miércoles, 13 de noviembre de 2024

La España del chiri-biribi, pom-pom-pom-pom


 
Fernando Jiménez del Oso

Una noche del verano de 1977 me encontraba solo en casa. Mi familia veraneaba en un pueblo cercano y, mientras trabajaba para pagarme los estudios, tenía que buscarme la vida a la hora de solucionar los retos de la intendencia doméstica. Incluida la cena, que preparaba con una sobriedad espartana a falta de recursos gastronómicos.

Esa noche, comprobados los resultados de mi escasa destreza en la cocina, encendí la televisión en blanco y negro para ver una entrega de Más allá, un programa de temas esotéricos protagonizado por el no menos esotérico Fernando Jiménez del Oso (1941-2005), que por entonces gozaba de una notable popularidad. Salir en aquella televisión garantizaba millones de espectadores, aunque fueras Torrebruno o el Capitán Tan.

Los charlatanes siempre han sido una de mis debilidades. El citado, a pesar de ejercer como psiquiatra, en la televisión utilizaba buena parte de los recursos de este oficio tan noble para hablarnos de platillos volantes, extraterrestres y apariciones misteriosas. Su aspecto invitaba al susto y el tono de su voz todavía más. Esa solitaria noche, claro está, me asustó y antes de que el movimiento de las cortinas despertara la sospecha de una compañía imprevista, apagué la televisión porque por entonces lo de cambiar de canal era una operación bastante limitada.

Fernando Jiménez del Oso mantenía las apariencias, pero los charlatanes capaces de contar, con absoluta seriedad, los embolados más tremendos ya estaban en la monopolística pantalla de la época. Y con todas las bendiciones de las autoridades, que controlaban con mano férrea las emisiones por su enorme influencia entre la población. Conviene recordarlo, ahora que tanto se habla de la proliferación de bulos como consecuencia de la fragmentación de la oferta informativa que permite la proliferación de quienes sustituyen a los periodistas.

La anécdota la he recordado al ver la serie Ummo. La España alienígena (2022), de Laura Pausa y Javier Olivera, donde Fernando Jiménez del Oso es un protagonista destacado. Los tres capítulos tratan de un país que, desde mediados de los sesenta, se empeñó en divisar platillos volantes y extraterrestres por todas partes. La prensa de la época, incluida la oficialista cadena del Movimiento, está repleta de estas noticias nunca desmentidas y publicadas con la seriedad de lo aparecido en el BOE.

Si el turismo había elegido España como destino preferente, nada más lógico que los extraterrestres compartieran la búsqueda del sol, las playas, los precios baratos y la natural simpatía de los españoles. Puestos ante tan irrefutable evidencia, lo raro era encontrar a alguien que no hubiera tenido la experiencia del OVNI sobre su tejado o, al menos, que no supiera de la misma a partir de un vecino, que lo había leído en la prensa como argumento de autoridad.

Los extraterrestres se cansaron de venir a España con la llegada de la Transición, que ya es casualidad. Desde entonces andarán por otros lares. Tal vez porque nos hayamos convertido en un país más normalito, aunque todavía quedan muchos ciudadanos dispuestos a creer a los embaucadores, ahora reconvertidos gracias a la tecnología. El fenómeno, aparte de preocupante por la divulgación de bulos, parece novedoso. Sin embargo, dista de serlo en una España donde como en tantos otros países hay personas dispuestas a creer lo insólito porque la realidad le resulta aburrida o incómoda.

La citada serie me ha recordado la existencia de tantas personas dispuestas a difundir supuestas noticias relacionadas con los alienígenas que, ahora, al cabo de las décadas tendrían dificultades para justificarlas. La prueba del tiempo es un excelente criterio para valorar la credibilidad de una noticia, aunque al final nadie pida disculpas por haber difundido una patraña. Apenas se haya detectado como tal, los responsables habrán sacado otras nuevas para que el espectáculo no decaiga.

Los platillos volantes por los cielos de España fueron una moda destinada a la distracción del personal, casi siempre harto de lidiar con la realidad. Como tal habrá que examinarla y, sobre todo, no perder el humor a la hora de evocarla con sus trampas y cartón. Al fin y al cabo, como bien explica Ummo, vivíamos en la España cañí donde Los Payos en 1969 triunfaron clamorosamente con el chiri-biribi pom pom pom dedicado a María Isabel, aquella muchacha que paseaba por la playa tras ponerse el sombrero. El millón de discos vendidos con la pegadiza melodía remite a un país necesitado de extraterrestres que llegaran de la mano de Fernando Jiménez del Oso o de cualquier otro sujeto de ojos penetrantes, voz grave y aspecto misterioso al servicio de romper la monotonía y la complejidad de la realidad:


 


domingo, 10 de noviembre de 2024

Las armas contra las letras: el primer borrador del tercer volumen. La solidaridad de las universidades de Cádiz y Alicante


 

El pasado día 14 de octubre declaré en la Audiencia Provincial de Cádiz con motivo de la demanda interpuesta por uno de los hijos del alférez Baena Tocón. El formato de una declaración en sede judicial difiere mucho de una conferencia o cualquier otro habitual en el ámbito académico. Esta circunstancia me permitió manifestar lo fundamental acerca de quien fuera secretario del Juzgado Militar de Prensa, pero sin el orden en la exposición que requiere un trabajo de carácter histórico.

A partir de la documentación recopilada durante estos años de investigación, he escrito un borrador de lo que será el capítulo dedicado al alférez Baena Tocón en el tercer volumen de la trilogía sobre los consejos de guerra contra periodistas y escritores durante el período 1939-1945. El segundo se encuentra en prensa.

El objetivo de incluirlo temporalmente en el catálogo del Repositorio de la Universidad de Alicante, como en anteriores ocasiones, es ponerlo a disposición de otros especialistas para su revisión, ampliación o rectificación. La historia es una tarea colectiva y, afortunadamente, cuento con un grupo de colegas que comparten los mismos motivos de interés en un clima de colaboración e intercambio de información.

Por último, mañana se reúne la Junta de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante. El orden del día incluye un punto relacionado con los compañeros de la Universidad de Cádiz que, junto con la Asociación de Historia Contemporánea, la Comisión Cívica para la recuperación de la memoria democrática de Alicante, Memorialistas de Jerez de la Frontera y la Fundación Miguel Hernández, se solidarizaron conmigo a raíz de la vista oral celebrada en Cádiz. Los textos de los respectivos comunicados se encuentran en anteriores entradas de este blog. Una vez sometido a votación el punto del orden del día, incluiré el correspondiente enlace. Por lo pronto, os paso el del borrador citado a la espera de cualquier sugerencia o indicación que permita ampliarlo y mejorarlo:

http://hdl.handle.net/10045/148818

PD. La Junta de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante, en su reunión del 12 de noviembre de 2024, ha aprobado por unanimidad el siguiente texto:



En fechas próximas, el decano de la citada Facultad se pondrá en contacto con su homólogo de Cádiz para darle cuenta del acuerdo y manifestar su solidaridad con el Departamento de Historia Contemporánea gaditano. El mundo académico admite sin problema la crítica y el debate, pero se muestra unánimemente en contra de quienes utilizan el insulto y la descalificación para coartar la libertad de expresión, de investigación y de cátedra.

viernes, 8 de noviembre de 2024

Teatro y cine en la España del siglo XX (5): Un soñador para un pueblo, de Antonio Buero Vallejo


 

Foto: Antonio Buero Vallejo. Fuente: Wikipedia


El pasado no existe. Los historiadores se limitan a buscar, seleccionar e interpretar evidencias de un tiempo remoto para construir un relato lo más verídico posible acerca del pasado. La tarea debe ser colectiva, precisa del contraste de perspectivas en un permanente debate y, por supuesto, las conclusiones están sujetas a una posible revisión.

El inexistente pasado condiciona y hasta determina el presente. La paradoja nos remite a una evidencia: todos somos deudores del pasado, aunque no seamos conscientes del mismo. A menudo, escuchamos que numerosas claves del presente las encontramos en el origen de las circunstancias que determinan la actualidad. Es cierto, pero la búsqueda de esas claves requiere curiosidad intelectual, afán de conocimiento y la ayuda de quienes la han emprendido antes que nosotros.

El teatro, al igual que cualquier manifestación creativa, puede colaborar en esa búsqueda. Lo representado en un escenario siempre forma parte del presente, con independencia de la fecha en que fue escrita la obra. No obstante, desde ese presente podemos trasladarnos a un tiempo cuyo relato, o recreación dramática, descubre orígenes, subraya lo vigente y clarifica las circunstancias. Aprendemos, en definitiva, a entender el pasado y, gracias a este objetivo, conocemos mejor un presente si le dotamos de una dimensión histórica.

Antonio Buero Vallejo protagonizó una trayectoria teatral bajo la censura del franquismo. Condenado a muerte por la dictadura, hasta su etapa final nunca disfrutó de la libertad de expresión y tuvo problemas para sacar adelante sus obras. Estas circunstancias le llevaron durante un período a desechar la posibilidad de escribir sobre el presente de una España franquista con la que estaba en desacuerdo. La alternativa, fructífera en su caso, fue remitirse a personajes y situaciones del pasado nacional a la búsqueda de los conflictos que le interesaban y veía vigentes en su propia época.

Un soñador para un pueblo (1958) es un ejemplo de ese teatro histórico, que fue impulsado por la censura, pero pronto se convirtió en una alternativa de indudable interés. Antonio Buero Vallejo realizó un trabajo concienzudo para recopilar información acerca del período abordado y sus protagonistas. Hizo de historiador hasta el punto de suplir las carencias de la historiografía española en su época. Y, a partir del conocimiento bien fundamentado, creó una obra con la libertad de la ficción, pero ligada estrechamente a una realidad histórica.

El Madrid de 1765, el del Motín de Esquilache, es el momento histórico seleccionado. En esas fechas confluyen y se enfrentan las grandes corrientes que marcan el devenir de la España de la segunda mitad del siglo XVIII, donde la Ilustración intenta abrirse camino frente al tradicionalismo que se rebela ante cualquier reforma o intento de modernización. Esquilache, el ministro italiano, sintetiza ese espíritu reformista y modernizador. La respuesta que encuentra es brutal.

Al mismo tiempo, Esquilache es un hombre con contradicciones que también vive momentos difíciles en lo personal. La obra lo presenta desde esa doble perspectiva: la política o pública y la íntima. Ambas están ligadas para evitar que el protagonista solo sea un personaje histórico desprovisto del interés humano que busca el público.

Leed la obra, contemplad la adaptación cinematográfica de Josefina Molina, que introduce importantes cambios, y debatid en UACloud sobre esa doble perspectiva, la humana o íntima y la política, con que aparece un Esquilache cuyo espíritu reformista, modernizador y racionalista podemos concretar en una serie de medidas recreadas en el drama a partir de lo documentado históricamente por el autor.


jueves, 7 de noviembre de 2024

El segundo volumen de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de periodistas y escritores


 

A principios del presente año publicamos Las armas contra las letras. Los consejos de guerra de periodistas y escritores, 1939-1945. El compromiso asumido entonces fue que el segundo volumen de la trilogía estaría en las librerías al cabo de un año. El reto era complejo, pero ayer entregué a la editorial el original de Perder la guerra y la historia. La represión de periodistas y escritores, 1939-1945.

El cambio en el título se deriva del tipo de casos analizados en este volumen y el nuevo subtítulo intenta integrar lo sucedido en los consejos de guerra en un marco más amplio, el de la represión sufrida por los escritores y periodistas durante aquellos aciagos años.

Ahora quedan unos meses por delante donde hay que maquetar y revisar a conciencia el texto con ayuda de mis compañeros del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante y los amigos de la editorial Renacimiento. El trabajo es lento, pero si todo va bien a principios de 2025 tendremos el nuevo volumen en las librerías para ahondar en el conocimiento de lo sucedido en el Juzgado Militar de Prensa y otros órganos de la jurisdicción militar.

Mientras tanto, esta semana he empezado a redactar el tercer volumen a la espera de que me lleguen las decenas de sumarios solicitados al Archivo General e Histórico de Defensa. La elaboración de esta culminación de la trilogía será más lenta por el volumen de la documentación solicitada, pero espero tenerla lista a finales de 2026.

Os copio el índice de Perder la guerra y la historia:

 

ÍNDICE

-       Introducción

-       Fotografía Mendoza en el Madrid de 1943

-       El procesamiento del «novelista más guapo del mundo»

-       El proceso del capitán Saltatumbas

-       De la frivolidad al penal: la trayectoria de Santiago de la Cruz

-       Un consejo de guerra contra el ABC republicano

-       Antonio Buero Vallejo condenado a muerte

-       Joaquín Dicenta Alonso, «espíritu anarquizante e inmoral»

-       La peculiar trayectoria de Manuel García Bengoa

-       El consejo de guerra de Rosario del Olmo

-       La continuidad de la represión: Matilde Zapata, Rosario del Olmo y Amalia Carvia

-       La represión nunca olvida: Aurora Bertrana y M.ª Bueno Núñez de Prado

-       Antonio Agraz, anarquista y desesperado

-       Francisco Escola Besada en el punto de mira

-       El periodista Ricardo Flores murió en la cárcel

-       Los consejos de guerra de Ramiro Gómez Zurro

-       La «rebeldía» del masón Mateo Hernández Barroso

-       Un periodista de «moralidad intachable»: Antoni Pugués Guitart

-       La condena del conserje que fue periodista: Antonio Uriel

-       La petición de indulto de Vicente Ramón Esteban

-       Condenado a muerte y desconocido: Eduardo de Castro Escandell

-       El destino del comediógrafo César García Iniesta

-       La inocencia del «chequista» Enrique Peinador

-       Epílogo

-       Bibliografía

 

 

martes, 5 de noviembre de 2024

La forja de un historiador, de Ángel Viñas


 

El conocimiento académico es una cadena donde siempre hay alguien que nos ha precedido. El adanismo, aparte de absurdo, supone un error propio de indocumentados. Para evitarlo conviene escuchar o leer a nuestros colegas más veteranos. Sobre todo, si siguen en activo con una envidiable actitud y realizan un balance de su trayectoria en un volumen cuya lectura precisa de lápiz para subrayar y memoria para aplicar las enseñanzas.

Ángel Viñas ha realizado esta labor en La forja de un historiador (Barcelona, Crítica, 2024), donde repasa su trayectoria académica y resume lo fundamental de sus aportaciones al conocimiento histórico de la España republicana y franquista. Algunos tenemos la fortuna de haber leído varios de sus libros, pero la ocasión revela el alcance de una infatigable tarea que ha llevado al historiador por archivos de distintos países, siempre a la búsqueda de las EPRE (evidencias primarias relevantes de época).

Los años que nos separan me han permitido entre conocer y recordar cómo era el acceso a una cátedra universitaria bastante antes de que yo mismo la consiguiera. La comparación resulta inevitable, pero también la conclusión de que somos deudores de esos sistemas de acceso, que han ido cambiando y, con ellos, nuestra labor para alcanzar el objetivo.

La fortuna de Ángel Viñas consistió en que pronto pudo salir de la España franquista, conocer idiomas y ventilarse en otros países con una mayor exigencia intelectual y un clima de libertades. Gracias a esta circunstancia, accedió a la cátedra -no sin problemas-, pero no se convirtió en un catedrático del escalafón al modo de tantos de su época ahora olvidados.

Al contrario, sus inquietudes le llevaron a distintos campos de trabajo, pronto conectó con otros historiadores más jóvenes y, ahora mismo, es un referente dentro del área de conocimiento. Mi campo es la historia de la literatura. El primer término me lleva a desenvolverme por ámbitos propios de los historiadores y en los mismos el nombre de Ángel Viñas es sinónimo de trabajo riguroso sin rehuir la polémica, sobre todo porque andamos sobrados de «historietógrafos» -según la definición de Alberto Reig- con afán tan polémico como revisionista.

Puestos a sintetizar las enseñanzas de Ángel Viñas que intento aplicar a mis trabajos la primera estaría relacionada con las citadas EPRE. Siempre son necesarias para evitar la especulación y requieren una actitud abierta porque las sorpresas resultan inevitables y destrozan los apriorismos.

La segunda es la provisionalidad de cualquier trabajo histórico. Su validez está sujeta a la aparición de nueva documentación o un análisis de la ya localizado bajo unos criterios más pertinentes. El desconocimiento de esta provisionalidad solo conduce a las posturas dogmáticas y, para evitarlas, conviene tener la humildad de rectificar.

La tercera es la independencia de criterio. Todos somos deudores de nuestra ideología, pero la misma nunca debe determinar la interpretación de las EPRE. Así nos lo enseña Ángel Viñas en libros que a menudo han roto esquemas y, sobre todo, los lugares comunes de quienes se limitan a proyectar sus prejuicios cuando escriben un trabajo histórico.

La cuarta es la voluntad de difundir el propio trabajo más allá del ámbito estrictamente académico. Los medios de comunicación son fundamentales en este sentido y, aun a sabiendas de los riesgos, conviene frecuentarlos para encontrar nuevos lectores interesados en el conocimiento histórico.

Y la quinta es la voluntad de seguir activo mientras la salud lo permita sin perder el buen ánimo de la juventud. El ritmo de trabajo de Ángel Viñas, superados los ochenta, prueba que es posible y el dato resulta alentador para quienes pronto andaremos jubilados.

Estas cinco enseñanzas se suman a otras desgranadas a lo largo de La forja de un historiador, pero son las fundamentales porque delimitan una actitud ante el trabajo del historiador. Y unas aportaciones, pues esa misma actitud presupone una metodología alejada del lugar común, la especulación y el apriorismo. Conviene tenerlo en cuenta y reforzarlo con la lectura del citado libro.


domingo, 3 de noviembre de 2024

El testimonio del coronel Nicolás Benavides Moro y la solidaridad de Memorialistas de Jerez


 Foto: Nicolás Benavides Moro. Fuente: El Adelanto Bañezano, 23-XII-2011

El 8 de agosto de 1959, el vice interventor de la Diputación de Córdoba Antonio Luis Baena Tocón realizó una declaración jurada ante el notario Carlos Pando Muñiz con residencia en Porcuna, distrito notarial de Martos. La misma tenía como probable objeto la reelaboración de la hoja de servicios del citado como oficial del Ejército y reproduce el contenido de distintos documentos aportados por el declarante para justificar lo anotado en dicha hoja.

El documento notarial se encuentra depositado en el expediente personal del funcionario Antonio Luis Baena Tocón en el Archivo General de la Administración, que consta de 162 folios y es de libre acceso para los investigadores desde el 1 de enero de 2024, según lo establecido en el artículo 57.c de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español.

Tal y como puse de manifiesto en una nota publicada en el Repositorio de la Universidad de Alicante (véase la entrada del pasado 17 de octubre), el documento, junto con otros del mismo expediente y una referencia bibliográfica, nos lleva a la conclusión de que el futuro secretario del Juzgado Militar de Prensa permaneció en Madrid durante la Guerra Civil. El hipotético exilio, a falta de evidencias que lo prueben, parece improbable a la luz de las que ya utilicé para la nota catalogada en el RUA:

http://hdl.handle.net/10045/147999

La declaración jurada incluye el testimonio del coronel Nicolás Benavides Moro (1883-1965), que cuando se hizo efectiva ante el citado notario ya era general de brigada, concretamente desde el 29 de abril de 1944 (dbe.rah.es). Mi colega Carlos Piriz, en su artículo «Decanos del humanitarismo y la perfidia. La colaboración de las misiones diplomáticas de Argentina y Chile con la causa franquista durante la Guerra Civil (y después), 1936-1969», publicado en Culture & History Digital Journal, analiza la colaboración de estas embajadas hispanoamericanas con los sublevados. En el marco de la misma, el coronel Nicolás Benavides Moro trabajó para la quinta columna en tareas de información no especificadas.

Dado su interés para probar la tesis del citado artículo de Carlos Piriz, transcribo a continuación el testimonio certificado del coronel:

«Don Nicolás Benavides Moro, coronel de Estado Mayor y director del Servicio Histórico Militar, certifica: que estuvo refugiado durante la pasada guerra en Madrid en el consulado de Chile, en el edificio que esta embajada tenía en la plaza de Salamanca, y que durante bastantes meses (sin que pueda precisar cuántos), vivió en la misma habitación que don Antonio L. Baena Tocón, abogado, el cual mostró siempre el más elevado espíritu y la más grande devoción al Glorioso Movimiento, ofreciéndose siempre al que suscribe (que era el jefe más caracterizado de todos los militares refugiados de dicho edificio y reconocido por todos como jefe superior para caso de que hubiera que realizar alguna acción armada, a cuyo fin se estaba en relación con organizaciones nacionales de Madrid), para cuantas misiones quisiera confiarle, destacándose especialmente esta decidida actitud suya durante la semana llamada ‘comunista’, en la cual existió un grave riesgo para cuantos estábamos retenidos en las embajadas. También mostró gran amor a las cuestiones militares, sobre las que con frecuencia conversaba con el que suscribe, quien dedicó a dicho Sr. Baena un libro sobre la guerra moderna, del que es autor [Supervivencia de Napoleón I en la guerra moderna, 1933] y que el Sr. Baena leyó con la mayor atención y el más grande interés. Y para que conste a los efectos que procedan, expido el presente certificado en Madrid, a veintiocho de noviembre de mil novecientos cuarenta.- Nicolás Benavides -rubricado-. Hay un sello que dice: Estado Mayor del Ejército. Servicio Histórico Militar».

La «semana comunista» del 5 al 12 de marzo de 1939 corresponde a la del golpe de Estado encabezado por el coronel Casado. Así, pues, tanto el joven Baena Tocón como el propio coronel Benavides permanecerían probablemente en la legación diplomática «hasta la Liberación», tal y como figura en sus respectivas hojas de servicios.

Gracias a Carlos Piriz, he podido consultar la hoja de servicios del coronel, depositada en el Archivo General Militar de Segovia, como la del teniente Baena Tocón. Ambas están reconstruidas por una probable pérdida del documento original. De hecho, la primera se rehízo el 9 de abril de 1941. Supongo que a petición del interesado y con la información que el mismo facilitara.

A partir de esa hoja de servicios, el coronel Emilio Montero Herrero -que el 22 de junio de 2014 me facilitó el acceso a la del teniente- redactó la entrada del coronel Benavides en el Diccionario biográfico español de la RAH. En la misma, indica lo siguiente:

«Al comenzar la Guerra Civil española, tomó parte los días 18, 19 y 20 de julio en la sublevación de la Escuela Superior de Guerra contra el gobierno de la República y fue detenido e ingresado en los calabozos de la Dirección General de Seguridad. Una vez puesto en libertad el 28 de agosto, se refugió primero en la embajada de México y después en la de Chile, donde efectuó trabajos de información a favor del Movimiento Nacional. Continuó en esta situación hasta marzo de 1939, en que, liberado Madrid, se presentó en la Comandancia Militar al general jefe del primer cuerpo del Ejército, que le designó jefe de la Censura Militar de Comunicaciones».

Consultada la reconstruida hoja de servicios, cabe añadir que el coronel solo estuvo en los calabozos de la DGS entre el 25 y el 28 de agosto de 1936, siendo esta última fecha la de su ingreso en la legación diplomática de México. Asimismo, el 4 de febrero de 1938, causó baja en el Ejército «por estar clasificado como desafecto al régimen, con pérdida de todos los derechos y ventajas inherentes a su empleo, incluso los pasivos». Por último, una vez terminada la guerra y al igual que el resto de los oficiales que permanecieron en la zona republicana, aunque fuera en calidad de refugiados, el coronel Benavides estuvo sometido a una investigación para descartar que hubiera colaborado con el gobierno republicano. La misma resultó satisfactoria para sus intereses con una resolución fechada el 24 de mayo de 1939. Por lo tanto, cabe matizar la imagen del refugiado que se presenta a los vencedores y los mismos inmediatamente le dan una responsabilidad, cuya denominación debemos precisar: Jefe de la Censura Militar de Prensa y de Comunicaciones, hasta el 3 de mayo de 1939. Es decir, el coronel censuraba la prensa mientras era investigado acerca de su trayectoria en Madrid durante la guerra.

En esta reconstruida hoja de servicios encontramos un dato sorprendente. Si el coronel Benavides participó en el golpe de Estado estando en Madrid y fue detenido, ¿cómo es posible que saliera en libertad tres días después y no fuera procesado? La suerte de los altos oficiales que participaron en los hechos madrileños del golpe de Estado no parece haber sido tan benévola y resulta difícil entender que las autoridades republicanas dejaran en libertad a un coronel partidario de los sublevados. Muchos de estos oficiales fueron encarcelados y fallecieron en las sacas que tuvieron lugar en Madrid hasta finales de 1936.

Las hipótesis quedan abiertas a la espera de la investigación iniciada con la colaboración de los colegas que se han ocupado del golpe de Estado del 18 de julio de 1936, donde -a tenor de las primeras consultas- la participación del coronel Benavides debió ser discreta dada su edad y condición de profesor e historiador con vocación literaria tras haberse doctorado en Derecho (1926). Don Nicolás era un militar tan culto y polifacético como identificado con el franquismo. El resultado de la investigación aparecerá en el tercer tomo de la trilogía dedicada a los consejos de guerra de los periodistas y escritores, donde incluiré varios perfiles biográficos de quienes actuaron como victimarios. Ahora, justo esta semana, acabo de entregar el original del segundo volumen para su pronta publicación.

PD.: Lo indicado en esta entrada como aportación preliminar de una investigación en curso se publica con el deseo de someterlo a la consideración de otros especialistas que pudieran aportar datos para la ampliación, rectificación o matización de lo escrito.

 xxx

Por otra parte, hoy mismo he recibido un comunicado de apoyo de Memorialistas de Jerez, que se suma al del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Cádiz, el de la Asociación de Historia Contemporánea y el de la Comisión Cívica de Memoria Histórica de Alicante. El próximo 12 de noviembre, la Junta de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante se pronunciará al respecto. Os paso el comunicado y, por supuesto, deseo manifestar mi agradecimiento por esta solidaridad cuyo objetivo es que ningún otro investigador deba pasar por una situación de acoso mediante insultos y difamaciones por realizar, con mejor o peor fortuna, su labor académica:



 


sábado, 2 de noviembre de 2024

Pero... ¡en qué país vivimos!, de Agustín Sánchez Vidal


 

Mi abuela materna enviudó pocos meses después de mi nacimiento. Siempre la vi de luto. En invierno era riguroso y en verano, por aquello de los calores, con el alivio de unas florecitas blancas sobre fondo negro. Moño recogido, gafas en la punta de la nariz y ganchillo en ristre a toda hora mientras vigilaba para que no me descalabrara. Su vida era un ritual de costumbres al servicio de los tres nietos.

La posibilidad de ir sola o con amigas al cine suponía un imposible. Ni siquiera pasaría por su imaginación en un momento de debilidad. Una de sus pocos caprichos era escuchar las canciones de Manolo Escobar, sobre todo desde los tiempos de Madrecita María del Carmen, que todas las mujeres mayores de la época disfrutaban con la sonrisa de saberse piropeadas por un hombre tan guapo, simpático y español.

La fama de Manolo Escobar movía por entonces montañas y alentaba aventuras en sus incondicionales, que eran una legión. Una emprendida por mi abuela fue ir al cine con la coartada de acompañar al pequeño. La película que provocó tamaña osadía fue Pero… ¡en qué país vivimos! (1967), de José Luis Sáenz de Heredia, donde el astro de la canción española compite con la ye-yé Conchita Velasco.



La aventura apenas suponía un riesgo. El cine de programa doble donde la proyectaban estaba a diez minutos de nuestra casa al paso de la yaya, la hora era la de la de la merienda del nene y ella había preparado el correspondiente bocadillo, que esa tarde deglutí sin ayuda líquida porque no era cuestión de hacer gastos innecesarios. La otra película, una de tiros seguramente, no la vimos. Tampoco era imaginable volver de noche en compañía de quien ese día había aliviado el luto más allá de las florecitas blancas de su bata.

No he vuelto a ver la comedia de José Luis Sáenz de Heredia, pero la recuerdo al cabo de casi sesenta años. Incluso, con el paso del tiempo y dedicado a escribir sobre la cultura del franquismo, he comprendido el sentido de ese supuesto encono entre Antonio Torres, el representante de la canción española, y Bárbara, la ye-yé. Ambos se disputan el favor popular en un concurso patrocinado por una marca de manzanilla y otra de whisky. El país, ya lanzado por la senda de las votaciones tras el cercano referéndum, se enzarza en el debate. Los espectadores de la película también, pero al final hay una solución ecuménica: los enemigos no solo se reconcilian, sino que se enamoran sin que la pasión llegue al beso en la pantalla. Faltaría más...

La síntesis es una canción tan española como modernizada dentro de un orden. Las analogías políticas e ideológicas en aquella España del desarrollismo son tan obvias que produce rubor recordarlas a los ingenuos. Las hay, hasta el punto de que la comedia es más eficaz desde la perspectiva propagandística que Franco, ese hombre (1964), del mismo director. Conviene reconocerlo: Manolo Escobar tenía más gancho que el actor ferrolano -«el galán del No-Do»- y junto con Conchita Velasco formó una pareja cinematográfica realmente imbatible en la taquilla.

A los diez años, prefería las canciones de la ye-yé, pero no recuerdo haber discutido con mi abuela porque, nosotros también, llegábamos con facilidad a una síntesis dialéctica. Yo aceptaba a Manolo Escobar de la misma manera que mi abuela veía los partidos del Juventut de Badalona en la pequeña televisión que compartíamos a principios de los setenta. Nunca discutimos y ahora, cuando lo comento con mi alumnado, añoro esa posibilidad de compartir una pantalla con independencia de las edades.

El recuerdo de la película de José Luis Sáenz de Heredia se ha reforzado gracias al homónimo título que acaba de publicar mi colega Agustín Sánchez Vidal, un maestro en tantos temas. También en los relacionados con el cine y la cultura popular. Su análisis de la republicana y franquista está repleto de sugerencias. Algunas relacionadas con manifestaciones creativas ya conocidas, que incluso he estudiado en mis libros, y otras novedosas ahora anotadas para futuros trabajos. O para ser relatadas en las clases como ejemplos significativos de la cultura del franquismo.

Lo haré en los próximos meses. También en este blog, donde aparecerán las hermanas Gilda, Roberto Picaporte solterón de mucho porte y otros personajes capaces de evocar una época con una nitidez imposible para la considerada alta cultura. Mientras tanto, aparte de agradecer a mi colega unas horas de apasionante lectura, me quedo con el recuerdo de aquella tarde. Y, justo cuando tengo la edad de mi abuela por entonces, compruebo que Manolo Escobar era un tipo entrañable. No me he vuelto franquista. Solo he comprendido a quien esa tarde llevaba alivio de luto como tantas viudas destinadas al anonimato de cuidar a los nietos.

Pd.: La película de José Luis Sáenz de Heredia es de acceso abierto en You Tube. Solo es cuestión de ánimo y buen humor.