sábado, 8 de julio de 2023

La sabiduría de Alberto Romea

La memoria es selectiva, pero no despistada. Al cabo de muchos años viendo películas españolas como espectador e historiador, cuento con un registro de imágenes que perduran en mi recuerdo. La mayoría de ellas están vinculadas con intérpretes que admiro y cuya presencia en los repartos siempre es un motivo de satisfacción. Uno de ellos, y de manera destacada, es Alberto Romea (1882-1959), a quien dediqué capítulos en Lo sainetesco en el cine español y La sonrisa del inútil. Los motivos abundan a la vista de una extensa filmografía donde hay varios títulos fundamentales de la historia del cine español.

Tal vez su trabajo más recordado sea el del noble hidalgo que aparece, como contrapunto de todo un pueblo, en ¡Bienvenido, Mr. Marshall!, de Luis García Berlanga. Al igual que en otras películas de la época, el veterano hijo del insigne Julián Romea interpreta unos papeles de reparto donde con la sobriedad de los maestros combina la dignidad y el ánimo ponderado ante cualquier adversidad, la sabiduría como referente de experiencia en un mundo de crédulos y la bondad como límite para el orgullo. Esta última cualidad, en el caso de la citada película, se evidencia en el desenlace con la solidaria entrega de la espada, un símbolo de su preciado pasado. El destino es la recolecta que permite afrontar los gastos tan inútilmente acometidos por el pueblo. El hidalgo, nunca gregario y siempre lúcido, participa de la desgracia común y no se regodea con la pírrica victoria de quien no se había disfrazado para recibir a «los indios».

No obstante, el papel que mejor recuerdo es el Don Anselmo, el «maestro nacional», en Historias de la radio (1955), una magnífica película del biógrafo cinematográfico del general Franco, José Luis Sáenz de Heredia, que en los citados libros comenté como ejemplo del cambio de sentido con el paso de los años. En 1955, en el momento de máxima hegemonía de la mentalidad franquista, el director rodó una comedia que en la actualidad puede ser interpretada como una involuntaria crítica a las penurias de la cotidianidad durante el franquismo.

Un ejemplo es la historia protagonizada por Don Anselmo, que tiene un alumno enfermo cuya salvación depende de una operación que solo se puede realizar en un país lejano. La modestia de la familia, acorde con la del pueblo, impide afrontar los gastos que tampoco nadie plantea trasladar a la precaria sanidad pública de la época. La solución, rocambolesca como corresponde a la comedia, es presentarse a un concurso radiofónico para obtener la cantidad necesaria que permita realizar la operación.

Don Anselmo, la eminencia del pueblo por su condición de maestro nacional, cede ante la presión popular y accede a viajar hasta Madrid para participar en un concurso donde se pone a prueba la sabiduría de los concursantes con el señuelo de una recompensa económica. El atribulado hombre oculta su condición profesional para no reconocer que juega con ventaja, responde a las más insólitas preguntas con la seguridad de quien dispone de un saber enciclopédico y, llevado por la necesidad de llegar a la cantidad requerida para la operación, afronta una pregunta trampa de los organizadores, que aprecian el valor del anciano concursante, pero no quieren darle una fortuna.

La pregunta es diabólica porque le piden el nombre del artífice de un gol marcado en una final celebrada en 1915. Don Anselmo tiene un vahído, lógico porque todos tememos que el niño se muere ante la imposibilidad de responder correctamente para llevarse el premio, pero se repone, toma un sorbo de agua y, con la dignidad de un jubilado de honrosa carrera, afirma: «Yo, Anselmo Oñate, en 1915 y de penalti». El locutor, maravillado, exclama que el concursante «¡Es Pichirri!». Gracias a semejante casualidad, el niño viaja a Suecia, se opera y sigue vivo en las clases del entrañable maestro nacional.

El problema, vista ahora la película, es sospechar que para garantizar la vida de un niño sea preciso que el maestro del pueblo fuera, en su lejana juventud, nada menos que Pichirri, lógica deformación del histórico Pichichi. Poca confianza cabía tener en el destino, porque la realidad, claro está, no cuenta con un guionista tan ocurrente como José Luis Sáenz de Heredia. Mientras tanto, un Alberto Romea ya jubilado volvió a las pantallas para hacernos soñar con la sabiduría de un maestro nacional. Yo, en mis clases, le cito como ejemplo de la dignidad de un docente, que es compatible con la doble vida de quien también chutara con la precisión de Pichirri.

https://publicaciones.ua.es/libro/la-sonrisa-del-inutil_128106/

viernes, 7 de julio de 2023

Balance de un curso

 


El pasado 27 de marzo, con motivo del Día Mundial del Teatro, el profesorado de la Universidad de Alicante relacionado con este campo de estudio se reunió en el Centro Mario Benedetti para hacer un balance de lo hecho y fijar los próximos objetivos. Mi breve intervención respondió a lo solicitado indicando que estaba trabajando sobre unas obras del grupo Ron La Lá y que, al mismo tiempo, me encontraba a punto de terminar Las armas contra las letras, donde algunos de los protagonistas eran autores teatrales.

Al finalizar el curso, el artículo sobre el citado grupo ha sido aceptado por la revista norteamericana Anales de Literatura Española Contemporánea y saldrá publicado en los próximos meses. Por otra parte, el libro ya ha sido informado positivamente por los especialistas consultados a través del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante y la editorial Renacimiento me ha comunicado su interés por publicarlo. Si todo va bien, y después de muchos meses de trabajo, el libro estará en las librerías antes de finalizar el año.

Los dos objetivos básicos están cumplidos, pero no son los únicos. Como director de Anales de Literatura Española, he publicado dos números durante el curso y, como autor, he entregado cinco artículos o capítulos de libros sobre diferentes temas que irán saliendo a lo largo de los próximos meses. A esta tarea investigadora, hay que añadir la docente, que también comprende la dirección de tesis, trabajos fin de máster y trabajos fin de grado hasta un total de ocho en el presente curso. En definitiva, no me he aburrido, pero también necesito un descanso porque, a los sesenta y cinco años, las fuerzas no sobran. Si sigo enfrascado en la consulta de documentos depositados en los archivos militares solo es porque muchas víctimas de la represión franquista, al menos, merecen un recuerdo que les devuelva algo del protagonismo que les fue negado.

Hasta el inicio del próximo curso, este blog solo publicará entregas del tema que más satisfacción me proporciona: el humor. Mi objetivo era dedicarme al mismo durante mis últimos años como investigador y docente, pero circunstancias al margen de lo académico me han obligado a continuar las investigaciones relacionadas con la represión franquista. Las mismas continuarán en otoño gracias al período sabático concedido por mi universidad, pero por ahora -y dados los calores- creo conveniente dedicarme a lo que más agradezco: la posibilidad de compartir los motivos para la sonrisa.

jueves, 6 de julio de 2023

El bikini, la patraña y la predicación en el desierto


Ayer se celebró el día mundial del bikini. A la vista de la efemérides, es obvio que pronto el orbe conmemorará el descubrimiento del calcetín, que tantos beneficios ha aportado a la humanidad con independencia de clases, géneros, nacionalidades y culturas. La prenda femenina, no obstante, merece un recuerdo singular porque tuvo su importancia histórica en el cambio de mentalidades que se dio a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Y dados los tiempos que corren, con una vuelta a la censura más retrógrada, cualquier avance liberalizador debe ser recordado con especial cariño para mantener su vigencia.
La conmemoración de semejante día en plena canícula parece concebida para rellenar algunas páginas de periódicos o insertar la curiosidad en los informativos. El verano es así, aunque también es cierto que tendemos a que todo el año sea verano, y no solo a causa del calor provocado por el cambio climático. Las lamentaciones en este sentido son casi inútiles. Visto el panorama informativo, queda el consuelo de soñar algún día con unos medios de comunicación más rigurosos en la información facilitada, pero esta quimera pasa por unos lectores capaces de exigir ese rigor. Mal asunto, porque la mentira en forma de patraña siempre resulta más entretenida.
Pedro Zaragoza, alcalde franquista de Benidorm, creó una genial patraña en torno a la legalización de la prenda en las playas de su localidad en plena efervescencia del turismo. La patraña es verdaderamente divertida y merece un recuerdo, pero como tal mentira, que hasta resultó útil para la promoción de la principal, y única, industria de Benidorm.
Yo mismo desmonté la patraña de la legalización del bikini durante el franquismo en De mentiras y franquistas (Sevilla, Renacimiento-Universidad de Alicante, 2020). El libro es accesible, al igual que otros recursos en internet que dan cuenta de sus conclusiones. Sin embargo, cada verano hay periodistas apresurados dispuestos a divulgar la patraña como si fuera una realidad histórica. Ayer mismo, Público, un periódico de izquierdas, volvió a incurrir en el error por la pereza de quienes son incapaces de buscar en Google con un mínimo de paciencia.
En fin, la tarea de los historiadores a menudo consiste en predicar en el desierto, sobre todo cuando los supuestos destinatarios son periodistas con ganas de publicar deprisa y corriendo un artículo mal pagado que pronto quedará en el olvido de lo intranscendente. El problema es que, mientras tanto, hasta en un medio de izquierdas se contribuye a propagar la patraña de un franquista. Así vamos y así nos luce el pelo, en el caso de que lo tuviéramos.

miércoles, 5 de julio de 2023

Las caricaturas de José Robledano (y 3)


El 28 de diciembre de 1937, José Robledano celebró el día de las inocentadas en Claridad anunciando el ahorcamiento de Benito Mussolini, el personaje con más presencia en sus caricaturas. Casi ocho años después la imagen se convirtió en realidad y ha dado la vuelta al mundo como una de las más impactantes de la época. El caricaturista la presintió, aunque solo fuera en una inocentada propia del ambiente violento de la Guerra Civil.


Barcelona también sufrió intensos bombardeos durante la guerra y, desde un Madrid solidario, el 19 de marzo de 1938 José Robledano publica esta caricatura en Claridad, donde subraya que el «trimotor fascista» estaba pilotado por Hitler, Mussolini y un Franco que vuelve a aparecer con su habitual aspecto afeminado gracias, sobre todo, a sus imaginados rizos.


El anticlericalismo de José Robledano dista mucho de ser un rasgo aislado entre los caricaturistas republicanos durante la Guerra Civil, pero en su caso se presenta con una especial contundencia donde no cabe el matiz o la duda. Un ejemplo lo encontramos en esta caricatura de un obispo franquista publicada en Claridad el 20 de febrero de 1937.


La política de no intervención siempre fue considerada como una farsa que perjudicó gravemente a los intereses de la II República y permitió la intervención sin límites de las fuerzas alemanas e italianas. Un nuevo ejemplo lo encontramos en esta caricatura de José Robledano publicada en Claridad el 23 de enero de 1937.


Frente a la denostada política de no intervención practicada por los países occidentales, José Robledano enfatiza el valor de la solidaridad mostrada por la izquierda política y los sindicatos de otros países, al igual que hizo a menudo Claridad en sus editoriales. La caricatura fue publicada el el 19 de diciembre de 1937.

martes, 4 de julio de 2023

Las caricaturas de José Robledano (2)


Las imágenes de la Guerra Civil a menudo rivalizan en el horror que reflejan, pero el mismo aumenta hasta lo insoportable cuando vemos cadáveres de niños a resultas de los bombardeos u otras acciones bélicas. A la altura del 6 de enero de 1937, José Robledano ya sería consciente de esta dramática realidad en un Madrid constantemente bombardeado y en la caricatura de ese día, publicada en Claridad, se acuerda del «miserable Santa Claus nazi». 


La prensa republicana durante el período bélico tiene una orientación más movilizadora y propagandística que verdaderamente informativa. Las consignas, por lo tanto, menudean en los titulares y los editoriales. Las caricaturas se suman a esta labor con el apoyo de unas imágenes tan explícitas como comprensibles por los milicianos o quienes estaban en la retaguardia, que podían ser analfabetos dado el alto porcentaje de analfabetismo de la época. La caricatura de José Robledano publicada en Claridad el 12 de febrero de 1937 aboga de nuevo por la unidad con el objetivo de que prevalezca «la única bandera: Ganar la guerra».


La crítica a la no intervención de los países democráticos fue una constante casi obsesiva de los caricaturistas republicanos. José Robledano se suma de nuevo a esta línea editorial con la caricatura publicada en Claridad el 12 de marzo de 1937, que vuelve a tener a Mussolini como protagonista y beneficiario de la no intervención.


Una guerra civil es un tiempo especialmente duro, tal vez el que más, y no cabe esperar demasiadas muestras de reconciliación por parte de los bandos enfrentados. Al contrario, la violencia alimenta la violencia y el enconamiento acaba siendo brutal. Un ejemplo es la dureza de esta caricatura publicada por José Robledano en Claridad el 12 de mayo de 1937 cuyo lema, subrayado por la tremenda imagen, es «todo puede disculparse; la traición, no».


El anticlericalismo de José Robledano, que cabe vincular con el apoyo de la jerarquía católica al general Franco, se muestra a lo largo de numerosas caricaturas. La publicada en Claridad el 15 de septiembre de 1937 nos habla de un nuevo «mandamiento»: el de matarás con todos los medios a tu alcance. El dibujante vio su concreción a lo largo de una guerra vivida en una capital sitiada donde la muerte estuvo presente desde el primer al último día, como preámbulo de una posguerra donde nunca se ausentó.

lunes, 3 de julio de 2023

Las caricaturas de José Robledano (1)

Gracias a la valentía de José Robledano y su familia, los investigadores disponemos de unas excelentes imágenes que reflejan la represión y la miseria vividas en las cárceles de la posguerra. El relato de su elaboración y salida clandestina de los centros penitenciarios refleja la voluntad de preservar la memoria de aquella infamia. Las mismas ahora se encuentran depositadas en la Biblioteca Nacional de España y a menudo han servido para ilustrar trabajos sobre la historia de ese período. Sin embargo, las caricaturas publicadas en Claridad, diario portavoz de la UGT, y otras cabeceras republicanas apenas son conocidas. Por lo tanto, resulta habitual que nos refiramos a su condena en un consejo de guerra sin tenerlas en cuenta. Con el objetivo de evitar esta circunstancia, voy a editar en este blog una selección de las caricaturas de José Robledano publicadas en el citado diario socialista.


El 22 de diciembre de 1937, los republicanos vivían un fugaz episodio de euforia tras la inicial toma de Teruel, que pronto volvería a las manos de las fuerzas del general Franco. José Robledano se suma a este clima con una caricatura publicada en Claridad donde tilda al citado general y su aliado Mussolini, un habitual de sus dibujos, como los «amantes» de Teruel. Cabe observar el retrato afeminado de Franco con unos inequívocos rizos, ojos maquillados y boca sensual. Bluff destacó en este sentido, y le costó la vida, pero otros caricaturistas republicanos también optaron por esta vía para burlarse de quien encabezaba las tropas enemigas.


Al igual que otros caricaturistas republicanos, José Robledano a menudo se limita a ilustrar las consignas divulgadas por el periódico donde colabora. En esta ocasión, y con motivo de la celebración del 1 de mayo de 1937, Claridad reclamó la unidad de las centrales sindicales para combatir el fascismo. El caricaturista trasladó con sencillez pedagógica esta consigna a su dibujo arriba reproducido.


Aunque los dos líderes del Eje recibieron la misma consideración por ser los responsables de lo visto como una invasión, Mussolini dio mucho más juego en las caricaturas que Hitler. Un ejemplo lo encontramos en la publicada por José Robledano en el número de Claridad correspondiente al 3 de febrero de 1937. El dibujante juega con la popular denominación de los aviones italianos, caproni, para subrayar que el verdadero caproni era Mussolini.


La alianza del general Franco, el «traidor», con Hitler y Mussolini en lo considerado como una invasión de España es una constante de las caricaturas republicanas, pero pocas veces se presenta con la rotundidad mostrada por José Robledano en el número de Claridad publicado el 3 de junio de 1938. La cercanía de la derrota nunca desanimó al caricaturista. Afortunadamente para su vida, el secretario del Tribunal Militar de Prensa que instruyó su caso no localizó la arriba reproducida.


El anticlericalismo es otra de las constantes de los caricaturistas republicanos presentes en las obras de José Robledano. En esta ocasión, la imagen desborda las fronteras nacionales para criticar la adhesión de los obispos austriacos a la dictadura nazi. La caricatura fue publicada en Claridad el 4 de abril de 1938.


domingo, 2 de julio de 2023

La muerte de Antonio Machado en Claridad

El 27 de febrero de 1939, el periódico socialista Claridad estaba a punto de desaparecer por la derrota de los republicanos y la caída de una ciudad sitiada desde noviembre de 1936. No obstante, sus censuradas páginas pretendían dar la impresión de una cierta normalidad: los cines permanecían abiertos, al igual que los teatros, y todavía menudeaban las consignas de movilización, a pesar de la evidencia de una derrota inevitable tras la caída de Cataluña.

Uno de quienes debieron salir de Barcelona, junto a su madre, fue Antonio Machado. La huida hacia la frontera francesa fue penosa, así como los últimos días de ambos, aunque recibieron la solidaridad de otros derrotados. La noticia de su muerte llegó al Madrid sitiado con algunas imprecisiones y Claridad se hizo eco con el suelto a continuación reproducido, que es el último homenaje de quienes son conscientes de la cercanía de una suerte similar a la del poeta. De hecho, el director del periódico y probable redactor de la noticia, era Javier Bueno, que sería pronto fusilado tras la instrucción de su caso por parte del Juzgado Militar de Prensa: