanente n.º 18 para ser debidamente completada hasta el auto resumen del 7 de septiembre de 1940, que en realidad no aporta novedades con respecto al citado. Al margen de estas cuestiones jurídicas, y de un probable deseo de dilatar el proceso para dar tiempo a una condena menos severa, la instrucción del juez que había sido un humorista incluye la pregunta más insólita que he encontrado hasta ahora. En la declaración indagatoria del 20 de diciembre de 1939, el también capitán -o su secretario, que a veces era el encargado de realizar estos interrogatorios- le pregunta a la detenida por la fecha desde la cual se teñía el pelo. La justificación procesal de la pregunta es una incógnita.
Por otra parte, ya tenemos constancia de que Rosario del Olmo no fue la única condenada de su familia. Sus hermanos Enrique y María Ángeles corrieron la misma suerte durante la posguerra. Sus sumarios están localizados en el AGHD y las copias de los mismos solicitadas para incluir esta saga familiar en la edición ampliada de Las armas contra las letras o en un segundo volumen de la misma.

domingo, 14 de mayo de 2023

Rosario del Olmo y Lenin


Andrés Trapiello dedica un párrafo a Rosario del Olmo y su retrato junto a Antonio Machado en Madrid (2020): «En la foto original se le veía al lado de la periodista que le hacía la entrevista, pero como la periodista, la verdad, no era una joven vistosa, el fotógrafo metió la tijera y la suprimió para siempre. Ella se llamaba Rosario del Olmo y pasó tres años en la cárcel después de la guerra por sus actividades como jefa de la censura de la prensa extranjera y colaboradora de periódicos comunistas. Cuando intentó uno averiguar algo más de su vida (murió en 2000), ya era tarde. Nadie se acuerda ya de ella. Todo se olvida. Bueno, no; aquí sigue Rosario del Olmo» (pp. 114-5).
Los apuntes rápidos para trazar una trayectoria suelen ser imprecisos. La entrevistadora no se presentó a Antonio Machado como periodista, sino como actriz que -junto a su hermana- había participado en el reparto de La duquesa de Benamejí (1933), de los hermanos Machado. Esta circunstancia permitió que conociera al poeta y que el mismo accediera a ser entrevistado favoreciendo así las aspiraciones de Rosario del Olmo, que no pretendía ser periodista, sino escritora. Prueba de ello son algunos relatos publicados en la prensa republicana y no siempre, claro está, en periódicos de orientación comunista, que eran una rareza en el panorama editorial anterior a la Guerra Civil.
Andrés Trapiello no suele citar los trabajos académicos, aunque a veces los utilice. Sus razones tendrá. Tampoco es cierto que nadie se acuerde de Rosario del Olmo. En 2017, tres años antes de su libro, ya apareció un artículo firmado por Irene Mendoza Martín donde trazaba un documentado perfil de la trayectoria de la madrileña. Gracias al mismo, y a su continuación en otro trabajo publicado en 2021, he podido leer varios textos de Rosario del Olmo publicados en la prensa madrileña anterior a la Guerra Civil. La evolución que siguió es notable, pues la joven pasó de lo más inocuo ideológicamente hablando a escribir un panegírico sobre Lenin poco después. El problema es que lo redactó de oídas y, a diferencia de quienes por entonces cambiaron los usos de la prensa a base de «suelas gastadas» para abordar lo inmediato y concreto, se limitó a recrear un retrato del líder revolucionario que también podría ser el de un santo:

EL DOLOR ROJO

(Del concurso de crónica de La Libertad)

La Libertad, 15-11-1931

A lo largo de algunas vidas ejemplares fluye el dolor sin interrupciones como una corriente paralela. Ninguna circunstancia, favorable o adversa, desviará su cauce; ningún poder cegará su curso. Es el compañero invariable que comparte todas las jornadas y fecunda todos los caminos con sus aguas amargas.

Así en la vida de Lenin. El dolor es su escolta permanente, en la lucha como en el triunfo. Unido a la revolución por vínculos de sangre, no dejaría perderse la trágica experiencia que dejaba herida para siempre el alma de su madre y la suya propia, con la pérdida de aquel hermano generoso que, por amor a las libertades del pueblo, entregó su vida a las crueldades del zar. Y aficionado a obtener conclusiones definitivas que le permitiesen operar con garantías de éxito en la empresa a que dedicaba todas sus horas, archivó en su cerebro aquella sensación, dos veces dolorosa, que él utilizaría después científicamente.

Entregado por completo a la causa, no se reservó para sí ni las conmociones de su espíritu. Eran una enseñanza y se le debían a aquella parte de la humanidad que tan caras pagaba sus pobres rebeldías.

Sobrio y ardiente, manejaba su inteligencia como el más formidable de los explosivos, seguro de que en la ocasión precisa los oprimidos de la tierra secundarían su obra. No le arredraron las dificultades, consideradas insuperables y destruidas, al fin, por su labor tenaz. La certidumbre de arrastrar a las masas no dejaba lugar a ninguna duda; solo la inquietud de acertar a interpretar «la hora» le hostigaba a veces. Y sucedió como estaba previsto. El trabajo paciente del ruso, desvelado en la noche letárgica del pueblo, dio su fruto rojo.

Comenzaba el triunfo de la idea recta y clara de Vladimiro Illich y, sin entregarse a la embriaguez del éxito, sobrio y ardiente, decretó la violencia.

Sin entregarse a la embriaguez del éxito. Nada más opuesto a la explosión jubilosa del oprimido que se sacude el yugo y se emborracha de ferocidad que este hombre dócil a su inteligencia, sordo a su corazón, que operaba fríamente sobre el llagado cuerpo social, extirpando, inalterable, cuanto pudiese constituir un foco que reprodujese la enfermedad cuyo tratamiento le estaba encomendado. Sabía que el peor enemigo de su obra era la piedad y se negó a sí mismo la menor concesión.

Amaba la inteligencia y deseaba el concurso de los inteligentes; pero si ellos, más sensibles, se apartaban estremecidos de su higiene cruel, los miraba alejarse en silencio, sin separar su mano de la operación eliminatoria.

Si alguna vez le hirió a traición un sentimiento desmandado, pronto su voluntad de hierro lo enfrenaba enérgicamente; si en la muralla alzada ante su corazón la belleza creada por los hombres abría un portillo, sigilosa, Lenin, firme y estoico, cegaba la brecha con sus manos. Huyó de la música porque ahondaba demasiado en él; amaba a los niños, y por legarles íntegro y consolidado el nuevo régimen social, se apartaba de ellos serenamente.

La conciencia inflexible del comunista no transigía con ninguna misericordia. Salvar al comunismo de las amenazas de la reacción -porque se puede ser liberal hacia adelante siempre, nunca regresando hacia fórmulas bárbaras y fuera de combate irremisiblemente-, salvarlo para el futuro, costaba caro. Y él pagó el precio de su alma.

La aureola roja de Lenin no se debe a un torvo fanatismo sectario. La proyectaba sobre su cabeza el resplandor del fuego contenido en las entrañas de la humanidad.

Para que el porvenir acogiese la risa alegre de las generaciones nuevas, fulminó sentencias que eran prevenciones más que represalias.

Los gobernantes sensibles que liman las revoluciones con el esmeril de la compasión no conocen el bárbaro dolor de este hombre rudo y fino, tan penetrado del sentido humano de su obra, tan seguro de la necesidad que el pueblo ingenuo y potente que salía de sus manos tenía de su fortaleza, que no vaciló en sacrificarle lo mejor de la vida: el propio corazón, voluntariamente olvidado hasta el momento mismo en que cesó de latir.

 

En cualquier caso, seguimos tras las huellas de Rosario del Olmo a la espera de recibir su sumario depositado en el Archivo General e Histórico de Defensa y con la esperanza, gracias a los trámites iniciados, de localizar a sus posibles descendientes.

Notas añadidas:

El Sol, en su edición del 31 de julio de 1936, publica el Manifiesto de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura. Entre sus firmantes se encuentra Rosario del Olmo, en su calidad de periodista, y su hermana María Ángela como actriz.

Una vez consultado el sumario 52.355, sabemos que Rosario del Olmo fue detenida el 17 de junio de 1939 y condenada a doce años el 24 de mayo de 1941. Su caso fue inicialmente instruido por el Juzgado Militar de Prensa y, desde el principio, la republicana reconoció sus simpatías izquierdistas, así como sus actividades en la censura de la prensa, tanto nacional como extranjera, durante la Guerra Civil. Solo la probablemente voluntaria demora en la tramitación del consejo de guerra le permitió esquivar una condena a treinta años o a muerte, que habrían sido inevitables si su consejo de guerra se hubiera celebrado a finales de 1939 o principios de 1940. Más información en Las armas contra las letras. Los consejos de guerra de periodistas y escritores, 1939-1945 (Sevilla, Renacimiento-Publicaciones de la Universidad de Alicante, en prensa), así como en este mismo blog y en el Repositorio de la Universidad de Alicante.

 


lunes, 17 de abril de 2023

Rosario del Olmo y la fotografía manipulada


El 8 de diciembre de 1933, la periodista, actriz y escritora Rosario del Olmo Almenta (1904-2000) entrevistó a  Antonio Machado en el café de Las Salesas, establecimiento frecuentado por intelectuales y escritores de la época. Ambos se conocían desde el estreno de La duquesa de Benamejí (1933), de los hermanos Machado, donde Rosario junto con su hermana María Ángeles formó parte del reparto. El momento de la entrevista fue inmortalizado por el fotógrafo Alfonso Sánchez García para el periódico La Libertad, que publicó la fotografía como ilustración del texto correspondiente el 12 de enero de 1934. 
Todos hemos visto la foto del poeta, pero a menudo con un corte que elimina la imagen de la entrevistadora, aunque permite ver en el espejo la del camarero -se llamaba Braulio- situado a la derecha del entrevistado. Así, con esta manipulación, la foto tantas veces reproducida casi se ha convertido en la imagen oficial de Antonio Machado y aparece en numerosas publicaciones. Rosario del Olmo quedó eliminada y de la periodista, procesada durante la posguerra por su militancia antifascista, poco se ha publicado, salvo un par de artículos de la joven investigadora Irene Mendoza Martín.
El análisis del consejo de guerra de Rosario del Olmo (AGHD, sumario 52355, 2983, 5) es una de mis tareas inmediatas como preámbulo de un trabajo más extenso sobre su trayectoria. Para realizarla, he solicitado la copia de diversos documentos al Centro de Documentación de la Memoria Histórica, que amablemente me ha indicado la existencia de otros que por ignorancia no había solicitado. Como es lógico, he agradecido la advertencia y he subsanado la petición para completarla. 
El trámite es habitual entre los historiadores, pero al cumplimentarlo me doy cuenta de que, involuntariamente, casi hago lo mismo que quienes eliminaron a Rosario del Olmo de la célebre foto de 1933. La solución es llevar a cabo un trabajo lo más completo posible, que realizaré durante los próximos meses para que esta periodista y escritora nunca más sea borrada por falta de conocimiento acerca de su obra. 
Tampoco cabe olvidar a su hermana María Ángela, que fue actriz de teatro en destacadas compañías como la de Margarita Xirgu, y a su hermano Enrique, que fue oficial del ejército republicano. Ambos también fueron procesados en un consejo de guerra (AGHD, Sumario 17647, 2014, 4). Es decir, la familia Del Olmo Almenta sufrió la represión al completo.
Sobre las hermanas Del Olmo Almenta y sus relaciones con los hermanos Machado, véase la excelente entrada del periodista Fernando Orgambides fechada el 13 de febrero de 2013 en su blog. El texto está escrito a partir de lo publicado por ABC el 14 de noviembre de 2020:


Véase asimismo la entrada  del 12 de agosto de 2020 que le dedica Agustina Pérez en su blog Nos queda la palabra:


Mientras vamos realizando nuestras averiguaciones, solicitamos ayuda a través de este blog para localizar a los posibles descendientes de Rosario del Olmo o conocer cualquier información sobre su trayectoria desde la posguerra hasta su fallecimiento en Madrid.

Nota:
Véase la entrada del 8 de septiembre de 2023 sobre el consejo de guerra seguido contra Rosario del Olmo.