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martes, 16 de septiembre de 2025

Los archivos secretos del No-Do


 

Hace unos meses, los responsables de la productora catalana Minoría Absoluta me invitaron a participar en la serie documental Los archivos secretos de No-Do. El objetivo era analizar y comentar varios reportajes del noticiario que todavía permanecían inéditos. La propuesta me pareció sugerente, acepté encantado y recibí una copia de los que me correspondieron en el reparto.

Los reportajes eran de una temática tan variada como a veces estrafalaria: las actividades de una agrupación de señores bajitos, un partido de fútbol entre gordos y flacos, un concurso de huevos fritos, la elección de una miss… Todos los estudié con la debida atención, me trasladé a Madrid para grabar la entrevista y disfruté de la amabilidad del equipo de la productora.

Algunas semanas después me llamaron para comentar otros reportajes, pero por entonces no podía trasladarme a Madrid y decliné la invitación. Una pena, porque el trabajo me divertía y procuro colaborar con quienes se ocupan de fortalecer la memoria de un tiempo que parece lejano, aunque no lo es en términos históricos.

En cualquier caso, no me correspondió analizar el reportaje donde aparece el general Franco en una expedición marina para pescar un cachalote de cuarenta toneladas. La materia es delicada y probablemente su estudio habrá sido encomendado a un historiador más avezado en las proezas del Caudillo.



Del cachalote no tengo imágenes, pero esta captura prueba las habilidades del Caudillo. Fuente: Catalanfilms.cat

El 17 de septiembre de 2025 es la fecha del estreno de la serie, que cuenta con seis capítulos, será emitida por La 1 y permanecerá accesible en RTVE Play. Mi colaboración aparece en los capítulos 2, 4 y 5. La veré junto a mi familia con la satisfacción de haber colaborado en un empeño capaz de aunar el interés histórico con el entretenimiento del público.

Gracias, por lo tanto, a los compañeros de Minoría Absoluta por su invitación a participar en esta serie y quedo a la entera disposición de la productora, justo en una semana donde volveré a grabar una entrevista destinada a otro documental.




En el capítulo 2 de la serie hablo del periodista Santiago de la Cruz Touchard, condenado a muerte y hombre de excelente humor que impulsó la agrupación de caballeros no demasiado altos:

https://www.rtve.es/play/videos/los-archivos-secretos-del-no-do/episodio-2/16730220/

Las diferentes intervenciones en otros capítulos son igualmente accesibles a través de la aplicación gratuita de RTVE Play.

Copio a continuación algunos de los enlaces relacionados con la noticia, que incluyen el éxito de audiencia (1.195.000 espectadores y 2.998.000 contactos) de la primera sesión:

https://www.rtve.es/play/videos/los-archivos-secretos-del-no-do/

https://www.rtve.es/rtve/20250909/rtve-presenta-serie-documental-archivos-secretos-nodo/16722151.shtml

https://www.facebook.com/watch/?v=770872745803767

https://www.facebook.com/watch/?v=1348816099907740

https://www.lavanguardia.com/television/20250916/11060833/descubriendo-secretos-do.html

https://www.eleconomista.es/evasion/noticias/13537613/09/25/las-imagenes-nunca-vistas-del-nodo-en-una-serie-documental-de-seis-capitulos-todo-lo-que-se-sabe.html

https://catalanfilms.cat/ca/produccions/los-archivos-secretos-del-no-do

https://www.elconfidencial.com/television/programas-tv/2025-09-17/archivos-secretos-nodo-programa-tve_4210793/

https://www.rtve.es/television/20250918/regimen-franco-ocultar-imagenes-archivos-secretos-nodo/16726540.shtml

https://www.esdiario.com/chismografo/medios/250917/167431/tve-rescata-archivos-secretos-do-imagenes-prohibidas-ultimo-verano-franco.html

https://www.rtve.es/television/20250925/archivos-secretos-del-nodo/16739613.shtml



domingo, 24 de noviembre de 2024

«El enterado» de Su Excelencia


Francisco Franco. Fuente: Wikipedia

Los militares sublevados el 18 de julio de 1936 pronto fueron conscientes de los excesos cometidos en las tareas de represión durante los primeros meses de la guerra. La violencia extrema estaba prevista en las directrices establecidas por el general Mola para el golpe de Estado, pero su continuidad más allá de los primeros meses podía resultar perjudicial para los propios ejecutores por las repercusiones internacionales e, incluso, quebrantar la unidad de los sectores partidarios de la sublevación encabezada por el general Franco.

Una de las medidas adoptadas para evitar, en cierta medida, la falta de un criterio uniforme en las ejecuciones tras la celebración de los consejos de guerra fue someterlas a la consideración del Caudillo. Tras una sentencia a muerte, la misma pasaba al auditor de guerra. Una vez ratificada, el citado paralizaba su ejecución hasta recibir «el enterado» de Su Excelencia o la conmutación por una condena a treinta años, que era la inmediatamente inferior.

La espera era desesperante para los condenados, que permanecían en la cárcel ajenos durante semanas o meses a la suerte que había corrido su sentencia una vez llegada a manos del general Franco. Mucho se ha escrito sobre este macabro ritual por el que, sin mayores problemas de conciencia y con una tranquilidad propia de tareas burocráticas, el omnipotente Caudillo hacía dos montones con las sentencias: uno para los que iban a ser ejecutados y otro para los que recibirían la conmutación de su pena por la de treinta años.

El general Franco rivalizaba en poderes con la divinidad y nunca firmaba estos documentos. Tan solo separaba los dos montones a la espera de que sus ayudantes procedieran en consecuencia comunicando la suerte de los procesados a los auditores. Todos sabían que la decisión correspondía a Su Excelencia, pero nunca consta la firma del mismo y a veces ni siquiera se le cita expresamente en la documentación conservada. La discreción de quien, de hecho, decidió acerca de decenas de miles de sentencias a muerte fue total y ningún historiador ha localizado, que me conste, un documento donde la firma del Caudillo supusiera un destino en el paredón. Solo consta «el enterado», que es un eufemismo propio de la mentalidad de una dictadura hecha a imagen y semejanza del dictador.

Estos documentos apenas han sido divulgados y pocos historiadores los han visto. Al comentarlos con otros colegas y enseñarles los correspondientes sumarios, la sorpresa ha coexistido con el estupor ante el procedimiento por el que unos procesados seguían vivos y otros acababan frente a un pelotón. Conviene, pues, dar a conocer esta evidencia documental. Como ejemplos relacionados con los periodistas y escritores, reproduzco a continuación el enterado por el que Javier Bueno fue fusilado y el de Santiago de la Cruz, que consiguió salvar la vida mientras permanecía en la cárcel.


AGHD, Sumario 33582, de Javier Bueno


AGHD, Sumario 38819, de Santiago de la Cruz


 

sábado, 23 de noviembre de 2024

La Asociación de la Prensa de Madrid y el Juzgado Militar de Prensa


 Víctor Ruiz Albéniz. Fuente: Real Academia de la Historia

La localización del Juzgado Militar de Prensa en la Plaza de Callao, 4, de Madrid, no fue una casualidad derivada del azar. Al contrario, el objetivo de la auditoría del Ejército de Ocupación era buscar unas dependencias que facilitaran el aprovechamiento de una documentación fundamental para el procesamiento de escritores y periodistas. En el mismo edificio también se encontraba la Asociación de la Prensa de Madrid durante la guerra. Tras la victoria del general Franco, los fondos documentales allí depositados pasaron a depender de la junta directiva nombrada en 1937, cuando tuvo lugar en San Sebastián una reunión de los periodistas partidarios del bando franquista.

Víctor Ruiz Albéniz (1885-1954) fue el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid desde esa reunión en la capital vasca hasta 1944; es decir, durante los años más duros de la represión de sus colegas republicanos. El médico, cronista y periodista era un entusiasta del general Franco, su vinculación con el ala más dura del régimen parece una obviedad y, por supuesto, puso los archivos de la asociación a disposición de las autoridades militares que procesaron a los periodistas.

La circunstancia de la localización ya aparece en mis libros para justificar la procedencia de la información recogida en los informes sobre los procesados que, a modo de acta de acusación, redactaban los tres secretarios del Juzgado Militar de Prensa al principio de cada instrucción. Los responsables de la misma nunca citan la procedencia de los datos, salvo genéricas referencias a personas de «probada solvencia moral», pero parece verosímil que una parte significativa procediera de los archivos de la Asociación de la Prensa de Madrid, donde cada asociado tendría una ficha convertida por entonces en una probable prueba de cargo.

La colaboración de la Asociación de la Prensa de Madrid con las autoridades militares no se limitaría a los fondos documentales. También abarcaría las tareas de depuración para el Registro Oficial de Periodistas (ROP), que estaban a cargo del titular del citado Juzgado Militar de Prensa, el capitán Manuel Martínez Gargallo.

A diferencia de lo sucedido en la SGAE, no me consta que la Asociación de la Prensa de Madrid, con estudios publicados acerca de su trayectoria, haya promovido una investigación para revelar el alcance de esa colaboración en las tareas represivas. El tema es delicado y, como sucede en otras ocasiones, hasta ahora todo se ha resuelto con unas genéricas valoraciones que evitan entrar en detalles de nombres y responsabilidades.

La consulta de los sumarios de periodistas permite encontrar algunas huellas de la colaboración con los militares franquistas encargados de la represión. Una de ellas, especialmente clarificadora, la observamos en el sumario 38819 del AGHD, que corresponde al periodista Santiago de la Cruz Touchard.



El 3 de octubre de 1939, Víctor Ruiz Albéniz, en su calidad de presidente de la asociación se dirige al responsable de la Instrucción Depuradora de los Funcionarios Administrativos. La circunstancia carece de lógica, pues no me consta que Santiago de la Cruz disfrutara de una plaza dentro del colectivo funcionarial. Sin embargo, en el procesamiento de este periodista y escritor todo es posible, como veremos con detalle en el próximo volumen: Perder la guerra y la historia (Sevilla, Renacimiento-UA, en prensa).

Víctor Ruiz Albéniz carece de información precisa sobre las actividades periodísticas de Santiago de la Cruz, pero comunica al instructor que el procesado había sido teniente coronel de Caballería y «se distinguió por su exaltado fervor izquierdista». Es decir, con ambos datos ya era previsible una condena a muerte como la que efectivamente llegó el 16 de enero de 1940. De hecho, los instructores apenas indagaron más allá de lo indicado por Víctor Ruiz Albéniz y lo declarado por el propio procesado en los campos de concentración donde estuvo antes de ser trasladado a Madrid el 26 de diciembre de 1939. La única diligencia documentada en el sumario fue la recopilación de tres declaraciones de otros tantos falangistas protegidos por el procesado durante la guerra. Según señala el auto resumen del 5 de enero de 1940, la circunstancia apenas debía ser valorada por el tribunal, pues la adhesión a la rebelión del periodista «no se desvirtúa con los favores que haya podido hacer».

La acusación contra Santiago de la Cruz fue responsabilidad del fiscal, que el 11 de enero de 1940 solicitó treinta años de reclusión. La condena a muerte fue dictada por un tribunal bajo la presidencia del coronel José Iglesias. Ellos fueron los responsables directos de la actuación jurídica, pero solo pudieron actuar gracias a la colaboración de informantes como Víctor Ruiz Albéniz. Nadie le obligó a presidir la Asociación de la Prensa de Madrid y su identificación con la Victoria, que también implicaba la represión de los colegas republicanos, parece total a falta de estudios detallados sobre su trayectoria.

 

 


sábado, 6 de enero de 2024

Santiago de la Cruz: "Sonría, por favor"


La imagen de alguien que ha sido condenado a muerte y ha sufrido una durísima experiencia carcelaria suele estar asociada con el drama. La justificación es obvia. No obstante, algunas personas consiguen salir adelante gracias a un espíritu tan alegre como positivo. La historia del periodista Santiago de la Cruz Touchard, uno de los protagonistas del segundo volumen de Las armas contra las letras, así lo atestigua con algunas fotos incluidas en su álbum familiar.


Aunque vallisoletano de nacimiento, Santiago de la Cruz Touchard fue un madrileñista que desde los años treinta perteneció a los Amigos de la capa, agrupación a la que dedicó un chotis poco antes de la guerra. «Madrid de ayer» se convertiría en himno oficioso de esta agrupación de caballeros ataviados con capa y dispuestos a la broma carnavalesca como vemos en la foto arriba reproducida.


El humor del periodista cinematográfico es compatible con numerosas fotos donde aparece con su sempiterna pajarita y chaqué como prueba de una elegancia que le caracterizó desde los años veinte, cuando ejercía de escritor galante en la línea de Álvaro Retana, pero también con otras fotos simpáticas donde no duda a la hora de posar sonriente en pijama; eso sí, con un pañuelo al cuello como toque distinguido.


El amigo de la capa ejerció de noctámbulo en numerosas fiestas y tuvo la oportunidad de recibir un fraternal beso de Paco Rabal, un murciano siempre dispuesto a la broma como el propio Santiago de la Cruz Touchard.


El trabajo como periodista cinematográfico le permitió entrevistar a bellas señoritas de la época, como la que aparece en la foto y, por desgracia, no he conseguido identificar. Mis compañeros Miguel Ángel Lozano y Antonio Escudero me indican que se trata de la actriz Irán Eory. Ellos eran adolescentes cuando yo iba a la primaria y recuerdan mejor las bellezas de ese momento.


Otras entrevistadas son fácilmente reconocibles, como una jovencísima Marisol y una no menos joven Rocío Dúrcal, con quienes coincidiría en galas a las que el periodista asistía para dar cuenta de la actualidad cinematográfica en las revistas mejicanas donde colaboraba.


La labor periodística que desarrolló en las décadas de los años cincuenta y sesenta fue reconocida por la industria cinematográfica española y Santiago de la Cruz Touchard recibió diversos galardones, como el entregado de la mano del actor José Suárez en la foto abajo reproducida.


Las fotos con bellezas como Sofía Loren o Carmen Sevilla eran compatibles con las visitas al maestro Azorín, que por entonces se convirtió en un colega de Santiago de la Cruz porque descubrió el entusiasmo por el cine y cultivó la crítica para comentar, a su manera, las películas vistas en aquel Madrid de finales de los años cincuenta. El tercer caballero es Ángel Cruz Rueda, que se encargó de editar las obras completas del alicantino, según me recuerda mi colega Miguel Ángel Lozano. Antonio Barragán, de la Universidad de Córdoba, me explica las razones por las que cabe suponer una conversación entre el periodista y el editor donde el tema de la guerra debía obviarse.



Por último, Santiago de la Cruz tuvo la oportunidad de entrevistar a actores y directores norteamericanos que visitaron España con motivo de sus rodajes. La foto con Gregory Peck con motivo de su presencia en España no la he incluido porque es complicado recortar la imagen del norteamericano, con más de un metro noventa, teniendo al lado al vallisoletano. La foto con Orson Welles permite una imagen más equilibrada.


Otras muchas fotos se encuentran en el álbum familiar, pero las mostradas -con posibles errores en la identificación o falta de datos que el lector puede aportar- son suficientes para probar que no todas las víctimas del franquismo acabaron convertidas en unas personas con trayectorias asociadas a la derrota, la marginación y el silencio. 
Santiago de la Cruz Touchard salió adelante, y no fue el único, porque como dijera Max Aub al relatar el final de la guerra en el puerto de Alicante, los derrotados eran los representantes de una España que habría tenido un gran futuro de no mediar el golpe de Estado del general Franco y la posterior dictadura:
«Estos que ves ahora deshechos, maltratados, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos, por la sola justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido, sin que les importara su comodidad, su familia, su dinero. Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides, hijo, no lo olvides» (Campo de los almendros).

jueves, 4 de enero de 2024

Historia de una escalera, de Buero Vallejo, no fue la primera


 

La historia del teatro durante el franquismo siempre tiene en cuenta una fecha clave: el 14 de octubre de 1949. Ese día tuvo lugar, en el Teatro Español, el estreno de Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo. La premiada obra gozó de una considerable repercusión y marcó el inicio de la trayectoria del dramaturgo más relevante de aquellas décadas. Al mismo tiempo, los historiadores suelen recordar una circunstancia excepcional. El autor había estado condenado a muerte tras finalizar la Guerra Civil y, por supuesto, era el primer estreno de una obra escrita por alguien que hubiera vivido tan trágica experiencia.

La trascendencia histórica y teatral de Historia de una escalera es incuestionable, pero el dato acerca del autor debe ser rectificado. Santiago de la Cruz Touchard y Serafín Adame escribieron en 1936 Yo soy un señorito, con música del maestro Manuel Quiroga. La obra no pudo ser estrenada antes de la Guerra Civil por problemas habidos con quien iba a ser el protagonista, pero finalmente fue uno de los mayores éxitos del «teatro bajo las bombas» (Fernando Collado).

Los dos autores resultaron procesados al finalizar la Guerra Civil. En concreto, Santiago de la Cruz Touchard fue condenado a muerte, mientras que su colega lo era a treinta años de reclusión. La circunstancia no impidió que Yo soy un señorito volviera a ser representada en 1947. Concretamente, en el madrileño Teatro Cómico y a partir del 8 de enero de 1947. Véase la entrada del 28 de septiembre de 2023 en este mismo blog.

Por lo tanto, el primer estreno de una obra escrita por un condenado a muerte durante el franquismo corresponde a Yo soy un señorito, cuyo texto parece definitivamente perdido a tenor de lo infructuoso de las búsquedas realizadas.

Santiago de la Cruz Touchard y Antonio Buero Vallejo fueron camaradas del PCE durante la Guerra Civil y sufrieron la dureza de una represión que llegó a condenarles a muerte. El dramático episodio tal vez formara parte de sus conversaciones, las tenidas en la más estricta intimidad si las hubo, pero en esta fotografía del álbum familiar del primero ambos aparecen relajados junto a Alfonso Paso, cuya trayectoria también incluye episodios singulares, pero nunca como fruto de la represión franquista. Los dos caballeros situados en los extremos de la foto son Gustavo Pérez Puig (izquierda) y, alguien parecido a Cayetano Luca de Tena (derecha), según me indican mis colegas Javier Huerta y César Oliva.

La historia completa de la vuelta de Santiago de la Cruz Touchard a los escenarios aparecerá en el segundo volumen de Las armas contra las letras. Los consejos de guerra de periodistas y escritores, 1939-1945.


miércoles, 3 de enero de 2024

Una caricatura inédita de Ramón Puyol


 

El dibujante, ilustrador y caricaturista gaditano Ramón Puyol es uno de los protagonistas del primer volumen de Las armas contra las letras. Los consejos de guerra de periodistas y escritores (1939-1945). Su detención en Madrid y posterior proceso merecerían los honores de una novela por la presencia de una serie de circunstancias rocambolescas, donde encontramos a falangistas dispuestos a vender documentación falsa, una hermana de Imperio Argentina con una singular trayectoria y un sumario cuyas declaraciones son documentos poco fiables. Al mismo tiempo, he debido desmentir bulos que circulan por Internet acerca del artista comunista, que disfrutó durante la década de los treinta de una notable popularidad.

Gracias a Susana y Sandra, dos nietas de Santiago de la Cruz Touchard, he tenido acceso al álbum familiar de quien fuera periodista republicano y condenado a muerte. En el mismo se encuentra esta inédita caricatura firmada por Ramón Puyol en la Valencia de 1937 y dedicada «al camarada Santiago de la Cruz». Ambos coincidieron en la redacción de Mundo Obrero y el caricaturista subraya de una forma tan ingeniosa como simpática que su compañero era un oficial de Caballería por entonces.

Ramón Puyol y su camarada vivían en 1937 momentos preocupantes, pero con la ilusión de la victoria. Llegada la derrota, ambos compartieron otros dominados por las cárceles y la represión, aunque el primero nunca dejó de dibujar -incluso como actividad que le permitía redimir parte de la condena- y el segundo jamás perdió el humor. A falta de la guitarra y la pajarita que tanto le singularizaban en las fotos, en la prisión de Las Palmas tuvo ánimos para modelar unas figurillas realizadas con huesos de pollo. Todavía las conserva la familia como parte de una herencia que ahora se está incrementando con la preparación del segundo volumen de Las armas contra las letras.


En el mismo álbum se encuentra esta otra caricatura dibujada durante la guerra y dedicada al propio Santiago de la Cruz, según se puede ver en el trazo ensortijado del pelo. Por desgracia, no he conseguido identificar al autor por lo borroso de la firma.

lunes, 1 de enero de 2024

Santiago de la Cruz junto con Sofía Loren y Cantinflas


 

El periodista Santiago de la Cruz Touchard fue condenado a muerte por su participación en la redacción de Mundo Obrero, su militancia en el PCE y, finalmente, su condición de oficial del ejército republicano. Véanse las entradas anteriores de este blog dedicadas a quien fuera una víctima de la represión franquista. Tras la conmutación, protagonizó un acto de rebelión en el durísimo penal de Valdenoceda (Burgos) y fue castigado con un traslado al no menos duro de Las Palmas, donde ni siquiera podía recibir la ayuda alimentaria de su familia. El paso por la cárcel fue especialmente traumático, pero desde su puesta en libertad intentó abrirse camino con un buen ánimo y una jovialidad que le granjearon numerosas amistades, incluso entre quienes simpatizaban con el franquismo.

La oportunidad de salir adelante junto con su esposa e hijos le llegó desde Argentina y Méjico, donde varias revistas dedicadas al cine y los espectáculos le nombraron corresponsal en Madrid. Santiago de la Cruz Touchard se convirtió en un embajador del cine español en América Latina y, al mismo tiempo, un introductor del cine de aquellos países en España, actividad que pronto extendió a la música mejicana llegando a componer rancheras. Por otra parte, tanto los productores españoles como los mejicanos apreciaron su labor informativa, que era de indudable importancia dada la intensidad de los intercambios cinematográficos entre ambos países durante las décadas de los cincuenta y los sesenta.

Como reconocimiento a este trabajo, Santiago de la Cruz Touchard fue premiado en los festivales de cine de San Sebastián, Valladolid y Huelva, aparte de formar parte de la junta directiva del Círculo de Escritores Cinematográficos. Incluso, en diciembre de 1957, viajó a Méjico invitado por la Asociación Nacional de Actores y varios productores de aquel país para participar en los actos celebrados con motivo del cuarto aniversario del fallecimiento de Jorge Negrete, que había gozado de una especial popularidad en España.

El álbum familiar de Santiago de la Cruz Touchard cuenta con numerosas fotografías suyas tomadas junto con los actores y cantantes a los que entrevistó. También productores y otras personalidades vinculadas al mundo del espectáculo. La lista es larga, pero a modo de ejemplo podemos citar a Orson Welles, Paco Rabal, Carmen Sevilla, Marisol, Ana Mariscal, Cesáreo González, Azorín, Benito Perojo, El Cordobés, Antonio Buero Vallejo, el Dúo Dinámico, Alfonso Paso…




Muchas de estas fotografías fueron tomadas en el local de Perico Chicote, centro neurálgico de los populares de la época, y otras con motivo de galas o entrevistas, a las que Santiago de la Cruz se solía presentar con su característica pajarita y otros rasgos de quien, además de ser miembro durante décadas de los Amigos de la capa, mostraba siempre una jovialidad compatible con la elegancia.




La imagen de este periodista triunfante en Méjico y reconocido por los cineastas españoles esconde el paso por una condena a muerte como preámbulo a años de cárcel. Quienes no supieran de esta historia, la mayoría, se quedarían sorprendidos, pero la evolución es propia de un hombre talentoso que supo abrirse camino sin mirar hacia atrás. Nunca le derrotaron por completo y, sin renunciar a sus ideales, Santiago de la Cruz Touchard triunfó en un país donde codearse con estrellas como Sofía Loren o Mariano Moreno, Cantinflas, era motivo de admiración y hasta de envidia. Puestos a imaginar, también la tendrían quienes le condenaron a muerte y veinte años después ignoraban el pasado de ese periodista jovial con pajarita y eterna sonrisa de buena persona.




Las fotos las publico gracias a la ayuda de sus nietas Sandra y Susana, con quienes estoy trabajando para que el periodista tenga su merecido capítulo en el segundo volumen de Las armas contra las letras. Los consejos de guerra de periodistas y escritores, 1919-1945.


sábado, 25 de noviembre de 2023

La Esteso, su señora madre y Santiago de la Cruz


 

Foto: Luisita Esteso

Las investigaciones sobre la represión franquista durante la posguerra no suelen dar motivos para la sonrisa. La trágica realidad de aquellas fechas congela cualquier atisbo de humor. Sin embargo, la búsqueda de antecedentes de quienes la padecieron nos remite a una época donde la prensa, con la sorna que solo facilita la libertad de expresión, refleja algunas anécdotas dignas del recuerdo.

El 23 de noviembre de 1931, Heraldo de Madrid y otros periódicos de la capital dieron noticia de un suceso acaecido en un café donde los asiduos eran personas de letras y cómicos. El local estaba localizado en la calle de Alcalá, frente a la de Peligros. Allí se presentó, «airada», doña Paloma Herrero, conocida como La Cibeles en el mundo del espectáculo desde que hiciera pareja cómica con el actor Luis Esteso, del que acababa de enviudar. La señora de armas tomar ejercía de madre de la vedette y actriz Luisita Esteso (1908-1986). El motivo de su enfado era un joven periodista que, recién regresado de Buenos Aires como secretario del charlista Federico García Sanchiz, pretendía ser el novio de la niña, la cual por entonces ya tenía veintitrés años y estaría acostumbrada a los devaneos amorosos.

La airada Cibeles arrojó un bolso de mano a Santiago de la Cruz Touchard, que era el novio en cuestión, porque quien acabaría condenado a muerte en 1940 estaba con la vedette en el café donde todos quedaron entre asombrados y divertidos. El motivo de tan airado comportamiento, que terminó en un juzgado de Colmenar Viejo tras el correspondiente escándalo, fue resumido en una frase sacada de la prensa: el periodista era «poco novio para la niña» (Informaciones, 24-XI-1931).

La Cibeles acababa de enviudar, sabía que la bella Luisita era su seguro de vejez y, claro está, aspiraba a que la vedette emparejara con quien le ofreciera una mayor seguridad económica. Lo consiguió a medias, pues espantó al pobre Santiago, aunque Luisita, por entonces reivindicativa en materia laboral, emparejaría después con José Luis Salado, otro periodista republicano que se libró de la condena a muerte solo porque partió camino de Moscú.

Santiago de la Cruz Touchard dejó atrás a una agraciada señorita que cantaba, bailaba y contaba chistes cuyo humor, ahora, casi es un misterio, como la popularidad alcanzada por sus padres gracias a unos monólogos que nos remiten a un concepto del espectáculo anclado en aquella época. La circunstancia sería a la larga positiva, pues el periodista conoció a quien después sería su compañera en los momentos difíciles, cuando ella decidió trabajar como contable en la editorial Aguilar para sacar adelante una familia donde el padre penaba en distintas cárceles.

La historia de ese matrimonio es dura, como la de tantas parejas relacionadas con las consecuencias de la represión franquista, pero estoy seguro de que, en algún momento de distensión, Santiago recordaría a aquella señora airada que, bolso en mano, sentenció que el periodista era poco novio para su niña. Afortunadamente así fue. El enamorado o atraído por la bella Luisita acabó encontrando una mujer valiente que hasta los años ochenta luchó por el reconocimiento de su marido como oficial republicano. La historia la contaremos en el segundo volumen de Las armas contra las letras, cuyo primer volumen saldrá el próximo mes de diciembre, siempre y cuando no haya alguien airado que con un bolsazo lo impida.


Os dejo con las gracias de quien, con el tiempo, sería la tía de Fernando Esteso, un cómico que como tantos otros forma parte de una saga familiar.